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LA DIVINA MISERICORDIA

"Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por los pecados nuestros y del mundo entero. Por Su Dolorosa Pasión, ten Misericordia de nosotros y del mundo entero" (Diario, 476).

"Deseo que el mundo entero conozca Mi Misericordia" (Diario, 687)

"Oh Inconcebible e Insondable Misericordia de Dios, ¿quién te puede adorar y exaltar de modo digno? Oh Sumo Atributo de Dios Omnipotente, Tú eres la dulce esperanza de los pecadores" (Diario, 951).

El Señor me dijo: “Hija mía, no dejes de proclamar Mi Misericordia para aliviar Mi Corazón, que arde del fuego de Compasión por los pecadores. Diles a Mis sacerdotes que los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de Mi Misericordia insondable, de la Compasión que tengo por ellos en Mi Corazón. A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi Misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen.” (Diario, 1521)



Durante la década de 1930, Santa Faustina anotó en su Diario las enseñanzas recibidas directamente de Nuestro Señor Jesucristo en torno a su Divina Misericordia; sus experiencias místicas, así como sus reflexiones y oraciones. El Diario es un verdadero tesoro, que “descorre las cortinas del cielo” y cuya lectura llega directamente al alma del lector, ya que es a él a quien está dirigido.

El Diario fue escrito por Santa Faustina en polaco. Los Padres Marianos de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, en Stockbridge, Massachussets, EUA (*). publicaron una bella y fidedigna traducción al castellano, de más de 600 páginas, bajo el título “La Divina Misericordia en mi alma”, de Santa Faustina Kowalska, la cual se encuentra disponible en diversas librerías católicas. En lo sucesivo nos referiremos a esta versión simplemente como el “Diario”.

Del Diario hemos extraído y agrupado diversas frases, titulando estos grupos, con el propósito de facilitar su lectura y posterior consulta; tomándolas literalmente a fin de no alterar en nada su contenido. Cada frase ha conservado el número de referencia del Diario, a fin de facilitarle al lector remitirse al contexto del cual fue extraído.

"...La Misericordia Divina llega a los hombres a través del corazón de Cristo crucificado: "Hija mía, di que soy el Amor y la Misericordia en persona", pedirá Jesús a Sor Faustina (Diario, 374). Cristo derrama esta Misericordia sobre la humanidad mediante el envío del Espíritu que, en la Trinidad, es la Persona-Amor. Y ¿acaso no es la Misericordia un "segundo nombre" del Amor (cf. Dives in misericordia, 7), entendido en su aspecto más profundo y tierno, en su actitud de aliviar cualquier necesidad, sobre todo en su inmensa capacidad de perdón? (Siervo de Dios Juan Pablo II.Homilía durante la Canonización de la Beata María Faustina Kowalska, punto 2).

"...Repito hoy estas sencillas y sinceras palabras de santa Faustina, para adorar juntamente con ella y con todos vosotros el misterio Inconcebible e Insondable de la Misericordia de Dios. Como ella, queremos profesar que, fuera de la Misericordia de Dios, no existe otra fuente de esperanza para el hombre. Deseamos repetir con fe: Jesús, confío en Ti.

De este anuncio, que expresa la confianza en el Amor Omnipotente de Dios, tenemos particularmente necesidad en nuestro tiempo, en el que el hombre se siente perdido ante las múltiples manifestaciones del mal. Es preciso que la invocación de la Misericordia de Dios brote de lo más íntimo de los corazones llenos de sufrimiento, de temor e incertidumbre, pero, al mismo tiempo, en busca de una fuente infalible de esperanza. Por eso, venimos hoy aquí, al Santuario de Lagiewniki, para redescubrir en Cristo el Rostro del Padre: de Aquel que es "Padre Misericordioso y Dios de toda Consolación" (2 Co 1, 3). Con los ojos del alma deseamos contemplar los ojos de Jesús Misericordioso, para descubrir en la profundidad de esta mirada el reflejo de Su Vida, así como la luz de la gracia que hemos recibido ya tantas veces, y que Dios nos reserva para todos los días y para el último día..." (CONSAGRACIÓN DEL SANTUARIO DE LA MISERICORDIA DIVINA. Homilía de Juan Pablo II. Santuario de la Misericordia Divina, Cracovia . Sábado 17 de agosto de 2002).


A su vez, en el capítulo "El misterio de la Misericordia" del libro "Memoria e Identidad", Juan Pablo II ante la pregunta del periodista "Santo Padre, ¿podría detenerse sobre el misterio del amor y de la Misericordia? Porque parece importante ahondar más en el análisis de la esencia de estos dos atributos divinos tan significativos para nosotros", contestó lo siguiente::

¿De dónde proviene la infinita misericordia del Padre? David es hombre del Antiguo Testamento. Conoce al Dios único. Nosotros, hombres de la Nueva Alianza, podemos reconocer en el Miserere davídico la presencia de Cristo, el Hijo de Dios, a quien Dios trató como pecador por nosotros (cf. 2 Co 5,21). Él ha cargado consigo todos nuestros pecados (cf. Is 53,12) para satisfacer la justicia quebrantada por la culpa y mantener así el equilibrio entre la Justicia y la Misericordia del Padre.

Es significativo que Santa Faustina viera a este Hijo como Dios Misericordioso, pero contemplándolo no tanto en la Cruz cuanto en su condición sucesiva de Resucitado y Glorioso. Por eso relaciona su mística de la Misericordia con el misterio de la Pascua, cuando Cristo aparece victorioso del pecado y de la muerte (cf Jn 20, 19-23).

Recuerdo sobre este punto a Sor Faustina y el culto de Cristo Misericordioso que promovió, porque también ella pertenece a nuestros tiempos. Vivió en las primeras décadas del siglo XX y murió antes de la Segunda Guerra Mundial. Precisamente en este período le fue revelado el misterio de la Divina Misericordia y anotó en su Diario lo que experimentó. Para los supervivientes de esta gran guerra, las palabras del Diario de Santa Faustina son como una especie de Evangelio de la Divina Misericordia escrito desde la perspectiva del siglo XX. Los contemporáneos han entendido este mensaje. Lo han entendido a través del dramático cúmulo de mal que trajo consigo la Segunda Guerra Mundial y de las crueldades de los sistemas totalitarios. Es como si Cristo hubiera querido revelar que el límite impuesto al mal, cuyo causante y víctima resulta ser el hombre, es en definitiva la Divina Misericordia. Ciertamente, en ella se incluye también la Justicia, pero ésta, por sí sola, no es la última palabra en la economía divina de la historia del mundo y en la historia del hombre. Dios sabe obtener siempre del mal algo bueno. Quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad (cf. 1 Tm 2,4): Dios es Amor (cf. 1 Jn 4,8). Cristo Crucificado y Resucitado, como se apareció a Sor Faustina, es la revelación suprema de esta verdad.

Ahora deseo enlazar de nuevo con lo que dije sobre el tema de las experiencias de la Iglesia en Polonia durante la resistencia contra el comunismo. Me parece que tienen un alcance universal. Pienso que también Sor Faustina y su testimonio del misterio de la Divina Misericordia tengan cabida de algún modo en esta perspectiva. El patrimonio de su espiritualidad tuvo –lo sabemos por propia experiencia- una gran importancia para la resistencia contra el mal practicado en aquellos sistemas inhumanos de entonces. Todo esto conserva un significado preciso, no sólo para los polacos sino también para todo el ámbito de la Iglesia en el mundo. Lo ha puesto de relieve, entre otras cosas, la beatificación y la canonización de Sor Faustina. Es como si Cristo hubiera querido decir a través de ella: "¡El mal nunca consigue la victoria definitiva! ". El misterio pascual confirma que, a la postre, vence el bien; que la vida prevaleces sobre la muerte y el amor triunfa sobre el odio". (Juan Pablo II. Memoria e Identidad.)

LA DEVOCIÓN A LA DIVINA MISERICORDIA


"...El Dios de la Creación se revela como Dios de la Redención, como Dios que es fiel a Sí mismo, (Cf. 1 Tes 5, 24) fiel a su Amor al hombre y al mundo, ya revelado el día de la Creación. El Suyo es Amor que no retrocede ante nada de lo que en Él mismo exige la justicia. Y por esto al Hijo «a quien no conoció el pecado le hizo pecado por nosotros para que en Él fuéramos justicia de Dios». (2 Cor 5, 21; cf. Gál 3, 13.9) Si «trató como pecado» a Aquel que estaba absolutamente sin pecado alguno, lo hizo para revelar el Amor que es siempre más grande que todo lo creado, el Amor que es Él mismo, porque «Dios es Amor». (1 Jn 4, 8.16). Y sobre todo el Amor es más grande que el pecado, que la debilidad, que la «vanidad de la creación», más fuerte que la muerte; es Amor siempre dispuesto a aliviar y a perdonar, siempre dispuesto a ir al encuentro con el hijo pródigo,siempre a la búsqueda de la «manifestación de los hijos de Dios», (Rom 8, 19) que están llamados a la gloria. Esta Revelación del Amor es definida también Misericordia (Cf. Santo Tomás, Summa Theol. III, q. 46, a. l ad 3.),y tal Revelación del Amor y de la Misericordia tiene en la historia del hombre una forma y un nombre: se llama Jesucristo..." (Redemptor Hominis, 9)

"..La Misericordia Divina llega a los hombres a través del corazón de Cristo Crucificado y Resucitado: "Hija mía, di que soy el Amor y la Misericordia en persona", pedirá Jesús a Sor Faustina (Diario, 374). Cristo derrama esta Misericordia sobre la humanidad mediante el envío del Espíritu que, en la Trinidad, es la Persona-Amor. Y ¿acaso no es la Misericordia un "segundo nombre" del Amor (cf. Dives in Misericordia, 7), entendido en su aspecto más profundo y tierno, en su actitud de aliviar cualquier necesidad, sobre todo en su inmensa capacidad de perdón?

Hoy es verdaderamente grande mi alegría al proponer a toda la Iglesia, como don de Dios a nuestro tiempo, la vida y el testimonio de sor Faustina Kowalska. La Divina Providencia unió completamente la vida de esta humilde hija de Polonia a la historia del siglo XX, el siglo que acaba de terminar. En efecto, entre la primera y la segunda guerra mundial, Cristo le confió Su Mensaje de Misericordia. Quienes recuerdan, quienes fueron testigos y participaron en los hechos de aquellos años y en los horribles sufrimientos que produjeron a millones de hombres, saben bien cuán necesario era el Mensaje de la Misericordia.

Jesús dijo a sor Faustina: "La humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la Misericordia Divina" (Diario, 132). A través de la obra de la religiosa polaca, este mensaje se ha vinculado para siempre al siglo XX, último del segundo milenio y puente hacia el tercero. No es un mensaje nuevo, pero se puede considerar un don de iluminación especial, que nos ayuda a revivir más intensamente el Evangelio de la Pascua, para ofrecerlo como un rayo de luz a los hombres y mujeres de nuestro tiempo..." (Siervo de Dios Juan Pablo II.Homilía durante la Canonización de la Beata María Faustina Kowalska, punto 2)

"La Iglesia proclama la verdad de la Misericordia de Dios, revelada en Cristo Crucificado y Resucitado, y la profesa de varios modos. Además, trata de practicar la misericordia para con los hombres a través de los hombres, viendo en ello una condición indispensable de la solicitud por un mundo mejor y «más humano», hoy y mañana. Sin embargo, en ningún momento y en ningún período histórico —especialmente en una época tan crítica como la nuestra—la Iglesia puede olvidar la oración que es un grito a la Misericordia de Dios ante las múltiples formas de mal que pesan sobre la humanidad y la amenazan. Precisamente éste es el fundamental derecho-deber de la Iglesia en Jesucristo: es el derecho-deber de la Iglesia para con Dios y para con los hombres. La conciencia humana, cuanto más pierde el sentido del significado mismo de la palabra «misericordia», sucumbiendo a la secularización; cuanto más se distancia del misterio de la misericordia alejándose de Dios, tanto más la Iglesia tiene el derecho y el deber de recurrir al Dios de la Misericordia «con poderosos clamores» (Cfr. Heb 5, 7).Estos poderosos clamores deben estar presentes en la Iglesia de nuestros tiempos, dirigidos a Dios, para implorar Su Misericordia, cuya manifestación ella profesa y proclama en cuanto realizada en Jesús Crucificado y Resucitado, esto es, en el misterio pascual. Es este misterio el que lleva en sí la más completa Revelación de la Misericordia, es decir, del Amor que es más fuerte que la muerte, más fuerte que el pecado y que todo mal, del amor que eleva al hombre de las caídas graves y lo libera de las más grandes amenazas...." (Dives in Misericordia, 15)

"...A la humanidad, que a veces parece extraviada y dominada por el poder del mal, del egoísmo y del miedo, el Señor Resucitado le ofrece como don Su Amor que perdona, reconcilia y suscita de nuevo la esperanza. Es un Amor que convierte los corazones y da la paz. ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y acoger la Misericordia divina! Señor, que con Tu Muerte y Resurrección revelas el Amor del Padre, creemos en Ti y con confianza te repetimos hoy: ¡Jesús, confío en Ti, Ten Misericordia de nosotros y del mundo entero! ..." (Juan Pablo II. Ángelus "postumo" . Domingo de la Divina Misericordia. 3 de abril de 2005)


La devoción a la Divina Misericordia nos llama a una comprensión de que el Amor de Dios no tiene límites y que está disponible a todos, especialmente al pecador más grande: "Cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi Misericordia" (Diario de Santa Faustina, 723).

Los aspectos esenciales de la Devoción a la Divina Misericordia son los siguientes::
PONER NUESTRA CONFIANZA EN DIOS

TENER SIEMPRE UNA ACTITUD MISERICORDIOSA CON LOS DEMÁS

INVOCAR LA DIVINA MISERICORDIA

PROPAGAR LA DEVOCIÓN A LA DIVINA MISERICORDIA

La historia del origen y de la difusión del mensaje de la Divina Misericordia y de su devoción por todo el mundo, resulta ser fascinante. Comprende apariciones y revelaciones extraordinarias, respuestas milagrosas a oraciones, una escapada dramática de una Polonia devastada por la guerra, una prohibición temporal del culto por la Iglesia (1958 a 1978) y el fuerte apoyo del Papa Juan Pablo II, que muy probablemente será llamado por los historiadores "Papa de la Divina Misericordia." .


ASPECTOS ESENCIALES DE LA DEVOCIÓN A LA DIVINA MISERICORDIA


PONER NUESTRA CONFIANZA EN DIOS

"Las gracias de Mi Misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá" (Diario, 1578).

Abarca no sólo la virtud de la esperanza, sino también la virtud de la fe viva, la humildad, la perseverancia y el arrepentimiento por las culpas. Es, simplemente, la actitud del niño que en cada momento confía ilimitadamente en el Amor Misericordioso y la Omnipotencia de Dios Padre.

La confianza en Dios es la esencia de la Devoción a la Divina Misericordia, hasta tal punto que sin la confianza en Dios, dicha Devoción no existe. Ello se debe a que el acto de confianza en Dios es la primera y fundamental expresión de la adoración a la Divina Misericordia. La actitud de confianza en Dios ya de por sí (sin practicar otras formas de culto) garantiza las gracias de la Divina Misericordia a la persona que confía.

"Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi Misericordia. (Diario, 687)

"Que se acerquen a ese Mar de Misericordia con gran confianza. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en Mi Misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con mi paz divina." (Diario, 1520)

"El alma que confía en Mi Misericordia es la más feliz, porque yo mismo tengo cuidado de ella." (Diario, 1273)

"Ningún alma que ha invocado Mi Misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en Mi Bondad." (Diario, 1541)

"Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y este es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que Me confían sin límites son mi gran consuelo y sobre ellas derramo todos los tesoros de mis gracias. Me alegro de que pidan mucho porque mi deseo es dar mucho, muchísimo. (Diario, 1578)

TENER SIEMPRE UNA ACTITUD MISERICORDIOSA CON LOS DEMÁS

«Os doy un mandamiento nuevo... Amaos unos a otros como Yo los he amado.» (Juan 13, 34).
«Sean misericordiosos, como su Padre es Misericordioso» (Lucas 6, 36).
«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán Misericordia» (Mateo 5, 7)

"Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía Mi Juicio." (Diario, 1317)

Dios quiere que recibamos Su Misericordia y que la dejemos fluir a través de nosotros a los demás. Quiere que demos amor y perdón a otros, como Él nos lo da a nosotros.
La misericordia es el amor que se esfuerza por aliviar la miseria de otros. Es un amor activo, derramado sobre otros para sanar, consolar, confortar, perdonar y quitar el sufrimiento. Es el amor que Dios nos ofrece y es el amor que Él exige de cada uno de nosotros hacia el prójimo.

Repetidas veces la Sagrada Escritura nos recuerda que la medida que usemos con otros, Dios la usará con nosotros (Lucas 6, 38), porque ciertamente Él «(nos perdonará) nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mateo 6,12-14).

Las parábolas del "buen samaritano", el "hombre rico y Lázaro" y el "siervo que no quería perdonar", entre otras, nos demuestran esta verdad esencial: solamente dando misericordia podemos esperar recibirla; ya que seremos juzgados según nuestras acciones misericordiosas hacia otros: «Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer .. » (Mateo 25, 35-46).

¿Cómo ponemos la misericordia en práctica? Por medio de nuestras acciones, palabras y oraciones, haciendo obras corporales y espirituales de misericordia y desarrollando una actitud de misericordia en nuestras vidas diarias. Cada día podemos responder a la gente y a las circunstancias que encaramos sumergiéndolas en el mar de la Misericordia de Dios. En vez de "maldecir la oscuridad" y desesperamos sobre la condición del mundo, bendecimos al mundo con la Misericordia de Dios y así dejamos que Dios lo sane.

La actitud del amor activo hacia el prójimo es condición para recibir gracias. El Señor Jesús desea que sus devotos hagan obras de misericordia siempre.

"Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia: la primera: es la acción; la segunda: la palabra; y la tercera: la oración. En estas tres formas se encierra la plenitud de la misericordia y es un testimonio indefectible del amor hacia Mí. De este modo el alma alaba y adora Mi Misericordia." (Diario, 742)
"Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía Mi Juicio." (Diario, 1317)


"Debes saber, hija mía que Mi Corazón es la Misericordia misma. De este Mar de Misericordia las gracias se derraman sobre todo el mundo (... ) Deseo que tu corazón sea la sede de Mi Misericordia. Deseo que esta Misericordia se derrame sobre todo el mundo a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede marcharse sin confiar en esta Misericordia mía que tanto deseo para las almas. (1777)
INVOCAR LA DIVINA MISERICORDIA

«Pedid y se os dará... porque todo el que pide, recibe ... » (Mateo 7,7-8).

"Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la firma: JESÚS, EN TI CONFIO" (Diario, 327).

Dios quiere que nos acerquemos a Él orando sin cesar, arrepintiéndonos de nuestros pecados y pidiendo que Él derrame Su Misericordia sobre nosotros y el mundo entero.

La Sagrada Escritura está llena de ejemplos de cómo confiar en Dios y pedir Su Misericordia: los Salmos; la fe de Abrahán y Moisés, hombres que suplicaron a Dios; el hombre que persuadió a su amigo a que se levantara a medianoche para que le prestara un poco de pan; la viuda persistente que consiguió la justicia del juez injusto; la mujer cananea que dialogó con fe con Jesús acerca del derecho que ella tenía de Su Misericordia; el ejemplo de María Santísima, cuya petición de misericordia en Caná resultó en que Jesús hizo Su primer milagro público, así reconociendo que Su Hora sí había llegado.

A Santa Faustina, Jesús le reveló 4 formas nuevas de pedir la Divina Misericordia por méritos de Su Dolorosa Pasión: la Novena a la Divina Misericordia , la Coronilla a la Divina Misericordia y la Hora de la Divina Misericordia y la Veneración de la Imagen de la Divina Misericordia A través de estos actos de piedad, el Señor nos llama a todos a pedir Su Misericordia.
"Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la firma: JESÚS, EN TI CONFIO" (Diario, 327).

«Tu tarea y empeño aquí en la tierra es implorar la Misericordia para el mundo entero». (Diario, 570)

"Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata" (Diario, 699).

"Soy el Amor y la Misericordia Mísma". (Diario, 1074).

«Me deleitan las almas que recurren a Mi Misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica Mi Compasión». . (Diario, 1146).

"En la Cruz, la Fuente de Mi Misericordia fue abierta de par en par por la lanza para todas las almas, no he excluido a ninguna" (Diario, 1182).

"Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero... permití que Mi Sagrado Corazón fuera abierto por una lanza, y abrí la Fuente de la Misericordia para ti. Ven y toma las gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza. Jamás rechazaré un corazón arrepentido" (Diario, 1485).

"He abierto Mi Corazón como una Fuente viva de Misericordia. Que todas las almas tomen vida de ella. Que se acerquen con gran confianza a este Mar de Misericordia" (Diario, 1520).

«Ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada». (Diario, 1541).

"Las gracias de Mi Misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá" (Diario, 1578).

PROPAGAR LA DEVOCIÓN A LA DIVINA MISERICORDIA

. “A las almas que propagan la devoción a Mi Misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el Juez, sino el Salvador Misericordioso” (Diario, 1075).

Una de las formas de devoción a la Divina Misericordia es la propagación de la Devoción a la Divina Misericordia, porque con ella también se relacionan algunas promesas de Cristo. “A las almas que propagan la devoción a Mi Misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el Juez, sino el Salvador Misericordioso” (Diario, 1075).

La esencia del culto a la Divina Misericordia consiste en la actitud de confianza hacia Dios y la caridad hacia el prójimo. El Señor Jesús exige que “sus criaturas confíen en El” (Diario, 1059) y hagan obras de misericordia: a través de sus actos, sus palabras y su oración. “Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo, ni excusarte, ni justificarte” (Diario, 742). Cristo desea que sus devotos hagan al día por lo menos un acto de amor hacia el prójimo.

La propagación de la devoción a la Divina Misericordia no requiere necesariamente muchas palabras pero sí, siempre, una actitud cristiana de fe, de confianza en Dios, y el propósito de ser cada vez más misericordioso. Un ejemplo de tal apostolado lo dio Sor Faustina durante toda su vida.

"Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: La primera: la acción. La segunda: la palabra. La tercera: la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mí. De este modo el alma alaba y adora Mi Misericordia” (Diario, 742).

“Haz lo que esté en tu poder para difundir la devoción a Mi misericordia. Yo supliré lo que te falta. Dile a la humanidad doliente que se abrace a Mi Corazón misericordioso y Yo la llenaré de paz. Di, que soy el Amor y la Misericordia Mismos. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas. A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo por toda su vida, como una madre cariñosa a su bebe...” (Diario, 1075).

“Escríbelo para muchas almas que a veces se afligen por no tener bienes materiales, para practicar con ellos la misericordia. Sin embargo, el mérito mucho más grande lo tiene la misericordia espiritual que no necesita ni autorización ni granero siendo accesible a cualquier alma. Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá Mi Misericordia en le día del juicio” (Diario, 1317).

“A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi Misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen” (Diario, 1521).

ORACIÓN PARA OBTENER LA DIVINA MISERICORDIA

¡Oh Dios de gran Misericordia! Bondad infinita, hoy toda la humanidad clama, desde el abismo de su miseria, a Tu Misericordia, a Tu Compasión. Oh Dios; y grita con la potente voz de la miseria. Dios indulgente, no rechaces la oración de los desterrados de esta tierra. Oh Señor, Bondad inconcebible que conoces perfectamente nuestra miseria y sabes que por nuestras propias fuerzas no podemos ascender hasta Ti, Te imploramos, anticípanos Tu Gracia y multiplica incesantemente Tu Misericordia en nosotros para que cumplamos fielmente Tu Santa Voluntad a lo largo de nuestras vidas y a la hora de la muerte. Que la omnipotencia de Tu Misericordia nos proteja de las flechas de los enemigos de nuestra salvación, para que con confianza, como Tus hijos, esperemos Tu última venida, ese día que conoces sólo Tú. Y a pesar de toda nuestra miseria, esperamos recibir todo lo que Jesús nos ha prometido, porque Jesús es nuestra esperanza; a través de Su Corazón Misericordioso, como a través de una puerta abierta, entramos en el Cielo. (Diario, 1570).

ORACIÓN DE JUAN PABLO II CONFIANDO EL MUNDO A LA DIVINA MISERICORDIA

Santuario de la Misericordia Divina, Cracovia . Sábado 17 de agosto de 2002



Dios, Padre Misericordioso, que has revelado Tu Amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo: Te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre. Inclínate hacia nosotros, pecadores; sana nuestra debilidad; derrota todo mal; haz que todos los habitantes de la tierra experimenten Tu Misericordia, para que en Ti, Dios Uno y Trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza. Padre Eterno, por la Dolorosa Pasión y Resurrección de Tu Hijo, Ten Misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.



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CONTENIDO

LA NOVENA A LA DIVINA MISERICORDIA

LA FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA

LA CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA

COMO REZAR LA CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA

LA IMAGEN DE LA DIVINA MISERICORDIA

LA HORA DE LA DIVINA MISERICORDIA

LA DIVINA MISERICORDIA EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS




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ORACIÓN PARA IMPLORAR FAVORES

POR INTERCESIÓN DEL SIERVO DE DIOS EL PAPA JUAN PABLO II


Oh Trinidad Santa, Te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al Papa Juan Pablo II y porque en él has reflejado la ternura de Tu paternidad, la gloria de la Cruz de Cristo y el esplendor del Espíritu de Amor. Él, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor, indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana ordinaria, como camino para alcanzar la comunión eterna Contigo. Concédenos, por su intercesión, y si es Tu voluntad, el favor que imploramos, con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus santos.

Padrenuestro. Avemaría. Gloria.




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Se ruega a quienes obtengan gracias por intercesión del Siervo de Dios Juan Pablo II, las comuniquen al Postulador de la Causa, Monseñor Slawomir Oder. Vicariato di Roma. Piazza San Giovanni in Laterano 6/A 00184 ROMA . También puede enviar su testimonio por correo electrónico a la siguiente dirección: postulazione.giovannipaoloii@vicariatusurbis.org

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Comentado por FERNANDO MONTES MACIAS en diciembre 20, 2009 a 11:32am
Es parte de la esencia de nuestra fé cristiana, la divina Misericordia, tendremos que tener en cuenta estas oraciones, Juan Pablo II fué un gran papa, al que siempre le tuve por Santo, y desde luego lo tengo muy en cuenta en mis oraciones.
Comentado por Emi(Angel macareno) en diciembre 6, 2009 a 11:55pm
Que bonito blog. Yo siempre me encomiendo a la Divina Misericordía, es la única manera. Respecto a Juan PabloII, nunca le he rezado, habrá que hacerlo a partir de ahora, era un gran hombre y un gran Papa.

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