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Anna, radix uberrima : la devoción a Santa Ana en Triana

Amparo Rodríguez Babío


1. Santa Ana: entre la realidad y la leyenda

La tradición nos ha transmitido la historia de Santa Ana, madre de María, y por tanto, abuela de Jesús. En numerosas ciudades europeas existen iglesias y catedrales consagradas a ella, se conservan sus milagrosas reliquias, y se reza ante sus imágenes. Pero ¿quién fue esta mujer llamada a ser la madre de la Virgen Madre de Dios?
En los Evangelios canónicos no se citan los nombres de los padres de María. Los conocemos a través del llamado Protoevangelio de Santiago , escrito hacia el siglo II en Siria o Egipto. En sus primeros capítulos se narra la historia de Joaquín y Ana, el nacimiento milagroso de su hija María y su consagración al templo. Está claro que el autor del texto quiere transmitir la existencia de un paralelismo entre la vida de Jesús y la de María, su madre, remarcando, si no calcando, hechos y situaciones. Así, un ángel visita a Ana para anunciarle el nacimiento de María, Joaquín es avisado del portento por otro ángel y María es también presentada al templo donde es bendecida por los sacerdotes .
Esta misma fuente nos indica que Joaquín era muy rico y ofrecía al Señor sus dones , aunque una pena enturbiaba su corazón y era su falta de descendencia. Ana, su esposa, no estaba menos acongojada por ello, pues entre los israelitas, la esterilidad era la peor maldición. Así decía lamentándose: me golpearé en señal de duelo por mi esterilidad ... Dios de mis padres, bendíceme y escucha mi oración, como bendijiste a la madre Sara y le diste como hijo a Isaac . Un día en que se hallaba orando en su jardín, bajo un laurel, recibió la visita de un ángel que le dijo: Ana, Ana, el Señor Dios escuchó tu oración. Concebirás, darás a luz y se hablará de tu descendencia en todo el orbe . La respuesta de la mujer no se hizo esperar, prometiendo llevar a su hijo o hija como ofrenda al Señor, mi Dios, y quedará a su servicio todos los días de su vida .
Unos meses después, Ana daba a luz una niña a la que puso por nombre María. En este punto, el autor del Protoevangelio pasa a resaltar las excepcionales cualidades de la niña, a la que los sacerdotes del templo bendicen: Dios de nuestros padres, bendice a esta niña y dale un nombre eternamente glorioso por todas las generaciones ... Dios de las alturas, dirige tu mirada sobre esta niña y bendícela con una bendición tan excelsa que no conozca otra superior . Cuando tuvo tres años cumplidos, sus padres la llevaron al templo en cumplimiento de la promesa hecha por su madre al ángel.
A los doce años, los sacerdotes deciden que debe abandonar el templo donde tan santamente ha vivido para casarse. Ellos, con ayuda de Dios, elegirán al marido adecuado entre los que se presenten. A la convocatoria acudió José, que según el Protoevangelio de Santiago era viudo . El signo de Dios se manifestó en su vara, florecida milagrosamente, así que él sería el futuro esposo de María. Lo que viene a continuación es de sobras conocido. María fue elegida para ser la Madre de Dios, naciendo éste en un humilde pesebre. Pero esto pertenece a otra historia. Valga este pequeño resumen para situar a nuestra abuela santa.
Durante la Edad Media, los pasajes narrados en el Protoevangelio de Santiago se enriquecieron con el aporte de leyendas populares, recogidas en parte, en el gran libro de hagiografía Leyenda Aúrea de Jacopo della Voragine. El arte con sus representaciones pictóricas y escultóricas también ayudó a fijar una iconografía para las diferentes escenas de la vida de Santa Ana y la Virgen niña.
Los ecos de la Leyenda Aúrea llegan hasta el siglo XIX. Así, se publicó en Barcelona en 1897 la obra titulada La Leyenda de Oro para cada día del año en la que se recogían las vidas de santos por días. El 26 de julio dedicado a Santa Ana está ilustrado por una hagiografía del Padre Rivadeneira: La bienaventurada Santa Ana, madre de nuestra Señora Santa María, Madre de nuestro Señor Jesucristo, fue natural de Belén, hija de Stolano, y por otro nombre Gaziro, y de Emerencia, y fue mujer de San Joaquín, galileo de la ciudad de Nazaret. Los dos eran de la tribu de Judá y del real linaje de David. (...) Algunos dicen que murió después de haber nacido Jesucristo, nuestro Redentor, en 26 de julio, imperando Octaviano . Desconocemos, en efecto, la fecha del fallecimiento de Ana. Quiere la tradición que fuese el día de su fiesta, en martes, día dedicado especialmente a su veneración.

2. El culto a Santa Ana en Europa
En Oriente surgió el culto a Santa Ana muy relacionado seguramente con la narración del Protoevangelio de Santiago. Así en Jerusalén se dedicó una iglesia a Santa Ana edificada sobre el lugar del nacimiento de María . Ya en el siglo IV, el emperador Justiniano le dedicó otro templo en Constantinopla.
En Occidente sin embargo, su existencia y su culto fueron ignorados durante siglos. Los Santos Padres San Jerónimo y San Agustín no mencionan a Santa Ana, mientras que otros escritores eclesiásticos se oponían o criticaban su devoción. San Bernardo de Claraval, difusor del culto a María en la Edad Media, tampoco la cita en sus escritos.
Sin embargo esto no impidió que lentamente, se fuera desarrollando un culto y una devoción hacia la madre de María. A ello contribuyeron los relatos de la vida de la santa, algunos de ellos verdaderamente bizarres. Así se comienza a tejer lo que se llamará después en Iconografía, la Santa Parentela. Según el escritor medieval Haimo de Halberstadt (+ 853), después de enviudar de Joaquín, Ana contrajo matrimonio dos veces más, teniendo dos hijas a las que llamó también María. Pero para distinguirlas serían llamadas con el nombre de sus padres María de Cleofás y María Salomé. Éstas casarían a su vez con Alfeo y Zebedeo, respectivamente. Esta leyenda sería popularizada en el siglo XV en la Cronica Universal de Schedel.
Las Cruzadas y su tráfico de reliquias milagrosas, dieron un nuevo impulso a la devoción por la abuela santa. Así la catedral de Apt poseía una de las más célebres, el llamado velo de Santa Ana. También se decía que allí se custodiaba el cuerpo de la mismísima Santa llevado a Provenza por María Magdalena y su hermano Lázaro . Otras reliquias curiosas fueron las cabezas de la santa, diseminadas en varias catedrales y conventos: Chartres, Cluny, Ourscamp, Colonia, Düren y Annaberg. Los huesos también aparecen repartidos por media Europa, demostrando una devoción creciente, así encontramos la costilla en Angers, sus brazos en Génova y Tréveris, su mano derecha en Viena y un pulgar en Annaberg. Santa Brígida llevó a Suecia una reliquia de la Santa desde Roma en el siglo XIV, convirtiendo el convento de Vadstena en el centro escandinavo de la devoción a la abuela del Señor.
A partir del siglo XIII, su culto se dispara. La defensa, por parte de los franciscanos, de la doctrina de la Inmaculada Concepción, redunda en una creciente devoción, rayana en la idolatría, a la madre de María. Así, el humanista alemán Tritemio, abad del monasterio benedictino de Sponheim, publica en 1494 un tratado titulado De laudibus sanctissimae matris Annae tractatus donde llega a declarar que Ana es tan inmaculada como su Hija.
Las cofradías se multiplican, numerosos gremios la adoptan por patrona (carpinteros, ebanistas, torneros, mineros, caballerizos, palafreneros), se bautiza a niños con su nombre (el condestable Anna de Montmorency es el más conocido), e incluso se une al de su Hija formando Mariana.
En Trento se purificó esta devoción de sus manifestaciones más populares e irracionales, pero en los lugares de culto tradicionales siguió en auge. Incluso aparecieron nuevos centros de peregrinación, como la de Sainte Anne d’Aubray, en Bretaña, cuyo origen reside en un hecho curioso. En 1623 un campesino encontró una estatua romana de la Bona Dea amamantando a dos niños. El hombre la llevó a un convento carmelita cercano, donde le dijeron que la escultura representaba a Santa Ana con la Virgen y el Niño. Desd entonces, se comenzó a peregrinar al lugar, siendo famosa en toda Bretaña. Desde esta región francesa, llegó al Canadá, pues los bretones organizaron allí otra peregrinación, la de Sainte Anne de Beaupré.

3. Iconografía de Santa Ana
La iconografía de la abuela del Señor está íntimamente relacionada con el tema de la Parentela de María. También aparecen temas iconográficos tomados de la narración del Protoevangelio de Santiago, siendo los más conocidos de ellos el abrazo en la Puerta Dorada o la educación de la Virgen.
Como se ha apuntado antes, la Parentela de María surge no sólo del deseo de engrandecer a María a través de su genealogía, sino también de remarcar la devoción a su madre, que en todas estas representaciones ocupa un lugar preeminente. Existen diversas maneras más o menos elaboradas de representarla: en las más simples aparecen en el centro María, Ana, y el Niño, sobrevoladas por el Espíritu Santo. En las más complicadas pueden aparecer estos personajes, rodeados de los otros maridos de Santa Ana, sus hijas, sus yernos y sus otros nietos. Incluso en alguna pintura aparecen también los ficticios padres de Ana, Stellanus y Emerenciana . Parece ser que estas imágenes se vieron influenciadas por la visión que en 1408 tuvo la bienaventurada Coleta Boillet (+1447), restauradora de la orden de las clarisas en Bélgica. (...) Dicha religiosa vio acercarse a Santa Ana con sus tres hijas: María, llevando a su hijo Jesús; María, la esposa de Alfeo, venía con sus cuatro hijos. (...) Finalmente, vio llegar a María Salomé (esposa del Zebedeo) con sus hijos. (...) Santa Ana le reveló que, en efecto, se había desposado tres veces, dando con su inestimable descendencia gran esplendor a la Iglesia de cielos y tierra. Por eso era digna de justificada veneración .
A su vez, este tema de la Parentela se ramifica en representaciones diversas, algunas de las cuales encontraron gran fortuna, como por ej. la Virgen con el Niño y San Juan Bautista.
El abrazo en la Puerta Dorada es también un tema iconográfico salido del Protoevangelio de Santiago. Los santos esposos se encuentran y abrazan ante esa puerta del templo de Jerusalén tras conocer la noticia de su futura paternidad. Muy relacionado a su vez, con la defensa de la Inmaculada Concepción, se hacía hincapié en la concepción milagrosa de María, pues en el momento del casto abrazo sería prodigiosamente concebida María . A veces, aparece enlazado con el tema iconográfico del Árbol de Jesé de neta significación inmaculista, brotando del místico abrazo un vástago del que surge María .
Como buena y santa madre, Ana, se ocupó con esmero de la educación de su hija María, antes de su consagración al templo. La enseñó a leer y a coser y bordar, por eso, en muchas escenas aparecen el libro y el costurero como atributos iconográficos. Este tema se desarrolló a partir del Renacimiento, y se consagró en el Barroco, sobre todo en España, donde pintores como Murillo o Zurbarán lo trataron magistralmente en sus lienzos.
Finalmente, otra iconografía de Santa Ana, de gran difusión, sería la llamada Santa Ana-triple o metterza. En origen pudo ser una simplificación extrema del tema de la Parentela de María, pero con el tiempo llegó a formar una escena completa y cerrada con un significado inmaculista. Ensalzando a la madre, se reafirmaba la pureza de la Hija. Para Manuel Trens esta iconografía tendría un origen español debido al gran número de representaciones conservadas .
Este autor opina que el origen de este grupo hay que buscarlo en la representación de la mujer apocalíptica, que dió la pauta para la Virgen de la Esperanza, con aquella fórmula del vientre entreabierto que dejaba de manifiesto al minúsculo Niño Jesús. Para poner gráficamente de relieve el gran privilegio de la concepción sobrenatural de María en las entrañas de Santa Ana, se acudió también a presentar a la Santa dejando entrever en su seno hendido a la Virgen con el Niño. (...) Esta fórmula esquemática de la Santa Ana-Triple (...) en la gran pintura y escultura se desarrolló de una forma más natural y, podríamos decir, menos anatómica .
Lo cierto es que a partir de Trento, el culto y la devoción a Santa Ana hacen aumentar sus representaciones como Santa Ana-Triple. Para realzar hasta el extremo la santidad de Ana, se abandonan y condenan algunas leyendas muy populares de la vida de la santa, como la de sus tres matrimonios, pues no parecía conveniente para ensalzar su pureza.
En este grupo iconográfico, Santa Ana aparece sentada o de pie. En la imagen sedente, la Virgen se sienta sobre una de sus piernas, y sobre ella, a su vez, el Niño Jesús. Santa Ana puede llevar un libro, una azucena, o una fruta en su mano. Viste toca para remarcar su condición de senectud y viudez. María aparece tocada con velo y corona, y el Niño con su cabeza nimbada. No existe una verdadera proporción en la imagen: Santa Ana aparece más grande, la Virgen más pequeña y el Niño está representado en relación a María. Cuando Santa Ana aparece de pie, lleva en uno de sus brazos a María con el Niño, mientras que en el otro sostiene algunos de los elementos antes mencionados. En algunas ocasiones, puede tener en un brazo a María y en otro a Jesús, solución más equilibrada artísticamente hablando, por aquello de la simetría.
Lo importante en esta representación no es la proporción o la verosimilitud, sino la idea que se quiere transmitir: la pureza inmaculada de María y de paso, la de su madre.
Un ejemplo más avanzado de la Santa Ana-Triple sería el grupo escultórico sedente de la Parroquia de Santa Ana de Triana. Se trata de tres esculturas góticas, del tipo llamado fernandino, que desde el siglo XIII presiden el altar mayor del templo. Son de tipo articulado y de vestir. Santa Ana aparece a la derecha, y es más grande que la Virgen, que lleva sobre su falda a Jesús. Como atributo de la santa aparece la azucena, símbolo de la pureza, mientras que María lleva un cetro alusivo a su realeza.


4. El culto a Santa Ana en Sevilla: la promesa del Rey Sabio
En Sevilla, las primeras noticias de la devoción a Santa Ana aparecen poco después de la Reconquista: en 1272 y para cumplir una promesa, Alfonso X ordena levantar una iglesia con su nombre.
Así narran las crónicas el milagroso suceso: Este sobredicho rey D. Alfonso, estando doliente de sus ojos de muy gran dolor, saliósele el ojo derecho del casco, prometió a Nuestra Señora la Virgen Santa María de hacer aquí una iglesia, que le dijesen de Santa Ana, madre de Nuestra Señora la Virgen María: e luego en esa hora se le tornó el ojo sano y en su lugar .
Desde entonces, Santa Ana extendió su benéfico influjo a toda Sevilla, y su devoción llegó a todos los rincones de la ciudad. De ello se hace eco el Abad Alonso Sánchez Gordillo que en su conocida obra Religiosas Estaciones que frecuenta la religiosidad sevillana nos habla de una estación de Santa Ana: En el arrabal o collación de Triana que es de la otra parte del río Guadalquivir, está fundada la Iglesia parroquial de Santa Ana que en el año 1280, edificó el señor rey Don Alonso el Décimo llamado el Sabio, con ocasión de aquella grave enfermedad de ojos que padeció. Es notorio que la devoción que se tiene con esta Santa Matrona que mereció ser madre de la Virgen Santísima y concebida ajena al pecado original, se encamina a la fecundidad y deseo que en las mujeres vive de tener generación y alcanzarla por medio de la gloriosísima Santa Ana, como ella lo consiguió. Para lo cual visitan su iglesia y hacen novenario y mandan decir misas, y ponen candelas encendidas en su altar, y acuden con frecuencia. En que se han visto muchos efectos milagrosos en muchas mujeres estériles y de muchos años de matrimonio, desconfiadas de naturaleza de poder parir, y haber sacado hijos de oración mediante la intercesión de Señora Santa Ana, cuya devoción tiene muy gran antigüedad y así se debe estimar y continuar .
Matute también se hace eco de la gran devoción que la santa suscitó, citando al poeta del siglo XIV micer Francisco Imperial, quien en unas octavas menciona de pasada la romería de Santa Ana: Por los santos pasos de la romería / muchos loores haya santa Ana . Alfonso Fernández Coronel, padre de María Coronel, veló armas en esta iglesia antes de armarse caballero, ceremonia para la que los nobles elegían (...) iglesias principales o célebres santuarios en donde ofrecían a Dios y a los santos las primicias de su valor.
Siglo tras siglo el fervor y la devoción a la santa abuela crecía y aumentaba, estando presente su efigie en cuantos actos públicos se organizaban en la ciudad: procesiones votivas, Corpus Christi grande ... Muy celebrada fue la procesión organizada en 1532 por los dos cabildos a Señora Santa Ana el día de San Andrés de 1532, en que fueron todas las cofradías de la ciudad, conduciendo a Nuestra Señora de los Reyes, a quien salió a recibir la imagen de su bendita madre Señora Santa Ana hasta la orilla del puente de Triana, junto al castillo. (...) Fue esta rogativa por que Dios concediera victoria al emperador Carlos V, que en persona salió con un poderoso egército contra el turco Sultán Solimán, que tenía cercada a Viena de Austria con grandes fuerzas; pero no osando mucho esperar, levantó el sitio y dejó libre la ciudad .
Al engrandecimiento de esta devoción contribuían no poco los numerosos milagros y gracias concedidas por intercesión de Santa Ana. Como dice Matute cuales y cuantos fueron aquellos no hemos visto memoria que los determinen , porque sería imposible relatar todos los beneficios concedidos por tan gran santa. Sin embargo, al menos dos sucesos milagrosos aparecen recogidos en un protocolo de la propia parroquia de Santa Ana según comenta el referido Matute: el primero de mayo de 1656 en que padeció Sevilla tan horrorosa tempestad que asombró a todos sus habitantes. Por espacio de dos horas no cesó de llover y tronar, despidiendo rayos, que causaron algunas desgracias. A cosa de las cuatro de la mañana cayó uno en una almenilla de la capilla mayor de esta iglesia, y horadando la boveda hirió el altar, rompió el arco y chamuscó el velo con que se cubría la imagen de la Santa. Redujo a carbón los frontales de las credencias y los bancos del aparador: la cruz del altar y velo los sacó de su lugar, teniéndose por cosa prodigiosa no haber tocado los vestidos de Santa Ana (...). En 18 días del mes de diciembre del año de 1673, dia de la Expectacion de la Virgen santísima, sucedió que estando jugando unos muchachos en la torre desta iglesia de mi Señora Santa Ana de Triana, Josefe Gaspar Vallejo (...) tocó la oración de la Santa Iglesia, y yendo el susodicho (...) a tocar la campana grande con que se acostumbra tocar a la oración, por la banda de fuera de dicha torre, cayo desde la misma ventana de la referida campana hasta dar en el suelo tan gran golpe, que rechazo como pelota, y fue Dios servido y su Santísima Madre, que por intercesión de su abuela santísima mi Señora Santa Ana, no se halló en su cuerpo herida alguna, ni lesión ni miembros, ni cardenal ni señal de la cayda .

5. De la Hermandad a la Esclavitud de Santa Ana.
Todo este culto y fervor cristalizó, como es corriente por estos lares, en la fundación de una hermandad hacia la segunda mitad del siglo XVI. Una vez más, es Justino Matute, el cronista de Triana, quien nos informa de su existencia y avatares.
Para el historiador es la más importante y autorizada. Se erigió según se escribe en el preámbulo de su Regla a honra e gloria e servicio de la bienaventurada Señora Santa Ana . Según Ortiz de Zúñiga, fue cofradía de nobles, pues tuvo un rigoroso estatuto de limpieza de sangre . Poseía también un hospital en unas casas cercanas a la parroquia y fronteras al río.
Sus reglas fueron aprobadas en 1574, existiendo adiciones posteriores de 1633 y 1645. Según narra la tradición, sus cofrades hacían retroceder su fundación a los años de la Reconquista, siendo activo impulsor de la misma el rey Alfonso X. La primera sede de la cofradía fue el castillo de San Jorge, de donde se trasladaron a unas casas de su propiedad junto al río, para pasar hacia 1558 a otras junto a la parroquia de Santa Ana. La reducción de hospitales decretada en 1587 los llevó finalmente a la propia parroquia .
Celebraban los cofrades como fiestas principales las de Santa Ana, San Jorge y la Asunción de Nuestra Señora. También, y como era propio en esta época, se atendían los entierros de los hermanos y de los pobres acogidos en el hospital. Los cultos tenían lugar en la parroquia, dada la cercanía a la misma. Los cabildos, una vez perdidos los bienes y el hospital tras la reducción mencionada, se celebraban en el coro alto de la iglesia, y en ocasiones, en una casa de la Hermandad Sacramental.
Para ingresar como hermano, se establecía un riguroso proceso de selección basado en la absoluta limpieza de sangre del aspirante. Esta condición se hacía extensiva a sus esposas y familiares más directos. Estos requisitos tan duros propiciaron que el status social y profesional de sus miembros estuviera muy limitado, no encontrándose la variedad que se halla en cofradías de la misma época. La mayor parte de sus hermanos pertenecieron a la Inquisición (escribanos, médicos, familiares, consultores), constituyendo otro grupo importante los capitanes de naos. Estos últimos proporcionarían a la Hermandad muchas demandas y obras pías desde las Indias. Otro sector lo componían los clérigos, por cuanto que las propias reglas de la corporación permitían su pertenencia. Sin embargo, no eran presbíteros de cualquier clase y condición, aquí también se repite el mismo esquema y encontramos notarios apostólicos, canónigos, comendadores, priores o principales de órdenes religiosas. La nobleza local estuvo representada, siendo evidente su pertenencia a esta cofradía, así como algún escribano público.
La propia idiosincrasia de la cofradía propició su decadencia en el tiempo. A ello ayudaron los diversos avatares históricos que mermaron la población de la ciudad, y la propia relajación que en materia de limpieza de sangre llegó a existir. El ordenar sus estatutos un número limitado de hermanos (30 seglares y 10 clérigos) no hizo sino agravar la situación. Matute comenta que ya hacia los primeros años del siglo XVIII estaba cuasi extinguida, siendo el último acto organizado la solemne procesión de rogativa, que por los sucesos prósperos de la guerra, salió el año de 1706 por las calles de Triana, en que con religiosa pompa se condujo la imagen de la santa titular .
La cofradía desapareció, pero la devoción a Santa Ana, no. Pronto, a principios del siglo XIX, se comienza a organizar una congregación en torno a la abuela santa. De su antecesora tan sólo recibiría el fervor y el amor a Santa Ana, pues las bases sobre las que se asentaba no eran las mismas. El propio Matute, cronista avezado y observador, nos da una pista sobre los principios de la Esclavitud de Santa Ana, que así se intitulaba la congregación: En el día promueven el culto de la Santa algunos devotos, sin forma de corporación, quienes todos los martes celebran ejercicios en reverencia de la santa matrona . Matute escribió su obra, aquí tan profusamente utilizada, en 1818, lo que quiere decir que hacia esa fecha se comenzó a organizar la Esclavitud. Diversos indicios nos hacen pensar que pudo crearse en ese mismo año.
En el Archivo de la Real Parroquia de Señora Santa Ana se conservan algunos documentos que pertenecieron a dicha Esclavitud: cuentas, cartas de esclavitud y obsequios, cuadrante de obras pías.
Su fundación está inmersa en un movimiento más amplio que tiene su origen en Cádiz. En efecto, a finales del siglo XVIII, se reúnen en esta ciudad una serie de nobles y fundan un oratorio llamado la Santa Cueva. Allí se reunían semanalmente para meditar sobre la Pasión de Jesucristo y los misterios de la fe cristiana. Para dirigir estos piadosos ejercicios utilizan los escritos de una monja franciscano-mercedaria del siglo XVII llamada Madre María de la Antigua . Sus meditaciones y experiencias místicas quedaron recogidas en dos obras Desengaño de religiosos y de almas que tratan e virtud (Sevilla, 1678) y Ejercicios de la Pasión de N. S. Jesucristo comunmente intitulados de la muy V. M. María de la Antigua (editados desde 1781 hasta 1910 por lo menos). Otro texto muy usado y que tuvo gran fortuna fue el Año Cristiano del padre Croisset, que contiene meditaciones para cada día del año, con los textos de la misa, y una hagiografía del santo del día.
La invasión francesa propició la huida de muchos sevillanos a Cádiz, baluarte de libertad en una tierra arrasada por la guerra, y allí pudieron conocer y participar en los mencionados ejercicios. Esto sucedió, por ejemplo, con la fundadora de otra congregación sevillana, la de los Sagrados Corazones de Jesús y María , quien afirma en el preámbulo de un libro protocolo conservado, que en Cádiz conoció y practicó estos actos piadosos, y que de vuelta a Sevilla, terminada la guerra, pensó ponerlos en práctica fundando una congregación.
Lo cierto es que a comienzos del siglo XIX, una ola de misticismo invade Sevilla, y surgen por doquier estas congregaciones o esclavitudes. En general solían ser de hombres o de mujeres, pero la de Santa Ana, caso raro, era mixta. Para la práctica de los ejercicios se reunían una vez a la semana, que en el caso que nos ocupa, era el martes, día en que según la tradición habría muerto Santa Ana. El orden a seguir en estas reuniones era muy claro: por turno, un hermano cada semana, leía y dirigía los rezos, se meditaba y se acompañaba con música esta meditación . Es curioso la ausencia de sacerdote, salvo en el día mensual de retiro espiritual, en que se adoraba al Santísimo. Sus cultos principales lo celebraban con la novena y la función a Santa Ana.
Los actos piadosos de la congregación eran de carácter interno, no teniéndose necesario ningún acto de carácter externo como las procesiones. Su fin principal era mejorar y crecer espiritualmente mediante estas prácticas concretas, que debían hacer presente cada día. El hecho de que tuvieran que leer los textos piadosos, nos indica que socialmente debían pertenecer a grupos ilustrados de la sociedad: burgueses, artesanos, profesionales liberales ... esto es, personas con una mínima formación cultural que les permitía al menos saber leer. Los congregantes son personas a las que las formas de religiosidad tradicional se les han quedado pequeñas, necesitan profundizar y conocer más de la religión que practican. Necesitan tener una vivencia más fuerte, interiorizar lo que ya conocen y tantas veces han oído. En parte, sería una práctica religiosa ilustrada, que se contrapone a la práctica religiosa común y popular, más externa y bullanguera. El hecho de que las congregaciones tengan número limitado de hermanos abunda en esta afirmación.
De la Esclavitud de Santa Ana se han conservado diversos documentos en el Archivo Parroquial: cuentas, cartas de esclavitud, cuadrante de obras pías .... A través de las primeras podemos saber cúales eran sus ingresos principales: la mayor parte correspondían a las cuotas mensuales de esclavos / hermanos (20 reales), alquiler del paño de difuntos, y rentas de una casa en la calle Armas. Los gastos correspondían sobre todo a los días de novena: pagos al organista, predicador, desayuno de los acólitos, estampas, montaje del altar ...
Para ingresar en la Esclavitud se observaban los requisitos habituales de buena vida, fama y deseo de beneficio espiritual. El esclavo al ingresar firmaba una carta de esclavitud por la que se declaraba esclavo de Santa Ana. Este documento estaba redactado con un lenguaje jurídico, incluyendo fórmulas tomadas del mundo del derecho y las escribanías.
La Esclavitud estuvo activa al menos hasta el primer tercio del siglo XX, pues se ha conservado en el Archivo Parroquial un convocatoria modernista en la que aparece como predicador José de Vides y Sacristán, párroco de San Pedro y San Juan Bautista de Sevilla entre 1911-1942. Sabemos por testimonios orales que las esclavas tenían un libro de oraciones para seguir sus ejercicios de los martes.
Creemos que la desaparición de la Esclavitud se produjo tras la Guerra Civil, los tiempos habían cambiado y las necesidades espirituales y temporales también. La puesta en marcha de la Acción Católica absorbió en buena parte la organización de la vida parroquial, con lo que los fines de la Esclavitud quedaban anulados.

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Comentado por Inma del Sol en julio 1, 2010 a 9:57pm
Magnífico trabajo , para nosotros es un lujo que lo hayas publicado aquí. Un gran beso.-
Comentado por ZAQUEITO en julio 1, 2010 a 7:49pm
fantatica como todo lo que hace . a dios por el amor
Comentado por Quetintubocofrade en julio 1, 2010 a 7:33pm
Maravilloso trabajo el que nos regalas. Merecedor de multiples y elogiosos comentarios y valoraciones, que parecen brillar por su ausencia. Quizas sea que su nivel nos sobrepasa, pero te ruego que no por ello nos dejes de la mano . Esta luz al final seguro que acaba traspasando la vulgar oscuridad Muchisimas gracias por ello


Por cierto, la foto es mia, jajajaja No hay problemas de copyright, jajajajaja
Comentado por irene en julio 1, 2010 a 10:50am
Estupendisima aportacion , dicen que no hay mal que por bien no venga, y al menos hemos recuperado a la autora. Espero que esto continue y la pagina vuelva a ser lo que fue. Besos.

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