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Al hilo del blogs de David Salas sobre la retirada de los Crucifijos en los Centros Públicos me contuve en mi contestación y sólo me limité a felicitarlo y no extenderme en más consideraciones por no caer para algunos en política. Sólo me bastaría recordar las críticas que nuestro Pregonero recibió por ciertas afirmaciones que a mí desde luego me parecieron no solo adecuadas sino necesarias.

Pero no me resisto. Es más, nuestra condición cristiana y católica en general y de cofrades en particular, hace que debamos ser consecuentes y aunque tenemos la seguridad que aquella Ley de Libertad Religiosa no nos afecta en absoluto, no podemos callar y ser cómplices de una Ley que por más que me centro en su título no acierto a comprender dónde está la libertad y mucho menos la tan cacareada igualdad. No cabe duda que el proyecto de Ley de aprobarse discriminaría a una inmensa mayoría, si es que de verdad existen tantos Crucifijos donde pretenden retirarlos. Claro que a estas gentes tan progresistas y tan sociales poco les importa, como tampoco les importa el paro, los bajos salarios, las pensiones mínimas…y mientras no tienen reparo en el 7,5 % de incremento de altos cargos, en mantener una administración que despilfarra en algunos casos y en otros se corrompe, que rabia me produce la inmoralidad de nuestros gobernantes.

A quién molesta la Cruz. Y no sólo la Cruz. Recuerdo
a un Abogado que pretendió la supresión de la Inmaculada Concepción como Patrona del Colegio Profesional. El iluminado Abogado llegó en su pretensión hasta el final iniciando un procedimiento tan absurdo como estéril. También creo recordar un tema parecido en el colectivo de la Guardia Civil, porque a ciertos guardias -creo que no fueron más de cinco- les molestaba la Virgen del Pilar en su Cuartel.

A quién molesta la Cruz. No es más cierto que la Cruz mueve muchas conciencias… O acaso el progreso es solo negar lo natural y dar vía libre a todo lo que es convulsión social… A estos progres les dedico lo que para mí es la Cruz. Les llegará… Estoy convencida.

La Cruz. Vamos por las calles y las vemos por todas partes. Cruces eternas de forja y mármol, incluso caminantes de estameña. En cualquier rincón y en cualquier plaza. Coronan las espadañas y presiden nuestras Iglesias. Cuelgan de nuestros pechos. La Cruz es nuestra compañera. En cuantos momentos de nuestra vida está presente la Cruz. Siempre la Cruz.

O Crux ave spes unica se canta en el Domingo de Pasión, según el himno escrito en el siglo VI. El Cristianismo ha hecho emblema de su orgullo este instrumento de infamia. Extraña reversión del símbolo, perfectamente significativa de este cambio de la moral que enseñó Jesús. El vencedor es aquel que, en la tierra, parece condenado a la derrota; el bienaventurado es el miserable, el abandonado. Los pobres de espíritu y aquellos cuya vida estuvo llena de lágrimas son quienes conocerán la felicidad eterna; y así es como el más vil de los suplicios llegó a ser la prenda de las promesas eternas. Dos barrotes cruzados en los muros de una celda, dos trazos grabados apresuradamente entre los graffiti de las Catacumbas, bastan para que se haga presente toda la realidad presente. Este signo abyecto se convierte en uno de los hechos más grandes de la Civilización. La Cruz, instrumento patibulario, pasa de ser instrumento de muerte y de ignominia, a signo y señal de gloria.

Así cantaba el poeta:

Salve, Oh Cruz, única esperanza, árbol precioso y admirable, adornado de la regia púrpura, tú cuyo tronco eligióse para tocar esos sagrados miembros.

Brilla el misterio de la Cruz, donde padeció muerte la vida para devolver la vida con su muerte.

Dichosa Cruz de cuyos brazos cuelga el rescate de los siglos. Balanza donde pesóse el cuerpo. Victoriosa de la muerte.

En el museo de Cluny, un extraño Crucifijo del siglo XVI muestra, en la cumbre de una inmensa Cruz, a un Cristo de trágica verdad, verdadero cadáver de hombre, en el colmo del dolor; pero la base de la Cruz no se hunde en tierra; se hace triple raíz o garra de bestia y sujeta, como entre sus zarpas, una calavera medio descarnada. Este símbolo, que utilizaron otros artistas, expresa la realidad misma de la doctrina cristiana. “¿Dónde está tu victoria, muerte?” gritó San Pablo; pero desde antes de la Resurrección, esta muerte que se preparaba era una promesa de victoria sobre la tumba. No lo sabían quienes, feroces o desolados, llevaban a Jesús por las callejuelas de Jerusalén hacia el Calvario, pero lo sabía El, que tan a menudo anunció su suplicio y fijó de antemano su significado sobrenatural.

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Comentado por Manuel en agosto 20, 2009 a 12:02pm
TE FELICITO POR TUS BLOGS. REALMENTE EL ULTIMO ESPLENDIDO. SALUDOS.
Comentado por Moy en agosto 14, 2009 a 9:18pm
Preciosa entrada.
Enhorabuena
Comentado por carlos quintana benito en agosto 14, 2009 a 12:27pm
El dia de viernes santo al anochecer, en mi pueblo aqui en la Rioja,se coloca en el altar mayor de la iglesia la Cruz con un sudario colgado(la cruz tendra unos 5metros de altura).Se la adora con una sencilla plegaria y de rodillas, besando cada una de sus caras.
"yo te adoro cruz bendita ,reliquia de gran tesoro,en ella murio Jesus ,yo de rodillas te adoro"
Quisiera ,que nos la pretendieran quitar.Este mundo esta del reves,todo lo malo de antes ahora dicen que es bueno y todo lo bueno pretenden hacernos creer que es malo.
Seamos valientes y plantemosles cara.Adios y con la Cruz
Comentado por trompeta-sangre en agosto 14, 2009 a 12:13pm
La cruz es el símbolo del amor y la esperanza, desde luego a mi no me molesta.

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