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HERMANDAD DE LA BUENA MUERTE DE HUELVA (I). La Virgen de Consolación y Correa en sus Dolores.

     La primera vez que vi la Virgen de Consolación de la Hermandad del Cristo de la Buena Muerte de Huelva, fue en la iglesia de la Concepción cuando apenas tenía catorce años. Me llevaron especialmente para verlos y, según me cuentan, dije que la Virgen era muy guapa y que me gustaba mucho y que el Cristo me daba miedo. Siempre me gustó la Semana Santa. En aquellos años, y antes, acudía a ver las procesiones con mi padre, mi hermana y una amiga. Terminaba sentada en la acera cansada de estar de pie. Pero al día siguiente, volvíamos otra vez. No podría decir exactamente qué era lo que me gustaba. Era todo: los pasos, las imágenes que miraba desde mi altura al pasar sin que se me quedara ningún rostro en la memoria. Era una información dispersa que así se mantuvo años. Por razones que no es el caso explicar acudí hace unos días a la Iglesia de la Concepción para verla pues la llevaron, en el Rosario de la Aurora, hasta dicha iglesia donde la vi por primera vez y la conocí de cerca. Oí la misa y miré con atención todo lo que allí ocurría. Jóvenes y mayores se sumaron a este acto con devoción. Miré los rostros de hombres y mujeres con mucha atención porque de sus movimientos y disposición se desprendía que tenían mucho en común. Y, sin embargo, nadie sobraba. Miré a la Virgen y de nuevo aprecié su hermosura y su mirada que llena de lágrimas, resbalan por caminos distintos de su rostro, me hace pensar que también necesita que se la consuele. Cuando, sobre los hombros de hermanos, se desplazaba por la Iglesia para volver a su templo, me parecía apreciar que andaba sola y que su postura tenía la misma congoja que sus ojos. A mí me produce esa sensación paradójica de que su tristeza llama también al Consuelo. Se consuela a quien llora, a quien sufre. La Virgen María sufre por todos sus hijos. Es venerada en la Iglesia con el título de “Madre del consuelo” o “Consoladora de los afligidos y representa la consolación que se sucede en el Calvario, junto a la cruz, cuando María es asociada a los sufrimientos de Cristo” . Así, la Virgen no deja de interceder con amor de madre por la humanidad entera, en cuanto sufre aflicción por los males de este mundo (según manifestaciones de la orden agustina) Y esa es la advocación de esta bella imagen. La que el escultor ha representado. Interesada por el título de esta advocación “Virgen de Consolación y Correa” he leído que “este título estuvo siempre envuelto en una aureola de bellísima leyenda, a la que ayudó la iconografía plasmada en la práctica totalidad de iglesias, capillas y oratorios de la Orden; en grabados, libros y estampas de culto y devoción. Esta leyenda justifica el título por el consuelo que la Virgen otorgó a Santa Mónica en su aflicción por la muerte de su esposo Patricio y el camino errado de su hijo Agustín. Se cuenta que estando Mónica, mujer de lágrimas, en plena aflicción por la reciente viudedad y soledad en la que su hijo le dejaba, se apareció la Virgen María, quien la consoló exhortándole a vestirse de negro y ceñirse con una correa o cintura del mismo color. Después de su conversión, muerta Santa Mónica, Agustín se vistió de igual modo y -concluye la leyenda- legó correa y hábito negro a sus discípulos en la vida religiosa” (Advocaciones Marianas de la Orden de San Agustín.) Y la Virgen de Consolación en sus Dolores y Correa de la Hermandad de la Buena Muerte de Huelva ha sido representada con una iconografía fiel a sus orígenes, de la mano autora de Joaquín Gómez del Castillo. Cuando el pasado sábado, día 7 asistí al Rosario de la Aurora, que conmemorando los 75 años de su bendición, hizo a la Virgen Agustina de la Consolación de la hermandad de la Buena Muerte, en el trayecto del itinerario, meditando me vino a la memoria que me contaron cómo fue por iniciativa del Padre Gilberto con sus niños en el colegio agustino y cómo probablemente no pensarían en lo que, con el tiempo, consiguió: un Cristo tan magnifico y una madre de Consolación tan guapa y tan reina madre de Dios. Por mucho que pensaran el padre Gilberto y los niños fundadores de la Hermandad nunca esperarían que el tiempo demostraría de lo que fueron capaces de hacer, de lo que fueron capaces de conseguir. El alma del padre Gilberto y los niños fundadores están dentro de la Hermandad, sí. Están dentro de los genes de la hermandad. Y también estará Joaquín Gómez del Castillo. Y estará hasta la eternidad en esta dos imágenes portentosas. Me quedo sorprendida lo que da de sí en el pensamiento un Rosario de la Aurora de la virgen de Consolación. En la ceremonia pude vivir su espiritualidad. Los contrastes de la temprana mañana me hicieron ver con suma claridad a la madre de Dios. La luz de la mañana, de la hermosa mañana llegó como una Salve. Dios te salve María llena eres de gracia el señor es contigo y bendita eres Virgen de Consolación. La formación que adquirí al estudiar Historia del Arte me aproximó a técnicas, estilos, escuelas, autores, talleres, … incluso a la razón de ser, históricamente hablando, de la Semana Santa, al espíritu de Trento, … Si. Cierto. Sin embargo nunca supe qué se siente perteneciendo a una Hermandad. Aún sólo lo sé por referencias y por estas primeras aproximaciones después de tanto tiempo. Esta es otra dimensión. Una dimensión que es la esencia de la celebración de la Semana Santa y que parte del clamor de tantos hombres y mujeres que integran ésta Hermandad de la Buena Muerte y otras Cofradías. En cualquier caso, pido disculpas por las apreciaciones personales porque realmente no tengo formación cofrade. Formación que poco a poco quisiera ir adquiriendo.

Marita Valdivieso Muñoz. Abogada e historiadora

Hermana de la Buena Muerte.

(imágenes tomadas de internet).

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