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Del santo Evangelio de hoy sábado 16 según san Marcos 8, 1-10

Del santo Evangelio según san Marcos 8, 1-10
En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: "Me da lástima esta gente, ya llevan tres días conmigo, y no tienen qué comer. Si los mandó a sus casas en ayunas, se van a desmayar en el camino. Además algunos han venido de lejos".
 
Sus discípulos le respondieron: "¿Y dónde se puede conseguir pan, aquí en despoblado, para que coma esta gente?". Él les preguntó: ¿Cuántos panes tienen?".  Ellos le contestaron: "Siete".
 
Jesús mandó a la gente que se sentará en el suelo; tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y se los fue dando a sus discípulos, para que los distribuyeran. Y ellos los fueron distribuyendo entre la gente.
 
Tenían, además, unos cuantos pescados. Jesús los bendigo también y mandó que los distribuyeran.  La gente comió hasta quedar satisfecha, y todavía se recogieron siete canastos de sobras. Eran unos cuatro mil. Jesús los despidió y luego se embarcó con sus discípulos, y llegó a la región de Dalmanuta.
Palabra del Señor.

Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Dios mío, Tú que me amas tanto y te preocupas tanto por mí, dame la gracia de ser el discípulo que Tú quieres que yo sea, un discípulo que te ayude a llevar a los demás el pan de tu palabra.
 
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio
 
 

  1. Dios está atento a nuestras necesidades.

«Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y, si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos.» Al Señor no se le escapa nada, con una sola mirada Él sondea nuestros corazones y conoce nuestras necesidades y turbaciones más internas. Sin embargo, al Él no le basta con conocernos y «sentir lástima por nosotros», sino que va más allá, Él quiere saciar nuestros deseos y sanar nuestras dolencias. Sí, nosotros somos importantes para Dios, y Él no nos abandona a nuestra suerte, sino que provee por nuestras necesidades, «no sea que nos desmayemos por el camino.»
 

  1. Dios reparte sus gracias a través de sus discípulos.

El Señor quiere que cada uno de nosotros sea sus discípulos. En el Evangelio, Jesús deja que sean sus discípulos los portadores de sus gracias. «...tomó los siete panes, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran.» Dios quiere que participemos de su acción redentora, Él quiere que seamos sus instrumentos de misericordia. Jesús toma nuestras pequeñas cualidades, nuestros pocos panes y pocos peces, y los multiplica en gracias abundantes para que, con ellas, ayudemos a nuestro prójimo.
 

  1. Dios es la fuente de todas las gracias

Nosotros no seríamos capaces de hacer mucho con nuestros escasos «cinco panes y dos peces.» Sólo Dios puede realizar milagros, sólo Él puede multiplicar nuestros «panes» para que sirvan de alimento para otros. Es necesario pasar mucho tiempo con Cristo antes de que podamos ser portadores de sus gracias. Si en verdad queremos ayudar a las almas que nos rodean, es esencial nutrirnos de la fuente de la que provienen todas las gracias, es decir, de Jesucristo. El retirase a solas con el Maestro es momento de crecimiento en el discipulado, después de haber dado a otros el mensaje de vida, es necesario que también nosotros nos nutramos del mismo.
 
 
«Jesús ordena a los discípulos que hagan que la gente se siente, luego toma esos panes y esos peces, le da gracias al Padre y los distribuye, y todos pueden tener alimento hasta saciarse. Todos comieron lo que quisieron. Con esta página evangélica, la litúrgica nos lleva a no quitar la mirada de aquel Jesús que el pasado domingo, en el Evangelio de Marcos, viendo “una gran multitud tuvo compasión de ellos”. También aquel chico de los cinco panes entendió esta compasión y dijo: “¡Pobre gente! Yo tengo esto...”. La compasión le llevó a ofrecer lo que tenía.»
(Ángelus de S.S. Francisco,29 de julio de 2018).
 
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
 
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy invitaré a algún conocido (familiar o amigo) a visitar el Santísimo para pedirle que Dios nuestro Señor derrame sus gracias sobre él y sus familiares. Luego le pediré a Dios que me ayude a crecer en el celo por esparcir su palabra entre los hombres.

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