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LOS RECUERDOS, LOS DATOS, LAS EMOCIONES COMPARTIDAS, ... LA HISTORIA DE UNA HERMANDAD, ES PATRIMONIO COFRADE. las vivencias de quienes fueron testigos y participes, a la vez, del nacimiento de esta H…

LOS RECUERDOS, LOS DATOS, LAS EMOCIONES COMPARTIDAS, ... LA HISTORIA DE UNA HERMANDAD, ES PATRIMONIO COFRADE.

las vivencias de quienes fueron testigos y participes, a la vez, del nacimiento de esta Hermandad del Cristo de la Buena Muerte y de la Virgen de Consolación y Correa en sus Dolores, es patrimonio del alma de sus cofrades/hermanos. Nunca pensé que me iba a emocionar tanto leyendo la información de quienes vivieron aquellos momentos, educados en el seno del colegio de los Padres Agustinos y que prolongaron su vinculación a esta obra, durante su vida.

El enorme valor y orgullo que aquellos testimonios de los primeros años de la, entonces, Cofradía de la Virgen de Consolación y Correa en sus Dolores, ha perdurado hasta la fecha por los descendientes, por los documentos, por los recuerdos propios y los transmitidos en hermosos y emotivos relatos que pasaron a sus descendientes. Sí, pero que atravesaron esos ámbitos familiares llegando a todos los hermanos nutridos por lazos cofrades por las extraordinarias vivencias de cada uno, más o menos alejadas en el tiempo, porque en definitiva son sumativas, porque realmente , la Historia es de todos, aunque me esté centrando en los orígenes y hasta la bendición de los actuales y maravillosos titulares.

La Historia de esta Hermandad, cuya amplia información trato de conjugar combinando todos los datos obtenidos en distintos archivos y de fuentes muy diversas a veces complementaria. En la lectura de tanta documentación, afloran extraordinarias actuaciones de hermanos que siguieron trabajando por la grandeza de la cofradía, sobre todo, cuando se marcharon los Padres Agustinos y prolongaron su vinculación entre ellos, con los Padres Agustinos, y con la Cofradía, de forma que solo ellos saben explicarlo. Muchos, antiguos alumnos/penitentes azules y otros hermanos quedaron subyugados por esta cofradía. Pero las crónicas de quienes vivieron esa época y de las que la prensa era muy expresiva, arroja datos que bien pueden ser objeto de artículos monográficos que ilustran aquella época. No obstante, si tengo la concepción de que, si no se puede explicar el presente sin el pasado, sin el origen, ... también es cierto que el cúmulo de datos consultados, me llevan a poder afirmar que sin las actuaciones y preocupación de los cofrades de todos los tiempos por engrandecer a la hermandad, en el presente y en el pasado próximo, la historia no sería la misma.

Centrándome en quienes fueron testigos de aquellos hechos tan relevantes como para conformar una procesión de niños, la primera cofradía de estudiantes en el pleno sentido de la palabra, como uno de aquellos niños, cuando ya fue un hombre, afirmaba. Una génesis impregnada precisamente de la inocencia de aquella niñez y juventud, soñadora y sensible en el contexto escolar en el que tanto disfrutaron y aprendieron. Aquellos jóvenes y niños satisfechos de sus profesores, aquellos inolvidables frailes. Aquellos estudiantes activos en las celebraciones escolares y religiosas, colaboradores en todo lo programado para la fundación de la Hermandad, en pertenecer a las largas filas de penitentes y todo lo que les propusieran para conseguir que todos los niños tuvieran lo necesario para la estación de penitencia. El rol de quienes fueron testigos de la fundación de la Hermandad es de singular importancia sobre todo cuando viene refrendado por cartas, objetos, actas, informes, publicaciones.

Con el paso del tiempo, cada miembro de la Hermandad es testigo individual de lo que ha conocido, de lo que ha disfrutado, de lo que ha trabajado, … de la evolución de la cofradía, en definitiva. Y estas actuaciones y su testimonio es el motor del hilo temporal que se va gestando y de su evolución. Cada hermano viene impregnado de su presente, de lo que conoce directamente, de lo que le han contado pero lo fantástico es el sentido de pertenencia a esta Hermandad, a actos, a sus relatos, a su pasado reflejado en documentos muy diversos del pasado y del presente.


La documentación escrita, los objetos, las publicaciones, … que se mostraron en los documentos de los paneles, en los vídeos, en los objetos, … en la exposición del I Centenario. Fue y es, orgullo compartido de todos los que no escatimaron entusiasmo, horas, celo, eficacia, … de aquella Junta Directiva que diseñó y llevó a efecto las celebraciones de esta efemérides. Se volcó a la ciudadanía el pasado y presente de este Cofradía. Qué duda cabe que en una familia hay miembros testigos directos de la vida abuelos, por ejemplo, de sus acciones extraordinarias, en su caso. Y otros no los vieron nunca. Pero los relatos, los objetos, los recuerdos, … pasan de padres a hijos, a nietos, a biznietos … proyectándose el amor a los miembros más jóvenes. Por paralelismo, ese amor es PATRIMONIO COFRADE, ÚNICO Y SINGULAR, DE ESTA HERMANDAD. Singularidad que llega al corazón porque no sólo se da por la vinculación en el fervor a sus titulares, sino que también está presente el alma de aquellos niños, que procesionaron en la cofradía de los Padres Agustinos desde la primera estación de penitencia. De hecho se les recuerda incluyendo varios penitentes con la vestimenta de los penitentes azules (túnica blanca, capa y capirote celestes.

Abordar este estudio de los Padres Agustinos y su llegada a Huelva, la relevancia del Padre Gilberto para la fundación de la Hermandad, etc. hasta la bendición de los titulares actuales, se me ha presentado como “torbellino de ideas”, por el cúmulos de datos, pero también lo que brota de ellos: sensaciones, colores, voces, música, espacios internos, calles, … encriptados en los ojos, oídos, labios, manos, … como debió pasar a aquellos espectadores migrando, en la devoción compartida de los miembros de la hermandad, que ha inundado de belleza el estudio de su Historia. Un ejemplo a citar. En 1971, agunos recuerdos, en la celebración del cincuentenario dela fundación de la Hermandad los trajo a colación uno de aquellos niños cuando de mayor formaba parte de la Hermandad: D José Tomás de las Cuevas.
“…Los años han pasado sí. Pero el espíritu, aquel espíritu agustiniano que nuestros amados padres infundieron en nuestras almas, perdura. Ninguno de cuantos nos formamos en las aulas del colegio de la calle del Puerto, hemos podido olvidar a través de medio siglo, aparte de la enseñanza que la maravillosa pedagogía de los PP Gilberto, Basilio, Ángel, Jesús, Enrique, Juan Antonio, Manuel, Toribio… llevaron a nuestra primera y segunda enseñanza, lo que es más importante todavía, la formación espiritual que dieron a nuestras almas… Los que nos formamos junto a la correa agustiniana, fuimos fieles y gracias a Dios lo seguimos siendo… en materia religiosa fueron los PP Agustinos la fértil levadura que transformó la sociedad onubense cultural y religiosamente perdurando de tal forma que recuerdo haber oído muchas ocasiones al doctor Cantero cuadrado cuando, como primer obispo de esta Diócesis se encontró con la ingente tarea de tener que hacerlo todo que el principal puntal y apoyo para las obras que de todo tipo tuvo que emprender lo había encontrado siempre en los antiguos alumnos de los Agustinos. Este es un triunfo grande de aquellos nuestro queridos padre a los que aprovecho la oportunidad para brindárselo públicamente…

Habían pasado muchos años, hasta 1971 y los recuerdos estaban vivos. El siguiente texto está tomado de la prensa local, 1918. Es decir, se describen los hechos
“fiesta del domingo en la capilla de Nuestra Señora de Consolación: “Grato y perdurable recuerdo ha dejado en nuestras almas la tierna y simpática ceremonia verificada en la capilla… Íbase a bendecir y colocar por vez primera un hermoso Víacrucis complemento indispensable de todo oratorio público. Quince niños del Colegio de los PP. Agustinos cuyos nombres insertamos al fin de esta relación, entraron procesionalmente por dos diferentes puestos del oratorio llevando 1 crucifijo y los 14 cuadros de las 14 estaciones de la vía sacra. Llegaron hasta el altar en cuyo frente formaron un semicírculo, sosteniendo cada devotante los cuadros para la ceremonia de la bendición que verificó solemnemente el superior del colegio conforme al rito del ceremonial habiendo explicado primeramente en breve alocución, el origen y fines del sagrado ejercicio del viacrucis. Procediéndose en seguida a la colocación de los cuadros en sus respectivos sitios siendo colgados oportunamente por el joven Fernando Beltrán alumno del colegio. Al mismo tiempo y según el ceremonial iban se rezando las estaciones entre los que intercalaba el coro del colegio acompañado de violines, devotísimos cántico sagrados viéndose agradablemente sorprendido de que no pocas de las señoritas asistente acompañaba al coro desde respectivos lugares formando el todo un conjunto extraordinariamente simpático y devoto. El niño Pepito Cádiz cantó admirablemente con su linda voz un solo en una de las estaciones. El PADRE GILBERTO BLANCO fue leyendo con unción y sentimiento el devocionario de las estaciones …., pudimos notar entre los concurrentes mucha emoción y no pocas lágrimas. Dicho devocionario es obra inédita de la atildada pluma del mismo ilustrado y celoso agustino. Terminó la ceremonia con el canto del TEDEUM, retirándose la devota concurrencia gratamente edificada.

NOMBRES de aquellos alumnos fueron: José Estrada Cepeda; Rafael Salcedo Salcedo, Juan Estrada Cepeda; Fernando López García del Rebollar; Francisco Heras Hernández ; Celestino Pérez Cuadri; Juan Quintero Morales; Fernando Pérez Méndez-Núñez; Rafael estrada Cepeda; José Carmona Cuñales; Domingo Borrero de la Feria; Eduardo Mezquita Martínez; Alfonso Calle Mancha; Rafael Maltre García; Alfonso Morales Rollán.

Cuando en 1946, aquél niño, Pepito Cádiz, diera el Pregón de la Semana Santa de Huelva, debió de ser un enorme placer oírle, sobre todo porque Huelva aún recordaría a los Padres Agustinos y porque aquellos niños vivían y muchos de ellos formaban parte de la Cofradía.Que la nueva Junta cuente con descendientes de aquellos primeros cofrades, ratifica la continuidad de los orígenes y la devoción enraizada de esta singular y extraordinaria Hermandad.

[Nombres que reproduzco porque tal vez sean reconocidos por miembros de la hermandad como descendientes]

Marita Valdivieso Muñoz.

Hermana de la Buena Muerte.

Abogada e Historiadora

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