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EL CONVENTO DE LAS MINIMAS.wps



Es curioso observar como para muchas personas pasa desapercibido el Convento de las Mínimas, a pesar de estar situado en una calle tan populosa; parece como si la existencia escondida y callada de sus moradoras impregnara el edificio. Su silencio solo se rompe cuando la campana llama a misa a las 10:30 de la mañana los domingos y festivos. Tanto para los que saben de él como para los que no lo saben, creo que será interesante conocer algo de su historia.

El citado convento, o mejor dicho Monasterio toma el nombre de Ntra. Sra. de Consolación y sus monjas pertenecen a la Orden Mínima de San Francisco de Paula, las cuales llegaron a Triana entre 1564 o 1566, procedentes de la Villa de Fuentes de León (Badajoz) donde se fundó la Orden sobre el año 1548.

Al ser imposible el sostenimiento de las monjas en dicha Villa, solicitaron el traslado. Existe en el Archivo del Monasterio la escritura original de la licencia concedida por el Provisor de la Iglesia de Sevilla Dr. Gil de Cevadilla, en la que se indica expresamente que estas monjas cuando profesan, además de los votos de Caridad, Pobreza y Obediencia, hacen un cuarto voto que es el de no comer carne en ningún tiempo del año, y que en la Villa no hay pescado ni frutos, que la gente es muy pobre para dar limosnas, por lo que si no son socorridas a tiempo perecerán de hambre.

Las causas que en dicho documento se alegan para el traslado de las monjas son tres: La escasez de pescado en Fuentes de León, que la ciudad de Sevilla es muy rica y próspera y que en Triana no hay ningún monasterio de monjas.

En contrapunto a la escasez de pescado en Fuentes de León, dicen que Sevilla es muy abundante en pescado, así del río como del mar y sale a precio muy moderado.
No falta razón cuando dicen que Sevilla es una ciudad muy rica, pues nos hallamos en pleno siglo de oro español, y su famoso puerto fluvial acoge a mercaderes de todo el mundo para negociar oro, plata, canela, caoba, etc. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de una época de prosperidad máxima.
Y, por último escoger como emplazamiento a Triana, enclavada en la margen derecha del río. Su esplendor y fama arrancan del siglo XVI. Es dueña de una especial manera de ser; tiene industrias fluvial y de pólvora, es agraria, artesanal, alfarera, en definitiva, es como otra ciudad con su Catedral de Santa Ana y en ella hay personas muy ricas, muy prósperas, poderosas y limosneras.

He de hacer constar (y cualquiera que conozca de cerca la Orden Mínima lo sabe) la fidelidad con que las monjas guardan, a través de años y siglos, el cuarto voto de vida cuaresmal. Su alimentación se basa en pescados, legumbres, frutas y verduras.

A todo esto se le une la circunstancia de que en el barrio ya existía el Convento de la Victoria, sede de los Padres Mínimos y, ello suponía una ventaja para la atención espiritual.

Atendiendo lo anterior el nuevo convento quedó enclavado en la calle de la Cava (actualmente Pagés del Corro), y a él llegaron trece monjas profesas, además de las hermanas legas y una novicia. Este número fue creciendo considerablemente así como la vida espiritual. Pero después de treinta años las monjas dicen no estar a gusto en Triana por dos razones. 1º Porque al hallarse el convento casi fuera de la vecindad temen que hombres de mal vivir escalen las cercas para robarles (como ya habían intentado en otras ocasiones). 2º Las frecuentes inundaciones que padecía el barrio por las crecidas del río. En este punto hacen alusión a que en la arriada de 1595, en el mes de Diciembre, subió el agua tan alto dentro del convento que se vieron forzadas a salir de él y, al estar éste en hondo no tenía por donde desaguar.

Personas poderosas de la Ciudad se ofrecen a comprarles casa dentro de Sevilla donde pudieran vivir sin peligros, y así lo hacen construyendo un convento en plena calle Sierpes. Tras el permiso del Cardenal D. Rodrigo de Castro, se trasladan las monjas a la nueva sede, que por entonces eran cincuenta y tres profesas, seis legas y dos novicias, quedando despojado y abandonado el convento de Triana y, sin ánimos de volverlo a habitar.

No era ése el pensamiento de los vecinos de Triana, ya que añoran a las monjas, pues se habían acostumbrado a estar bajo el amparo de sus oraciones, y se dirigen nada menos que al General de la Orden de los Mínimos y Legado Apostólico de Su Santidad, ofreciéndose ellos mismos a la reparación del convento. Es más para hacer mayor fuerza, dichos vecinos han ofrecido que meterán por monjas ciertas hijas y deudas suyas con dotación.

En calle Sierpes se lo piensan bien y reunidas todas en locutorio tras red y velo negro, otorgan escritura en la que hacen constar que mandaran doce religiosas para fundar el Monasterio en Triana. A resultas de esto contamos con dos conventos de la Orden, uno en Sevilla en la calle de las Sierpes con el título de Ntra. Sra. de Consolación, y el otro en Triana en la calle de la Cava, bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Salud.

Y llegamos a 1835 con la famosa “desamortización de Mendizábal”, ordenándose la venta de los bienes de los frailes. En cuanto a las monjas se dio un Decreto por el que se suprimían los conventos que no tuvieran, al menos, doce religiosas profesas. Se hizo un estudio del número de monjas y de las rentas que poseían y fue cuando se dictó orden de exclaustración para las Mínimas de Triana, las cuales se reunieron con las de la calle Sierpes. El convento de la Cava es vendido por el gobierno a un particular que lo convierte en casa de vecinos.

Durante el reinado de Isabel II no se gozó, precisamente, de orden y tranquilidad; así que iniciada la revolución en 1868, que obliga a la Reina a huir a Francia, los desórdenes de las ideas y los desórdenes en las calles aumentan. Y, ya se sabe que siempre que hay desórdenes de esta índole, los primeros en pagar son los frailes y las monjas. Por ello, el 9 de octubre, son expulsadas las Mínimas de calle Sierpes y unidas a otro convento de la ciudad de la Orden de San Francisco de Asis. El gobierno vende la finca a particulares, siendo ésta derribada para construir un teatro.

Tras cuarenta y dos años de haber abandonado el convento trianero surge la idea de volver a él, pero este asunto se presentaba difícil y, así lo expresa D. Miguel Mijares, Párroco de Santa Ana cuando dice que solo un milagro puede hacer reunir el dinero suficiente que pide el actual dueño del convento. Solo para la compra hacia falta 17.000 duros mas 10.000 reales. El estado en que se encontraba la construcción era casi ruinoso, por lo que había que contar, además, con el coste de las obras de reparaciones, aunque solo fueran las mas precisas Y el milagro se realizaría gracias a una lista de bienhechores que encabeza la Infanta María Luisa, ya que el 30 de mayo de 1879 se reubican en el Monasterio de la calle de la Cava.

Después de todos estos sucesos relatados, y ya las Mínimas definitivamente en Triana, ocurren en España acontecimientos que podían hacer temer lo peor, pues durante la segunda República española las vuelven a expulsar del convento, aunque esta salida duraría solamente unos meses.

Durante la Guerra Civil de 1936 llegaron al convento los milicianos con orden de registrarlo, pues decían que las monjas tenían armas escondidas, pero no encontraron mas que pobreza y austeridad, por lo que las dejaron tranquilas. No obstante, días después reciben la amenaza de quemarles el convento y también a ellas mismas. Enterados en el barrio de dicha amenaza, las monjas fueron refugiadas en distintos domicilios. Afortunadamente este evento fue impedido a tiempo pues un grupo de izquierda se dirigía al convento montados en un camión, en el cual llevaban dos bidones de gasolina; cuando les vieron pasar por Capitanía les siguieron para ver a dónde iban y al llegar frente al convento fueron detenidos, confesando que un bidón era para quemar el convento (después de sacar a las monjas) y otro para quemarlas a ellas.

La historia sigue su curso y las Mínimas de Triana se unen a su latido vital. Continúan atendiendo a quien llega solicitando la mediación de sus oraciones para la solución de algún problema pero, sobre todo, han seguido su vida sobria y sencilla, dejándose querer y ayudar por la generosidad de los sevillanos (que no sólo de Triana). Gracias a ello gozan en la actualidad las monjas de un convento digno, capaz y adecuado para sus fines, o sea, adaptado a la vida de oración y trabajo monástico.

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Comentado por CHE (Maria Jose Cejudo) en octubre 23, 2009 a 9:56pm
Muy bonito reportaje.Cuando yo era pequeña iba mucho al convento porque alli vivia la tia de mi padre.Ella habia estado toda la vida cuidando el convento y a las monjitas y cuando fue ya mayor, un matrimonio ocupo su lugar, pero se hicieron cargo de mi tia hasta el final, muriendo en el convento.Desde que murio no lo he vuelto a pisar, pero me encantaria saber que fue de ese matrimonio al que para mi eran tambien como mi familia.Si tu supieras de alguien que me pudiera dar esa informacion te lo agradeceria.Muchisimas gracias.
Comentado por esperanza jimenez vazquez en septiembre 2, 2009 a 1:14am
Una entrada muy buena, para dar a conocer el convento de las Minimas, tan trianero y con tanta historia, y tan desconocido. A mi me trae recuerdos muy entrañables, pues lo he frecuentado mucho de la mano de mi madre y de mi tío. Besos trianeros.
Comentado por Azahar y jazmín en agosto 31, 2009 a 9:39am
Gracias por traernos nuestro querido convento de las mínimas, recuerdo cuando de pequeña mis padres me llevaban por cualquier circunstancia a él, varias veces eran las que me llevaba en el año y me gustaba especialmente por la entrada que tiene tan bonita, así como su Capilla que es una preciosidad, ya más recientemente lo he visitado por otros menesteres, aunque hace unos años que no voy, besos "compañera" y a ver si nos vemos en algún momento.
Comentado por TRIANA FOREVER en agosto 31, 2009 a 9:18am
GRACIAS AMIGA POR PONER EN CONOCIMIENTO DE LOS COFRADES ESTE CONVENTO SITUADO EN NUESTRO BARRIO KE TANTA IMPORTANCIA TIENE PARA NUESTRA HERMANDAD Y PARA TRIANA EN ESPECIAL KE YO AL MENOS NO CONOCIA POR DENTRO. UN BESOTE Y... YA NOS KEA MENOS.-

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