Cofrades

Foro y Blog Semana Santa Sevilla


HERMANDAD DE LA BUENA MUERTE DE HUELVA (II). Cristo de la Buena Muerte

Como decía, en el texto que escribí en este foro sobre la Virgen de Consolación de esta Hermandad, me dio miedo cuando lo vi por primera vez, teniendo catorce años. Del mismo modo que con la Virgen, pasados muchos años, he entrado en la iglesia hace pocas fechas y lo busqué y lo miré. Me pareció impresionante. Me impone. Esa sensación debió ser la que sentí, pero me faltaban los términos para describirlo. Debió ser por su grandiosidad. Pero vi, conforme me iba acercando, que era recio y dulce a la vez. En ese acercamiento físico, lento, tímido, advertí en quienes estaban alrededor actitudes de cuidado y organización dados con la generosidad que aflora cuando no se tiene prisa porque se está donde se quiere y desea estar. Escenas de fervor en mujeres y hombres y especialmente me fijé un hombre joven con su hijo pequeño inquieto porque se quería ir. El padre ponía su mano el hombro gestando paciencia. Y era su actitud, su seriedad y la emoción de su cara mirando al Cristo cuando advertí la relación entre Cristo y el hombre. Era una relación de amor. Biunívoca. Yo lo miraba a él que de su gesto, desde su talante lo da todo. Ofrece, sin esperar. Espera sufriendo. Espera emitiendo un mensaje que te atrapa. Recibes tanto, que quedas prendida y fluyen miles de sensaciones que no puedes expresar. El presente, el encuentro, y el futuro tienen muchísima fuerza. En el pasado están las raíces que hablan de tanto y tanto amor, desconocido que recuerdas la frase de no hay mayor ciego que el que no quiere ver. Y al mismo tiempo lees frases cofrades como ésta: Él te oye. Él te quiere. Puedes contarle todo lo que te pasa. No tienes más que fijarte en su semblante. Si tuviéramos que elegir entre estos términos descriptivos de la imagen del Cristo de la Buena Muerte, términos que acotaran sensaciones, momento de la pasión, como por ejemplo los siguientes, Impresionante / desolado / imponente / sereno/ estoico/ maltrecho/ paciente / dolorido/ agonizante/ entero/ imperturbable/ vejado/ desmayado / muerto / compasivo / resistente al dolor/ receptivo/ templado/ sosegado/ imperturbable/ vejado/ injuriado, vejado/ zaherido/ débil/ afligido/ desconsolado/ (…), Tal vez pondríamos la mayor parte porque conocemos la historia de la muerte y pasión de Jesús. Pero aplicado a esta imagen, yo –con todo respeto- percibo prioritariamente los que he subrayado. Es decir, asumiendo que todos son aplicables a la Historia de la Pasión Me pregunto si el escultor trabajando con la gubia para devastar las finas lascas de la madera dando forma divina al cedro, le dolían los golpes por estar esbozando, reproduciendo los golpes sufridos en la pasión. Golpes del imaginero que de tanto inspirarse en el divino sacrificio sacó del cedro un cuerpo, unas manos, una cabeza, unas rodillas, unos píes… que muestran el martirio en toda su crudeza. Y a tal perfección llegó el escultor Gómez del Castillo, que en su diseño y en su realización ha mostrado la dureza cruel del martirio. Siempre me pregunto si el imaginero, en este caso Gómez del Castillo, previó a esculpir este Cristo con tantos y tantos matices. Si era consciente de la síntesis del sufrimiento que creó, tan fielmente reflejado en su semblante. Si miramos los ojos de la imagen, parece que los tiene cerrados. El arco de las cejas se curvan al aproximarse al entrecejo: unas cejas que protegen los ojos que se estiran cerrándose. Si lo miramos desde arriba, parece que se cierran. Está pensativo. Aún resiste. Expresa dolor, pero un dolor contenido. Sólo los ojos dan significado a la obra. Anuncian su muerte. La Buena Muerte por la inherente redención. Es como si no quisiera que se viera toda su agonía porque su resistencia se muestra en el equilibrio en la cara. Si sólo miramos los ojos, sin fijarnos en la las cejas, parece que está dormido. Pero al mirarlo desde abajo y de lado vemos que los ojos siguen, a duras penas, abiertos. A un paso de la agonía, pero resiste. La redención es de hondo sufrimiento, lenta, minuto a minuto. Sin queja, sin lágrimas… El escultor cuando tomara la gubia desde su concepción del momento de la pasión que representaba, hizo una representación propia y de divina inspiración . Debió sentir en los golpes en la herramienta con la que esculpía. Debió sentirlos de forma especial cuando taladró los pies y las manos, para hacer brotar la sangre de la cara, para mostrar unas rodillas tan abatidas como todo su cuerpo. Debió sentir, digo, algo que me gustaría saber si lo llegó a contar. En el taller que compartía con León Ortega y Pedro Gómez, en la calle San Cristobal, donde hizo y firmó su obra quedaron para siempre guardadas las vivencias que se debieron suceder durante su elaboración. Si miramos la cara desde abajo, podemos ver que los ojos no están cerrados. Podemos ver la pupila que se eleva dejando poco espacio del blanco de los ojos. Es una expresión inolvidable. La boca entreabierta faltándole el aire. El dolor está presente, pero también la paz, la conformidad, el sacrificio, la templanza. … ¡Qué maravilla de obra! No obstante, aún no me he acercado físicamente todo lo que se permite. Ha sido el tratamiento de imágenes con la que me he aproximado. En este acercamiento me fijo en todos los detalles que la imagen me permite. Lo iré haciendo para aprehender todo su mensaje y prepararme para formar parte de quienes con fervor le dedican esta poesía: A cambio de esta alma llena de amor que vengo a ofrecerte dame una vida serena una muerte santa y buena Cristo de la Buena Muerte. Creo que cuando salió por primera vez en procesión en mil novecientos cuarenta y dos, tras ser bendecido el año anterior, aún no había recibido todo el amor y el fervor de los hermanos que ahora acumula. El cuidado de la Hermandad es una fuente de disfrute, de religiosidad, de generosidad, de ilusión, … de los hermanos que año tras año trabajan y salen con sus titulares por las calles de Huelva manteniendo vivo el espíritu de la Buena Muerte de Jesús. Este año, cuando vea la procesión con toda atención desde la Cruz de Guía hasta el final, y tenga delante el Cristo de la Buena Muerte, lo miraré de otra forma porque estará en mi retina lo que he visto, lo que he leído sobre él, lo recordado, contado con un amor inimaginable por quien siempre fue cofrade y transformado en un reencuentro con este Cristo y con la Virgen de Consolación que establece un ferviente lazo de continuidad que ya no se ocultará en la memoria.

Marita Valdivieso Muñoz Abogada e Historiadora.

Hermana de la Buena Muerte

(imágenes tomada de Internet)

Visitas: 31

Comentar

¡Necesitas ser un miembro de Cofrades para añadir comentarios!

Participar en Cofrades

© 2017   Creado por Pasionensevilla.   Tecnología de

Emblemas  |  Reportar un problema  |  Términos de servicio