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Cuando una nazarena no hace su estación de penitencia...

Ayer hubo una nazarena de Santa Marta que no vistió su túnica negra para acompañar al Stmo. Cristo de la Caridad y a Ntra. Sra. de las Penas durante su estación de penitencia. Y es que la túnica ni siquiera ha estado colgada para orearse, ni ha sentido el calor de la plancha, porque ni siquiera ha salido de la bolsa donde espera que la cuenta atrás le otorgue su papel protagonista de cada primavera. En la oscuridad de un altillo junto al cíngulo y al antifaz, al lado de las sandalias negras de piel, no hay lugar para el bullicio ni para la algarabía. Igual que en las filas de los nazarenos de Santa Marta.

Para los que no han conocido nunca la Semana Santa vista por un nazareno será muy difícil entender esa pena teñida de rabia que se siente cuando no se puede acompañar a tus Sagradas Imágenes en estación de penitencia. Porque la nazarena que ayer no salió, a pesar de no haber nacido en Sevilla, se enamoró de una Semana Santa sinigual viéndola en la calle y viviéndola desde la lejanía de una primera cuaresma que no borrará el olvido. Pero aún le faltaba por vivir el momento más hermoso, el instante más deseado, las horas más dulces, el día de su bautismo nazareno...

Carreras de última hora para hacerse la túnica en "La casa del nazareno"cuando todavía tenía la tienda abierta en la mismísima calle Rodrigo de Triana. Yo estaba a su lado cuando por primera vez vistió de negro en la casa-hermandad, y ví en sus ojos el nerviosismo y la ilusión enmarcados en la rojez de sus mejillas y en el leve temblor de sus manos. Ya en la iglesia sus ojos todo lo escudriñaban sin perder un detalle, sin dejar de prestar atención a las indicaciones del diputado de tramo mientras se formaba la cofradía. Lo que pasó luego durante las horas que caminó por Sevilla bajo su antifaz se queda sólo para ella. ¡Era nazarena de Santa Marta por fin!

Ayer a las 10 de la mañana la luz del Lunes Santo sevillano inundaba la iglesia de San Andrés, pero para los ojos de la nazarena que no salió aquella estampa tan hermosa donde la canastilla brillaba y el sol acrecentaba los matices del misterio del traslado al sepulcro era demasiado extraña. Ella vivía la lucha interior de preferir la oscuridad de la iglesia al recogerse la cofradía, apelotonados los nazarenos en las naves intentando no perderse los últimos momentos de la última chicotá cuando las puertas de San Andrés han devuelto la intimidad y el anonimato a cada nazareno. Allí con Rod Mondy a su lado, su corazón de nazarena latía y se debatía en esa lucha que desde el inicio de los tiempos se entabló entre el sentimiento y la razón.

"¿Por qué mami está triste?" ¡Vaya tela con la preguntita de la perlita caribeña! Pausa. Inspiración profunda y... vamos con la respuesta. Cuando nace un niño toda la familia y los amigos se alegran muchísimo y vienen a darte besos a casa y a compartir ese momento tan hermoso contigo. Pues cuando alguien muy querido muere pasa algo parecido. Todas las personas que lo querían en vida se acercan para poder despedirse, y para darle un beso y poder acompañarlo a él y a su familia, intentando que su pena no sea tan grande. Y eso es lo que le pasa a mami, que a ella le gustaría acompañar a Jesús al que tanto queremos y amamos, y poder decirle a la Virgen de las Penas que entiende su dolor.

Con Rod Mondy no valen las medias tintas, ya que siempre va al meollo de la cuestión a la quitaesencia de lo trascendente, en esa frontera que separa lo tangible de lo intangible, el sentimiento de la razón, lo explicable de lo inexplicable,... Ella ahora todavía no lo sabe pero esa cicatriz aún fresca que lleva en el pecho ayer se impregnó de los cantos gregorianos de la música de fondo, de la palidez del cuerpo inerte del Hijo de Dios, de aromas de incienso y cera derritida, de laz luz reflejada en la cartela de la delantera con el lema "Charitas Christi urget nos", y sobre todo de los sentimientos de una mamá-nazarena que sin saberlo le estaba metiendo el abecé de la Semana Santa sevillana en vena.

¿Se puede encontrar felicidad siendo nazareno? Está claro que sí. Estoy casado con una "granaina" nacida en Pamplona que ayer destilaba sevillanía por cada poro de su piel. Era un año para no dejar de salir porque tenía mucho por lo que dar las gracias. Tal vez por eso, por tener que dar las gracias al Cielo por tantas cosas ayer comenzó para la nazarena de Santa Marta que más quiero la estación de penitencia más larga, esa que dura todo un año...

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Comentado por pilar segovia martinez en abril 23, 2009 a 8:55pm
Si que Santa Marta propicia los encuentros y los sentimientos nacen como esa rosa roja que lleva en su paso, un beso muy fuerte para ti, tu hija y mi hermana de Santa Marta.
Comentado por pumuki cofrade en abril 22, 2009 a 9:12pm
Precioso y muy sentido. Yo este año tampoco he realizado la estación de penitencia, aunque por motivos diferentes, enfermedad de familiar en el hospital. Y la verdad que se pasa mal. Un saludo hermana y animo.
Comentado por Antiguo, real e ilustre club de en abril 15, 2009 a 10:41pm
Precioso texto, muy sentido y sincero. Esa es la auténtica penitencia.

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