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Surcan vientos de bonanza, igual que el verde de las ráfagas de la Esperanza. La noche se derrite en la noche, se vuelve madrugada, silencio, devoción... Todo es noche, todo es Él. Los sentimientos de una vida, los que se cuidan con más esmero, explotan con una fuera y una necesidad sobrehumana. Ese es el verbo, explotar, como la primavera el Domingo de Ramos.

 

Sevilla, la ciudad más hermosa del mundo, tiene a su Hijo y a la vez a su Padre. Es el momento de la Semana Santa, su esencia más pura. Dicen que uno de los principales baluartes de este milagro es la repetición. No comparto del todo esta afirmación, pues creo y siento, paisanos míos, que el misterio está en la constancia y no en la propia repetición al uso. Este sería uno de los caminos más benévolos con la mente a la hora de explicar esta carrera de fondo tan compleja: el amor de la Ciudad a la imagen, el amor de la imagen a la Ciudad.

 

Ahora bien, ¿de dónde nace esta constancia? ¿Por qué esta imagen y no otra? Artísticamente hablando, son infinitos los adjetivos con los que podemos calificar la genialidad de Juan de Mesa. Pero, evidentemente, este milagro va mucho más allá de una obra de arte mítica. Han sido muchas, muchísimas las definiciones que se han buscado en la poesía, en el alma, en la música, en la saeta... para definir a esta imagen. Cortas todas ellas, de razonamiento incompleto para el devoto. Pero, igualmente, tampoco andaban alejadas del resultado final que despeja la incógnita. El punto medio quizás era la respuesta, o el punto a secas.

 

En la tele, en una entrevista, de casualidad. Allí encontré la cercanía, la respuesta que andaba buscando. Paco Robles y Miñarro, entrevistador y entrevistado. Fue el discípulo de Buiza, al más platoniano estilo,  el que se desprendió del arte de la imagen para quedarse con su esencia, el mar que inunda al pueblo de Sevilla. Realmente creo que ni se dio cuenta de lo que acababa de decir, de la fuerza que tenía la sentencia que bordaron sus palabras.

 

Con la misma naturalidad con la que culmina sus obras, dijo Miñarro: "A veces se me olvida que es de Juan de Mesa. El Gran Poder es de todos nosotros, es de la Ciudad, es de la Humanidad." Dudo mucho de que fuera consciente de lo que había hecho. Miñarro le había regalado a la Ciudad, casi sin querer, la perfecta definición del Señor que tanto amaron los siglos: el Señor de los Humanos, el Cristo de la Humanidad.

 

Porque su cara no entiende fronteras o razas, su zancada es la misma en cada rincón del universo, su totalidad es completamente la misma en cada segundo, en cada mínimo instante del tiempo. Un tiempo que no es tiempo sin su nombre, un tiempo que devota en Él todas sus creencias. El tiempo de Sevilla, el tiempo del mundo.

 

El Dios de Sevilla, con los brazos abiertos en un altar hecho Basílica y, de la misma forma, panteón romano. Ese es mi Cristo, el de la tez morena, el de la Plaza de San Lorenzo. Mi Cristo, tu Cristo, nuestro Cristo: el Señor de los Humanos.

 

A ti, mi creencia y mi fe,

que nunca me falte tu mano.

En mis Dolores, Gran Poder

Dios de Sevilla, Dios de los Humanos.

 

 

José Antonio Montero Fernández.

 

Al Señor del Gran Poder y a sus devotos.

A mi familia, a Rasero.

A Sevilla.

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Comentado por Manolín en septiembre 1, 2013 a 11:34am

Como siempre magnifico José Antonio, la verdad es que te hace pensar en lo que significa el SEÑOR DE SEVILLA.

Muchas gracias por compartir.

Un abrazo.

Comentado por Pablo Andrés Arrocha Pérez en agosto 29, 2013 a 12:01pm

La verdad tus líneas hacen reflexionar por la " Grandeza de nuestro Señor" pero más aún  cuando se postra ante su altar en la basílica, es un tesoro que tiene vuestra ciudad Sevilla el Gran Poder, la madrugá, su Semana Santa, que no deja indiferente a nadien.

Comentado por Daniel, Ruán y esparto en agosto 28, 2013 a 11:47am

No veas como volvemos de las vacaciones, totalmente pletórico, renovado e inspirado. Me alegra mucho tenerte de nuevo por estos mundos, como siempre bonitas palabras para el Señor de Sevilla, gracias por ellas. Un abrazo, amigo.

Comentado por José Ramón Garrido Méndez en agosto 28, 2013 a 11:36am

Mi querido amigo José Antonio, que palabras mas bellas al Cristo del Gran Poder.  Parecidos sentimientos tengo yo al Señor de los Pasos de mi pueblo Olivenza en la Provincia de Badajoz.  Un nazareno, igual que el Señor del Gran Poder, aunque no tan mundialmente famoso.  Un cordial saludo, hermano Cofrade.

José Ramón. 

Comentado por José Luis lópez Gutiérrez en agosto 27, 2013 a 10:16pm

Tengo la suerte de ver al Gran Poder cuando entra por la puerta de San Miguel, y cuando pasa por delante de mí también pienso: el Gran Poder es de toda la humanidad.

Estupendo relato, como siempre, lleno de amor y fe.

Saludos, José Luis

Comentado por josé Rodríguez Sánchez en agosto 27, 2013 a 8:47pm

MUCHAS HOMILIAS TIENEN MENOS SUSTANCIA Y PROFUNDIDAD QUE TUS PALABRAS. AUNQUE EL SEÑOR DEL GRAN PODER PARECE HACER SOLTAR EL VERBO.

Comentado por milagros lima sabrado en agosto 27, 2013 a 8:16pm

preciosa foto preciosa,un saludo

Comentado por María José en agosto 27, 2013 a 7:07pm
simplemente magnifico.me ha dejado sin palabras tu manifestacion de amor al señor de sevilla.el señor de sevilla,la expresion lo dice todo.por supuesto que estoy de acuerdo en que,aunque justa,la calificacion como obra de arte se queda muy corta.preciosas tus palabras.El se las merece,sin duda.un abrazo
Comentado por José Ubay en agosto 27, 2013 a 1:47pm

No hay mejor palabra para describir esta obra de arte que la de GRACIAS.

Sigue así, y que Él bendiga siempre tus pasos, allá donde vayas.

Un fuerte abrazo tocayo.

Comentado por Maria Jesús Villalba Corzo en agosto 27, 2013 a 1:08pm

Espléndido!!!! Tienes una fé y una devoción que te es fácil transmitirla. Que el SEÑOR DE Sevilla te acompañe siempre. Felicidades!!!!!

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