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Curiosa historia sobre el Cristo de la Sangre

Esta curiosa historia nos llegO a traves de un viajero ecijano que estando de visita en la monumental ciudad de Burgos, escucho de labios de un viejo fraile agustino este relato a cerca del antiguo convento que existia en nuestra ciudad.

“”Eran los últimos tiempos de las guerras de Granada, me dijo. Un pequeño grupo de frailes agustinos llegaban a Ecija y se instalaron en la vieja ermita de “La Madre de Dios” que estaba en los arrabales de la ciudad. Aunque no se establecieron definitivamente hasta unos años después de acabada la guerra, que construyeron el Monasterio bajo la dicha advocación de “Madre de Dios”.

Fue, continuó diciendo, la primera comunidad que se establecía en Andalucía, desde que el hijo del rey Fernando fundara nuestras casas de Córdoba, Sevilla y la de Ntra. Señora de Regla en Chipiona.

Esta comunidad, debió de florecer muy pronto en las vuestra tierra ecijana porque, unos años después, nuestra Orden establece otras seis o siete nuevas fundaciones y gran parte de ellas, con frailes ecijanos.

Coincide este florecer, en el tiempo en que, había en el Monasterio un hermano lego que sentía una devoción especial hacia Jesús en la Eucaristía. El Señor, no quiso que aquel lego tuviera instrucción suficiente para ser ordenado sacerdote, pero éste desde su humildad, adoraba a Cristo en el Sacramento y él siempre estaba en oración. Tan era así, que si lo necesitaba algún hermano de la comunidad para algo, se iba directo al Sagrario porque allí lo encontraban seguro.

Un Jueves Santo aconteció que, cuando hacia el rezo de maitines, le dicen que el padre prior le había encomendó a él y a otro hermano, para que después del rezo de laudes, fueran a la parroquia mayor a velar el Santísimo. Y, saltando de gozo por el coro corrió en busca del otro fraile.


Salieron del Convento, que estaba fuera de las murallas, pasaron rápidos los arrabales (la calle Zamoranos) y, como aún era muy de mañana, tuvieron que esperar a que les abrieran las puertas de la ciudad. Entraron por la puerta del zoco o del comercio (la puerta de Palma) y se dirigieron a parroquia Mayor, que estaba cerca del zoco y repleta de público.

Entraron en silencio y con sumo cuidado, ya que tuvieron que esperar a que concluyera la celebración de los Oficios. Con toda solemnidad se hizo el traslado, acompañando al Santísimo Sacramento hasta el monumento del Jueves Santo. Por fin, cuando la iglesia quedó casi sola y en calma, él buscó situarse en un lugar preferente, para poder ver bien el Sagrario, donde Jesús, en su última consagración, quedaba depositado hasta su Resurrección.

Allí, y sin cambiar la mirada, pasa el fraile las horas extasiado, mirando fijo al Sagrario. Su compañero, que bien le conocía, cuando llegó la hora de tercia se fue a comer (que es cosa muy necesaria) y, a su regreso, le encontró en la misma postura que le había dejado horas ante.

Mientras tanto, nuestro lego, había estado charlando con Jesús, vivo en la Eucaristía. Este insistía e insistía en que quería conocer mas de cerca a Cristo, él le pedía verle cuerpo a cuerpo. Quería conocerlo tal cual era, porque lo que quería de verdad, era consolar el Cuerpo de Nuestro Señor, deshecho en su Pasión en el Gólgota.

Y, tanto insistió el lego que, Jesús que es todo Misericordia, se le presentó allí ante él, tal como quedó en la Cruz, con su Santo Cuerpo destrozado, y con la Sangre que le brotaba por todos sus miembros rotos. Jesús, mirando al asustado fraile le dijo: ¿No querías verme?, pues aquí estoy. Mírame bien, así quedó mi Cuerpo en la cruz. El pobre hombre no pudo soportar lo que estaba viendo y un “choc” le dejó tendido en el suelo. El otro fraile, buscó ayuda y lo llevaron al Convento como pudieron.

Al volver en sí, solo vio al padre prior que se interesaba por su salud. Una vez a solas, le contó con todo detalle, lo que le había ocurrido ante el Sagrario. Pero el prior, aún conociendo bien al lego y de su devoción por la Eucaristía no quiso creerle, sino que además le prohibió que contara esa historia.

Obediente el fraile, jamás le contó a nadie lo que había visto en Santa Cruz. Pero, como Dios siempre escoge a los mas humildes, para realizar las cosas mas grandes, quiso el Señor, que se propagara como el fuego, la devoción de aquel pobre lego, por el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Cruz. Y la gente del barrio, que le tenía por Santo, dicen que se congregaban ante la portería del convento, para que el ignorante fraile les hablara de su Cristo de la Sangre.

Pasados los años, un día de la Conversión de San Pablo llegó a hospedarse al convento un rico y hacendado benefactor de la orden, a quien le llamó mucho la atención, la cantidad de gente que se congregaba todas las tardes, para oír hablar al fraile de la portería. Intrigado éste, le preguntó al prior a qué se debía tal manifestación de piedad, por lo que le contó toda la historia que le había acontecido en la parroquia Mayor aquel Jueves Santo.

Este caballero, cada vez mas intrigado, le pidió al padre ir juntos a ver a nuestro lego, y pedirle que le contara a aquel señor lo que le había sucedido. Este, se lo volvió a narrar con los mismos detalles que hiciera muchos años antes, al padre prior, cómo se le apareció el cuerpo de Jesús y cómo quedó en la Cruz.

Del relato, quedó tan impactado el benefactor de la orden y le conmovió tanto, no solo la historia, sino la emoción del viejo fraile al contarla, que unos días después, buscó en Sevilla al mejor escultor que había, para que plasmara en una escultura aquel Cristo de la Sangre, tal cual se lo fuera relatando el lego. Y, en el taller de aquel artista, las manos y la gubia, guiadas por el amor a Cristo que contagiaban las palabras del viejo fraile, regadas de sus ojos cansados, fueron saliendo, como un milagro, hecho por los ángeles la viva imagen que el viejo fraile vio un Jueves Santo en el Monumento de Santa Cruz.

Cuando la bendita imagen llegó al Convento de Ecija, todo aquel arrabal, donde vivían los gitanos, les estaban esperando en la portería de San Agustín para ver, aquel cuerpo del Santo Cristo de la Sangre, del que durante tantos años les había estado hablado el viejo fraile agustino.

Aquel señor, cuando vio la devoción y el cariño con que recibían la sagrada Imagen, promocionó la fundación de una Hermandad, para que se pusiera a veneración, con aquel cariño al Santísimo Cristo de la Sangre.


Y, ahora juzgue cada cual lo que mejor le parezca, pero el señor que mandó construir la Imagen se llamaba Don Alonso de Orejuela, que el 29 de enero de 1567 (días después de la festividad de la conversión de San Pablo) encargó al escultor Gaspar del Aguila, la talla del Santísimo Cristo de la Sangre para el convento de Madre de Dios de los frailes agustinos. El padre prior del convento en aquel momento era fray Pedro Clavijo y posiblemente el hermano lego de aquella historia se llamaría fray Atanasio Lasarte.

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Comentado por Puentiferario en octubre 22, 2010 a 10:45pm
Sea leyenda o realidad, el Cristo está ahí, mostrando su sangre a todos.
Comentado por MANUEL en octubre 21, 2010 a 9:24am
Honda y muy profunda leyenda,o realidad,todo tiende a entremezclarse...Me encantan estas contundentes y aleccionadoras realidades,llenas de piedad y devoción,de fe en el Señor en definitiva...Muy hermoso.

¡Vaya tela la cantidad de sofocones que se llega el amigo Ángel con su Sevilla! El Betis va muy bien...Según Oliver,que entrevistó mi paisano Quitero,el camino es el de volver a la Primera División.Un abrazo.
Comentado por Antonio, de Ecija en octubre 18, 2010 a 9:02pm
Pepe hermosa historia, nunca había escuchado yo de que forma fue creado el Cristo de la Sangre. Eres un artista. Un fuerte abrazo
Comentado por tianera en octubre 18, 2010 a 8:05pm
preciosa leyenda y muy hermosas fotos
Comentado por Miguel Ángel Martínez Álvarez en octubre 18, 2010 a 9:47am
Maravillosa la historia del lego y el Cristo de la Sangre. Una manifestación viva de religiosidad popular que perdura en el tiempo.

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