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CUANTO MÁS TE MIRO, CRISTO DE LA BUENA MUERTE, MAYOR ES MI CONSUELO. (Cristo de la Hermandad de la Buena Muerte y Virgen de Consolación y Correa en sus Dolores de Huelva).

... Y Jesús siguió caminando … ¡Qué ejemplo de sufrimiento contenido! Siendo objeto de burla, recibiendo golpes y desprecio, agotado del dolor físico y del daño en su alma divina. El Hombre, escarnecido, ensangrentado, amoratado, mostraba el contraste más impresionante que pueda concebirse. Mientras Su alma divina estaba llena de amor hacia todo el género humano, su corazón latía soportando su martirio. Llevaba en todo su recorrido las crueles huellas de lo que acaeció desde el pretorio hasta llegar al calvario. Tu rostro, Cristo de la Buena Muerte, se va instalando en los sentidos, en nuestro corazón que se agita al acercarse a Tu lado, … Tu expresión, semblante adorado, se adentra muy profundamente tomando su sitio en el alma, que lo reconoce adueñándose de la razón que llega a latir más que a entender, como si todo nuestro ser se volviera ingrávido y el alma se asomara a través de los ojos que se quedan fijos en la imagen con una mirada centrada en interpretar qué Te está sucediendo en ese momento, qué es lo que fijó el escultor en cuando tomó su gubia y extrajo de la madera tanta belleza. Que de las vivencias, permanezca en su belleza siempre y para todos, como unas preces, y que al contemplarte y quererte, despejes las acciones que mancillen la belleza que subsiste en el recuerdo.

En tiempos de CUARESMA, las conmemoraciones que se suceden, corren en favor del crecimiento de los sentimientos de compasión y devoción a la pasión de Jesús. Aquí, el semblante del Cristo de la Buena Muerte constituye espiritual síntesis de todo lo que su alma estaría sintiendo y crisol de del fervor que recibe. Y es que cuando el amor llega al alma, no hay forma de desalojarlo. Ese amor drigido a este Cristo de la Buena Muerte, por tantos devotos, queda incrustrado. Con más facilidad llega al corazón y a los sentidos pudiendo adormecerse e incluso desaparecer o desvirtuarse. Pero un alma llena de amor no se vacía fácilmente. 
Si, en tiempos de Cuaresma, rememoras la Pasión de Cristo. Muchas escenas vienen a la memoria mezclando la historia Sagrada con nuestras vivencias. Tus caídas, Señor, se muestran como ejemplo de que hay que levantarse y seguir hasta el destino decidido. Aquellas, Tuyas, no conmovieron a quienes te contemplaban en Tu Víacrucis, ni los latigazos conmocionaron, ni la soga al cuello, como si de un animal se tratara, atormentó a nadie… No Te dolía tanto el cuerpo como Tu Alma Divina. Y así hasta el calvario, abrazado a la cruz que cargaste hasta el Gólgota a cumplir la sentencia. LLegaste, llevando tu cuerpo abatido y tu alma serena y llena de amor, soportando el dolor, pero sin modificar Tu semblante de conformidad. Si Tu ánimo se asomaba a tus retinas, los verdugones y heridas se mostraban en Tu cuerpo. Un contraste único entre la imagen de Tu cuerpo y de Tu apacible rostro. Lo miramos y vemos unos ojos despedidos de la vida que van cerrándose, pero sin conseguirlo. Viendo, sin ver … Como se hubiera dado el último suspiro. ¡Jesús ha expirado!. Con la huella de la lanza en el costado ante la duda, como si en esos instantes en que se adueña la muerte de la vida, apenas segundos, quedaran tallados en la hermosa faz que esculpió el imaginero.

Qué milagro obra cuando, a pesar de todo, el consuelo se adueña denuestros corazones tornando el sufrimiento, la amargura, la desazón, el malestar que hunde el ánimo en intentos de conformidad que sale de lo más hondo del ser que no se quiere desprender de lo que tan profundamente quiere aunque solo pueda vivir de recuerdos permaneciendo inamovibles sentimientos incunables para siempre. La armonía de Tu rostros nos regala un faz tan bellísima y adorada, que arrobados la exploramos implorando Tu consuelo que nos concedes a través de Tu Madre, la Virgen María, en nuestra Hermandad en la Virgen de Consolación y Correa en sus Dolores. Ella, que llora con infinito desconsuelo cumple con su hermosura mediadora en esta obra divina de la Redención. Ella, la que veneramos junto a Su hijo, ambos titulares de esta Cofradía con su llanto de dolor incontenibles, es nuestra referencia para el consuelo. Lágrimas de" la Virgen que más llora de Huelva" y que desde que fue bendecida en 1940, horas antes de hacer su primera estación de penitencia, absorbió el amor de todos los onubenses sin interrupción de adoración. Aquella en que el cortejo de la estación de penitencia se conformó con niños, los penitentes azules. Aquella fue destruida en 1936 . Ambas mostradas en sus dolores e impregnadas del espíritu agustiniano, identificable a través de la correa, en la concepción de esta advocación y en el discurrir de la Hermandad y en su presente contribuye a lo que dice el Papa Francisco “… las Hermandades han sido fragua de santidad de muchos que han vivido con sencillez una relación intensa con el Señor…”

Marita Valdivieso LA Semana Santa DE Huelva
Hermana de la Cofradía de La Buena Muerte Huelva.

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