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Queridos amigos:

Despues de la introduccion que ya comparti con todos aqui teneis la exaltacion a la saeta en si, espero que no se os haga muy pesada, y que la disfruteis, pensaba dividirla en dos partes pero sinceramente no he sabido donde cortar para que no pierda el sentido que queria darle cuando la escribi.

Lo dicho, espero que os guste y que la disfruteis. un beso a todos



He empezado a escuchar unas suaves notas musicales, signo inequívoco de que un año más nos encontramos a las puertas de nuestra Semana Mayor, hay un elemento fundamental en todas y cada una de las Estaciones de Penitencia de nuestras hermandades que una vez más se convertirá en la sentida oración del pueblo sencillo, que cada primavera hace de ella el puente sa::grado que lo conduce a Dios.



La saeta, que como árbol robusto ha hundido sus raíces en nuestra bendita tierra, que no en vano es llamada “Tierra de María Santísima”, ha sido objeto de hermosos piropos entre los versos de nuestros más insignes autores; ha sido tema central de disertaciones y conferencias que cada primavera, ya sea en labios de destacados historiadores o estudiosos de ella o simplemente de quienes sintieron en su corazón el afilado dardo de sus sentidas letras, le han rendido un emocionado tributo que, con el paso del tiempo, ha ido arraigando cada vez más en el corazón del mundo cofrade, tributo que hoy conocemos como la “Exaltación de la Saeta”.

Exaltación, hermoso vocablo que significa elevar a mayor gloria o dignidad algo o a alguien; eso es precisamente lo que mi humilde pluma pretende conseguir con estas sencillas líneas, escritas para dignificar cuanto sea posible ese prodigio de sentimientos que constituye la Saeta.

Es preciso, en principio, dejar claro un aspecto que considero fundamental a la hora de comprender el propósito de mis palabras: la advertencia de que no provienen en absoluto de un dominio ni siquiera medio de la materia; no ha salido de ninguna fuente documental; ni mucho menos es la consecuencia de ningún estudio histórico sobre la misma.

Mas desde el fondo del alma,
Con el temblor en los labios,
Con un nudo en la garganta,
Con versos emocionados,
Hoy escribo en homenaje,
Rendida de admiración,
A ese piropo hecho canto,
A ese canto hecho oración,
Que descubrí siendo niña,
En las calles de Morón.
En las voces desgarradas
De geniales cantaores,
Que quieren calmar el llanto
Y aliviar los sinsabores,
A esa flor Inmaculada,
Madre de todos los hombres,
Que hoy es faro en mi camino,
Señora de los Dolores.
Voces que vuelan al cielo,
Cual hermosas golondrinas,
Para quitarle a Jesús
De su frente las espinas.
Voces que ante la Señora
Son delicados pañuelos,
Que enjugan todo el dolor
Que inunda sus ojos bellos.
Voces cargadas de amor
Para consolar su pena,
Que pondrán su corazón
En su delicada ofrenda,
Ese canto hecho oración,
Al que llamamos SAETA.




Como os decía al principio, la saeta ha cautivado profundamente, entre otros, a multitud de escritores y poetas, que han puesto sus plumas a su servicio, en ocasiones para piropearla, y la más de las veces para intentar definirla según los sentimientos que en cada uno de ellos despertó en su día; definiciones, por cierto, muy acertadas en muchos casos y valga como primer ejemplo la definición que de ella hicieron los geniales utreranos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero en estos conocidos versos:

Es la Saeta Canción,
Que hasta el Cielo se levanta,
Grito de tu corazón,
Que al pasar por la garganta,
Se convierte en oración.

No menos conocidas e igualmente acertada resultan las célebres estrofas que escribiera Antonio Machado, interpretadas posteriormente por Juan Manuel Serrat y convertidas hoy en una preciosa marcha procesional:
¿Quién me presta una escalera
Para subir al madero,
Para quitarle los clavos
A Jesús el Nazareno?

Es la Saeta el cantar,
Al Cristo de los Gitanos,
Siempre con sangre en las manos,
Siempre por desenclavar.

Cantar del pueblo andaluz
Que todas las primaveras
Anda pidiendo escaleras
Para subir a la Cruz.

Cantar de la tierra mía
Que echa flores
A Jesús de la Agonía,
Es la Fe de mis mayores.

¿Se puede expresar más claramente lo que es la saeta, o mejor dicho lo que significa la Semana Santa para nuestra tierra? ¿Puede hacerse una definición más bella? Pues por si fuera poco, el poeta remata su obra con los siguientes versos:

No eres tú mi cantar,
No puedo cantar ni quiero
A ese Jesús del Madero,
Sino al que anduvo en la mar.

Y es que Machado transforma el dolor y la angustia de la Saeta, que acompaña la muerte del Redentor, en un himno triunfal como signo de vida y de su Resurrección.

Certeros resultan también los versos dedicados a la Saeta por un paisano mío, Fernando Villalón, que situó en su día en esa madrugada única que se produce cada primavera en la sevillana Plaza de San Lorenzo:

Quejidos en la noche… ¡Alaridos de alma…!
Saetas que ascendéis como incienso de fe
En las noches templadas del abril Sevillano…
Decidme lo que sois, porque yo no lo sé…
¿Sois votos o sois quejas…? ¿Sois llanto…? ¿Sois canción…?
¡Sois llagas que desgarran el propio corazón!
Cuando la madrugada del Viernes Santo nace,
Las puertas de la iglesia se abren solemnemente,
Innúmero gentío bulle en la plaza aquella…
…Y en medio de un silencio devoto e imponente
Aparece humildoso Cristo el del Gran Poder…
La talla más grandiosa que el Arte pudo hacer…
Su rostro está vivido… Sus labios han hablado…
…El que hizo aquel prodigio murió crucificado
Y revivió después para tallar a Cristo…
No es un santo de palo, es un hombre cargado,
Con un pesado leño y puesto en un altar…
Juan de Mesa es sin duda en escultor sin par.
Ya, entre la muchedumbre va lentamente andando.
Parece que la Fe le lleva suspendido…
…El pueblo que hace esto, es un pueblo muy grande
Y bruñirá un poema con un solo alarido…
Ya suena la Saeta. El mozo postinero
En sus talones se alza… Ya se quitó el sombrero.
Con la mano en acción se dirige hacia Cristo.
¡En ninguna nación ni en ningún pueblo han visto
Cara a cara a un muchacho, hablarle así a su Dios…!
Le pide que le salve en la guerra del moro,
Que no le olvide mientras la novia que aquí deja,
Que al despedirse de ella se ha dejado enredado
Los cachos de su alma al hierro de su reja…
La Cofradía avanza. Dios se va paseando
En medio de las calles y escucha los latidos
Del corazón del pueblo… Que los Dioses son grandes
Cuando el dolor del pobre le ablanda el corazón;
Por eso Cristo es Grande en su Crucifixión…
Quejidos en la noche… ¡Alaridos del alma…!
¡Saetas que ascendéis como incienso de fe
En las noches templadas del abril sevillano…!
Decidme lo que sois porque yo no lo sé…
¿Sois votos o sois quejas…? ¿Sois llanto…? ¿Sois canción…?
Sois llagas que desgarran el propio corazón…



La Saeta, expresión sublime del sentimiento de un pueblo, se identifica plenamente con el calvario doloroso de Cristo, o con la honda amargura del corazón de María, su Madre, queriendo ser para el Maestro humilde cirineo que le ayude y comparta con Él el peso de la Cruz, y para la Celestial Señora, alma traspasada por el dolor. La Saeta se hace piropo, dulce caricia, fino pañuelo que enjuga sus lágrimas y tierna flor de suave perfume, cuyo único fin es consolar su pena.

A ti, Saeta, a quien no pudieron denominar de forma más acertada los que te dieron tu nombre, en clara alusión a esa flecha de punta afilada con que tanto se identifican tus letras, que con su gran carga de emotividad se clavan como dardos en lo más profundo de nuestro ser.

A ti, que en tantas ocasiones estremeciste cada fibra de mi alma con tu sentida plegaria, a ti se rinde mi sencilla pluma en un sincero intento de enaltecerte y homenajearte por haber recibido de ti la más extraordinaria enseñanza. Sí, Saeta, porque entre tus versos se esconden pasajes evangélicos enteros.

Y es precisamente entre tus propias letras donde se encuentra la base sobre la que intento construir este tributo que te rindo, porque mi conocimiento de ti se fundamenta en los hermosos recuerdos que grabaste en mi pensamiento, en cada una de las ocasiones en que, como grito desgarrado, penetraste hacia el rincón más profundo de mi corazón.
Al pensar en ti vienen a mi mente multitud de instantes inolvidables, vividos en cualquier calle de mi pueblo, a través de los que poco a poco fui aprendiendo a conocerte, a descubrir tu grandeza, a vibrar estremecida con la voz de los que hicieron de ti oración extraordinaria, de aquellos que, en definitiva, encontraron en ti la forma más sincera de confesar públicamente su fe en nuestro Salvador y en su bendita Madre.

Deja, Saeta, que mi pensamiento retroceda hasta el mágico momento en que tuve la dicha de conocerte; creo recordar que fue en el rincón saetero por excelencia de mi pueblo: La Plaza de San Miguel. Allí, ante la iglesia mayor, desde uno de los balcones, surgiste repentinamente rasgando el cielo de aquella mañana de Viernes Santo:

Mañana de Viernes Santo
En el pueblo de Morón,
Tu voz fue rajando el cielo
Ante su Iglesia Mayor.
Yo pregunté por el nombre
De aquel canto hecho oración,
Me respondieron: Saeta,
Y me embargó la emoción.
Fuiste saludo de Gloria
Ante el paso de Jesús,
Fuiste humilde Cirineo
Para cargar con su cruz,
Fuiste limpiando su rostro
Como pañuelo sagrado,
Fuiste una flor que a sus pies
El pueblo fue deshojando,
Fuiste mecida del paso
Al son de los guardabrisas,
Fuiste ofrenda de consuelo
Y para su Madre bendita
Fuiste piropo sincero
A su hermosura infinita.



Tú, Saeta, has enaltecido la poesía convirtiéndola en puente sagrado para llegar a Dios, te alimentas de la esencia flamenca de nuestra tierra, eres golondrina que surca nuestros cielos para arrancar de la frente la divina de nuestro Salvador las dolorosas espinas de nuestra ingratitud.

La infinidad de sentimientos que se pueden transmitir entre tus versos me llenó de asombro desde el primer instante. Ante la imagen de Jesús, expresas de manera magistral el dolor y el sufrimiento por tan injusta condena, mientras que para María eres piropo que describe como nadie su belleza Inmaculada:

Azucena candorosa,
Madre de gracia llena,
La joya más primorosa,
Reina del Cielo y la Tierra,


Se produce también entre tus líneas a los pies de nuestra Santísima Madre, la Virgen María, el más triste sollozo que contagia el ambiente de su dolor inconsolable:

Una espada de dolor
Ha traspasado a María,
Porque a su Hijo, el Redentor,
Le van a quitar la vida
Para nuestra Salvación.

Saeta, el pueblo andaluz ha encontrado en ti la mejor manera de rendir culto público a la pasión de Jesús, y quizás sea por ello por lo que desde el rechazo que le produce el mayor traidor de la historia, guarda entre tus versos todo el rencor que siente hacia aquel que entregó a la muerte al Salvador:

¡Quién sería la madre
Que parió a Judas,
Qué hijos tan indignos
Paren algunas!

¿Cómo ordenar el torrente de ideas que inundan mis sentidos al intentar definir la grandiosidad del mensaje que encierras tú, Saeta, entre tus versos?

Mil y un adjetivos afloran a mis labios pero ninguno me parece suficiente para lograrlo; creo, sobre todo, que eres la respuesta espontánea del corazón de la gente sencilla que siente la imperiosa necesidad de acercarse al Redentor y a su Madre para poner en sus manos todo cuanto llevan en lo más recóndito de sus corazones.

Eres elemento fundamental de nuestra Semana Mayor y tu expresión, más auténtica y sentida, jamás podrá ser el resultado de ningún acuerdo o pacto ni mucho menos de naturaleza económica; si así ocurriese, las palabras que surcaran el aire estarían vacías de significado, ya que no serías tú, porque habrías perdido totalmente la sabia del amor sentido y espontáneo que se adivina en ti cada vez que al calor de la primavera andaluza floreces en la garganta del pueblo:

La Saeta es oración,
Nacida en la voz del pueblo,
Es una ofrenda de amor
A la Reina de los Cielos,
La Saeta es oración,
Es una llama encendida,
La Saeta es un clamor,
Rachear de zapatillas,
La Saeta es un primor,
Signo de fe verdadera,
La Saeta, hermosa flor
Al llegar la primavera.
La Saeta es oración
Que se hace fino pañuelo
Para enjugar el dolor
De Jesús el Nazareno.
Cuando nuestra próxima Semana Santa sea historia, cuando los cofrades soñemos de nuevo con un próximo Domingo de Ramos, tú serás una hermosa golondrina que habrá levantando su vuelo y que, como la Rima de nuestro genial Gustavo Adolfo Bécquer, volverá a nosotros con la primavera. Pero no lo dudes: antes de irte habrás construido un nido que aguardará ansiosamente tu regreso en lo más profundo de mi corazón que desde ahora te pertenece y a ti se entrega entre los sencillos versos que como ofrenda final quiero poner a tus pies:

Entre naranjos en flor,
Entre el incienso y la cera,
A los pies del Redentor
Se postrará la Saeta.
Entre naranjos en flor,
Entre el incienso y la cera,
Será un humilde pañuelo
Para consolar su pena.
la Saeta es oracion,
No es un canto de rutina,
Es dulce canto de amor
Al compás de bambalinas.
Es la Saeta plegaria
A la Reina de los cielos,
Que van rezando en silencio
Esforzados costaleros.
Es la saeta poesia
que nace en el corazon,
que recita el capataz
a golpe de llamador.
Es la Saeta un clamor
Que estalla en la voz del pueblo,
Es un grito de perdón
En labios del Nazareno.
Es la Saeta una flor,
Es una llama que arde,
Es una ofrenda de amor
Para Jesús y su Madre

saeta, piropo y llanto,
del dolor, fino pañuelo.
Es una oración sublime
que sevilla envia al cielo.

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Comentado por Amor al Soberano en marzo 10, 2010 a 10:05pm

ole mi hermana trianera un veso desde sanlucar y un fuerte abrazo .Como te desvorda en todo hermana .valla tela como escribe un veso y que dios te proteja sienpre
Comentado por INRI en marzo 6, 2010 a 8:17pm
Me has dejado sin palabras. ¡qué texto más bonito y más hondo! Creo que es un honor el tener en la Comunidad un texto como este tuyo. Muchas felicidades amiga por él.
Comentado por CHE (Maria Jose Cejudo) en marzo 5, 2010 a 7:15pm
Precioso Mª Angeles, me has dejado sin palabras. Solo decirte que si ya sabia que eras grande como persona y como cofrade,, ahora se que tambien lo eres como pregonera. Un beso.
Comentado por Bracero en marzo 5, 2010 a 3:31pm
Qué maravilla, me he quedado sin palabras. Un beso muy gordo y felicidades
Comentado por Jose M en marzo 5, 2010 a 3:29pm
Enhorabuena por este magnifico pregon de exaltacion de la saeta, un a verdadera preciosidad y te agradezco enormemente que lo hayas compartido con todos nostros para que disfrutemos con su lectura. Un abrazo desde Torredonjimeno
Comentado por JESUS el sueño de los despiertos en marzo 5, 2010 a 12:22pm
que puedo decir, que muchas gracias por corgarlo ya que no pude estar alli , de esta forma puedo leerlo cada vez que lo desee.gracias hermana y sencillamente maravilloso un fuerte abrazodesde sanlucar de barrameda.
Comentado por Margarita Vidal Alvarez en marzo 5, 2010 a 12:54am
Estas hecha toda una pregonera. Gracias a tu hermana como tú la llamas no solamente se puede leer tu pregón sino también oirlo. Fue maravilloso. ¡ Enhorabuena!

Un fuerte abrazo.
Comentado por Conchita D. -Triana- en marzo 4, 2010 a 11:52pm
Mari Angeles qué calladito te lo tenías ¿eh? espléndida exaltación la que has hecho a la saeta. No queda nada por decir, tu lo has dicho todo. Enhorabuena y unn fuerte abrazo desde Triana.
Comentado por Azahar de San Gonzalo en marzo 4, 2010 a 11:25pm
Buufff, sublime, amiga. Qué suerte tuve al presenciarlo en directo, pero gracias de corazón por colgarlo porque así se puede rememorar las veces que una quiera. Es una auténtica maravilla. Felicidades de todo corazón. Eres grande y encima tengo la dicha de que seas mi amiga y mi hermana. Te quiero, amiga. Un besazo.

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