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Este año 2010 la Pontificia y Real Hermandad Sacramental y de Ánimas y cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores celebra el centenario de la llegada a Estepa de nuestra Mater Dolorosa.

En el año 1907 toma posesión como Hermano Mayor en la Cofradía de Nuestro Padre Jesús D. Antonio García Almansa y es él quien encarga al escultor murciano D. Francisco Sánchez Araciel una nueva imagen de la Virgen de los Dolores.

En las reseñas históricas de nuestra Hermandad se habla de D. Francisco Sánchez Graciel, y en otras de D. Francisco Sánchez Aracid, pero sin lugar a dudas las variaciones en el segundo apellido del escultor se deben a errores de transcripción, ya que al final del siglo XIX y en los albores del siglo XX el único imaginero murciano del que se puede constar un trabajo relevante y significativo, y al que seguramente recurrió nuestra Hermandad es D. Francisco Sánchez Araciel.

Corroboraría esta afirmación la similitud de rasgos de algunas de sus tallas con el rostro de nuestra Santísima Virgen de los Dolores, como por ejemplo la Santa Verónica de Cieza, San Juan de Cartagena o Santa María Solomé de Totana; destacando en todas ellas la influencia salzillesca que tanto este imaginero como la mayoría de sus contemporáneos murcianos plasmaban en sus obras.

Este prolífico escultor nació en el murciano barrio de San Bartolomé el 21 de octubre del año 1851, hijo de otro afamado imaginero levantino llamado Francisco Sánchez Tapia y en cuyo taller comenzó de aprendiz junto a sus hermanos Cecilia llamada “La Roldana Murciana” y Manuel que también legaron sus obras al basto conjunto escultórico de aquella escuela de imagineros.

Cursó sus estudios de Bellas Artes en la Academia de San Fernando de Madrid, estableciéndose muy joven como escultor y especializándose en la talla de imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y del Sagrado Corazón de María, desarrollando casi todo su trabajo en madera policromada; la única obra suya que se conoce en piedra es el busto de Francisco Salzillo situado en la Plaza de Santa Eulalia de Murcia.

Indudablemente D. Francisco Sánchez Araciel trabajó siempre bajo la omnipotente corriente estilística de D. Francisco Salzillo y Alcaraz, cuyos arquetipos maestros de la imaginería imperaban a finales del siglo XIX y principios del XX en toda la vertiente oriental de la península para extenderse posteriormente por toda España; de hecho Sánchez Araciel se convirtió en todo un especialista en restauraciones de obras escultóricas de Salzillo.

Esta imagen de María Santísima de los Dolores realizada en 1910 y tan sólo ocho años antes de que muriese D. Francisco Sánchez Araciel, llegó a Estepa con la actitud iconográfica propia del Stabat Mater, o sea, estaba la Madre al pie de la cruz, con el corazón atravesado por los siete puñales de dolor y la mirada elevada al árbol de la cruz del que pendía su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo en el Gólgota.

Cada Viernes Santo iba acompañado en su paso de palio junto Apóstol San Juan por lo que la morfología de la Virgen era diametralmente opuesta a como la podemos contemplar hoy en día; es decir, mucho más estilizada e hierática, sin la grandiosidad con la que hoy se revisten a casi todas nuestras Vírgenes.

Llegado el año 1960 la Hermandad decide modificar la actitud estática de la Virgen para dotarla de más dinamismo y adecuarla a la forma tradicional en que procesionaban las dolorosas, por lo que encarga al escultor estepeño D. Manuel Escamilla Cabezas la restructuración de la Virgen para adaptarla tal y como la podemos contemplar hoy en día a una Dolorosa de candelero. Indudablemente D. Manuel Escamilla tuvo que inclinar la mirada de la Santísima Virgen y esculpir unas nuevas manos acordes a la nueva configuración de nuestra Madre de Dolores.

La última restauración importante la llevó a cabo en el año 2005 Don Pedro Enrique Manzano Beltrán, imaginero y restaurador del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, sacando a la luz los colores primigenios del rostro de la Virgen, afianzando los ensamblajes del cuerpo y adaptándola a un candelero nuevo.

En definitiva, nuestra Santísima Virgen de los Dolores llegó hace cien años de tierras levantinas y a pesar de que su morfología se ha ido modificando con el paso del tiempo para adaptarse a las corrientes estética de cada época, en esencia aún mantiene ese aire salzillesco que otorga a la Virgen de los Dolores un aire sereno, natural y en el que la belleza de mujer guapa y sencilla está muy por encima de otros matices escultóricos tan imperantes en las Vírgenes del barroco sevillano.

La Santísima Virgen de los Dolores se ha convertido durante este siglo en cien caminos de amor hacia Dios, en cien promesas de oraciones musitadas desde lo más profundo del alma y en una centena de parasceves eternas e inolvidables en las que Estepa, siempre pudo encontrar el consuelo bajo la belleza más profunda y sublime de los Dolores de la Virgen.


Eloy Machuca Montesino-Rodríguez
José María Díaz Fernández
Revista de Feria 2010

Fotografía: J. Vázquez y Boletín Cruces y Luces.

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