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Buenas noches mis estimad@s y querid@s amig@s del mundo capilleril.
Muchísimo tiempo sin ponerme delante del teclado con la intención de escribir uno de mis escritillos nocturnos. Hace unos días un@ de vosotr@s me dijo que cuando volvería a hacerlo y mira por donde la ocasión lo merece. Acabo de abrir el Anuario de la Hermandad del Señor Dios, Jesús del Gran Poder y María Santísima del Mayor Dolor y Traspaso, recién estrenadito porque ha llegado hace un rato. Le he echado un vistazo general así para enterarme un poco que es lo que trae y he visto dos artículos que se que os van a gustar. Os paso hoy el primero de ellos y como siempre, al igual que las fotografías que cuelgo, espero que sea de vuestro agrado. Va firmado por el Hermano Rafael Avilés del Pino y lleva por título “Mi primera estación de penitencia, Dos mil iguales”.
“Lo normal es encontrar esta página escrita por un niño que recién estrenó permiso para salir de nazareno en nuestra cofradía. Aunque yo ya he visto 36 Semanas Santas, también podría encontrarme en la catalogación de infante por cómo me sentí aquella noche.
Hacía más de una década que no me vestía de nazareno. Yo, que sólo vestí (durante 25 años) de capa los Jueves Santos, me encontraba algo torpe tratando de colocarme yo solo una túnica de cola por primera vez. Por mis circunstancias, esa noche lo preparaba todo en soledad. Había dejado a mi Virgen de la Victoria regresando a su barrio de acogida (que volviera algún día al Rectorado quisiera yo) y me sentía muy extraño.
Por un lado, un poco infiel. Por otro agradecido a mí mismo por haberme decidido a recuperar el hábito de la estación de penitencia, además tras la Imagen que más llama mi devoción.
En mi camino Juan Rabadán abajo, me iba uniendo con otros viandantes de ruán, raudos, con cierta prisa. Había que llegar a tiempo para ver la ronda de la Centuria Macarena. Aunque no era un evento que me llamara la atención inicialmente, hice caso de la insistencia de mi amigo Javier Fernández. Y él tenía razón.
Una vez más, la Semana Santa de Sevilla me enseñó que no es bueno hacer prejuicios. Siempre hui en la Madrugada de cornetas y jaleos, no me gusta demasiado el relajo de lo que debe ser marcial. Sin embargo, aquella noche, las caras de los Armaos ante el Señor Dios, Jesús del Gran Poder, me dieron a mí una lección de respeto.
En algunos, lágrimas, en todos, la interpretación sincera del sentimiento mismo de Longinos, en un acto más de la ópera sagrada (a Carlos Colón debo la cita) que se representa cada año en Sevilla.
Tras el íntimo espectáculo, la quietud, la reflexión antes de la salida, el encuentro breve con hermanos, amigos, conocidos. Es curioso cómo el hábito del nazareno iguala por completo a los hombres. En la espera en el interior de la Basílica encontré las caras de ilustres y anónimos, de ricos y de pobres, de cofrades y supuestos agnósticos, de gente de la calle y de extraños personajes. Todo palabrería de los otros 364 días del año. Esa noche todos éramos lo mismo. Ante Él, todos iguales.
Como en cualquier otra cofradía de Sevilla, haciendo de espejo de la sociedad misma, los nazarenos se mezclan, codo con codo, buscando el último descanso antes del largo camino, apurando algún cigarro en el casinillo, acabando un postrero sorbo de agua, dando abrazos de aprecio sincero. Conforme se acerca uno a los pasos va reduciéndose el ruido. Los semblantes se vuelven algo más graves, más relajados también. A los pies del Nazareno, esas miradas que sólo se pueden ver aquí. Capirote en mano, se le ofrece todo, se le pide lo justo.
Frente al palio, menos gente, pero también verdaderos fieles de una Mujer –discreta, bellísima- que se sabe secundaria ante la tamaña devoción que todos los que andan por allí de ruán le tienen a su Hijo. Ella es la primera en eso, y quienes allí le rezan parecen pedir ser cuidados de la misma manera.
Me llamó la atención la disciplina de todos los presentes, el orden y la capacidad de organización de la Mayordomía. He formado en muchísimos cortejos (de niño figuré en la nómina de acólitos de algún Santizo) y siempre he visto buenas actitudes. Sin embargo parece que ante el Señor Dios, Jesús del Gran Poder todo adquiere otro ritmo: una multitud de movimientos suaves comprimidos en un espacio y un tiempo tan cortos… que llega el sonido de la apertura de la puerta como un trueno callado; la plaza de San Lorenzo alfombrada de miradas concentradas en un mismo punto.
El silencio hace ósmosis entre los dos espacios, marca la trayectoria de la Cruz de Guía y, tras suya, dos mil iguales y dos devociones.
Comenzaba mi primera estación de penitencia con el Señor Dios, Jesús del Gran Poder. Lo que viví en las horas siguientes debe quedar entre Él y yo”.
No sé que estaréis pensando cuando estas líneas sean leídas por vosotr@s mis queridos amig@s del mundo capilleril. Lo único que os puedo decir es que me he visto reflejado en ellas y solo llevo una estación de penitencia más que el Hermano Rafael Avilés junto a Él y tengo la “desgracia” por mi antigüedad de no poder formar a Su lado pero tampoco en esos momentos previos a la salida pueda decir que estoy mal acompañado junto a la Soledad, el Señor ante Anas y María Santísima del Dulce Nombre. Que el Señor Dios, Jesús del Gran Poder os guie.

A tod@s los que me agregaron, buenas noches……….y a los que no, también.

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Comentado por ENCARNACIÓN CASTRO DÍAZ en marzo 7, 2010 a 11:23pm
Precioso y muy emotivo el articulo del Anuario ultimo, nunca he salido de nazarana, ahora que pueden ya salir en casi todas las hermandades, en la mia hace ya varios años, ya se me ha pasado un poco el tiempo por varias razones, pero mis hijos salen desde el primer año de vida y yo lo comparto, dentro de lo posible, con ellos. Ya tengo la suerte de tener un nieto nazareno y gracias a el,sigue la tradicion en mi casa.Un saludo y me gusta mucho todo lo que escribes. Encarna
Comentado por maria jose en febrero 26, 2010 a 12:28pm
hola soy Mª José, es emocionante lo que cuentas, yo tengo 2 hijas que salen en los gitanos, ambas me comentan que por duro que sea el recorrido merece vivirlo y soportar el dolor de riñones, los parones empujones del público, etc. por vivir los momentos de hermanamientos y de igualdad y de fraternidad, entre las personas tanto a la hora de salida, que todos rezan antes de salir, como en la entrada donde tantos hombres como trinquetes, lloran de emoción, cansancio, y satisfacción porque todo haya salido bien, y como ambas me dicen, ¡¡¡ mamá que a gusto estoy con el dolor de pies, hemos llorado, reido, de emocion y se nos juntan las lágrimas con los mocos y las risas, cuando lo vemos mecerse, y ese dulce caminar, solo nos queda un añito, para estar otra vez igual!! mis niñas de nazarenas de su cristo se sienten rendidas, pero de felicidad, se han paseado por Sevilla con el hijo de Dios, oliendo a ese embrujo nuestro de incienso y azahar, a ese amanecer frio, a esos rayitos de sol, que en la cara de su Cristo da, mamá que bonito, yo espectante en la calle vigilante de como van, si cansadas y hay que animarlas, me digo esto lo tengo que vivir, y este año si mi cristo moreno quiere estaré ahi, y espero vivir esto que ellas me cuentan, esto que solo los cofrades sabemos sentir, somos privilegiados, que suerte tenemos, vamos a disfrutarlos. Saludos a todos los cafrades
Comentado por Ana Maria en febrero 10, 2010 a 10:26pm
Muchas gracias por compartir con todos nosotros estos escritos,me has emocinado, aunque yo no sea de sevilla y salga en otra hermandad distinta de otra ciudad, de otos pueblo las emociones que sentimos son iguales seamos de donde seamos.

Ya son 25 años los que llevo saliendo en mi hermandad y te puedo asegurar que mis nervios son los mismos todos los años,como si fuera la primera vez que saliera.

Un abrazo amigo y gracias por compartir esto con nosotros,espero que nos sigas regalando mas escritos.
Comentado por Julia Baquet de Pablo en febrero 10, 2010 a 8:04pm
Carlos se te echaba de menos por aqui, pero cuando te da por escribir parece que no quieres parar, lo haces muy bien y reflejas los sentimientos de todos los que nos vestimos de nazarenos seamos de la hermandad que seamos, un abrazo.
Comentado por JOSE ANTONIO en febrero 10, 2010 a 2:17pm
Me alegro de que vuelvas a escribir. El articulo lo leí el otro día cuando me llegó el anuario. Es precioso, se me erizaron los vellos al pensar en esos sentimientos que siempre vivo esa noche y que dentro de poco renovaré si el Señor quiere. Saludos
Comentado por macarena madrid en febrero 10, 2010 a 2:11am
Querido amigo del mundo caperil...jjjjje se te extrañaba.
Que bella manera de contar como uno se siente como un niño chico,en esos momentos,que ganas de sentir estas y otras cosas tengo.
También me hace pensar en el cabildo de mañana, puede que esas página que está dedicada a la primera estación de penitencia la escriba una mujer.
Que el Gran poder te cuide siempre amigo.
Comentado por Margarita Vidal Alvarez en febrero 10, 2010 a 1:45am
Me ha encantado y desde luego, las emociones que sentireis esperando la salida se quedarán como dice el escrito entre El y tú, aunque formes en otro lugar y el Hijo de Dios o La Señora te mire bajo otra advocación.
¡ La estación de penitencia da para pensar, orar y hablar nada más y nada menos que con el mismo Dios que vive en Sevilla.
Ya echaba de menos estos hermosos escritillos, pero ha merecido la pena esperar.

Un fuerte abrazo, Carlos.

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