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Una historia sobre la fe en el poder de Jesús de curar lo incurable

Siendo las 6 de la mañana, me encontraba otro día más camino hacia el Hospital de Neoplásicas, centro médico para enfermos con cáncer. Ya habíamos visitado en numerosas veces al doctor, y tanto mi hermana como mi madre se encontraban esperando su turno para ser atendidas. Los doctores ya conocían el caso: mi hermana tenía un agudo dolor en los senos y un olor fétido por la pus que se estaría formando.

El caso se iba complicando conforme pasaba el tiempo, y la realidad se hacía cada vez más dura cuando conocíamos los resultados de los análisis. El último día se conocieron los resultados que confirmaron aquella dolorosa realidad que todos en casa ya conocían pero que se resistían a aceptar.

Entró mi hermana al consultorio para recibir sus documentos y el diagnóstico, y mientras ello ocurría, mi madre se dirigió a una pequeña capilla ubicada dentro del mismo hospital a orar por la salud de mi hermana pidiendo por su mejoría y su recuperación. Regresó mi madre a la puerta del consultorio para esperar que ella saliera con sus resultados y ayudarla en ese momento pues sabía que lo que afrontaría mi hermana no sería nada fácil, y le iba a causar un profundo dolor.

Al abrirse la puerta del consultorio, mi madre vio a mi hermana salir muy desconcertada con sus documentos en mano por lo que mi madre supuso lo peor .

Sin embargo, cuando mi madre se acercó, ella le contó que daba gracias a Dios pues no tenía absolutamente nada, que estaba sana, que ni los doctores se explicaban el hecho, pero que ya no tenía ningún problema en los senos, que estaba curada.

Fue en ese momento, cuando mi madre le preguntó por el doctor que la acompañó hasta la puerta, pues tenía facciones de extranjero; a lo que mi hermana le respondió que no, que solamente estaba el doctor y la enfermera que siempre la atendían, que nadie la acompaño hasta la puerta y que no había otra persona más.

Pero mi madre si lo había visto y pudo reconocer finalmente quien era ese hombre:
Era Jesús. Él curó y salvó a mi hermana.

Ella ahora tiene 28 años, es casada, formó una linda familia con dos hijos, y hasta ahora, su salud ha permanecido inquebrantable.

Jesús fue quien la curó de todo mal.

Historia real relatada por Edwin Rojas Ramírez (Perú)

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Comentado por Santy (Angel Macareno) en diciembre 6, 2012 a 6:58pm

Hola Curro.

totalmente de acuerdo con la historia que nos dejas, gracias por compartirla con nosotros.

Un abrazo.

Comentado por Azahar y jazmín en diciembre 6, 2012 a 6:28pm

Pues si, ¿porqué no habría de ser el propio Jesús el que la acompañara, aunque ella no le viese?, lo mejor es que se haya recuperado felizmente, y para su madre,  ella sabe que es lo que ocurrio.

Comentado por Francisco A. Mazuecos. en diciembre 5, 2012 a 10:31pm

Bonita historia la que noscuenta pero tienes mucha razon en lo espuesto en este blog, recibe un saludo...

Comentado por Araceli Luque en diciembre 5, 2012 a 3:13pm

pues si, la Fé en el poder del amor de Jesus es mejor que cualquier ciencia.   graciaassss

Comentado por rosa maria morilla rodriguez en diciembre 5, 2012 a 2:59pm

GRACIAS A MI ME OCURRIO LO MISMO CON MI HERMANO Y LE DOY GRACIAS A DIOS TODOS LOS DIAS  EL ES PARA MI EL CAMINO A SEGUIR TODOS LOS DIAS DE MI VIDA MI HERMANO Y EL UN ABRAZO AMIGO 

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