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Antes del 313, el Cristianismo se practicaba en la clandestinidad y era perseguido. Con el Edicto de Tolerancia de Milán, promulgado por el emperador Constantino tras su conversión, se concedía la libertad a los cristianos, por lo que el Cristianismo salió a la luz y pudo expansionarse. El emperador Teodosio en el 391 lo declaró religión oficial, desarrollándose por los Imperios de Oriente y Occidente en que este emperador dividió definitivamente el territorio romano en el 395.

Con la proclamación del Edicto de Milán y con Constantino a la cabeza, los cristianos pudieron practicar libremente sus cultos religiosos y los líderes cristianos ocuparon posiciones principales. La arquitectura religiosa pasó del simple refugio en casas privadas, a nuevas formas monumentales, inspirada en la arquitectura romana, y para ello tomaron un edificio romano que pudieran ajustarlo al nuevo rito cristiano. El templo romano o griego fue rechazado por su significación contraria al cristianismo, pero también porque solían ser templos pequeños donde el sacrificio pagano se realizaba en un altar situado en el exterior del templo y el interior se utilizaba para colocar la estatua del dios al que se dedicaba su culto. Los primeros cristianos buscaban una sala con mayor capacidad donde poder reunirse y practicar su culto. Es decir, se buscaba más espacio para contener a los fieles que se acercaban a orar dentro del templo. Es por eso que las iglesias no tomaron de modelo los templos paganos sino que tomaron las grandes salas de reuniones públicas que servían como centros civiles con actividades de mercado y como sala de justicia, conocidos con el nombre de basílicas.

Se utilizó la arquitectura cerrada correspondiente a la basílica civil romana y se adaptó al culto cristiano. Si en el culto pagano el sacrificio se realizaba en un altar situado en el exterior del templo, en el culto cristiano se trasladó al interior el acto del sacrificio simbólico en un altar para la transubstanciación del vino y el pan en la sangre y el cuerpo de Cristo, realizándose en un lugar cerrado, como había sido realizado en la Santa Cena celebrada por Cristo. Para el ritual del siglo IV se necesitaba un camino para el recorrido procesional del clero, una parte donde se colocaba el altar y se celebraba la misa, otra parte para los fieles que participaban en la procesión y comunión y otra para los catecúmenos o no bautizados.

La basílica paleocristiana en general constaba de tres partes: un atrio de acceso, el cuerpo de la basílica longitudinal, dividido en tres o cinco naves separadas por columnas, la nave central siempre solía tener más altura, mientras sobre las naves laterales a veces tenían unas galerías o tribunas llamadas matroneo especialmente realizadas para las mujeres. En el presbiterio, se situaba el altar. La cabecera estaba ocupada por un ábside cubierto con una cúpula de un cuarto de esfera. Los no bautizados ocupaban un lugar ante la puerta de la basílica llamado atrio o nártex donde solía haber una gran pila de agua para las abluciones. La cubierta en la construcción de la basílica paleocristiana primitiva acostumbraba a ser a dos aguas con techumbre de madera, poco pesado, por lo que sus muros eran completamente lisos y no había necesidad de construir contrafuertes. La luz exterior provenía de grandes ventanas abiertas en las paredes laterales y de la parte alta de la nave central por el claristorio. Muchos de los materiales empleados como las columnas y capiteles fueron aprovechados de otros edificios romanos.

A finales del siglo IV y a comienzos del siglo V, comenzaron a suprimirse las iglesias de formas irregulares para reemplazarlas por iglesias de forma regular, es decir, basílicas regulares, orientadas al este, de tres naves con un ábside en uno de los lados menores y en el otro lado menor la entrada frente al coro. En todo el Imperio quedó así asociado el concepto de iglesia con el de basílica. Sin embargo, a pesar de la gran cantidad de templos o basílicas cristianas que se construyeron durante el siglo IV, en siglos posteriores fueron muchos de ellos destruidos o reformados.

Otros edificios paleocristianos eran de planta central. El baptisterio, que podía estar adosado a la basílica o exento, era generalmente de planta octogonal y contenía una gran pila bautismal de forma variada, siendo los bautismos por inmersión. Los martyria, para conmemorar a los mártires, y los mausoleos de tipo funerario eran de forma circular y cubiertos con cúpula; derivaban de los mausoleos paganos.

  

 Fuente:

-Arquitectura paleocristiana tras el Edicto de Milán. Arte en España

 

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