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Sevilla, 30 de Marzo de 2010


Hoy hace tres años, lloraba desconsoladamente al saber el diagnostico cruel que esperaba a mi hijo. Hoy tres años mas tarde, vivo una semana santa mirando la vitrina de mi casa a un cirio de cera virgen que procesionó el Domingo de Ramos del año pasado acompañando a la Virgen de la Estrella con una foto de mijo dentro de su Manto, pidiendo la concesión de curarle de una terrible cancer.
Hoy mi casa sórdida y vacía de su presencia tiene como recuerdo una vela de cera virgen que llora con lagrimas petrificadas la ausencia pertinaz de mi hijo, También tenemos un bello retrato de su imagen con una sonrisa que demuestra la plenitud de su juventud, este cuadro pintado por mi hermana está lleno con su mirada y su imagen magnifica sintiendo todo su ser lleno de fuerza y valentía. Todo demuestra en el salón de mi casa que hoy mi hijo Jesús no está. Quizás la semana santa también recuerda constantemente su ausencia, pero no su existencia, ésta alberga dentro de mí como un preciado tesoro.

Miro a través de la televisión las innumerables procesiones donde de una manera solemne las cofradías representan pasajes de la pasión de Jesús camino de una muerte cruel y certera. Miro constantemente los rostros de las diferentes advocaciones de la Virgen Maria, representada con unas lagrimas en los ojos un dolor que sale del alma y clavan un puñal en su pecho como si la angustia tuviera forma conocida. La tradición barroca y sevillana quiere mimar a una madre que se rompe de dolor y le quiere compensar vistiéndola de reina, tallando una cara repleta de belleza, regalando mil clases de flores de bellos aromas y adornado su dolor con joyas, y envolviéndola con ricos mantos bordados con hilos de oro y plata, y guardando su soledad en el cubículo mimado de un palio de reina, protegerla de una ausencia irremplazable con objetos de incalculable valor y magníficos en belleza, que sobran cuando el dolor rompe y mutila la fuerzas por dentro y el destino se vuelve inhóspito e incierto. La encandilan para que no vea con mil cirios derramando luz como su hijo se va de sus manos y de su vida y las lágrimas de cera virgen que se quedaran endurecidas como si fuera el dolor del alma. El pueblo que ama el valor de una madre que sufre quiere compensar el dolor y el llanto con sones de musicas enaltecedoras, y cuando el barrio lo decide, gritar bellos piropos para atrapar un gesto de sonrisa. Pero ningún escultor, ningún vestidor, ningún orfebre, ni florista ni siquiera ningún músico sabe lo que se siente por dentro cuando te enfrentas a la muerte de un hijo, ni siquiera cuando esta es admitida y consentida, ni siquiera cuando tienes multitud de afectos floreciendo por doquier, cuando innumerables amigos te expresan el cariño y la admiración por tu hijo, por su legado, por sus enseñanzas, por su carisma y por su buen hacer, demostrando valentía y aceptación, por no querer dejar dolor, ni rencor, ni malos momentos. Y si dejar un bello rastro de amistad y cariño.
Hoy mejor que nunca puedo entender el error, hoy me siento afortunada de conocer la dimensión de creer en una vida mas allá de esta que conocemos y a la que nos agarramos como si del único bien que tenemos. Hoy he aprendido que mirar hacia dentro y buscar el amor que nos hace crecer, que nos hace completarnos, que nos hace florecer la compasión, la entrega y la fuerza de creer que puedes seguir aprendiendo y buscando dentro de uno mismo el sentido de vivir en el dolor, o crecer desde el dolor. Cuando decides crecer ya la angustia no te paraliza, ni te empequeñece, no te rompe pero si te agranda, sabes convivir con la añoranza, pero sabes seguir amando al Ser que vive en otra dimensión, sabes que sigue existiendo y que con el amor lo sientes cerca y además pierdes el miedo al dolor físico, pierdes miedo a morir y no te aferras a nada material que te atrapa y te condiciona. Los apegos a los que estamos acostumbrados no tienen sentidos validos en tu vida, y empiezas a comprender el sentido mas valioso de los evangelios, ha saber que Dios habita en el corazón de los hombres que lo dejan habitar, en un árbol, en la lluvia, en una flor y en la sonrisa de la gente que es capaz de amar y de desear el bien, mirar alrededor y comprender que la vida es un préstamo para aprender y que cuando lo devuelvas debe de haber crecido y que los interese de ese préstamo son las experiencias que hayas podido ofrecer para mejorar algo o alguien

Si alguien se atreviera a tallar un nuevo rostro de una madre que el dolor la hace grande y valiente, un ser especial como debió de ser la Madre de Jesús de Nazaret, no reflejaría lagrimas de perlas ni de cristal, ni pañuelos de encajes, con puñales de oro, Seria un rostro lleno de paz, con una mirada profunda y sincera donde el perdón hacia los verdugos de su hijo se haría patente y evidente, sería un rostro lleno de sabiduría y de plenitud al saber que su hijo resucitaría y llegaría al corazón de los hombres y mujeres valientes que enfrentan la mezquindad, la mentira y la falsedad a través del tiempo.

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Comentado por Ruan.negro en abril 1, 2010 a 9:07am
Una de las preguntas que nos hacemos multitud de personas cuando, lejos, muy lejos, vemos en tv. imagenes de desgracias tales como terremotos, huracanes, atentados, etc... es:
Por que, Dios mio, por que se puede permitir esto.
No sé de donde se puede sacar esa fuerza, tan grande, despues de haber sido golpeada por la desgracia de esta forma, y sin embargo ser quien, a traves de este escrito, dar fuerza y animo a quienes sus problemas diarios no tienen ni nombre en comparacion al sufrido en tus carnes.
Gracias por compartir esto con nosotros y gracias por este escrito, donde sin duda vas dando una lección en la que mas de uno nos iremos apoyando en el curso de nuestras vidas.

"Dios habita en el corazon de los hombres que lo dejan habitar"

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