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         Minada era una mula alegre pero ese día se encontraba cansada después de todo un día de trabajo. Aunque era joven, la noche se le venía encima y no se encontraba con fuerzas de llegar hasta la casa de su amo, así que vio una cueva y decidió pasar allí la noche.

 

     Al entrar en la misma, se veía muy poco, notó que algo se movía en el interior y cuando la vista se le acomodó a la oscuridad, vió que “eso que se movía” era un buey.

- ¡Hola buey! Soy Minada. ¿Cómo te llamas?

- Soy Ilu y he decidido pasar la noche aquí en la cueva hasta que amanezca. ¡todos los días son iguales...!

- ¿Puedo quedarme contigo? No te importa ¿verdad?

- Por mí, encantando, le respondió Ilu.

- ¿Sabes una cosa? Da la impresión de que esta no es una noche culaquiera y no se explicarlo.

- Es curioso -le volvió a contestar Ilu- pero a mi me parece igual y dicen los humanos que los animales tenemos un instinto especial.

- ¡Escucha! -dijo Minada- ¡Se oyen ruidos!

- Déjame ver, parece que mis cuernos pueden dar un poco más de respeto.

- ¿Ves algo? le pregunto Minada.

- Sí es una pareja humana. Ella parece que está embarazada pero tiene una cara con una belleza y serenidad que no recuerdo otra iglual.

- Ahora me toca a mí. ¡Sí! Tienes razón pero el chico parece muy cansado. Propongo no hacer ruido y dejarlos descansar pues parecen venir de muy lejos.

- De acuerdo, entonces.

 

            Al cabo de un rato, oyeron el llanto de un bebé. Se acercaron a mirar y no se veía a nadie salvo al matrimonio y al Niño. Se quedaron observando sin atreverse a moverse todavía. Hacía frío, mucho frío y la Madre sostenía al niño rentre sus bazos mientras el joven marido intentaba encender un fuego.

- ¿Ilu, nos acercamos o les asustaremos?

- Minada, vamos hacia ellos pero despacio, sin molestar al Niño.

            A los dos animales les pareció el Niño más precioso jamás visto y el cansancio de hacía unos momentos se habían convertido en caras relajadas, tranquilas y con una gran serenidad. El Niño “atraía” sin saber por qué e Ilu y Minada se fueron acercando hacia el grupo.

- Minada, mira que hermoso Niño.

- Es lo más hermoso que he visto hasta ahora pero parece que tienen frío.

- ¿Nos recostamos junto a ellos y les trasmitimos nuestro calor?

- Sí- respondió Ilu- así podremos verlo mejor.

 

            De esta forma se encontraron detrás del María y José -ya habían conseguido enterarse de sus nombres- mientras en el Cielo empezaron a oir unos cánticos de ángeles. No salían de su asombro porque pronto aquella cueva oscura  había resplandecido.

Ilu-Minada, estaba la cueva cuando llegaron los primeros pastores para adorar al niño y no comprendían el por qué. Tan sólo miraban las dos atentas pero con mucho cuidado de hacer ruído.

 

            No entendían nada pero es que nunca llegaron a enterarse de que habían sido testigos del mayor acontecimiento ocorrido de la Humanidad y que, de forma anónima, llegarían a ser famosos en todo el mundo cada vez que llega una nueva Navidad. 

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Comentado por TACITA DE PLATA en octubre 7, 2011 a 4:44pm
oju picha espera por lo menos a diciembre.
Comentado por tianera en octubre 7, 2011 a 2:45pm

es un cuento entrañable que pudo ser asi como paso pues los animales muchas veces son mas humanos y generosos que los que nos decimos humanos

un abrazo

Comentado por sonia en octubre 7, 2011 a 10:23am

Hola Javier,

un cuento precioso y encantador, se lo leere a mis hijas , ilu y minada son unos animalitos muy tiernos , generosos y bondadosos, se merecen ser famosos cada Navidad!!!!Besos. 

 

Comentado por Túrbula en octubre 7, 2011 a 7:29am

Adoración de los Pastores de Murillo, para este precioso cuento.

Foto de internet.

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