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Bajo la lluvia el Viernes Santo, al Hombre la noche se le hace muerte. Las lágrimas del Cielo inundan el negro río, una corneta para el tiempo en Sevilla. La tortura del ser humano le ha dado al Cristo la silueta eterna de Triana que, al fin y al cabo, es la silueta misma del Hombre.

 

Bajo la lluvia el Viernes Santo, el Hombre esculpe la angustia en sus labios. Es en el puente, mirando a las estrellas donde desgarra el tiempo para romperle los esquemas al mundo. El hombre llega a su casa para enfrentarse con la muerte.  

 

Bajo la lluvia el Viernes Santo, con su Padre habla el Hombre. Aire le pide. Y fuerzas para arrancarse los clavos, y cordura en su mente, y cura para el martirio. Le pide morirse en el puente y no cruzar la calle Castilla, le pide coraje y paciencia, le pide por los que lo matan y por los que lo quieren, por los que se fueron y por los que vendrán. La carne no entiende ya de dolores.

 

Bajo la lluvia el Viernes Santo, el Hombre se empeña en bajarse, para pasear por las calles de Triana y allí con la abuela Santa Ana quedarse. La gente siempre expectante ve al Hombre como una sombra en el río, como su Hijo muriendo, como el ser humano perfecto. Posiblemente el pueblo dañado sea el reflejo de ese Hombre. Posiblemente en ese aire que premia a sus pulmones estén todos los pecados del mundo.

 

Bajo la lluvia el Viernes Santo, nunca el Hombre perdió el Patrocinio de su  Madre. Patrocinio que, en forma de Esperanza le seca las lágrimas a María y a la vez sostiene la vida y el devenir de un arrabal que en su sentir lleva dibujada su cara. El Hombre busca la Esperanza en el Cielo de Triana.

 

Bajo la lluvia el Viernes Santo, el Giraldillo sabe que no hay vuelta atrás y la angustia empieza a desesperarle, pues el Cristo que mira al Cielo se va muriendo conforme la Cruz pisa el barrio. Admirable tu firmeza, tu humildad y tu pureza. Las que te hicieron Hombre en Sevilla, las que te hicieron Dios en el Cielo. Las mismas que redimen al mundo. Benditas las manos que dibujaron tu perfil, bendita la hora en que miraste arriba, benditas tus ganas de morirte en Triana, bendita tu eterna despedida. Bendito por siempre Tu, Dios Gitano de la Cava, que nos enseñas a morir, a sufrir, a perdonar y a vivir.

 

En su casa fijó su muerte, donde Dios nunca muere, donde el tiempo se para, donde la vida crece. Dios se ha hecho Hombre donde estaba escrito que así sucediera… En el Puente de Triana, bajo la lluvia un Viernes Santo… Ahí Dios se hace Hombre, ahí Dios se hace eterno en los ojos del Cachorro.

 

 

 

 

José Antonio Montero Fernández.

Al Cachorro.

A Triana.

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