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 AUTOR : Francisco Javier Muñoz Boluda Escultor. Campo de Criptana (Ciudad Real)

http://munozboluda.blogspot.com.es/2017/03/cristo-de-la-vera-cruz-v...

Ojos anegados emotivamente acuosos , que hacen desbordar unos sentimientos que se vuelven autónomos sin saber por dónde salir. Lágrimas que se sumergen por los conductos fisiológicos y emergen humedeciendo el labio superior que brilla por esta naturaleza húmeda. Su sufrimiento verbalizado desde la más grande generosidad había pedido al Padre que nos perdonara …, que el buen ladrón estaría con él en el paraíso; se había dirigido a su Madre; había preguntado por qué Dios lo había abandonado y visto que todo estaba cumplido. Son sus últimos momentos expresados por el imaginero de una forma sublime, cuando dijo "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.".

Mirando la imagen me viene a la memoria un texto de un admirado y admirable fraile agustino que cuando escribe, describe y llega a hacer con sus palabras una obra de arte figurativa de una sensibilidad tan intensa que encaja a la perfección con esta obra, interpretando el sentir de Jesús antes de la Expiración :

“…. es la sombra de la muerte que cegando va mis ojos. Desfallezco por los hombres y me aterra la oscuridad en que viven. ¡La fe no alumbra ni disipa las tinieblas de su alma ¿Por qué me has abandonado, Dios mío? … mi pobre madre suspira, mi madre llora ante la inmensidad suprema de mis dolores; mi madre ve lo inutil que mi sacrificio será para tanto infeliz desamorado, y esto la desgarra el corazón. Se abraza a mi Cruz, y al sentir en ella la trepidación de mis pesares, quiere abrazarse a mí, consolarme con sus ternuras y … ¡no puede! …”¡Dios mio por qué me has desamparado!” ¡Gime Jesús! Que tus gemidos son las hebras de oro que une la tierra con el cielo. Gime y suspira, Rey de las almas! Que la voz de tus suspiros es la del perdón! Amplio y universal por ser divino, ¡inmerecido y poderoso por ser para los ingratos!--- ¡Suspira y llor, Redentor y martir! que tus lágrimas serán la lluvia sosegada que riegue y fecundice las avideces de tantos corazones secos!

Fray Giberto Blanco, sacerdote agustino. 1919.

          Y si el rostro refleja tantas cosas, en conjunción con el cuerpo, víctima de un martirio cruel de infame, no podemos menos que detenernos en pensar que hay una psicomotricidad divina que ha dirigido la gubia para hacer este maravilloso Cristo. No sé dónde mirarle. De una hermosura tan apreciable, lo recorro de arriba abajo porque es una maravillosa conjunción la de esta obra de arte, espléndida. Los ojos claros, ojos de cielo y ojos de mar con brillo de sol tenue, próximo a la llegada de las tinieblas. Ojos que miran ese cielo , anegados, como personificación representativa de la divinidad Terrestre que vino a redimirnos.

 Esos ojos, esa mirada ya perdida en el infinito que apenas segundos seguirán inundados porque  cuando desfallezca y diga "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu." y su cabeza caiga hacia un lado, las lágrimas, el sudor y la sangre lo inundará toda su faz y llegará hasta donde la gravedad les lleve. Ya no puede sentir un punto de dolor porque él todo dolor proveniente más allá de su cuerpo

. Es dolor de incomprensión, de abandono, de resignación, … pero siempre de perdón, ... de Redención. Esta talla es una prueba más de cómo un imaginero sabe interpretar con su obra escultórica una instantánea de la secuencia de la pasión y muerte de Jesús y cómo cuando va extrayendo de la madera su obra, sus convicciones religiosas mandan sobre su técnica y en este caso estamos ante un coloquio técnica-convicciones que superan al propio autor en el que como si fueran autónomos sus golpes sobre la gubia, el imaginero llega a emocionarse también al contemplarla. No cabe sentirse impasible ante su contemplación.

Marita Valdivieso.

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