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José Roda Peña en las páginas 215-229 de la revista Laboratorio de Arte 19 (2006) ha publicado el artículo “A Propósito de los Crucificados de Pedro Duque Cornejo: Dos Nuevas Versiones en Umbrete y Chucena”.
En Chucena hemos tenido sin autor conocido al Cristo de Burgos. Sin el más mínimo sentido se ha dicho que su talla es gótica. Esperemos que nadie lo vuelva a escribir. García de Guzmán y García Reyes (2003) nos dicen que, según su Hermandad, es "de finales del siglo XVI de estilo roldanesco atribuido al escultor Juan Bautista “el Viejo"”. Pero en esto hay contradicción interna, ya que Juan Bautista “el Viejo”, que murió en 1589, no pudo tallar con estilo de quien todavía no había nacido (Pedro Roldán vivió entre 1624 y 1699). Más acertadamente, González Gómez y Carrasco Terriza (1999) lo han visto como del círculo de Pedro Roldán, el abuelo materno de Pedro Duque Cornejo y verdadero patriarca de una familia que ha destacado en las Bellas Artes. Con ello el Cristo de Burgos no sería del siglo XVI, sino del XVII. Pero, siendo de Pedro Duque Cornejo, que vivió entre 1678 y 1757, hemos de fecharlo en la primera mitad o en los años centrales del siglo XVIII.
Lo de talla gótica puede haberlo pensado alguien por el original de esta advocación. Pudiera ser también el Cristo venerado en la catedral burgalesa el origen de la pretendida denominación popular chucenera de “Cristo de las Enagüillas”, que se dice de Burgos (Morilla, 2003), pero que nunca he oído en mi pueblo y que, en sentido inverso, parece que se pretende imponer como popular. Si alguna vez ha sido popular, ha debido de ser en la época de la infancia del P. Jacinto, que nació en 1883 y que la dice en sus Apuntes Históricos de la Villa de Chucena (1958), llenos de las tradiciones populares de su tiempo y de imaginación. Sorprende, sin embargo, que no haya recogido tradiciones históricas como las hermandades de Chucena hasta unos cuarenta años antes de su nacimiento, de los tiempos de sus padres o de sus abuelos. Ni siquiera se hizo eco de la Cofradía de Ntra. Sra. Santa María de la Estrella, de la que no hemos sabido hasta 1980, cuando llegó a tener aprobación definitiva la actual Hermandad Sacramental de Ntra. Sra. de la Estrella, Patrona de Chucena, que fundamos en 1973-1977.
La advocación del Santísimo Cristo de Burgos tiene, a mi entender, mucho de enigmática. Una explicación es que burgaleses hubieran sido repobladores de Chucena. El privilegio real al respecto fue de 1374. Pero tampoco me sorprende que haya tradiciones creadas a posteriori. Primero sucede el hecho y después se explica con el convencimiento general de que ha sido producto de una larga tradición de devoción.
El hecho es que a mediados del siglo XVIII llega a Chucena un Crucificado muerto de Pedro Duque Cornejo. Su rostro...

y en general la configuración de su propia cabeza, remiten en todo al Crucificado rondeño -en grado superior incluso a lo comentado en el caso de Umbrete-, aunque lamentablemente los repintes que presenta han disminuido sus valores expresivos y plásticos. Lo mismo, en cuanto a similitudes formales con respecto al Cristo de la Sangre, cabe decir a propósito de su elegante torso, de gran suavidad en su modelado y de escasa laceración en su policromía original, según se comprueba por los antiguos testimonios fotográficos conservados. La disposición y morfología de los brazos y de las piernas, así como la cuidada talla de los pies resultan prácticamente idénticas en las dos esculturas, como también el modo en que los dedos de las manos se flexionan sobre los clavos.

Para que Pedro Duque Cornejo llegara a tallar un Cristo para la Parroquia de Chucena hemos de tener en cuenta que este templo era capilla de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla, correspondiendo al cabildo catedralicio toda la parte eclesiástica de sus diezmos. Dado que Pedro Duque Cornejo fue preferido por el arzobispo y probablemente también por el cabildo, pudiera éste haberle encargado el Crucificado.
Característica de Pedro Duque Cornejo es la plasmación de “aspectos expresivos de hondo dramatismo, formas que vuelan, que revolotean en guiños arcuados muy expresivos” (Hernandez Díaz, 1983: 25). Le gustaba expresar dinamismo en las posturas corpóreas y en los ropajes. Se inspiraba en Bernini, cuyo Éxtasis de Santa Teresa puede ser el modelo de la mayor expresión del movimiento en la escultura. José Roda se fija en los paños de pureza del Cristo de Ronda (“el escueto paño de pureza es el elemento que aporta mayor dinamicidad a la escultura ”) y de Umbrete (“el paño de pureza es también reducido y de tipología cordífera, e incluso su caída y vuelo por la derecha resultan prácticamente idénticos al de Ronda ”), porque con sus características de dinamicidad y de vuelo señalan la autoría de Pedro Duque Cornejo. En todo caso, el ancho encaje encolado que ha tenido el Cristo de Burgos hasta la década de 1970 no se nos presenta como elemento extraño a su autor.
¿Qué determina que el Cristo de Chucena, en lugar de paño de pureza, tengaun faldellín con menor expresión de movimiento? Probablemente la advocación del Cristo de Burgos condicionó el trabajo de Duque Cornejo. Pero en las memorias de misas y de otros cultos fundados en la Parroquia de Chucena en 1775, de cuyo cumplimiento se hace seguimiento hasta 1860, sólo hemos encontrado mencionadas a la antigua Cofradía de la Sangre, redenominada de la Soledad, que, como las demás, tenía un altar propio; a la Cofradía de Ntra. Sra. Santa María de la Estrella; a la Cofradía del Rosario, y a la Hermandad de Santísimo Sacramento. De la Cofradía de la Sangre o de la Soledad sólo sabemos que tenía fundación de una Misa cantada y de procesión el día de la Santísima Cruz. Otros cultos que tuviera los desconocemos.
Respecto a la advocación de Cristo de Burgos hemos de tener en cuenta que se extiende por el Cristo de San Agustín que, procedente del convento agustino de esa ciudad castellana, donde se veneraba desde principios del siglo XIV, tras la expulsión de los frailes en 1835 con la Desamortización, se lleva a la catedral de la misma. Más original habría de ser la advocación de Cristo de San Agustín. Pero también hemos de considerar que, con la misma iconografía, en otros lugares se le llama, según García de Guzmán y García Reyes (2003), Cristo de la Sangre.
En la Desamortización del periodo 1836-1844 (Capelo, 1980) nos aparecen otras Hermandades: De Ánimas, del Salvador, además de la del Santísimo. Se mencionan también propiedades desamortizadas a la Virgen de la Estrella y a Santa Ana. ¿Es la decimonónica Hermandad del Salvador la continuación de la de la Sangre o de la Soledad?
¿Ha podido ser el Cristo de Burgos el anterior Cristo de la Sangre? ¿Pudiera haber llevado paño de pureza, más propio del estilo de Pedro Duque Cornejo que el faldellín, y, por su deterioro, haber sido sustituido posteriormente? ¿Pudiera haber tomado la advocación de Cristo de Burgos por este cambio iconográfico, o, por el contrario, ya se talló con su faldellín, aun cuando inicialmente se le llamara de la Sangre?

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Comentado por javier jiménez rodríguez en enero 11, 2009 a 8:27pm
lo dicho, amigo chucena, una historia muy interesante. saludos.
Comentado por Antonio chucena en enero 11, 2009 a 7:06pm
Ahí te pongo una foto antigua de mi cristo es que soy nuevo y no sabía ponerla pero lo he solucionado. Hay te la dejo

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