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Hacia varios años que no sentía el antifaz deslizarse por mi cara, ni la soledad y el recogimiento que encuentro en su interior, ni el calor de la tela pegada a mi piel, ni el sudor del capirote bajando por mi frente. Hacia tiempo que no veía el mundo a través de dos pequeños agujeros, mirillas penitentes que te permiten ver sin ser visto, y que no escuchaba los compases de mi respiración, ni la voz de mi conciencia repasando todos los momentos de la vida, porque hacia cuatro Viernes Santos que no salía de nazareno en mi hermandad de San Isidoro.

En esos años de ausencia en la procesión, el tiempo había marcado lentamente las horas de una tarde que me traía su recuerdo, lo que no hacia mas que acercarme al alma el triste dolor de su perdida. El año pasado, cuando empecé a vestirme, volví a verlo en el salón de casa poniéndose la túnica con la ayuda de su madre, y el cinturón de esparto, y la medalla. Sentí su presencia andando por las calles de Sevilla, donde dos nazarenos de ruan se aligeraban para llegar a la iglesia por el camino mas corto. Recordé sus ojos cansados de la Madrugada, aunque llenos de alegría y con reflejos de Esperanza, mirando el rostro de su Cristo con respeto y devoción. Supe que estaba en su tramo, con el cirio levantado, rezando en su penitencia y disfrutando de la estación, como siempre había hecho desde que era un niño.

Ya en la Costanilla, delante de los pasos y con el nerviosismo propio de la juventud, volví a sentirme nazareno cuando crujió el portón de la Parroquia y me coloque el capirote para acompañarte en tus caídas por los pecados del hombre, durante la noche en la que recordamos tu muerte en la cruz. La llama del cirio se habia aparecido borrosa en mis ojos perdidos en un mar de pensamientos y oraciones, la cera se habia derramado entre mis manos como si de agua se tratase, cuando sentí el viento de las dudas, el aire de la desesperación, el fuego del cansancio y el ruido de la derrota sobre mi. Al momento quedé parado e inmóvil, pero el sonido del rachear de los costaleros y una mano por detrás me hicieron continuar mi camino.

La inercia de la fila me llevó durante varios minutos en una estación de tormentos, hasta que el desasosiego me obligó a mirar hacia atrás y observé tu mejilla morada, sangrante, castigada y acechada por espinas de muerte y odio. Me estremecí y al momento tuve la certeza de que creo en Ti. Y de que si Tú te levantaste hasta tres veces por nosotros no hay adversidad ninguna que no pueda ser superada. Y de que tus Tres Caídas son la fuerza que nos permite levantarnos cuando estamos abatidos y todo parece perdido. Esa noche llegué a mi casa con la imagen de tu mejilla grabada en mi memoria. Será mi recuerdo de lo que viví, y todo mi consuelo, porque creo en Ti.

Yo quiero ser tu mejilla, y sufrir los golpes de tu cara, cuando nos olvidamos de los que duermen en la calle, de los que sueñan en el cartón de una casa. Yo quiero ser tu mejilla, y sufrir los golpes de tu cara, cuando vemos las chabolas de El Vacie, y los rostros de gentes sin esperanza. Yo quiero ser tu mejilla, y sufrir los golpes de tu cara, cuando buscamos nuestra riqueza, y hay pobres que no tienen nada. Señor de San Isidoro, yo quiero ser tu mejilla, y sufrir los golpes de tu cara, y salir de nazareno en la Costanilla, y mirar en tu caída como te levantas.

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Comentado por MAR en marzo 17, 2009 a 10:39pm
has sabido plasmar en estas palabras los bellos momentos que se reviven cuando nos revestimos con la tunica de Cristo y los momentos intimos de la estacion de penitencia. saludos desde Rota
Comentado por Aromas de azahar en marzo 11, 2009 a 9:24pm
Gracias por contarnos estas cosas tan suyas y compartirlas con todos.Siempre nuestra Esperanza nos da fé para seguir adelante y usted es un ejemplo.Nos conocimos en la Basilica y fué un placer.Un besito
Comentado por Juan Ignacio Zoido en marzo 10, 2009 a 10:07am
Muchísimas gracias a todos mis amigos de la Comunidad. De aquí a Semana Santa pondré algunos textos más para compartirlos con todos vosotros.

Muchas gracias de nuevo, ¡¡y va por todos vosotros, mis amigos!!!!
Comentado por Carlos en marzo 9, 2009 a 11:05pm
Me identifico con tu estupenda exposición de sentimientos cofrades, enhorabuena Juan Ignacio.
Paz y Bien.
Comentado por jesus en marzo 9, 2009 a 10:52pm
gracias Juan Ignacio, llenarnos de sentido a los que una vez al año nos vestimos con una túnica y nos tapamos la cara con un antifaz.
Comentado por Antonio Mondéjar en marzo 9, 2009 a 8:16pm
Has conseguido emocionarme con tu forma de expresar algo que todos hemos sentido muchas veces: que en la vida hay que levantarse cuando el dolor o la contradición nos hagan caer y pretendan que nos rindamos para siempre. Gracias.
Comentado por Javier Herrera en marzo 9, 2009 a 7:57pm
Muy bueno¡¡, acabas de cambiar mi opinión sobre tí cuando te ví en la comunidad, la verdad es que pensaba otra cosa, te ruego me disculpes.
Un abrazo
Comentado por Pedro en marzo 9, 2009 a 7:57pm
un relato sencillo, humilde pero con todo el sentimiento plasmado en él y eso es la Semana Santa, sentimiento, el que la quiera entender perdido está. Buen texto
Comentado por Arcadio Luis Saldaña Ferrer en marzo 9, 2009 a 6:32pm
Enhorabuena,ya veo que tienes un corazón muy literario,porque está visto que no escribes con la mano sino con todo el sentimiento de tu corazón.Un abrazo.
Comentado por Esther Mantis en marzo 9, 2009 a 5:22pm
Juan Ignacio aunque no nos conocemos, con tus palabras se siente que eres una gran persona y a pesar de que hayas sufrido, has sacado fuerzas y te has vuelto a levantar, tu credo es muy emotivo. En mi blog también tengo uno sacado de un buen amigo, ya que no sé plasmar con palabras propias los sentimientos que tengo dentro, pero que sin duda comparto con él y con muchos otros cofrades. Espero verte como amigo.

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