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ESTEPA: GUION Y GLORIA DE SUS FERVOROSAS COFRADIAS


Estepa posee una de las más antiguas y veneradas Semanas Santas españolas. Nacida en los tiempos gloriosos del XV y XVI, sus Cofradías son herederas y continuadoras, ininterrumpidamente, de un pasado espléndido. Desfilan en los días penitenciales de la Pasión y Muerte del Señor, entre los aromas mejores del paisaje andaluz, seguidas y cercadas, con una fe ejemplarísima, por una muchedumbre que se mantiene fiel a sus seculares creencias católicas. La conducta de Estepa en todos los tiempos prueba la ejemplar rectitud de su vida acendradamente religiosa. Jamás acaeció en Estepa lance alguno que pudiera poner en litigio o duda la fidelidad a su fe secularísima. Fruto de esa espiritual elegancia son, cada primavera, sus procesiones, brillantísimas por dentro y por fuera. Por dentro, volcadas en la más rigurosa práctica del amor y la caridad, como las Hermandades del Nazareno y del Cristo, que en sus cláusulas constitutivas se ofrecían a la consolación de los agonizantes y la práctica de las últimas voluntades de los difuntos.

Estepa, ciudad enclavada en el cruce de las provincias cordobesa, malagueña y sevillana, es la síntesis geográfica de la Andalucía penibética. Ninguna sierra tan rica y maravillosa como la que rodea y aprieta, en abrazo geológico, a la ciudad; ningún horizonte como el suyo, feraz y pródigo, enriquecido por su olivar, su tierra de labranza, sus cortijadas espléndidas, sus huertas ubérrimas, sus frutos famosos. Un sentido cristiano de la vida le mantiene aparte de la confusa y turbia desorientación del mundo. Los hogares estepeños, asistidos por la gracia de Dios, son cátedra de la alegría, la paz, la concordia, la filialidad.


Estepa humana y profunda sostiene a la estética mística y religiosa con una hermosa e impresionante Semana Santa, de la que puede ufanarse, con orgullo legítimo, y de la que hoy brindamos, desde esta página, algunos de sus más álgidos momentos. Así el desfile, en la tarde del domingo de ramos, de su Cofradía de su Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén, escuela maravillosa de futuros nazarenos y capillitas, rodeada de niños alegremente ceñidos en su túnicas blancas; así la Hermandad de San Pedro Apóstol, Santísimo Cristo de las Penas y María Santísima de los Dolores, de su capilla de la Asunción, joya valiosísima, con sus místicas túnicas azules, y la soberbia talla del fundador del Pontificado – prodigio imaginero de la Roma católica – y asombro de cuantos acuden a contemplarla; y el desfile de su procesión del Dulce Nombre de Jesús, de los Remedios, con la espléndida imagen de Duque Cornejo, riquísima de tallas y vestiduras; y la impresionante del Santo Cristo Amarrado a la Columna y María Santísima de la Esperanza – fundadas en 1500 -, con la soberana escultura del Señor azotado, y el regio y suntuoso manto de la Virgen cuajado de verde esmeralda y oro de época; y el Santísimo Cristo de la Salud, del Carmen, la popularísima cofradía de las doce de la noche, su célebre Calvario, severa en sus túnicas, ceñida, en la disciplinada obediencia de sus cordones de San Francisco, que sube al viejo Convento de la Orden donde se venera acaso el más impresionante San Francisco que haya sido tallado en toda la tierra; y el Nazareno, Nuestro Padre Jesús, la devoción expectante, medular, que congrega a toda la ciudad estepeña, eclosión y vértice populares de la vida fervorosa del contorno en sus tres caídas patéticas, camino de la estación en las Clarisas, que salen, conmovidamente, a recibirle y a orarle; y el Santo Entierro, el Cristo de la Buena Muerte y la Soledad, suma y congregación de todas sus devotas Hermandades.


Todo ello, ordenado de manera impecable, sentido de modo agudísimo, con una fe profunda, una piedad encendida y un celo y un amor de la gloria divina, que difícilmente pueden superarse. Esta es, en parte, la solemnidad procesional de la Semana Santa estepeña. Prestigiada por el tiempo, aureolada por la devoción, ascética hasta las bordaduras de los pasos, apasionada hasta los Inris de las Cruces, la Semana Santa de Estepa, centro y clave de las mejores y más antiguas devociones andaluzas, será cantada este año, como corresponde a su calidad extrema, por la emoción y el arte de quien tiene la elocuencia de los grandes oradores católicos, la brillantez originalísima de una nueva y penetrante maestría de la Oratoria. Por ello, la Junta de Hermandades anuncia a todos que mañana, Domingo de Pasión, a las doce de la mañana, en el cine Esperanza, será pronunciado el Pregón de Gloria y religiosidad de la ciudad de Estepa por el ilustre escritor, poeta y novelista Francisco Montero Galvache, cuyo discurso será emitido por Radio Nacional de España en Sevilla, grabado en cinta magnetofónica, el próximo martes de Pasión día 6 a las tres de la tarde.

1954. ABC

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