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HOY, DOMINGO DE PASIÓN, EN UN CRISOL DE RECUERDOS DE VIVENCIAS PRETÉRITAS Y CERCANAS EN EL TIEMPO, DE LA SEMANA SANTA Y DE LA HERMANDAD DE LA BUENA MUERTE DE HUELVA.

      Hoy domingo de Pasión, se atropellan vivencias, imágenes, palabras, olores, sabores … escenarios del pasado que se combinan con las presentes y que se encuadran en el tiempo de la Cuaresma y de la Semana Santa… Aquellos muchachos, que al salir de clase, corriendo por la calle Tres de Agosto llegaban hacia la Plaza de las Monjas porque les habían dicho que ya se estaban instalando los palcos. Una carrera llena de ilusiones provenientes de la cercanía del día en que se pondrían la túnica de su hermandad, la Hermandad de La Buena Muerte, en este caso. Llegados al kiosko “Manolín” en la esquina de la plaza de las Monjas, se paraban en seco comprobando como ya había palcos instalados. A Nosotras, las niñas que no podíamos salir en hermandad alguna, nos ilusionaba salir por la tarde a ver pasar las procesiones,   oír la voz del capataz animando a los hombres bajo el paso. Veíamos sus ojos a través de las rendijas del mismo sumándose el esfuerzo de cada uno con el ánimo de la voz externa a los que portaban los pasos. Gustábamos de estrenar un vestido nuevo, ... “el Domingo de Ramos el que no estrena, no tiene manos”. Recuerdos lejanos a los que se unen, y se suceden, cobrando una fuerza inmensa los recientes. En especial lo vivido en  primera estación de penitencia y en relación con la Historia de la Hermandad.

      Si, en mi primera estación de penitencia quedaron grabados hechos cuyo repaso me llena de regocijo y sobre lo que dije: “cuando llegamos a la iglesia y esperé a la entrada del Jesús y después la llegada de la Virgen, eso fue como si pudiera oír el corazón vibrante de todos los cofrades en su inquietud, en su emoción porque todo había salido bien. Hablaban entre ellos y las lágrimas brotaban a borbotones” expresé el año pasado “ Cuando entraba el Cristo, las voces de quienes dirigían esa entrada, sonaban fuertes, vivas, a veces como auténticos “quejíos” que velaban para que ni el más mínimo roce se produjera. .. Cuando entró la Virgen se repitieron las escenas …” Lo que me dejó el enorme deseo de esperar la llegada del siguiente Jueves Santo, ya tan cercano.  De nuevo se repetirá parte del recorrido de aquellos primeros cofrades, penitentes azules, para recoger a los Titulares, pero desde muchos años atrás con la túnica/habito de S. Agustín cuya impronta religiosa impregna toda la hermandad. Aquellos niños del colegio, ¡Penitentes azules de Nuestra Madre de la Consolación en sus Dolores!, como expresó por escrito, en la prensa local, uno de ellos en 1938, cuando supo de la muerte del fundador de la hermandad, sabiendo lo mucho que lo quisieron en Huelva y lo mucho que lo sentirían, dando a conocer que había muerto el domingo de Pasión de ese año 1938. Huelva lo conoció y lo recordó con cariño. Son palabras que, si ahora nos conmueven, muchísimo más debió sentirse entonces:

¡¡Ha muerto el P. Gilberto!!. Esta sencilla frase, ¡Cuántos recuerdos y cuántos pesares no levantará en Huelva … ¡Nuestro querido Padre Gilberto (Fr. Gilberto Blanco), nuestro siempre Rector de caserón agustiniano de la calle del Puerto, dejó esta vida mortal en la residencia de León, en la mañana del Domingo de Pasión en que una congestión cerebral le dejara inmóvil en su lecho sin contracciones ni alteraciones de ningún género. Fue la muerte dulce y apacible del Santo, del Poeta, del Maestro amante y tierno con sus discípulos.

En el diario de león del día siguiente al fallecimiento en 1938 decía:

“… nos sorprendió la triste noticia de la muerte del P. Gilberto Blanco … El día anterior le habíamos visto como otras veces con su eterna sonrisa de bienaventurado, afable, efusivo y con el espíritu elevado, como siempre, a los Cielos de la poesía y de la bondad … La noche del sábado, el P. Gilberto había estado oyendo las últimas noticias de la radio, Luego se fue a acostar … su salud parecía perfecta… A la mañana pasaba la hora de su misa y el padre no bajaba como otras veces a la capilla. Cuando se le fue a llamar, se le halló muerto con los ojos cerrados y una sonrisa de felicidad en los labios…”

           Este extraordinario fraile, con la colaboración e impulso de los demás, fundó la Hermandad, no llegó a conocer los Titulares actuales, obra del extraordinario escultor Gómez del Castillo. Cuando se celebró la primera estación de penitencia, en 1922, procesionó la Virgen de Consolación que recogían los penitentes azules en la iglesia de las RR.MM. Agustinas. Pero esta advocación de la Virgen de Consolación siempre estuvo en su entorno religioso agustiniano en cuyo seno religioso se fundó y evolucionó incluso tras la marcha de los agustinos de Huelva. Supieron mantener la Hermandad con un esfuerzo tan grande que a veces cabe pensar que aquellos hombres que lucharon y vencieron tantas dificultades  -que se sucedían una tras otra y en un contexto muy difícil- que no se arredraron, estaban formados en el seno y en el recuerdo de la Orden. Para ellos, no cabe más que admiración. Muchos habían sido alumnos del colegio. 

           Hoy Domingo de Pasión, efemerides que tira del recuerdo del fallecimiento del fundador de la hermandad cuya calidad humana y religiosa explican lo especialísimo de esta Hermandad. Son datos tomados de prensa y de archivos diferentes, que cruzados con relatos verbales, con imágenes, de naturaleza diferente, ponen de relieve lo extraordinario de este Hermandad. Si a la Virgen de Consolación la pluma de Fray Gilberto le dedicó multitud de versos de fervor intenso y con una fluidez inacabable, que se multiplican y reposan en sus cartapacios, fueron muchos de ellos condensados en un cancionero editado hace pocos años. No obstante,  no escasean sus escritos dirigidos a Cristo. Sus sermones se multiplicaron. La Hermandad fundada por el Padre Gilberto previó la imagen del Cristo. Se llamó así,  Hermandad del Cristo de la Buena Muerte y de la Virgen de Consolación y Correa en sus Dolores. Cuando el sacerdote se marchó de Huelva seguía la hermandad con una sola imagen como titular. pero leyendo sobre su vida encontré su gran amor por el Cristo de la iglesia de Santa Marina, donde se bautizó : “Acerca del Cristo benditísimo ante cuya imagen amorosa y dolorida me bautizaron y mi adorada madre me enseñó a rezar”. Palabras que escribió cuando le dedicó un poema que escribió en Huelva en 1918. Algunas estrofas de dicho poema, se leen y si miramos la maravillosa imagen del Cristo de la Buena Muerte, nuestro titular, parece que se dirige a él, en la universalidad del martirio en la representacion. Lo leo y me gusta mirar el semblante del Cristo de la Buena Muerte y buscar en él esa ternura que se desprende de estas palabras del poema. 

         El recuerdo que dejó en Huelva se manifestó de forma muy variada, y se conserva y potencia a través de la Hermandad además de otros sectores que hace que nos enorgullezcamos más y más de esta figura. Así podemos leer textos como el que sigue, a su persona dirigidos:
“yo quiero aprovechar esta ocasión para decir al ilustre agustino todo lo que le admiro y le quiero, y para recordarle aquellas mañanitas en que a sus pies en el confesionario de la capilla agustina de Huelva iba yo dejando mis faltas en el sacramento de la penitencia, e iba él alumbrando mi vida con las orientaciones espirituales del buen maestro de corazones. Cerca del padre Gilberto tenía yo menos miedo de la vida y de mí mismo; y era que en la dulzura alentadora de su palabra, que tenía santos matices maternales y calor de hermano, encontraba yo, algo así como una fuerza que me hacía pasar por los grandes problemas de la vida, serio en el corazón y sonriente en los labios…” (Manuel Siurot)


        Es gratificante para quienes le admiramos leer como ha sido recordado con gratas palabras aún en 1956 por uno de los alumnos del colegio, hoy muy renombrado y valorado en huelva:
“… nombremos al que más se destacó por su ingente personalidad, R.P. Fr. Gilberto Blanco. Escritor magnífico; orador excepcional, inspiradísimo poeta que cantó a nuestra Patrona con versos de oro, dejó entre nosotros huellas indelebles de su importancia y cordial simpatía. (Diego Díaz Hierro)

        Y es que el horizonte religioso que emana del Cristo y de la Virgen con la misma fuerza de una instantánea que fija una expresión, un gesto, una mirada, un mohín, una sensación de tristeza, una expresión de dulzura infinita, … que penetra en la observación dando a cada uno lo que necesita.Que hace que broten observaciones de que es la virgen que más llora ... El mejor recuerdo y homenaje es la propia Hermandad con sus Titulares, con sus hombres y mujeres cofrades impregnados del espíritu agustiniano orgullosos del pasado y del presente de la hermandad, conociendo la obra que dio lugar a la cofradía, que se encamina hacia el II Centenario que verán sucesivas generaciones. El ejemplo del pasado se proyecta hacia el futuro. Así sea.

 

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