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El artista de la Villa y Los Realejos. Fernando Estévez y la Virgen de Los Remedios

              

              Con la llegada del mes de septiembre las miradas se dirigen de nuevo hacia la Parroquia Matriz del Apóstol Santiago, que encierra entre sus vetustos muros la hermosísima imagen de Nuestra Señora de los Remedios y, con ella, la huella indeleble del escultor que supo desplegar un arte exquisito desde principios del siglo XIX hasta su óbito: Fernando Estévez de Salas [1788-1854], uno de los grandes maestros del panorama artístico isleño, conocido mayoritariamente por su faceta escultórica y cuyo carácter polifacético olvidamos con frecuencia. Aunque no pretendo realizar una biografía exhaustiva sobre el maestro, sí conviene quizás recalcar algunos aspectos importantes de su formación y aprendizaje, crucial para su desarrollo como artista y patente en muchas obras de sus primeros años de producción. Además, las investigaciones realizadas últimamente han permitido conocer nuevas obras y la dedicación del artista a otras labores como el diseño y la retablística[1].

 

              Nacido en la Villa de La Orotava en 1788, se trasladó a Las Palmas de Gran Canaria para aprender escultura en el taller que José Luján Pérez (1756-1815) mantuvo abierto en la calle Santa Bárbara hasta el mismo momento de su muerte. Allí se familiarizaría con los rudimentos básicos de escultura y cuestiones técnicas de mayor complejidad[2], completadas siempre con su asistencia regular a la escuela de dibujo de instituida allí por la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Establecería taller en el domicilio familiar de la calle de La Carrera hacia 1809, momento en el que se constata su primera obra documentada. Tal y como plantea Jiménez Fuentes, dicha efigie podría identificarse con una Magdalena penitente encargada por la mayordomía parroquial de los Remedios, en San Cristóbal de La Laguna, para acompañar al Señor Predicador en las funciones anuales de Semana Santa[3]. A partir de entonces dio inicio una dilatada trayectoria profesional, de la que cabe destacar ahora la primera etapa de su producción artística (1809-1821)[4]. Serían las ermitas y los conventos los mayores beneficiados de su prolífica labor en esos momentos, porque Estévez tuvo que atender a numerosos encargos que respondían, en general, a la renovación ilustrada.

 

                  Esta propuesta reformista venía dada, en mayor parte, por una intención de renovar la escultura religiosa con el fin de adaptarla a las prácticas devocionales del Catolicismo Ilustrado[1] y aproximarlas a los ideales clasicistas vigentes, siempre con la intención de darle acabado conforme al de la Antigüedad griega y latina[2]. Cabe destacar en esa renovación conceptual de la imaginería al obispo Antonio Tavira Almazán, uno de los principales divulgadores de esta nueva estimación de la escultura[3], quien hizo del obrador del Luján Pérez un medio para sustituir las antiguas tallas por otras nuevas, al ser el único taller que ofrecía buena y arreglada escultura en las Islas[4].

               Respecto a este nuevo concepto de escultura, Fernando Estévez se convertirá en referencia clave para el Archipiélago[1]. Su taller reportaría una actividad constante desde los primeros años, prueba ineludible de la notoriedad de alcanzó su obrador[2]. Las intervenciones del artista en la parroquia de la Concepción, las ermitas y conventos de la Villa son buena prueba de ello. Entre ellas cabe destacar las reformas que llevó a cabo en la ermita del Calvario, para las que realizó en 1814 las imágenes de La Piedad, San Isidro y Santa María de la Cabeza[3]. Años antes había trabajado como decorador de los festejos públicos de la proclamación de la Constitución de 1812 en la Villa[4] y terminado piezas como la Dolorosa que finalizó en 1813 y estuvo vinculada a la cárcel pública de La Orotava[5], o la Virgen del Carmen y un San José con el Niño para la ermita de San Pablo en el actual Barranco de la Arena[6]. También fueron notorios durante ese tiempo los encargos de los conventos de la Villa, entre ellos una representación de Santo Tomás de Villanueva para el convento agustino de Nuestra Señora de Gracia[7] o las imágenes de San Francisco, San Juan Evangelista y la Dolorosa para la iglesia del cenobio franciscano de San Lorenzo, la última encomendada por el coronel José de Betancourt y Castro en 1816[8]. Por otro lado, la parroquia de la Concepción solicitaría también sus actuaciones a través del presbítero Domingo Valcárcel y Llarena, puesto que con anterioridad a 1820 esculpió piezas destacadas como una Santa Lucía, de atractivos rasgos italianizantes, o el afamado grupo de San Pedro Apóstol, además de otras obras que experimentaron en su taller convenientes labores de reforma y modernización[1]. A su vez, en estos años trabajaría en interesantes proyectos de diseño como un retablo de Ánimas para el citado templo matriz (1815) o el diseño del facistol y la sillería de coro para la parroquia de San Marcos de Icod[2], además de proyectos de urbanismo, como el cementerio municipal de La Orotava (1817-1823) y un monumento ya desaparecido para la Constitución (1823)[3].

 

                   Ésta era la situación que presentaba el obrador de Fernando Estévez cuando aparece documentada la llegada de la Virgen de los Remedios al Realejo Alto en 1817[4]. Esta interesantísima pieza es una muestra del prototipo de belleza al que el maestro recurrió en su primera época y, aunque es una de las pocas obras del artista que no se ha podido documentar, su estudio estilístico nos manifiesta los esquemas empleados hasta los años treinta por Estévez en sus figuraciones femeninas[5], siendo una pieza que no ofrece dudas por su relación con las mejores esculturas del maestro[6].

 

                En ella se manifiesta la búsqueda de un ideal de belleza que, como recoge Lorenzo Lima, roza en algunos casos el más selecto clasicismo y una serena expresión de las formas [7].  De ellas se deben relacionar, junto a la Virgen de los Remedios, las imágenes de la Virgen del Carmen de la parroquia de San Juan de La Orotava, la Virgen de Candelaria de la parroquia matriz de La Concepción de La Orotava y la Virgen del Rosario de Vegueta en Las Palmas de Gran Canaria. Las cuatro figuraciones revelan el mismo planteamiento compositivo y permiten establecer conexiones con un modelo común: la Virgen del Carmen de Los Realejos[8], una obra genovesa atribuida a Anton María Maragliano (1664-1739) que llegaría al convento agustino de San Juan Bautista de esta la localidad en la década de 1730[25] 

                Conocemos el interés que el artista villero mostró siempre por las piezas foráneas, especialmente las de origen italiano. Prueba de ello se manifiesta en lo relativo al conjunto escultórico de la Inmaculada Concepción (1822) de La Orotava, un elegante trabajo de Angelo Olivari (1766-1827) que fue encargado durante la mayordomía de Antonio Monteverde y de la que destaca la idealizada belleza que posee, su cuidadísimo perfil y un interesante tratamiento de los tejidos[1]. Junto con las adquisiciones del tabernáculo de mármol y jaspes y el púlpito, obras de Giuseppe Gaggini, Estévez entrará en contacto directo con el arte desarrollado fuera de las Islas[2] y que utilizará como modelo para sus figuraciones posteriores.

 

                La Virgen de los Remedios sustituyó una imagen anterior, de la que ya existen noticias durante el siglo XVI[3] y que se convertiría en patrona del templo en 1731[4]. La nueva efigie se entronizará en la parroquia en 1817, el mismo año en el que Estévez realiza otra talla para el convento franciscano de Santa Lucía. Nos referimos a una Dolorosa destinada a acompañar al famoso Nazareno de Martín de Andújar (c. 1637) y que con la clausura del cenobio sería trasladada a la vecina parroquia de La Concepción del Realejo Bajo, donde desaparecería desgraciadamente en el incendio de 1978[5]. A pesar de ello, ambas imágenes son claros ejemplos del éxito que obtuvo el taller de Estévez durante su primera etapa profesional en la isla, porque, precisamente, entre 1818 y 1819 enviaría sus primeras esculturas fuera de Tenerife. La representación mariana de Estévez se completa con una imagen del Divino Infante que debe contar con una cronología anterior, pudiendo haber pertenecido a la antigua efigie[6].             

 

                Desde 1817 comienza una etapa de auge para el culto de Los Remedios. Su evolución ha sido muy irregular, pero  tendría un hito notable a finales del siglo XIX y principios del XX[7].  No en vano, la conmemoración de la aparición de la Virgen de Fátima en mayo de 1917 convertirá a mayo en el mes consagrado a María.  A partir de entonces, en las fiestas de mayo y septiembre, la actual efigie de Estévez se convirtió en un interesante testimonio de la piedad colectiva, donde, como es habitual en otro tipo de celebraciones festivas de Los Realejos, se dan cita buen arte, una tradición histórica que sigue viva y el anhelo comunitario de tributar culto a la Madre de Dios.

 

Josué Hernández Martín

 ____________________________

[1] Así la describe LORENZO LIMA en: «Catalogación de obras e Historiografía» en El Tesoro de la Concepción [catálogo de la exposición homónima]. La Orotava, 2003, p. 150-151.

[2] Juan Alejandro LORENZO LIMA en: «Catalogación…» p. 151.

[3] José María MESA MARTÍN: Los Realejos y los hitos devocionales de sus Fiestas de Mayo. Los Realejos, 2008, pp. 45-46.

[4] José María Mesa Martín: «Los Realejos…», p. 50.

[5] José Cesáreo LÓPEZ PLASENCIA: «El Dolor de María en la escultura procesional de Los Realejos» en Semana Santa. Los Realejos. Los Realejos, 2003, pp. 94-95.

[6] Así lo expone Guillermo CAMACHO Y PÉREZ GALDÓS: Iglesias de La Concepción y Santiago Apóstol. Los Realejos, 1983, pp. 49, 65. Citado por Juan Alejandro LORENZO LIMA: «Comentarios...», p. 109.

[7] José María MESA MARTÍN: «Los Realejos…», pp. 53-54.

[8] Juan Alejandro LORENZO LIMA: «El escultor…», p. 318.

[9] Juan Alejandro LORENZO LIMA: «A propósito…»,  p.  7.

[10] Juan Alejandro LORENZO LIMA: «Comentarios…», p. 109.

[11] Así lo recoge el testamento del clérigo Domingo Calzadilla y Osorio (1751-1816), mayordomo de la ermita, en diciembre de 1814. Juan Alejandro LORENZO LIMA: «Ángel y yunta de San Isidro Labrador», en Roque de Montpellier. Iconografía de los santos protectores de la peste en Canarias [catálogo de la exposición homónima]. Garachico, 2006, pp. 254-255.

[12] Juan Alejandro LORENZO LIMA: «Comentarios…», p. 119.

[13] Juan Alejandro LORENZO LIMA: «A propósito…»,  p.  8.

[14] Juan Alejandro LORENZO LIMA: «Comentarios…», p. 111.

[15] Actualmente en la parroquia de La Concepción de la localidad. Alusiones sobre el encargo en la tesis doctoral de Carlos RODRÍGUEZ MORALES: Los conventos agustinos de Canarias. Arte y religiosidad en la sociedad insular de la época Moderna, citada por Juan Alejandro LORENZO LIMA: «Comentarios…», p. 112.

[16] Manuel RODRÍGUEZ MESA: El paso de la Oración en el Huerto, de los franciscanos de La Orotava. Santa Cruz de Tenerife, 2000, pp. 88-91.

[17] Entre ellas destaca la reforma que practicó a las imágenes de San Pedro penitente o a San Joaquín. Referencias al tema en Juan Alejandro LORENZO LIMA: «Comentarios…», p.112-113.

[18] Juan Alejandro LORENZO LIMA: «Comentarios…», p. 120.

[19] Juan Alejandro LORENZO LIMA: «Comentarios…», p. 117.

[20] Así lo recoge Camacho y Pérez Galdós [1983], pp. 49, 65. Citado por Juan Alejandro LORENZO LIMA:

[21] Juan Alejandro LORENZO LIMA: «Comentarios…», p. 109 y Juan Alejandro LORENZO LIMA: «Una escultura para los nuevos tiempos. Fernando Estévez y la Virgen de Candelaria» en Vestida de Sol. Iconografía y memoria de Nuestra Señora de Candelaria [catálogo de la exposición homónima]. San Cristóbal de La Laguna, 2009, p. 131

[22] Juan Alejandro LORENZO LIMA: «A propósito…»,  p.  5.

[23] Juan Alejandro LORENZO LIMA: «Una escultura para los nuevos tiempos …», p. 132.

[24] Ibídem. 

[25] José Javier HERNÁNDEZ GARCÍA: Los Realejos y la imagen de Nuestra Señora del Carmen. Santa Cruz de Tenerife, 1990, pp. 66-67.

[26] Así la describe LORENZO LIMA en: «Catalogación de obras e Historiografía» en El Tesoro de la Concepción [catálogo de la exposición homónima]. La Orotava, 2003, p. 150-151.

[27] Juan Alejandro LORENZO LIMA en: «Catalogación…» p. 151.

[28] José María MESA MARTÍN: Los Realejos y los hitos devocionales de sus Fiestas de Mayo. Los Realejos, 2008, pp. 45-46.

[29] José María Mesa Martín: «Los Realejos…», p. 50.

[30] José Cesáreo LÓPEZ PLASENCIA: «El Dolor de María en la escultura procesional de Los Realejos» en Semana Santa. Los Realejos. Los Realejos, 2003, pp. 94-95.

[31] Así lo expone Guillermo CAMACHO Y PÉREZ GALDÓS: Iglesias de La Concepción y Santiago Apóstol. Los Realejos, 1983, pp. 49, 65. Citado por Juan Alejandro LORENZO LIMA: «Comentarios...», p. 109.

[32] José María MESA MARTÍN: «Los Realejos…», pp. 53-54.

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Comentado por rosa maria morilla rodriguez en septiembre 8, 2012 a 4:46pm

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