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Cuando la Iglesia es la que te traiciona

La reflexión provoca en uno varios efectos no siempre agradables. Por una parte está la evolución, siempre beneficiosa, a la que lleva el análisis de las cosas, el no pasar impasible ante nada de lo que la vida te va mostrando a los ojos. La maduración que va teniendo la persona, fruto de las experiencias no es nada comparada con la que produce la reflexión y el análisis. El problema de estos últimos es toparte con el desengaño.  El desengaño y la traición son las dos puñaladas más dolorosas que la vida puede darte porque no afectan al físico sino a la persona, a lo más íntimo. El dolor físico es pasajero y puede que ni deje cicatrices.  El dolor sentimental deja daños muchas veces irreversibles.

 

La traición viene siempre de alguien que no esperas que te agreda en lo más íntimo, nunca pesarías que aquella novia se iría con tu mejor amigo (ésta debe doler especialmente porque, además, es doble), nunca esperaste que aquel compañero te metiera en esos líos para llegar él, trepa como ninguno, más alto que tú.  No habrías imaginado nunca que aquel amigo de la infancia actuara contigo de la forma que actuó. Nunca se espera una traición, siempre llega cruel a la cita, con ganas de sangre, de vísceras.  La tración llega por sorpresa, aunque muchas veces anunciada a todos cual muñidor de Viernes Santo, llega a todos menos a ti.

 

Uno, fruto de la reflexión continua, conoce sus muchos defectos (muchos más de los que desearía), conoce sus muchos y continuos pecados (reitero mi deseo anterior), y encuentra consuelo, especialmente para estos últimos, en la Iglesia.  Es nuestro patrón, la guía, el elemento ejemplarizador.  La Iglesia es el faro que debe guiar nuestros actos y nuestra fe. Y ahí viene el problema, cuando es la Iglesia la que traiciona una ética, una moral, cuando es la Iglesia la que no actúa según predica. Cuando vemos a curas decir una cosa por la mañana y por la tarde actuar de forma contradictoria, cuando vemos a la Iglesia, la misma Iglesia que nos reclama por nuestros pecados, la misma Iglesia que nos da los tirones, merecidos tirones, de oreja por la mala actuación, proclamar una cosa y actuar igual que cualquier mortal. Cuando los que deberían dar ejemplo, especialmente ejemplo, parecen sacados de una escuela de anticlericalismo, es en ese momento, en ese preciso momento, cuando uno se siente traicionado por la Iglesia.  Suerte tiene uno de tener una fe que sobrepasa la Iglesia, suerte tiene uno de ser lo suficientemente reflexivo para obviar esas actitudes de la Iglesia y seguir adelante con la fe que tantas y tantas veces se resquebraja por los ataques que vienen desde dentro, ataques más difíciles de superar incluso que los que con inquina llegan desde fuera.

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Comentado por Juan Vajo en marzo 16, 2011 a 12:29am
Gracias por los comentarios.  Por todos los comentarios.
Comentado por Siervo_de_Maria en marzo 14, 2011 a 4:29pm
Secundo lo que ha dicho Inma, y gran entrada Juan.
Comentado por Inma del Sol en marzo 14, 2011 a 9:25am
Juan , qué pedazo de tema acabas de plantear . La Iglesia está formada por hombres queramos o no queramos nosotros , quieran o no quieran ellos , por tanto , por mucho contacto que tengan con Dios , tienen los mismos defectos y las mismas virtudes que cualquier otro . He conocido auténticos hombres de Dios conscientes   de su ministerio que han vivido de acuerdo con él y lo han llevado hasta las últimas consecuencia  y también a muchos que se han valido de ese ministerio para dar rienda suelta a sus propias debilidades , principalmente la soberbia y la ambición , aunque por lo que escucho no son  las únicas debilidades en la que caen . Son hombres y como hombres deben ser juzgados , sin privilegios . La  Iglesia es mucho más que ellos , la formamos todos los católicos , y en ese aspecto tendría que existir un gran cataclismo  como para sentirme traicionada por Ella
Comentado por Puentiferario en marzo 14, 2011 a 8:35am
Comprendo el reproche. Sólo se siente traicionado quien previamente ha confiado. A mayor confianza, mayor traición. Si te sirve de consuelo te diré que el Dios a quien rezamos fue el mayor de los traicionados, tambien por la iglesia en la que creía ciegamente. Perdonó la traición antes de morir. Gracias por el post y por tu sinceridad.
Comentado por Salva en marzo 14, 2011 a 1:47am

Estoy convencido que muchas personas se sentirán identificadas con tus palabras y nunca se atreverán a exponerlas de una forma tan clara, directa y valiente como tú.

Me parece muy respetable tu actitud, tu reflexión y tu reproche. Y en el fondo de todo tu texto, creo entender una petición de ayuda Divina para sentirte a bien con quien siempre has amado. Pues se nota mucho en tu texto que siempre has amado a la Iglesia, y por eso sientes dolor.

Yo sin embargo. Lo tengo más fácil. Respet a la Iglesia como institución social. Pero tengo muy claro que Dios, y la bondad divina, habitan en el buen corazón de los seres humanos, independientemente de la religión que practique. Donde existe una buena persona, existe Dios.

Un cordial saludo, y mis mejores deseos.

Comentado por Conchita D. -Triana- en marzo 13, 2011 a 11:02pm
Has tocado un tema que es para hablar despacio y largo y, a la vez, delicado. Sí te diré que a estas alturas de la vida pocas cosas me escandalizan, como dice Emi, aparte de que siempre he tenido una máxima, no tomar como ejemplo al que no cumple. El que predica una cosa y actúa de forma contraria tendrá que rendir sus cuentas, como cualquiera de nosotros, pues somos humanos e imperfectos. Nadie es juez de nadie. Mi Maestro es Jesús y sólo a El he de procurar imitar
Comentado por Emi(Angel macareno) en marzo 13, 2011 a 10:22pm
Son humanos y como tal son tan imperfectos como nosotros. A mi es que pocas cosas me escandalizan ya en la vida, la Iglesia está por encima de todo . Es mi opinión.  saludos

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