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la Capilla de Ntra. Sra. de Belen, que se encuentra en lo que se conoce como Puerta de Estepa, concretamente en las confluencias de las calles Arco de Belen y Estepa. Este cuadro en el que se representa a la Virgen de Belén con el Niño Jesús, es tradición que le vengan a rezar las mujeres embarazadas, incluso anteriormente se celebraba una misa anual ante el cuadro que contiene a la venerada imagen.


Entre las muchas leyendas que tiene la vieja Astigi, no podía faltar una que tuviera un cierto matiz supersticioso, y es la que vamos a narrar seguidamente, no sin antes hacer un breve estudio de ese fenómeno de la “superflua aut superstatuta observatio” como decía San Isidoro en sus “Etimologías”.
La superstición es como la sombra de la autentica postura religiosa. En algunos textos romanos, como por ejemplo “Enfada” de Virgilio o “Epístolas” de Séneca, la palabra “superstitio” designa la religión intensamente vivida. Pero por lo general tiene un sentido peyorativo, deformático por exceso, de la religión.
Sergio en “In Aenaidam” dice de las mujeres que por querer ser demasiado religiosas, se hacen supersticiosas. Naturalmente tampoco faltan los hombre, generalmente entre los escasos de cultura. Teofrasto en su obra “Caracteres” dice así de estos hombre: “Andan de una parte para otra con el recipiente de agua consagrada en la mano y el laurel en la boca. Si una comadreja atraviesa el camino, no sigue adelante hasta que otra no lo haya hecho en sentido inverso o sin haber arrojado tres piedras sobre el camino. Caen de rodillas y rezan por cualquier motivo. No se atreven a pisar una lápida sepulcral”. Y sobre esto podríamos nosotros añadir lo de la sal derramada, el espejo roto, el tocar madera, las tijeras abiertas sobre la mesa, el entrar con el pie derecho, el hablar de culebras, el abrir un paraguas en recinto cerrado, etc. Sin olvidar tampoco lo de aquel pueblo que, como reliquia, exhibía una pluma del ala derecha del Arcángel San Gabriel.
La superstición es la religión deformada y brota precisamente en las épocas de decadencia de la autentica vida religiosa, y muy especialmente durante las guerras o las postguerras.
A la virtud de la religión se opone la irreligiosidad, que en su sentido más amplio incluye todos los pecados que contra ella se someten, bien por comisión, bien por omisión. Por omisión se peca cuando se abandonan las practicas del culto debido a Dios que son obligatorias. Los pecados de comisión pueden ser por defecto o por exceso; por defecto cuando se desprecia o rechaza a Dios o se tratan sin la debida reverencia las cosas sagradas. En cuanto al exceso, en realidad ( porque parecería un contrasentido que el hombre pueda excederse en el culto a Dios) mas que un exceso propiamente dicho, se trata de una deformación cualitativa, es decir del pecado que se comete, como dice Santo Tomás, cuando “se ofrece culto divino a quien no se debe, o a quien se debe pero de un modo impropio”.
Y en esto consiste la superstición en sentido amplio, un pecado contra la virtud de la religión por comisión y por exceso, una psudorreligiosidad consistente en la adulteración del verdadero culto por introducción de elementos extraños, realizándose ceremonias absurdas, extrañas o ridículas que desdicen del decoro y dignidad del culto a Dios.
En tiempo pasados había mujeres que sabían una oración para determinada cosa, pero que la oración no podía recitarla mas que ella porque, caso contrario, perdía su efectividad, y cuando alguien padecía un problema relacionado con aquella cosa, tenia que recurrir a la mujer para que, por favor, hiciera el secreto rezo. Había oraciones que para comunicarlas de uno a otros tenia que ser a la hora de la muerte. Había oraciones para que cesara el viento o la lluvia, para el trueno o el granizo, para la sequía, para el parto, para las colocaciones, para las perdidas, y hasta para saber de parientes que en lejanas tierras habían demorado la escritura.
Y sobre esto precisamente, va a tratar la historia que sigue a continuación.

En el rincón que forma el final de la actual calle Coronel Puyoy y sobre los restos de un murallón que era parte de la composición de la Puerta de Estepa, frente a la que se llama “Casa de los Alcaldes del Alcázar”, se encuentra un retablo dedicado a la Virgen de Belén.
A este retablo, que el pueblo conoce por el Arco de Belén, se le atribuía el don de dar noticias de personas ausentes de la ciudad, siempre que el interrogador, por lo general interrogadora, cumpliese los siguientes requisitos: Desde el domicilio particular hasta el arco habían de ir dos personas juntas, es decir por pareja (sí se iba solo no servía), durante nueve días consecutivos; Una vez ante el retablo se rezaban cada día unas oraciones alusivas al caso y se volvía, pero este regreso en absoluto silencio (si se hablaba tampoco servía), para poder escuchar con toda atención lo que decían las personas que la pareja se fuera encontrando en su camino de retorno.

Si se encontraban con personas que fueran diciendo, por ejemplo, algo así como “está muy bien”, era señal que el individuo objeto de la pregunta gozaba de un perfecto estado de salud. Si escuchaban algo parecido a “he recibido noticias suyas”, es que pronto recibían carta. Si lo oído era “pues esta algo delicado”, es que había caído enfermo. Y para qué seguir, ya se puede ir haciendo idea el lector de cómo se desarrollaban estas “revelaciones”, a través de lo escuchado en terceras personas.
Pero se dio el caso un día de una pobre mujer que hacia tiempo no tenia noticias de su hijo, soldado en la guerra de Cuba, allá por los últimos años del pasado siglo. Y como todas las mujeres de aquel tiempo que se encontraban en tales condiciones, recurrió al sistema de comunicaciones inalámbricas de “el Arco de Belén”.
La buena mujer que era un poco sorda, se dejo acompañar por una anciana que oía menos que ella, y claro se juntó el hambre con las ganas de comer. ¡Y así salió la cosa¡.
La noticia recibida el primer día, ya fue alarmante, pues al decir de un grupo de personas que se encontraron “esta ya cansado”, ella tradujo por “esta ya casado”. La noticia del segundo día fue “tiene una mala causa”, que ella interpretó por “tiene una mala casa”. El tercer día fue peor, pues la frase “a la comadrona” fue trocada por “a la madre abandona”. Y la del cuarto fue ya preocupante, pues al decir “no quiere doncella”, la entendió por “no quiere saber de ella”. Aquello iba de mal en peor. La madre no quería dar crédito a tales noticias. Su hijo había sido siempre muy cariñoso y fiel con ella; era un hijo ejemplar. Pero el sistema jamás había fallado; era una tradición de años, quizás siglos, que a nadie había defraudado.
Y toda compungida y alarmada, continuo sus diarias visitas al Arco de Belén, esperanzada en que las próximas noticias fueran un poco mas tranquilizantes. Pero ¡que vá¡. Si malos fueron los cuatro primeros mensajes, mucho peores fueron los cincos restantes. Y ahí va la prueba: Frase dicha Versión Tomada
5º día: Al cobro se dedicó. Al Robo se dedicó.
6º día: Lo enteraron bien. Lo encerraron bien.
7º día: Ya no puede progresar Ya no puede regresar.
8º día: La mar de gracia. Una gran desgracia.
9º día: La madre es la marimorena. La madre se morirá de pena.



Y realmente, aquella buena pero sorda mujer, que confió demasiado en una superstición popular, murió de pena. Fue en lo uno que acertó.
Cuando su hijo, una vez terminada la guerra, pudo regresar de Cuba, donde estuvo largo tiempo prisionero, solo le quedò llevar a su madre un ramo de flores que depositó sobre su tumba, y elevar al cielo una autentica y verdadera oración; esa que empieza así:
Padre nuestro que estás en los cielos...

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Comentado por Puentiferario en octubre 22, 2010 a 10:28pm
Me ha encantado.
Resulta que Ecija invento el teléfono sin cables y a camara lenta.
Comentado por Miguel Ángel Martínez Álvarez en octubre 16, 2010 a 5:11pm
Simpática leyenda que brota del pueblo para que éste la sepa conservar y difundir. Eso es lo que constituyen las tradiciones.
Comentado por BELLA ROSA DE SAN GIL en octubre 16, 2010 a 2:52pm
!Cuantas leyendas! cuantas historias y cuantas tradiciones perdidas con el tiemñpo pero que maravilla de balcon consevais todavia!Precioso! Un abrazo

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