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Como aficionado al ajedrez, el otro día me di cuenta de que en realidad este juego de mesa y la Semana Santa no son tan diferentes, y por ello me he decidido a explicarlo. Cuando terminen de leerlo se darán cuenta de que tienen mas parecido de lo que en un principio se pudiese creer. Imaginemos por un momento que Sevilla, en sus días grandes, o mejor dicho en su Semana Grande, se convierte en un tablero gigante de ajedrez.
Cada calle, cada esquina cada plaza es una gran casilla. Casillas negras como la noche eterna de la ciudad del Guadalquivir, con sus vencejos revoloteando en la Giralda y poniendo ese acompañamiento musical a los momentos mas silenciosos. Por otro lado, tenemos las casillas blancas, blancas como la cal en las calles de los viejos barrios como San Bernardo, blanca como la luz de una mañana de Martes Santo en el Cerro, blanca inmaculada como la interminable fila de los nazarenos de La Paz atravesando Sevilla de Norte a Sur.
Ya que tenemos las casillas bien definidas y diferenciadas vamos a empezar la partida.
Lo primero que se mueve son los peones, siempre de frente, como el compás de una buena cuadrilla ensayando por oscuras calles de la ciudad, con ese paso largo racheao, con esa cadencia innata con la que el sevillano paseará al Hijo de Dios y a su Madre.
Indiscutible mente, los peones de nuestra ciudad son los cientos o miles de personas que con sus preparativos consiguen año tras año que esta gran partida empiece y termine bien.
Orfebres que sacan de sus manos los mas bellos roleos argénteos para engalanar aún mas un paso de palio, tallistas que astilla tras astilla elaboran un altar itinerante, imagineros que nos enseñan la cara de Dios y de María, cereros que construyen con sus manos las velas llorosas de un palio de recogida.
Si nos pasamos una tarde cualquiera por la calle Alcaicería nos llamará la atención una pequeña tiendecita, repleta de gente haciendo cola para probarse los artesanales capirotes que allí se confeccionan. Manos anónimas como las de la Casa del Nazareno que durante todo el año llenan de pespuntes las infinitas túnicas que de ellas salen y que tras un planchado en casa guardará, como un cofre, los sentimientos mas grandes y bonitos de los que un ser humano puede ser capaz de poseer.
Una vez movidos los peones, empezamos a posicionar las figuras principales.
Cada uno de los movimientos de las figuras será concienzudo, sin titubear para poder llevar así la partida a buen fin.
Pero para ello primero hay que saber cual es cada figura. De todas ellas siempre hay un par, bueno de todas no, pero llegado su momento me explicaré.
Tenemos alfiles, que con su movimiento cruzando el tablero de punta a punta los podemos asemejar a esas hermandades que nos vienen desde los barrios alejados del centro. Como La Sed de Nervión con su Cristo casi saliéndose de la cruz y su madre con sus infinitos ojos azules, que parecen contener todo el cielo de Sevilla en sus pupilas. O como la nueva hermandad del Sol, que con su saber estar y su forma peculiar de entender la Semana Santa nos dieron un ejemplo de como se tiene que hacer una estación de penitencia.
Luego tenemos los caballos. Equinos de madera portados en grandes pasos de misterio, como el de la Sagrada Lanzada, prodigio de “barco” que parece no caber por calles angostas como Cervantes, y el de las Tres Caídas de Triana, levantando pasiones con su peculiar forma de andar.
Por supuesto, si hablamos de caballos automáticamente se nos viene al pensamiento el paso de misterio de Santa Catalina. Barroco, enorme, pesado, hermoso, antiguo, todos los calificativos que podamos imaginar se reflejan en el paso de La Exaltación.
Ahora es el lugar de las Torres, robustas y pesadas, como decimos en nuestra tierra, “hechas de una vez” como el pasa de misterio del Desprecio de Herodes, elegante como su hermandad, o los pasos de palio de la Concepción del Silencio o María Santísima del Buen Fin de le hermandad de la lanzada. Pasos que con su pesantez transmiten al público esa sensación de vértigo y de agobio que nos sobrecoge en pequeñas calles como Francos o Álvarez Quintero.
Y llegó el momento de ella, la Dama. Sevilla es ciudad Mariana por los cuatro “costaos” y Ella es la protagonista indiscutible de esta gran partida. Ella cuando va en su paso de palio al sonar de las bambalinas estremecen el alma de los sevillanos hasta tal punto que no son capaces de articular palabra, sólo una emotiva oración sincera, sin tapujos que uno se guarda en su interior y que sólo es conocida por Ella y uno mismo. Aunque hay infinidad de Damas en la ciudad, hay que ser objetivo y decir a boca llena que Sevilla es Macarena, de hecho se demostró en el pasado traslado al estadio olímpico. Me reservo mi opinión al respecto.
Sólo nos queda por presentar el Rey, que en Sevilla no es de los judíos, sino Rey de Sevilla, Señor que todo lo puede. Sobrecogimiento al verle cargado con una cruz en San Lorenzo, o sentado y lloroso tras una ventana del antiguo barrio de la Judería.. Cuantas lágrimas se derraman al ver al Rey pasar por delante nuestra, cuantas cada viernes en el Cautivo de San Ildefonso, cuantas al verlo muerto en la capilla universitaria o verlo muriendo, en la capilla del Patrocinio.
Una vez comentadas y sabiendo los movimientos de las fichas empezamos la partida, que durará como siempre una Semana, en la que nueve jornadas llenarán de sentimiento las casillas de la Sevilla celestial, en la que saetas y lloros, silencios y cornetas, aplausos y siseos retumbarán en las calles de este gran tablero de ajedrez, hasta que ella, la Dama vecina del Rey, la Soledad de San Lorenzo, nos de un jaque mate al corazón y tocando su puerta cuando se cierra lloramos al haber perdido una vez mas la partida, pero sonrientes por que ya empezamos a preparar el siguiente encuentro y aunque en nuestra mente tenemos la idea de ganar, sabemos que eso será imposible, nunca sucederá.

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Comentado por selito en octubre 3, 2010 a 11:48pm
jajajajajaja, el pilato como siempre, el gran croqueta de las trabajaderas, jajajajajajajaj.
un abrazo pilato, por cierto, dime cual es tu peluquero, ahhh no, que es el mismo que el mio, jajajajajaj
Comentado por Santy (Angel Macareno) en octubre 3, 2010 a 11:05pm
muy buena la reflexion, la verdad es que hay semejanza, saludos
Comentado por pilato en octubre 3, 2010 a 10:59pm
te kierei lla kekiere ke lloreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee miarma lo ke tienes caser es ponerte de recho o teretira con el purasangre mi ar ma a provecha y no llore
Comentado por juan adrian vaz bobillo en octubre 1, 2010 a 8:21pm
ole las cosas bien escritas y los escritos bonitos.
Me ha encantado la parte de Mi MACARENA pero una cosita, ten en cuenta otra vez que vallas a escribir algo a la hermandad de la Resurreccion, que esta hermandad tan elegante y bonita si que es la que de verdad cierra la Semana Santa sevillana.
Espero que te sigas animando a escribir y darnos textos tan bonitos como este.
Gracias por las palabras dedicadas a La Reina de Sevilla, nuestra MACARENA.

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