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Ya que estamos en plena temporada taurina, que mejor que traer un blog dedicado al toreo y la religion,
El toreo es uno de los artes más ligado a la religión, y no solo a los ritos y festividades sino a todos los santos y vírgenes, los cuáles aportan protección a los creyentes del toro. Los iconos religiosos y la presencia en la fiesta de todo lo relacionado con la religión pueden darse en muchos apartados diferentes.

En el mundo de los toros por cada región de España se celebran festejos taurinos o ferias en conmemoración del Patrón o Virgen de la ciudad, pueblo o provincia; San Fermín en Pamplona, San Isidro en Madrid, La Magdalena en Castellón, entre otras muchas. El mayor número de festejos taurinos tiene lugar en la comunidad autónoma de Andalucía. Allí, muy ligados a la religión, muchos toreros afirman ser devotos y participar en cofradías y hermandades. Al acabar la Semana Santa cuelgan el capirote de nazareno y retoman los trastos de torear.

Mucha gente se pregunta cómo tantas cosas relacionadas con la Iglesia pueden darse en un espectáculo tan sangriento como este y, sobre todo, cómo la Iglesia no condena todos estos actos. Lo cierto es que en lo que defendemos los taurinos, las corridas de toros, la crueldad es muy relativa. Es en una plaza de toros donde la res tiene la posibilidad de salvar la vida, ¿acaso una perdiz vuelve a padrear al campo?. No por ello el toro sangra más o menos. La verdad es que la gente que va a una corrida de toros no lo hace sedienta de sangre, ni esperando a ver cómo el toro es torturado infinidad de veces sino que la fiesta en sí, los rituales y la puesta en escena es un arte espectacular y diferente a la pintura o a la literatura. Esto es la principal característica que comparte la religión, el creer y el emocionarse en un templo, ya sea dirigido a Dios o a los Dioses del Toreo.


Muchos son los toreros que no conciben la fiesta sin patrón y, mucho menos, sin pasar por la capilla antes. En ningún otro espectáculo la gente se resguarda del ajetreo para meditar, reflexionar y compartir los miedos y pasiones. Pero no piden triunfos ni glorias, simplemente comparten sus ilusiones con alguien que no les va a dejar a un lado.

Algo pasa en las capillas, sino es imposible que los percances queden en cornadas de quince centímetros y no en esquelas. Porque no se engañen, los toreros son personas de carne y hueso que se juegan la vida con un trapo y una espada, por eso los maestros buscan amparo en Dios.

Al sonar los clarines para dar comienzo el festejo, las cuadrillas ultiman los preparativos para el paseíllo. Mientras, el torero termina de liarse el capote de paseo, muchos de los cuáles llevan en la parte trasera la imagen de un santo o virgen para mayor protección, cogen fuerzas en silencio para caminar hacia la presidencia. Ahí ya no hay marcha atrás. Todo depende del toro y del torero.


No son los únicos símbolos: las cadenas repletas de santos bañados en oro y plata que llevan al cuello para que no se separen nunca de ellos (normalmente regalos de familiares y amigos que les traen suerte y un recuerdo especial), monteras con estampas pegadas o todo tipo de altares que los toreros dejan en la habitación para meditar a solas, con el corazón en la mano, antes de ir a jugarse la vida.

Muchas veces los santos no pueden hacer todo su trabajo y hay tardes que por mucho santo que busques no lo encuentras y tardes en las que piensas que tienes a todo el Olimpo en tu contra.


Y es que por mucho que reces, el toro no tiene ni idea de todo lo que he citado antes con lo que no piensa en la religión… y al fin y al cabo es el toro quien decide como sales de la plaza si de pie, a hombros o en camilla…

Dicen que los toros te pueden gustar o no, yo personalmente pienso que es como la religión: Puedes creer o no en el mundo de los toros.

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Comentado por Miguel Ángel Martínez Álvarez en mayo 3, 2010 a 10:38am
Precioso e interesante comentario sobre el toreo y la religión. Dos conceptos unidos por un denominador común: la religiosidad popular. La visita a la capilla por parte de los que se visten de luces es algo obligado, -independientemente de que sean creyentes o no-, y en esos momentos de tensa espera los que no rezan se quedan ensimismados y perdidos en sus pensamientos, algo que igualmente ocurre cuando se ponen delante de su particular altar, con los Cristos y Virgenes de su devoción, en la soledad de la habitación del hotel. Ese santiguarse repetidamente y de forma mecánica ante la aparición del toro que le corresponde es otro de sus obligados signos de identidad. La unión del toreo con la religión es algo innato que se repite todas las tardes desde el nacimiento de nuestra fiesta.

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