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Aparición de Cristo resucitado a Magdalena

Aparición de Cristo resucitado a Magdalena, Jn 20:11-15 (Mt 28:8-10; Mc 16:9-11; Lc 24:1:11)

11 María se quedó junto al monumento, fuera, llorando. Mientras lloraba, se inclinó hacia el monumento, 12 y vio a dos ángeles vestidos de blanco, uno a la cabecera y otro a los pies de donde había estado el cuerpo de Jesús. 13 Le dijeron: ¿Por que lloras, mujer? Ella les dijo: Porque han tomado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. En diciendo esto, se volvió para atrás y vio a Jesús que estaba allí, pero no conoció que fuese Jesús. 15 Díjole Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, creyendo que era el hortelano, le dijo: Señor, si lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto, y yo lo tomaré.

COMENTARIO

Mujer, ¿por qué lloras?"

María la llamaban Magdalena porque venía de un pueblecito de Galilea llamado Magdala. Ella ha sido identificada como una mujer pecadora según el Evangelio de Lucas (Lc-8,2) y (Lc 7,36-50), pero el mismo Lucas relata que Jesús le hizo saber que sus pecados fueron perdonados.

Es muy importante destacar, que ella acompaño a Jesús, lo atendió, lo escucho, le llegó al corazón y el mismo Jesús se enterneció con Maria Magdalena. Ella estuvo como testigo en la crucifixión y según este Evangelio es la única mujer que se acerca a la tumba donde sepultaron a Jesús. Luego ella fue la primera en conocer la noticia de la resurrección, y recibió de Jesús resucitado el encargo para anunciar a los apóstoles su resurrección.

Jesús le preguntó: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?. En efecto, no es para llorar, al contrario es para estar alegres por la resurrección, Ella, pensando que era el cuidador del huerto, le respondió: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo. Así María Magdalena nos muestra el gran amor por Jesús, no esta dispuesta a perderlo y si esta para buscarlo donde sea.

Podemos recoger muchas enseñanzas de Maria Magdalena, si ella fue pecadora, por el arrepentimiento recibió el perdón de Jesús, y todo los pecadores podemos tener fe en que Jesús nos perdona si nos arrepentimos, que si hemos sido perdonados y hemos confesado con dolor y sinceridad nuestra faltas recuperamos la gracia y la amistad con Jesús, aún más, si hemos recibido la gracias podemos conocer la resurrección. También aprendemos en este Evangelio, que si creemos que hemos perdido a Jesús y lo buscamos lo encontraremos junto a nosotros, como también tenemos que reconocer que el puede estar oculto en una persona humilde, como en el caso del cuidador del huerto.

Jesús le pidió a María Magdalena que fuera a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras. Ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre y Padre de ustedes; a mi Dios y Dios de ustedes. Así hemos de recibir el mensaje de Jesús y convertirnos en mensajeros de su victoria sobre el pecado y la muerte, entusiastas, como Maria Magdalena.

La aparición de Cristo resucitado a Magdalena nos deja una sensación muy profunda, a la partida de Pedro y Juan, Magdalena se queda allí, junto al sepulcro, llorando la desaparición del cuerpo del Señor. Entonces se asoma al sepulcro, como poco antes lo había hecho Juan y vio dos ángeles vestidos de blanco. Estos ángeles aparecen aquí sentados a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. A la pregunta que le hacen por su llanto, ella, sin inmutarse y del modo más natural, según la narración literaria, responde que por no saber dónde han puesto el cuerpo de su Señor. Al llegar a esta parte del diálogo, Magdalena se vuelve y ve a Jesús, que estaba allí como una persona cualquiera. Aunque Cristo no se le muestra en forma de hortelano, ella pensó, al verle allí, que fuese el encargado de aquel huerto. Su obsesión y su llanto se dirigen a El al punto, para hacerle participante de su inquietud y de su solicitud por ir a buscarle. No deja de ser extraña esta psicología, pero refleja el carácter, obsesivo é impetuoso, de esta impresión y deducción al ver corrida la piedra del sepulcro

Este es el momento de la gran aparición de Cristo. Sólo pronunció una palabra: ¡María! Pero en ella iba el acento y ternura inconfundibles de su voz. Y ella le dijo en hebreo, que es el arameo: ¡Rabboní!, que quiere decir: Maestro. Este detalle de la conservación aramaica de la expresión que se traduce puede ser un cierto índice de respeto de la escena, en el sentido que Magdalena también volcó en él su amor con esta palabra, porque normalmente se usaba “rabí,” como lo hace en los otros pasajes el mismo san Juan, pero dicho de esta manera Rabboni, es como decir Maestro mío.

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