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Ese día por la tarde, ya pensaba cómo empezaría este texto que bien se merece la ocasión...

Cuando aún faltaba un mes para la fecha, ya decían que daban lluvia para esa semana... Que un año más el Lunes Santo llovería.

Acto seguido y sin pensarlo, perdí todo ápice de esperanza que me pudiera hacer creer que el Lunes podría salir junto cirio y antifaz a recorrer las calles de Sevilla.

A menos de una semana, las predicciones iban cambiando constantemente. Un día daba sol, otro daban tormentas, y al dia siguiente decían que solo llovizna. Lo único que estaba claro era que nadie sabía qué pasaría por el cielo sevillano ese día...

Con la mente fija en la idea de quedarme en casa un año más, miraba sin cesar el tiempo...

Seguía indecisa la situación. Puede que llueva. Puede que no.

Llega el gran día. Me levanto a primera hora de la mañnaa  con el ojo puesto ya en el cielo, y no veo más que un cielo celeste al que acechaban algunas nubes por el horizonte...

Eso podía haber sido una buena señal, si no fuese porque el día anterior había amanecido Sevilla con un sol radiante, y la tarde acabó pasada por agua.

La última previsión decía que quizás pudiese lloviznar un poco entre las 11 y las 4 de la tarde...

En ese momento me aferré irremediablemente a un simple pensamiento que se me repetía constantemente: "Pero han dado muy poquita agua" me repetía una y otra vez, intentando autoconvencerme.

Una vez ya cubierta por la túnica y el antifaz, cogimos camino hacia la iglesia. Tíos y primos, todos juntos caminábamos mirando todo a nuestro alrededor, con la principal atención puesta en el cielo gris...

Ahora tocaba la peor de las esperas, quizás algo amenizada mientras buscabas tu sitio en las listas y recogías el cirio...

Este año me habían adelantado el puesto y casi me tocaba encabezar la fila de nazarenos. Abrirle las puertas de sevilla al resto de hermanos y a nuestras imágenes.

Sentada sobre uno de los escalones laterales del altar, comentaba nerviosa la situacion con una chica que esperaba a mi lado.

Tras una eterna espera, de pronto la gente pide silecio, y éste si hizo dueño del momento, del tiempo y del espacio...

De pronto, por aquella puerta blanca del fondo, aparecieron los integrantes de la junta directiva de la hermandad. Pasaron directos hacia el altar, y una vez allí, se colocaron todos en línea.

Todos con el rostro serio y sin realizar un mísero gesto que pudiese darnos alguna pista de lo que sucedería, empezó a hablar el hermano mayor: " Tras reunirnos, nos informan que la situación meteorológica es la siguiente, desde este momento, hasta la 1 de la tarde, existe un 40% de probabilidad de lluvia. De la 1 hasta las 7 de la tarde, las probabilidades aumentan a un 70%..." En ese mometno el alma de cada uno de los hermanos cayó desplomada al suelo sin esperanza alguna... El hermano continuó hablando: " A partir de las 7 vuelven a bajar a un 30%... Las previones que nos dan son pequeñas lloviznas, y no chubascos como sucedió la tarde de ayer,  por lo que la junta de gobierno, de forma unánime, ha decidido REALIZAR LA ESTACIÓN DE PENITENCIA" Justo en ese momento la iglesia estalló en aplausos eufóricos y gritos de alegría... Los pelos de punta...

Las sonrisas se veían a través de los antifaces y a más de uno se le escapaban las lágrimas de alegría... Imposible contener la tensión acumulada.. La emoción nos pudo a todos.

Resulta inevitable emocionarse... Fueron dos años en casa y un tercero que dábamos ya por perdido...

Lágrimas en los ojos y corazón aún encogido, nos dispusimos a ordenar filas y prepararnos para lo que sería, la mejor estación de penitencia realizada hasta la fecha.

No habíamos recorrido ni dos calles y ya se veían las primeras gotas de lluvia caer...

Desde dentro rogábamos continuar.

Al instante dejó de llover, pero no sería ese el final, pues ni media hora después, las gotas empezaron a caer haciendo mucho más hincapié en llegar al suelo...

Pero gracias a Dios paró pronto... El cielo quiso que ese Lunes Santo fuese especial...

Todas las hermandades pudieron realizar su estación sin incidentes y en especial, nuestras casa tuvo su camino a la catedral...

Años de espera tuvieron su fruto. Y es que siempre han dicho, que lo bueno se hacer esperar ¿No?

Hoy, con la cabeza bien alta, puedo decirle al mundo que YO, Andrea Cordero Sánchez, tuve el placer de acompañar al Cristo Cautivo y rescatado, y a nuestra Señora del Rosario Doloroso, hasta la grandísima Catedral de Sevilla, y vuelta hacia su templo, la iglesia San Ignacio de Loyola en el Polígono San Pablo, durante ni más ni menos que 14 horas.

Tengan claro que pienso repetir el año que viene.

Andrea C.

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