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Giovanni di Bernardone se encontraba en la iglesia de San Damián de su nativo Asís arrepentido por la vida que había llevado hasta la fecha. Era hijo de un rico mercader de la región de Umbría y se había centrado solamente en las cosas vanas, habiendo abandonado los estudios y los negocios familiares. Se había enfrentado a sus vecinos de Perugia y había pasado un tiempo en la cárcel por ello. Lo llamaban Francesco porque su padre estaba comerciando en Francia cuando nació en 1182. Tras varias décadas de vivir una vida vacía, estaba dispuesto a llenarla de apostolado y servir a los pobres, visitar a los enfermos y ayudar a los leprosos en los hospitales. Por eso, había acudido a la iglesia para rezarle al Crucifijo de San Damian y pedirle que le ayudara a enderezar su vida: “Sumo Glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame Fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para cumplir tu santo y verdadero mandamiento”. Por mediación del Crucifijo de San Damián Dios le comunicó al propio San Francisco “Francisco, vete, repara mi casa, que se viene todo al suelo”. Francisco vendió parte de los bienes de su familia y recorrió su ciudad de Asís pidiendo limosna. Con el dinero reparó las Iglesias de San Damián y San Pedro, y restauró una capilla a las afueras de la ciudad, La Porciúncula, donde comenzó un modo de vida religiosa basada en la pobreza, la sencillez y los ideales de los Evangelios.

Ochocientos años después, en el verano de 1939, un grupo de soldados estepeños regresaron a su pueblo después de participar en la Guerra Civil y se reunieron en el Convento de San Francisco, fundado en 1602, deseosos de responder con gratitud su regreso sanos y salvos de la contienda ante la imagen del Crucificado de la iglesia. Al igual que San Francisco acudió a la iglesia de San Damian para encaminar su vida ante el Crucificado, así hicieron estos estepeños ante la antigua imagen del Stmo. Cristo de la Salud, del siglo XVII, cuyo retablo se sitúa en el extremo derecho del crucero de la iglesia. La devoción al Crucificado en el convento era antigua y no sólo entre los religiosos. Ya en 1749 se realizaban cantos de miserere ante el Santo Cristo, según se recoge en un documento conservado en el Archivo de Protocolos de Estepa, en el que D. Francisco de Almazán y Calderón se compromete con D. Alejo Juárez de Negrón, sindico del Convento de San Francisco de Estepa, a entregar dos libras de cera al año y la limosna de 20 reales de vellón para los cultos del Crucificado. Los estepeños, alentados por los padres franciscanos, decidieron retomar esta vieja devoción y fundar la Cofradía del Stmo. Cristo de la Salud el 20 de abril de 1941.

La primera Junta de Gobierno fue fundada con 12 hombres y 3 testigos. En las primeras actas de la hermandad se anota que los hermanos confiarían la creación de unos estatutos para el funcionamiento de la cofradía en el Director espiritual de la Cofradía y superior del convento, Padre Alfonso Castelo Aranda, para que a su vez éste los eleve al palacio arzobispal. Por decreto 8-7-1941, el Sr. Vicario General del Arzobispado, tuvo por presentado el escrito que le dirigió el Director Espiritual con el proyecto de Estatutos, para proceder a la erección Canónica de la Cofradía. Las reformas sucesivas de los estatutos siguieron este patrón y, desde su origen, se nombra como Director Espiritual al Superior del Convento Franciscano de Estepa. Aunque el Padre Alfonso falleció en la localidad de Chipiona, sus restos fueron trasladados años después de su muerte a Estepa, y descansan a los pies del primitivo Cristo de la Salud. La personalidad de la Hermandad se caracterizó desde sus orígenes por la sencillez, la humildad, la austeridad y la rectitud franciscana, conformando sus actos y su ideario de acuerdo con la orden fundada por San Francisco de Asís.

En 1942 la Cofradía realizó su primera estación de penitencia desde la Iglesia del Carmen. Los nazarenos vistieron túnica de color negro con botonadura y antifaz de color blanco, zapatos y calcetines de color negro, y el cordón o cíngulo franciscano anudado a la cintura con caída a la derecha. La propia túnica de penitencia mostraba evidentes símbolos de unidad con la que representaban al santo de Asís. La austeridad, la compostura y el silencio de todos los hermanos que realizaban la estación de penitencia se transmitía a todas las personas que acompañaban el cortejo. Un año después cambiarían la entrada de la cofradía, los hermanos se reunieron de nuevo en 1943 ante el Crucificado de la Salud en la Iglesia del Carmen para acompañarlo por primera vez hasta el Convento de San Francisco.

En 1945 la hermandad sustituyó las imágenes de Mª Stma de la Amargura y San Juan Evangelista, adquiridos en talleres sevillanos, y en 1952, ante el deterioro de la antigua imagen del convento, el escultor estepeño Manuel Escamilla realiza la portentosa imagen del nuevo Crucificado de la Salud, que llegaría a ser la conexión entre los franciscanos y el pueblo de Estepa.

Como influencia franciscana, la hermandad demuestra el amor a María en sus diferentes advocaciones y defiende los dogmas marianos, siendo la primera hermandad estepeña en dar protesta de Fe y proclamación del Juramento Asuncionista el 1 de abril de 1943, antes de ser proclamado por la iglesia el 1 de noviembre de 1950 por Pío XII. También defendió el misterio de la Inmaculada Concepción, que aparece en sus primeras reglas y en las posteriores.

En los 80 los franciscanos le dejan una habitación del recinto conventual para alojar los diferentes enseres de la cofradía. La relación con los franciscanos se estrecha aún más con la figura del Padre Martín Recio, maestro de muchos estepeños y amante de la historia y el patrimonio de Estepa. En esta etapa la hermandad propuso al Ayuntamiento numerosas acciones en defensa del patrimonio estepeño.

El Convento de San Francisco se convierte en el lugar de celebración de las charlas pastorales, las comidas de confraternidad y las reuniones de hermandad. Los miembros de la comunidad franciscana y los hermanos de la cofradía mantenían celebraciones y reuniones en un claro diálogo de comunicación y convivencia de ideas y experiencias entre religiosos y laicos. La hermandad, a su vez, potenciaba y fomentaba toda actividad que puniese en contacto a la Orden y al pueblo de Estepa.

En el 50 aniversario de la fundación de la Hermandad, en 1991, los franciscanos participaron en los actos conmemorativos, finalizando con una Solemne Eucaristía en la iglesia del Convento de San Francisco, presidida por el Arzobispo Fray Carlos Amigo Vallejo. La hermandad colaboró, a su vez, en la celebración de los actos del 400 aniversario de la presencia franciscana en Estepa en 2003, en cuyas jornadas y actos se celebra una ponencia sobre la hermandad. En 2010 y 2012 la Hermandad del Calvario de Estepa organizó el I y II Encuentro de Hermandades Franciscanas de la provincia de Granada. En 2016 la hermandad conmemoró el 75 aniversario de su fundación, de nuevo contando en sus actos con los padres franciscanos y con la presencia del cardenal Amigo Vallejo.

Pero si algo marca especialmente su carácter franciscano es la entrega a los pobres y el ejercicio de la caridad. La Hermandad ha hecho de la lucha contra el hambre su principal caballo de batalla. Así aparece desde sus orígenes en 1943 y 1944 la entrega de 338 kilos de trigo y numerosos repartos de limosnas de pan a los pobres. En 1951 se ayuda también a los necesitados “en estos tiempos calamitosos y de miseria” y en los años 70 se lucha contra el hambre para erradicarlo en el tercer mundo y se atienden a las necesidades más básicas de los más necesitados. Durante la escuela de Formación Profesional que se había instalado en el Convento de San Francisco (Colegio Libre Adoptado de San Antonio de Padua) se colaboró en la creación del comedor escolar y del laboratorio. La Hermandad contribuye además con aquellas instituciones, asociaciones y ONGs que necesitan su ayuda y destina buena parte de sus recursos a las diferentes congregaciones religiosas de la localidad.

San Francisco redactó una regla breve en 1210 cuando contaba con 12 personas que le seguían, la presentó ante el papa Inocencio III y consiguió que se aprobase su modo de vida. En 1212 fundó la rama femenina de su orden con la colaboración de Santa Clara y en 1221 obtuvo el estatus legal para la Tercera Orden de laicos. Vio como su orden se extendía no sólo en Italia sino en el sur de Francia y en los reinos de España, pero en este momento prefirió dejar la orden en manos de los miembros más prácticos y así poder dedicarse por entero a la vida contemplativa. Durante su retiro, San Francisco recibió las heridas de Cristo en su propio cuerpo. Tal era la unión con el Crucificado que su cuerpo revivió el martirio de la Cruz.

Las llagas se pueden apreciar en la imagen de San Francisco de Asís que Luis Salvador Carmona realizara en 1743 para el Convento estepeño. El escultor lo representó en está unión con el Crucificado, al que sostiene con su brazo izquierdo mientras lo contempla con su mirada. De igual forma, los Hermanos del Calvario, guiados por los padres franciscanos, se sienten unidos al Crucificado de la Salud que realizara Manuel Escamilla en 1952, situado junto al retablo de San Francisco de Asís; siendo ambos los dos motores que guían los movimientos de la hermandad.

La palabra “Franciscana” significa para los hermanos del Calvario mucho más que un término para designar a una hermandad. Es el anhelo de muchos años por añadir este título a su corporación y vincular de manera definitiva la hermandad a la Orden de San Francisco de Asís. Las hermandades franciscanas deben tener un vínculo común con los franciscanos, además de estar erigidas canónicamente en iglesias de esta orden. Para incorporar este título deben obtener el permiso de la Autoridad Eclesiástica y cumplir una serie de requisitos para que sea otorgada por la Orden. Este hecho ratificaría la confirmación de la anexión de esta Hermandad con la Orden Franciscana desde la fundación, allá por el año 1941.

Abrazo de San Francisco al Crucificado. Convento de San Francisco. Estepa

Libros y artículos consultados:

-La influencia franciscana en la Semana Santa de Estepa: la Hermandad del Calvario. Caballero Páez, M. Primer Simposio. Cuatro siglos de presencia de los franciscanos en Estepa. Ed. Iltmo. Ayto. de Estepa. 2003

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