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Detrás del retablo mayor que realizara Cañero y Francisco Primo para la Iglesia de Ntra. Sra. de los Remedios, se encuentra uno de los tesoros arquitectónicos barrocos más relevantes de la provincia, considerado una joya del barroco andaluz. Se trata del camarín que alberga la venerada imagen de Ntra. Sra. de los Remedios.

Desde la perspectiva de la iglesia no se aprecia la grandiosidad del camarín al quedar visible sólo un hueco enmarcado por la talla del retablo. Pero en realidad tras el retablo el espacio se expande y se ensancha tanto en sentido vertical como horizontal. Las dos puertas del retablo dan acceso a una serie de habitaciones que conforma una especie de torre, a la que el historiador americano George Kebler denominó camarín-torre. En verdad, desde el exterior la parte trasera de estas construcciones se asemeja a una torre y en su interior se divide en varias estancias en torno al lugar que ocupa la Virgen de los Remedios.

La primera estancia es la sacristía de la iglesia, a la que se accede por las puertas laterales del retablo ubicadas en el banco del mismo. La planta es octogonal y decorada con un retablo de rocallas y estípites de madera dorada de tres cuerpos. Preside un crucificado del siglo XVIII atribuido a Diego Márquez, mientras que en las laterales se incrustan sendos espejos. Sobre los estípites se ubican siete ángeles portadores de ropajes y enseres propios de la liturgia. Debajo se han colocado unas cajoneras realizadas en madera policromada y estofada de estilo rococó, cubiertas de una tapa de mármol de agua. El conjunto se cubre por una bóveda de ocho paños, decorada con símbolos mariológicos y letanías del Rosario.

En el lado izquierdo de la sacristía está la puerta por la que se accede a la estancia donde está la escalera de subida al camarín, en la que destaca la baranda de forja decorada con figuras estilizadas de aves. El zócalo y el suelo combinan los tonos rojizos, blanco, negro y gris, con una decoración geométrica y estrellada en las mesetas. La subida al camarín debió estar decorada con la colección de exvotos con los que los fieles agradecían los milagros a la Señora. Está decorada con diversos lienzos y tallas, destacando un crucificado de la Vera Cruz del siglo XVI, antiguo titular del templo y de la hermandad.

Desde la escalera se accede al camarín que es el lugar en donde los artistas que lo construyeron utilizaron todo su buen hacer artístico para decorar la estancia y rodear a la Santísima Virgen. Se trata de una habitación suspendida en alto, sobre la sacristía, cuya magnificencia convierte a todo el resto de la torre y a la nave del templo en un vestíbulo a este recinto privilegiado y recóndito.

La planta del camarín es octogonal pero en cada una de sus caras se curva hacia el interior a modo de exedra. Sus caras están decoradas a modo de retablo continuo que rodea a la Virgen de los Remedios, en donde se usó el arte en un gran despliegue de ornamentación: paredes, suelos, bóvedas decoradas con yesos, maderas, pinturas al fresco y sobre lienzo, esculturas exenta y de altorrelieve, mármoles, espejos, relicarios, telas, etc.

El camarín se componen de zócalo, dos cuerpos (el segundo de mayores dimensiones que el primero), entablamento y una cornisa sobre la que apea la bóveda de media naranja. El zócalo es de losas negras, blancas y rojas de mármol, con formas romboidales y cuadradas. La solería pone en práctica un juego de volúmenes espaciales que consigue crear un efecto óptico envolvente y muy llamativo. Cada lado del camarín ostenta grandes estípites de rica ornamentación, entre los que se sitúan esculturas de arcángeles y santos, además de relieves con escenas de la vida de Jesús y María. En el primer cuerpo cinco medallones compuestos por marcos mixtilíneos decorados con rocalla representan en altorrelieve los Misterios Gozosos de la Virgen (Anunciación, Visitación, Natividad, Circuncisión y el Niño perdido y hallado en el Templo) y a cada uno de los lados de los medallones se representan los emblemas marianos pintados al fresco. El segundo cuerpo está formado por siete hornacinas donde se han dispuesto las esculturas del Arcángel San Gabriel, San Antonio de Padua, San Joaquín, San José, Santa Ana, San Rafael y San Miguel, y sobre estas esculturas hay otros cinco medallones sobre los Misterios Gloriosos (Resurrección, Ascensión, Pentecostés, Asunción de la Virgen y su Coronación). Esta sala requerían una iluminación apropiada, por lo que se abrieron varias ventanas y óculos de vidrieras, que permite la entrada de luz dirigida con cierto efecto de luz. En la cornisa de la bóveda se intercala una serie de inscripciones en alabanza a la Virgen que dicen: Funda nos in face, Mutans Eva m(...), Ave maris stella, Dei mater alma, Gabriellis ore, Sumes illud ave y dos ilegibles por la expansión de la humedad. Este espacio se cubre con cúpula de media naranja de ocho plementos, decorada con pinturas alusivas a los Padres de la Iglesia y los Evangelistas, rodeados de motivos florales, querubines y símbolos marianos. Destaca también el gran vano hacia la iglesia, ejecutado en jaspe rosado con incrustaciones de mármoles blancos y negros de formas estrelladas y polilobuladas. La Virgen de los Remedios preside el camarín sobre un trono de madera adornado con motivos barrocos y espejos, destacando la espléndida corte angelical formada por doce ángeles ricamente policromados y estofados.

Las obras para la construcción del camarín comenzaron en 1754 bajo la dirección del arquitecto Cristóbal García, pero consta que desde 1758 y hasta 1790, año en el que se concluye definitivamente el camarín, es Nicolás Bautista de Morales el maestro encargado de dicha obra. Tanto los trabajos de yesería como las tallas fueron realizadas hacia 1777 por el escultor antequerano Diego Márquez, el dorado y el estofado corrió a cargo de Salvador de Jódar Romero y las obras de carpintería las llevó a cabo Antonio Cornejo hacia 1760. El trono de madera fue realizado por Jerónimo Muñoz en 1770. El pavimento y el zócalo es obra de los maestros canteros Juan Antonio Blanco y Andrés de Zabala, realizado entre 1781 y 1782.

Una de las características de las torre-camarín es que no sólo se construyen hacia arriba sino que a su vez se prolongan hacia abajo donde suele albergar habitaciones auxiliares o se hunde en el subsuelo para conformar una cripta. De esta forma, la torre-camarín quedaría divida en tres estancias principales: cripta, sacristía y camarín. Sin embargo, a día de hoy no se ha encontrado ninguna prueba de que pueda existir una cripta bajo la sacristía de la iglesia como correspondería a este tipo de construcciones.

El camarín de Ntra. Sra. de los Remedios posee además en todas sus estancias un mensaje de salvación hacia el alma pecadora que las recorrerá para alcanzar la perfección espiritual por intercesión de la Santísima Virgen.

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Comentado por Manuel Sanchez de los Reyes en mayo 21, 2016 a 8:32pm

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