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FRAY CARLOS DE SEVILLA
Tarde radiante de Domingo de Ramos, el Misterio de la Sagrada Entrada en Jerusalén abandonaba la Catedral de Sevilla por la Puerta de Palos, precedido por un sin fin de túnicas blancas llegadas desde el Divino Salvador. Los fieles que ocupaban por completo la Plaza Virgen de Los Reyes, repentinamente, comienzan a alzar sus miradas hacia los ventanales del Palacio Arzobispal, guiados en unos casos por la nostalgia y el recuerdo de nuestro Cardenal José María y en otros buscando el joven rostro de nuestro nuevo y joven Pastor Carlos.

Para sorpresa de los asistentes el balcón rezaba vacío y en silencio. La sombra del Doctor José María Bueno Monreal se alargaba sobre el enlutado tapiz de la Sevilla espiritual y profunda, huérfana de su Pastor. Bueno Monreal cerró sus ojos a Sevilla para abrirlos de par en par asomado a un balcón de Cielo. Los pasos dejaron de revirar hacia la mirada de nuestro añorado Cardenal y la parihuela de su vida inició la última chicotá para arriarse por última vez y fundirse en fraternal abrazo con el Todopoderoso DIOS que nos aguarda al otro lado del camino.

Con Fray Carlos Amigo llegaron aires frescos a la Iglesia de Sevilla. Nacido en Medina de Rioseco, pueblo de la provincia de Valladolid y enarbolando el espíritu franciscano, desde un primer momento, quiso cerrar el tupido velo, que hasta entonces, ponía cierta distancia, entre los católicos de Sevilla y su pastor.

Se mostró cercano, humilde y generoso. Hombre incansable, luchador y abnegado. Alzó su voz contra la injusticia, proclamó sus convicciones religiosas a los cuatro vientos y abrió su corazón a Sevilla.

Supo amoldarse a las exigencias e idiosincrasia de la Iglesia de Sevilla a nivel general y al mundo de nuestras Hermandades y Cofradías en particular.

Desde niño participó de las cofradías de su pueblo. Las tierras de Castilla nos ofrecen una visión muy distinta de la escenificación de la pasión de Cristo y del inconsolable dolor de su Madre que caracteriza a Sevilla. La Semana Santa castellana prevalece por la sobriedad y el recogimiento de sus desfiles procesionales en contrapunto con la Semana Santa hispalense más apasionada y donde priman los contrastes. Otro prisma de sentir la fe igualmente impregnado de belleza. Valiéndose de la piedad innata a la orden franciscana se esforzó en llegar al corazón del sevillano y a su peculiar manera de entender el culto externo a Dios y su Madre.


Fray Carlos estuvo siempre en su lugar, encontró las palabras adecuadas para cada contexto concreto, acompañó a los más desfavorecidos en su dolor y llegó al corazón del pobre. Como fiel seguidor de Santa Ángela mostró especial cariño por la labor de las Hermanas de la Cruz. Nos enseñó que el verdadero rostro de Dios se refleja en el sufrimiento de nuestros hermanos enfermos, abandonados, presos y embargados por la pobreza.

Sevilla nunca dice adiós a sus hijos queridos, para ellos sólo existe un hasta pronto. El amor correspondido no entiende de distancias. Fray Carlos quedará para siempre en el corazón de los sevillanos. Su nombre quedará esculpido con fina gubia de amor en los cimientos espirituales de la Ciudad que tuvo el alto honor de recibirlo como a su Pastor y Amigo.

Los sevillanos comenzamos a sentir nostalgia. No volveremos a cruzarnos con nuestro Cardenal Amigo andando presuroso hacia el Palacio Arzobispal junto a su inseparable hermano Pablo, visitaremos los templos de nuestras hermandades y cofradías en vísperas de una nueva Semana Santa embargados por la ausencia de nuestro Cardenal, que por tiempos parecía multiplicarse para estar en todas partes. Nos veremos privados de su sonrisa, de sus bendiciones, de su palabra, de su proximidad y de su cariño.

El Miércoles Santo sentiremos un hondo vacío al contemplar el cortejo procesional de la Hermandad del Buen Fin. Entenderemos que en la Cruz está el principio y el fin, la muerte y la vida. Fray Carlos llegó a Sevilla como llega la Esperanza cada Madrugá de Viernes Santo. Pasará como pasarán el rojo palio, las bambalinas acariciadas por el aire de la noche sevillana, como por pares pasarán los varales, como pasarán las velas encendidas y el verde manto, pero como esa Bendita Esperanza y rosa hermosa de San Gil, nuestro Cardenal y Amigo no vino para pasar de largo, vino como ELLA, para quedarse a vivir para siempre entre nosotros.

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Comentado por MANUEL en noviembre 18, 2009 a 2:29pm


Me extraña muchísimo,amigo Jordi,que a cuatro días de su publicación,absolutamente nadie de una comunidad formada por once mil personas se haya hecho eco de tan emocionante homenaje de despedida para nuestro,para ti y para mi seguro,para Sevilla incustionable,querido Cardenal Amigo...No sé qué pensar la verdad...

He sido seguidor acérrimo de ambos purpurados,lo seré,si Dios me da salud, de mons.Asenjo,como lo soy de mi Obispo diocesano D.José Vilapalana..¡Se aprende mucho de los pastores...

Estuve en la misa de Acción de Gracias en la despedida de S.E.R.,lo narro en un blog,como el tuyo en homenaje a tan gran prelado...Había mucha gente,fue muy hermoso todo,las palabras cariñosas hacia el SR.Cardenal por parte del ya Arzb. titular,las propias también lo fueron...Al final todos los fieles se pudieron despedir uno a uno de Fray Carlos Amigo...¡¡¡GRAN AZOBISPO SEVILLANO PARA LA HISTORIA!!!

Que el Señor,del ha sido y será gran servidor,lo guarde siempre..

Gracias,Jordi,Un abrazo.

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