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Estepa fue un centro reputado de cantería con un peso específico dentro del Barroco andaluz, pudiéndose parangonar en ese sentido con otros importantes núcleos, como la cercana Cabra, en la provincia de Córdoba.

Convento de Santa Florentina, Écija


Esta especialización en la cantería obedece principalmente a la existencia de buena piedra y mármoles en su montuoso término. La típica piedra estepeña es la piedra blanca, llamada piedra sipia en los documentos, que ofrece la ventaja de su dureza. Obviamente, tal abundancia de piedra, de color blanco, y su excelente calidad, además de su saca y labra, convirtieron a Éstepa en un obrador activísimo, que a finales del siglo XVIII contaba con 17 canteros, un número respetable que permitía trabajar tanto para las obras de la villa como para las de fuera. Pero no sólo hay que contemplar la salida de los canteros hacia otros lugares sino también la exportación de la propia piedra, que por su reputación era frecuentemente utilizada en las construcciones de muchas ciudades andaluzas. Por supuesto, el destino más inmediato de la piedra estepeña, al margen de la propia villa, eran las poblaciones más cercanas. Y Écija fue uno de los escenarios principales de la expansión de la cantería de Estepa, hasta el punto de que todo lo que hay en ella de esa especialidad proviene de este obrador.

De esta presencia de la cantería y la piedra estepeñas en Écija dan testimonio tanto portadas de edificios religiosos y civiles como numerosos elementos marmóreos de adorno dispuestos en iglesias, capillas y palacios, siendo bien representativa la decoración pétrea de la Capilla del Rosario de la Iglesia de Santo Domingo. Esta aportación de Estepa fue mayor de lo que hoy puede verse, ya que han desaparecido cosas tan importantes como el conjunto del convento de San Francisco con la escalera y las columnas del patio. Con esta piedra se labró la portada de la Victoria, (1765), la de Santa Florentina (1759) en Écija o la de Jesús Nazareno en Archidona.

Pero incluso logró alcanzar una difusión más amplia, rebasando el estricto marco de la comarca. Así se sabe que fue utilizada para las obras de Sevilla capital y uno de los ejemplos más relevantes lo proporciona la Fábrica de Tabacos, cuyos adornos de la portada, incluida la bella escultura de la Fama que la remata, se labraron en piedra de Estepa, lo cual tuvo además la importante consecuencia de que su autor, Cayetano da Costa, visitara la villa y sus canteras en 1756. En Sevilla capital la piedra estepeña también fue usada en el Triunfo de la Virgen del Patrocinio, junto al Archivo de Indias.

La Fama en la portada de la Fábrica de Tabacos, Sevilla
Triunfo de la Virgen del Patrocinio, Sevilla

También llegó la piedra estepeña hasta Cádiz, empleándose en la obra de su catedral nueva. Testimonio de ello da un escrito de Torcuato Cayón, maestro mayor de la Catedral, fechado en 1773, en el que refiere “Primeramente falta cerrar la iglesia y construir sus arcos, bóvedas, cuerpos de luces de piedra ripia de Estepa”.

Esta presencia de la piedra y de los canteros radicados en la villa por tantos lugares de Andalucía así como las relaciones que ello trajo consigo, hicieron posible que Estepa estuviese al tanto de los que se hacía en otros sitios, en definitiva que se ampliaran sus perspectivas. Estas perspectivas se acrecientan, además, en la periódica arribada de maestros, que atraídos por la importancia de sus canteras llegan a establecerse y trabajar en ella. A mediados del siglo XVIII se contabiliza un respetable número de canteros en la villa. Así, el Catastro de Ensenada da 12 maestros de pedrero y 2 oficiales.

Cristóbal García, Andrés Zabala, Juan Antonio Blanco, Julián Villar o Nicolás Bautista de Morales son los más conocidos y mejor documentados, pero sólo son como muestras de un nutrido grupo de canteros que con su trabajo y arte contribuyeron al apogeo de esta profesión en Estepa. Ésta se manifiesta en magníficas construcciones en piedra y mármol que engalanan las iglesias y otros edificios de la villa.

Los interiores de las iglesias estepeñas, entre otras cosas, se caracterizan por un inusitado esplendor de las labores realizadas en piedras polícromas, empezando por sus propios pavimentos o por los peldaños de las gradas que suben a los presbiterios, algunos tan originales como los de la parroquia de San Sebastián o la iglesia del Carmen que juegan en damero con rectángulos blancos o negros. Sobre todo hay que destacar la pavimentación que Juan Antonio Blanco dispuso en el camarín de los Remedios con su serie de rombos de mármoles de distintos colores, que producen maravillosos efectos ópticos, creando como una sensación de relieve y de dinamismo a la vez.

Camarín Iglesia de los Remedios, Estepa

Más característicos aún son las enchapaduras de mármoles de los zócalos. En varias iglesias de Estepa se emplean dichos zócalos combinando los mármoles rojos y negros, siendo propios en las iglesias del Carmen, la Asunción y los Remedios. Los mármoles se combinan con exquisito gusto, procedentes de Cabra, de color rojo, de Benamejí, de color negro, y los de Antequera y Lucena, además de los melados con vetas. Pero no sólo llama la atención por la calidad de las piedras y su bruñido sino igualmente por su acertado diseño con paramentos curvo-contracurvos. Los moldurajes con listones negros proporcionan unas preciosas enmarcaciones rococó. También se enriquecen con óvalos en blanco, reservados a un símbolo mariano. Tan cuidadas labores sólo se encuentran en Estepa en capilla de San Pedro de la Iglesia de la Asunción, que debe ser también de Juan Antonio Blanco. Estas obras están influenciadas por los conjuntos granadinos (San Juan de Dios y Rosario de Granada)

Púlpito de la Asunción, Estepa


También cabe resaltar en los interiores de las iglesias estepeñas los magníficos púlpitos de mármoles, trabajados con delicadas piedras incrustadas en otras. Especiales son los púlpitos prácticamente gemelos de San Sebastián y Santa María, o el de los Remedios y Asunción, así como el de la Victoria o de la Iglesia de la Concepción, ya desaparecidas. Todos estos púlpitos comparten unos mismos rasgos, como la grandiosa venera que salva la inclinación de las escaleras.

En los interiores de las iglesias estepeñas, tan llenos de mármoles, se echa en falta retablos de tales piedras, que tan frecuentes son en Córdoba o Granada, donde abundan dichos materiales. En Estepa más bien dominan los retablos de madera dorada. En todo el siglo XVIII sólo se labraron los retablos marmóreos del crucero de la iglesia de la Victoria. Esta falta de retablos se compensó con una hermosa serie de portadas, como la portada de la Iglesia de la Asunción, de la Victoria o del Carmen.

Portada Iglesia del Carmen, Estepa


Fuente:
-El Barroco en Estepa y el arte de la cantería: la portada del Carmen y su autor. Jesús Rivas Carmona. III Jornadas sobre Historia de Estepa. 1998

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