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Juan de Mesa está considerado como una de las figuras más relevantes del realismo sevillano. Nació en Córdoba en 1583 y se trasladó a Sevilla en 1606 para formarse en el taller de Martínez Montañés, estableciendo su taller en 1615 en el barrio de San Martín. Su fallecimiento aconteció el 26 de noviembre de 1627, con cuarenta y cuatro años de edad, víctima de la tuberculosis. Para esta fecha había dejado las grandes obras del barroco del seiscientos que han sido estudiadas e imitadas durante siglos. Sus obras, casi en exclusividad dedicadas a imágenes procesionales, denotan un conocimiento anatómico de figuras humanas reales, vivas y muertas, que luego plasmaba en sus obras con gran realismo. Recibió encargos de las hermandades sevillanas y de la provincia que ponían en sus manos la realización de sus imágenes devocionales. Las órdenes religiosas también confiaban en su persona para realizar las imágenes que decorarían sus oratorios y sus claustros, especialmente destaca una especial vinculación con la Compañía de Jesús, que llevaron sus obras más allá de la península, hasta las misiones que llevaban a cabo en las indias españolas. A pesar de la gran calidad artística de sus obras, su nombre pasó desapercibido hasta la primera mitad del siglo XX cuando comenzaron a conocerse sus obras tras el estudio de los documentos que atesoraban las órdenes y hermandades, o apareció su autoría en las imágenes que se iban restaurando. El reconocimiento de nuevas obras y atribuciones a Juan de Mesa no han cesado desde entonces.


En Estepa se conserva una de estas imágenes que se atribuyen ciertamente a la mano del imaginero cordobés. Se trata de la talla de San Juan Evangelista que se encuentra en la Iglesia de Santa María la Mayor y Matriz. La talla no es originaria de Estepa, sino que llegó a la localidad procedente de Sevilla en 1894 y con posterioridad a esta fecha comienza a aparecer en los inventarios parroquiales. En la venta, adquisición o distribución de la pieza se quiso aclarar que su nuevo destino era la localidad ostipense, y así le grabaron una inscripción en el reverso de la imagen que reza: “Para Estepa, año de 1894”. La talla posiblemente pertenecía a una iglesia o convento sevillano que desapareció a causa de las sucesivas desamortizaciones y exclaustraciones de finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX. Numerosas iglesias y conventos recibieron nuevos usos, y en ese caso fueron afortunados por mantenerse en el tiempo aun no sirviendo para lo que fueron creados. Otros se perdieron definitivamente por nuevas consciencias e inquietudes constructivas, en cierta medida por necesidades urbanísticas o arquitectónicas, que no tuvieron la capacidad de comprender la historia que se perdía con su actividad destructiva. Con la desaparición de las iglesias y conventos, las colecciones artísticas, en su mayoría privadas, se enriquecían con sus bienes; otros recaían en iglesias cuyos párrocos o feligreses se interesaban por adquirir algunas de estas tallas. Ese, probablemente, sea el modo en el que la talla mesina del discípulo amado encontrara refugio y un nuevo lugar de culto en la parroquia de Estepa.

La imagen tiene similitud con las obras relacionas a la producción de Juan de Mesa, aunque durante muchos años se vinculaba, como muchas de las tallas del imaginero cordobés, al círculo de su maestro Martínez Montañez. El Catálogo Arqueológico y Artístico de Sevilla y su provincia nos dice sobre esta interesante obra que es una “importante imagen de San Juan Evangelista obra del círculo de Montañés y del cuarto decenio del siglo XVII”. Por otro lado, la Guía Artística de Sevilla y provincia indica que es una “imagen de San Juan Evangelista, de escuela montañesina de mediados del siglo XVII”. Los rasgos de la imagen hacen indudable que la mano de Juan de Mesa está presente y recuerda al San Blas de la iglesia sevillana de Santa Inés, al San Marcos de la iglesia homónima, al San Román Nonnato del Bellas Artes, al San José de Fuentes de Andalucía o al Cristo Resucitado de Tocina, entre otros.

(Similitud entre San Juan Evangelista de Estepa y San Marcos de Sevilla)

San Juan Evangelista se representa en el momento de escribir el Apocalipsis en su retiro de Éfeso, sentado sobre una peña, con la pierna izquierda ligeramente elevada por su apoyo en un terreno superior. Sobre su pierna izquierda sostiene el texto sagrado. La posición provoca el movimiento de los ropajes que ondulan y se plegan en su caída, creando numerosos claroscuros. El brazo derecho se dobla hacia el interior y en su mano sostiene la pluma que debía escribir los pasajes evangélicos. El brazo izquierdo se mantiene junto al cuerpo y sostiene uno de los márgenes del manuscrito. La cabeza se inclina hacia la derecha elevando la mirada, buscando en el cielo la inspiración para su escritura. El conocimiento de la anatomía, tan característico de la obra de Mesa, se hace patente en la cabeza, manos y pies. El rostro se enmarca por una enmarañada cabellera y densa barba, marcado por un destacado tupé central. Frunce el ceño arqueando de manera tenue las cejas en un expresivo rictus de angustia visionaria. Por su extremada analogía con los rostros del Cristo Resucitado de la Iglesia parroquial de San Vicente de Tocina realizado en torno a 1620, con el de San Blas de la sevillana Iglesia de Santa Inés ejecutado hacia 1617 y con el semblante del Patriarca de la localidad sevillana de Fuentes de Andalucía concluido entre 1615 y 1616; podríamos considerar la pieza estepeña próxima a los años finales de la primera década del siglo XVII. Esta joya sevillana que guarda Estepa se ubica en el retablo colateral de la nave del Evangelio de la mencionada Iglesia parroquial estepeña, realizado hacia 1770 cuando se reformó a su vez el retablo de la cabecera del templo por la escuela antequerana.

La pieza del San Juan Evangelista de Juan de Mesa en Estepa es fruto de la casualidad y del devenir de la historia que hizo que recayera en nuestra localidad, a pesar de que fue realizada probablemente para la Sevilla conventual. Sin embargo, no es la única noticia que guarda Estepa sobre la presencia de Juan de Mesa y sus obras en la localidad. En el archivo del cenobio de las hermanas clarisas se conserva el nombre de Juan de Mesa en un índice protocolario que confirma que las hermanas contrataron sus servicios durante los primeros años del siglo XVII.

El convento de Santa Clara de Jesús fue fundado en 1599 con el patronato de los Marqueses de Estepa. La edificación de la Iglesia conventual de Santa Clara de Jesús se desarrolla a lo largo del primer tercio del siglo XVII, encargándose en 1621 la construcción de la bóveda al maestro Mateo Orellana y concluyéndose en 1622 la construcción arquitectónica de la iglesia junto con el claustro y los dormitorios de las religiosas. El 15 de mayo el templo fue bendecido por D. Luis de Córdoba, Obispo de Málaga. Una vez que la iglesia y sus anexos fueron terminados, comenzaron los trabajos para decorar el oratorio a través de la adquisición de obras artísticas de carácter litúrgico por parte del convento. Es en este momento cuando se contrata con Juan de Mesa alguna pieza de imaginería. La pieza o piezas en sí se desconocen porque el contrato no se conserva en el Archivo de Protocolos Notariales, sólo se documenta en el índice protocolario que alude a un “finiquito de finalización de obra entre Juan de Mesa y el Convento de Santa Clara”. Se desconoce cuál fue la tarea escultórica que se le encomendó por parte del cenobio a Mesa, pero teniendo en cuenta la necesidad de decoración del oratorio de la congregación debió tratarse de una obra de marcado valor sentimental para la comunidad de religiosas.

La primera necesidad de la comunidad tras terminar las obras en 1622 fue la de instalar un monumento sacramental que garantizara un mínimo decoro en la reserva y manifestación del Sacramento, dando así cumplimiento a las Constituciones Sinodales del Arzobispo Niño de Guevara. Era el carpintero y tallista ecijano Juan Fernández de Lara, quien en octubre de 1622 se comprometía con las clarisas a realizar el sagrario y manifestador para el altar mayor, así como la guarnición de un cuadro de la Inmaculada. El sagrario se dispondría de una especie de manifestador, a la vez que servía de custodia procesional, permitiendo la exposición y adoración del Santísimo en otros puntos de la clausura. En estos años veinte del siglo XVII fue donado un Crucificado, realizado en pasta de maíz de origen hispano-americano y titular de la Vía Sacra estepeña, para la cabecera de la iglesia por el hermano de Sor Ana de San Gabriel, que se encontraba en las Indias. El Crucificado presidía el retablo mayor de la iglesia, sin conocerse más datos sobre este retablo. Solamente se sabe que Adán Centurión, III Marqués de Estepa, donó en 1642 para el retablo mayor la imagen de la Virgen del Pilar, que procedía de Zaragoza. El sagrario y el retablo mayor del templo fueron retirados del culto cuando se encarga uno nuevo a Pedro Ruiz Paniagua a comienzos del siglo XVIII. El nuevo retablo se dedicó a la devota imagen de la Virgen del Pilar, pero su configuración respondía al esquema organizativo del anterior que se mantuvo en el templo desde los años veinte del XVII. Todas las imágenes fueron renovadas cuando el retablo se coloca en 1708, excepto por una imagen de San Francisco de Asís que se decide colocar, posiblemente de nuevo, en el retablo mayor del templo y que marca la pauta para las dimensiones y morfología de otras tallas.

La talla de San Francisco de Asís, de 145 cm, se encuadra en el primer tercio del siglo XVII y se encuentra en la calle izquierda del primer cuerpo del retablo sobre una peana muy tallada y el respaldo policromado en rojo y dorado. De igual tamaño y rasgos estilísticos es la imagen de Santa Clara, situada en la calle derecha, que se fechaba también en el siglo XVII por su similitud con San Francisco, pero actualmente se considera contemporánea al retablo y realizada a semejanza de la imagen de San Francisco para asegurar así la homogeneidad del conjunto. El retablo diseñado por Ruiz Paniagua, con tres calles entre columnas salomónicas, se completa con las imágenes de San Antonio de Padua y San Pedro de Alcántara en el segundo cuerpo y un relieve de la Trinidad en el ático representado mediante la imagen de Dios Padre sosteniendo a Cristo Crucificado y sobre ellos las Paloma del Espíritu Santo, inspirado en el grabado de Durero. El retablo se remata por un cortinaje a modo de orla que cubre todo el arco y en ella se encuentran las imágenes de San Pedro, San Pablo, Santa Rita y Santa Juana de la Cruz, siendo posterior y atribuido al antequerano Antonio Ribera hacia 1715.

El Catálogo Arqueológico y Artístico de Sevilla nos dice sobre la talla de San Francisco de Asís que se trata de una “interesante talla del barroquismo sevillano”, mientras que la Guía Artística hispalense menciona que es “obra del barroco sevillano del siglo XVII”. Teniendo en cuenta la actuación de Mesa en el convento estepeño en torno a la segunda década del siglo XVII, se ha analizado la imagen de San Francisco, datada en la misma fecha, para encontrar una analogía con la obra del imaginero cordobés. Los rasgos evidentes de Mesa se pueden encontrar especialmente en la cabeza y manos del Seráfico Padre, con el característico tupé central que se hace aún más perceptible por el cabello tonsurado del santo de Asís. San Francisco se representa extasiado en la contemplación del Crucifijo que sostiene con su mano derecha mientras muestra las llagas de su cuerpo. La imagen se asimila a la talla de San Francisco que realizara su maestro Montañés para el convento franciscano de Santa Clara en Sevilla entre 1625 y 1626.

Pedro Ruiz Paniagua realizaría también en torno a 1708 los primeros retablos de la nave de la iglesia, con idéntica decoración al retablo mayor, dedicados a la Inmaculada y a San José con el Niño. La imaginería de ambos retablos junto a la portentosa imagen de la Inmaculada se atribuye a un seguidor de la obra de Pedro Roldán o a su círculo. Sin embargo, la imagen de San José y la imagen del Niño Jesús son del siglo XVII y por tanto anteriores a los retablos. Existe una donación al convento por Doña María de Córdoba, prima de los fundadores, de la imagen de un San José en las dos primeras décadas del siglo, pero por sus rasgos formarles no se considera que se trate de esta talla, sino más bien de una talla de los años centrales del XVII y se ha propuesto su catalogación en el círculo de Pedro de Mena. La talla tiene la peculiaridad de que fue realizada para ser acompañada de un Niño Jesús ofreciéndole su mano derecha, pero la talla del Niño Jesús es anterior a la de San José. Se trata de un Niño Jesús que corresponde con el tipo de Niño Jesús que Montañés difundió con su imagen para el Sagrario de Sevilla realizada en 1606. La cabellera, con el típico mechón o tupé central y los tupidos rizos, delata su ascendencia sevillana. Esta imagen está registrada como aquella imagen de Niño Jesús “que trajeron los madres fundadoras” en la primera o segunda década del siglo XVII, por lo que coincide con la presencia de Juan de Mesa en el convento estepeño y se relaciona con su obra o la de su círculo. Desafortunadamente la talla fue repintada en el siglo XX y requiere una restauración que le devuelva la policromía original que se puede encontrar bajo los repintes.

El Convento de Santa Clara de Jesús, como la mayoría de los conventos de clausura, ha guardado durante siglos numerosas obras artísticas. Lienzos, esculturas, piezas de orfebrería, obras de bordado y manuscritos llegaron al convento por adquisición o donación de los fieles y familiares de las hermanas, entre los que se encontraban los marqueses de Estepa. No es de extrañar que el convento conserve obras de diversas escuelas, destacando especialmente las obras de Luis Salvador Carmona y las tallas antequeranas del siglo XVIII. Curiosamente algunas de estas tallas se relacionan con la escuela sevillana y el círculo de Juan de Mesa. De nuevo, el nombre del imaginero cordobés aparece relacionado con obras que se atesoran en la clausura del convento.

Dña. Maria de Guzmán, primera esposa del marqués Adán Centurión, donó en 1620 la imagen de una Virgen del Rosario, sedente, de 140 cm, de influencia mesina. La imagen, muy venerada por las hermanas clarisas de Estepa, se decía que era “aparecida” y cuentan milagros que acontecieron en torno a la imagen. Las hermanas del siglo XVII contaban que hubo un momento en el que desearon deshacerse de la imagen para adquirir una imagen de la Inmaculada, pero al llegar la imagen a la puerta y posarla sobre una alfombra notaron que el rostro de la Virgen se tornaba en vergüenza por sus hijas; al momento las monjas se arrepintieron y volvieron a llevarla al convento. La Virgen lleva en su regazo la imagen de un Niño Jesús, de pequeño formato, que no pertenece a la imagen original, sino que fue donada en 1707 por Don Francisco del León Granadino por la entrada en el convento de una novicia. La imagen se conoce como el “Generalito” por estar vestido de militar en el momento de la donación y fue realizado en Málaga, relacionado con la obra de Miguel de Zayas, seguidor de Pedro Roldán.

La misma marquesa, Doña María de Guzmán, regaló al convento un San Juanito, de 56 cm, relacionado también con los postulados de Juan de Mesa. Otras imágenes de Niños Jesús que siguen el modelo del Niño del Sagrario se consideran como realizadas por algún seguidor del imaginero cordobés, como el “Bien de los Bienes”, de 67 cm, donado por Don Jerónimo de Hinestrosa en la primera mitad del siglo XVII, o el “de San José”, de 36 cm, también de la primera mitad. La segunda esposa de Adán Centurión también quiso dejar su donación particular al convento fundado por su familia. Se trata de una escultura de pequeño formato vaciada en plomo de otro Niño Jesús, esta vez dormido sobre una cruz y una calavera, y evidente influencia mesina.

En torno a la década de los veinte del siglo XVII llega a Estepa otra de las tallas de mayor devoción de la localidad. La imagen fue a ocupar la nueva ermita y hospital en la calle Mesones, en la parte nueva de la villa y fuera de las murallas del castillo donde su histórica y antigua hermandad había residido prácticamente desde la conquista de la villa el 15 de agosto de 1242. Esta primera ermita extramuros y su hospital fueron erigidos en 1616, y en torno a esta fecha se estima la llegada de su imagen titular. Se trata de la venerada imagen de Ntra. Sra. de la Asunción, patrona de la villa de Estepa. La primera referencia documentada de la imagen se daría treinta años después, en 1646, cuando se comienza la construcción de una nueva ermita, que corresponde con la actual, y para ello se necesitó trasladar la imagen de la titular a la enfermería del hospital contiguo. La iglesia se bendijo en 1652 por el vicario Gerónimo de Rivera y la imagen fue trasladada en procesión solemne, danzas, colgaduras en las calles y asistencia de gentes de toda la comarca. Ntra. Sra. de la Asunción es una imagen de candelero, para vestir, clasificada como imagen de la escuela sevillana del primer tercio del siglo XVII, pero que ha sido muy retocada a lo largo de los siglos, siendo restaurada por última vez por Berlanga Ávila en 1994. Posiblemente la imagen sea ahora una talla diferente de la que fue concebida, pero aun así se pueden observar ciertos rasgos que la relacionan con el círculo mesino, por lo que arrojamos la pregunta sobre si la hermandad de la patrona pudo contactar con el imaginero cordobés aprovechando su presencia en el convento estepeño de Santa Clara, y así encargarle la imagen titular para su nueva ermita. Siguiendo esta premisa, si en 1616 se inician las obras de la ermita y la presencia de Juan de Mesa en la villa se data en 1622, la imagen podría datarse entre 1622 y 1627, o en torno a estas fechas si la relacionamos con el círculo mesino.

La presencia en la localidad de Juan de Mesa y su círculo testiguada por el documento y las obras que se conservan en el archivo y Convento de Santa Clara y por la talla de San Juan Evangelista de procedencia sevillana engrandece sin lugar a dudas el patrimonio estepeño.

Artículos y obras consultadas:

-Catálogo Arqueológico y Artístico de la Provincia de Sevilla. Hernández Díaz, J. Sancho Corbacho, A. y Collantes de Terán, F. 1939-55

-Guía Artística de Sevilla y su provincia. Morales, A. Sanz, MJ. Serrera, JM y Valdivieso, E. Sevilla 1981.

-Inventario y Catálogo de bienes muebles de la Iglesia parroquial de Santa María la Mayor de Estepa. Martínez Avellanosa, C. Escuela Taller Rehabilitación de Santa María, Estepa 1990, Pag. 121

-Juan de Mesa en el Convento de Santa Clara de Estepa: propuesta de atribución de una imagen de San Juan Evangelista. Díaz Fernández, EA. Actas de las III Jornadas de Historia del Arte. Universidad de Córdoba, 2003

-Clausura. Monasterio de Santa Clara de Jesús. Ed. Ayuntamiento de Estepa, 1999

-A propósito de una escultura de San Juan Evangelista atribuida a Juan de Mesa en Estepa. Jordán Fernández, JA. Anuario de Historia de la Iglesia andaluza. 2012

-Restauración de la imagen de San Juan Evangelista por el IAPH. Revista de Feria de Estepa, 2003

-San Juan Evangelista en “Teatro de Grandezas”. Devociones de Estepa. 2010

-Biografía y obra de Juan de Mesa. Devociones de Estepa.

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