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Jueves Santo- Procesión del Silencio 2011

Crónica del Jueves Santo 2011

 

No es esta la crónica que yo quería ofrecer en este año. Hubiera preferido contarles el paso racheado, el suave tintineo de las bambalinas en su golpear en los varales. Deseaba yo, narrarles y hacerles partícipes del esfuerzo de las costaleras en la subida de la calle Argentina. Y que el vibrar de la banda de tambores golpease en su interior, con su paso por las calles de Monóvar. Nos habríamos emocionado recordando las suaves mecidas del palio a los sones de la marcha procesional Mater Mea, interpretada por al Agrupación Musical La Artística. Quería yo, compartir con los lectores de esta narración, un trocito de nuestro sueño. El sueño de un colectivo de setecientas personas y trece mil habitantes que lo esperaban.

Quería yo, hablarles del sueño de los despiertos.

 

La disparidad de previsiones climatológicas a lo largo de la semana, parecía disiparse a la hora en que debía celebrarse la Estación de Penitencia correspondiente al Jueves Santo. El porcentaje de lluvia era elevado, pero entre las once de la noche y las dos de la madrugada, la cantidad de agua pronosticada era baja, apenas 0,1 mm, con lo que Monóvar vería en la calle el nuevo Paso de Palio. Altar Procesional de María Stma. de la Esperanza en la noche pasional.

 

María Santísima, en su advocación de la Esperanza, lucía resplandeciente allí arriba, bajo palio, iluminada por su candelería de cirios. Se esperaba el rachear de los pies de las costaleras, el tintineo de sus bambalinas, sus doce varales meciéndose en la noche oscura del Silencio. La banda de tambores ya había acompañado al paso del Stmo. Cristo Crucificado en su salida del Templo, y por fin la Esperanza se hizo a la calle. Sus costaleras la sacaron “sufriendo”, sobre los pies, en un clamoroso silencio. Que contradicción tan grande, clamoroso silencio. Si, silencio porque no se oía ni un solo murmullo, ni la respiración de los cientos de personas que contenían la respiración, a la espera de que culminase la salida, pero clamoroso, porque sonaban los corazones palpitantes de las costaleras, que con su trabajo y devoción  querían sacar a la Madre, a cuerpo de Reina, a las calles monoveras. La capataz manda “arriba” y la banda de música inicia la Marcha Real entre aplausos, vivas y lágrimas de emoción que furtivamente, ruedan por las mejillas del público y los nazarenos.

 

Las doce estrellas de la corona de Nuestra Esperanza, se mezclaban con las del cielo que parecía despejar y el cortejo procesional encabezado por la Cruz de Guía, marchaba en una organización casi perfecta. Nunca antes había logrado la Hermandad, tal conjunción. La banda de tambores titular, seguía los pasos de la infantil, y tras ella, una nueva insignia, El Simpecado, representación Mariana por antonomasia que viene a significar el Dogma de la Inmaculada Concepción de María. Tras el paso de Cristo, principal titular de la Hermandad, desfilaban las Damas de Mantilla, la representación de la Junta de Gobierno de la Hermandad, y la representación de las Cofradías y Hermandades que conforman la Junta Mayor de Cofradías de Semana Santa de Monóvar. Precediendo al paso de palio, encabezaba una segunda presidencia de invitados con motivo de la salida de María Stma. de la Esperanza, formada por             D. Fernando Antón Botella, Hermano Mayor de la Cofradía del Ecce Homo de Aspe;     D. David Vera, en representación de la Hermandad del Stmo. Cristo del Mar de Alicante; Dª Francisca Parreño Coloma, Concejal de Cultura del M. I. Ayuntamiento de Monóvar; Dª Asunción Hurtado Pérez, Madrina de la Virgen de la Esperanza. Tras ellos, D. Salvador Poveda Bernabé, Alcalde del M. I. ciudad de Monóvar; D. Rafael Maluenda Verdú, Vicepresidente Primero de las Cortes Valencianas; D. Enrique Marhuenda Bellot, Hermano Mayor de la Hermandad y D. José Ríos Armero, Presidente de la Junta Mayor de Cofradías de Semana Santa de Monóvar.

 

Todo transcurría según lo previsto. Los diputados de tramo, encargados de la organización del cortejo habían previsto cuatro escapadas en caso de que apareciese la temida lluvia. Pero después de la emocionante subida de la calle Argentina, a los sones de la marcha procesional “La Madrugá”, nos adentrábamos en la zona más peligrosa. El ritmo era bueno, tras dos horas de procesión, habíamos llegado a la calle Segura y allí empezaba el peligro, ya que no había ninguna salida, en caso de lluvia había que continuar.

La Plaza de Stmo. Cristo Crucificado estaba abarrotada de fieles deseosos e impacientes. El paso de Cristo estaba llegando, sonaban los tambores con una adaptación de “La Saeta”, solo cabía esperar la llegada de su Madre para poner en escena el pasaje evangélico que representan nuestros Titulares; “Mujer he ahí tu hijo…he ahí tu Madre”. Allí debía sonar la marcha “A ti Manué”, como antes lo había hecho, “La Madrugá”, “Reina de San Román”y “Mater Mea”. Pero quien apareció fue una terrible tromba de agua que apenas nos permitía ver el asfalto. Los diputados de tramo, dieron la orden para que rápidamente se enfilara la calle Mayor en dirección a la Arciprestal de san Juan Bautista. En el camino, un nutrido grupo de amigos, familiares y vecinos, animaban con vivas a la Stma. Virgen, aplausos y gritos de ánimo a las costaleras que pusieron un duro ritmo para salvaguardar nuestros enseres del impresionante río de agua que bajaba de los barrios altos de la ciudad.

 

Ya todo se había consumado. Una vez nuestros Titulares se encontraban a resguardo, estallaron las emociones contenidas en el interior de los nazarenos que aguardaban en el interior del Templo. Los abrazos, lágrimas, lamentos y abatimiento habían hecho mella en todos los presentes, y heridos en nuestro interior más intimo, no podíamos perder el tiempo y nos pusimos manos a la obra para secar al Cristo, su paso, dañado en su dorado, y el paso de palio, que aunque es impermeable en su techo, podía sufrir daños en sus varales, tanto del palio, como los de carga.

 

Esta es la crónica de una noche que empezaba como un sueño y terminó en pesadilla. Pesadilla que ha dejado heridos nuestros ánimos, aunque debemos sobreponernos, si Cristo cayó tres veces, también nuestra corporación ha de levantarse, e inmediatamente después, agradecer a todo el pueblo de Monóvar, su ayuda, aliento y ánimos mostrados en estos días, empezar a reparar los daños y preparar la Semana Santa del 2012.

 

Pablo Jaén.

 

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