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La habitación está a oscuras, aunque hace ya varias horas que me acosté no soy capaz de conciliar el sueño, la batalla de la incertidumbre del alma ha ganado al sueño. Hace calor, por las rendijas de mi persiana media subida se filtra la luz de la calle, es el tercer domingo de agosto. Antes que suene es despertador me incorporo, mi corazón no cesa de palpitar con fuerza, y mi intranquilidad va en ascenso. Me dirijo al salón, allí está la silla, aquella que me aguarda siempre, aquella que sabe sostener mi pantalón y camiseta blanca, con su escudo en el centro de la espalda, esa que después sudaré en mi pecho. A sus pies las clásicas reebook de toda la vida ya tienen perdido el dibujo de tanto racheo, la suela rehundida por el talón deja ver las marcas de algún que otro adoquín. Pero con Ella no caben las prisas. La medalla, de gran tamaño y con el cordón desgastado y la anilla oxidada, la dejo en casa, no soy más hermano o devoto por llevarla, la medalla ya me la pone Ella en mi cuello.
Bajo a la calle y me dirijo a la parada de taxi. "a la Cinta, por favor, pero pasese por la Merced antes". En la catedral recojo a algún compañero. LLegamos al Santuario, antes de nada una visita a Ella, a la del muro, y a su icono procesional, un rezo, una plegaria por mi gente. Tras el desayuno para espabilarme, y tras entrar en el patio porticado y encalado, repleto a pesar de la temprana hora, salgo a los jardines, alli estamos casi todos. Este año nos toca la salida a la baja, y mi alma sigue sin entrar en caja. Los rezos dentro de la iglesia, y la llegada de los campanilleros que dispuestos al lado de la puerta hace que mi cuerpo comience a tensarse un poco más. Entre silencios y algún comentario para romper la tensión nos hacemos la ropa. Nos repartimos las rodilleras, una señal de la cruz, una mirada a su espalda, y a meternos en sus mismas entrañas. El costero izquierdo de tercera me espera, el sudor cae por todas las partes de mi cuerpo y aun no he hecho nada.

Comienza a voltear las campanas, ese sonido inconfundible nos despierta aun más, el momento está ya cercano. "Con suavidad" nos dice Jota entre otras muchas frases que por la tensión no soy capaz de asimilar, intento ser lo mas "profesional" posible, e intento tener la cabeza fria. "poco a poco de frente", cuando la segunda está en el escalón del dintel se escucha "los dos costeros a tierra poco a poco", vamos bajando poco a poco hasta esa justa distancia en la que las piernas se vencen y se clavan las rodillas en los centarios ladrillos de adobe del escalón. No es mucha distancia pero se hace eterna. En el momento en que su baldaquino sale completamente, nos paramos recuperamos la verticalidad poco a poco, y recuperamos el aliento. En ese preciso momento los campanilleros comienzan a cantar su salve, y con su juego de campanillas vamos cogiendo el son cintero. Aquí no hay bandas, es un traslado. Pero esos benditos hombres van haciendo paraditas por su camino para cantarle a Ella. Todos los años los mismos lugares, y en cada uno de ellos la multitud espera el encuentro. Atras quedan los años de la mano de mi padre y mi madre en que en pantalones cortos no eramos más de unos cientos los que acompañabamos a la Patrona en su bajada a la ciudad.
Antes de salir de la plaza de la cruz de los angeles, una despedida inebitable, ante sus Hermanas Oblatas. Nada más salir, se ciñen a los costeros las mujeres mas devotas, algunas descalzas. Aun es de noche, pero la amanecida por el conquero el mágica, la tenue luz traspasa la plata de sus respiraderos, los esteros del Odiel se estremecen, y las aguas en calma se erizan cuando ven su carita.

El obispado está cerca, y tras una apretada entrada en su recinto, Don José baja la escalinata, en su piel se está entrevedando la Onuba más choquera. Su bendición sabe a gloria. Continuamos por esa cuesta del Rabida, como aqui la conocemos. Cada vez más gentio rodea a la Virgen Chiquita. Juan Ramón Jimenez, impasible observa el resplandor de la devoción de un pueblo marinero que siempre se sintió guiado por esa estrella del conquero. Después todo comienza a pasar más rapido. La hermandad de la Buena Muerte en su casa hermandad, Las campanas de San Pedro, sus hermandades, frente a frente a un sol que comienza a castigar de verdad. Pero bajo Ella da igual, todo es entrega, todo es devoción, hasta las palmeras del Paseo Santa Fe se inclinan hacia Ella, y allí, al fondo de la calle, la Purisima Concepción te aguarda para tu novena. Los campanilleros forman ante Ella, y de espaldas cantan sin cesar sus coplas, sus fandangos. Este momento es para vivirlo, es indescriptible, hasta que no se posan sus zancos en el amarmolado suelo, no hay descanso. Bendita eres madre, a pesar de todo, a pesar del cansancio, y después de la batalla, ya empiezo a estar impaciente de nuevo.

No creo ni si quiera que haya podido ni posar el pincel sobre el lienzo que es la bajada de mi patrona, os aseguro que es indescriptible. Y con el nudo en la garganta os invito a que vengais a verlo el proximo día 16, solo ver amanecer desde el conquero es un privilegio.

Gracias.

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Comentado por anabel en agosto 20, 2009 a 1:40pm
otro año más que me lo perdi pero para el año que viene no hay duda que estare hay que enseñarle al gaditano poco a poco la magia que tiene nuestra tierra y me tienes qeu ayudar Javi que sabes que yo al andar lejos de ella ando algo desconectada.
Comentado por ANGEL TRIANERO en agosto 9, 2009 a 9:11pm
Muchísimas Gracias por acercarme las maravillas que encierra la Huelva Cofrade,lo has narrado con un sentimiento y pasión verdaderamente indescriptible.Un abrazo muy fuerte y te animo a que sigas escribiendo y deleitándonos Hermano.
Comentado por paco gutierrez en agosto 9, 2009 a 4:43pm
javi esta genial y has trasladado perfectamente lo que siente un costalero y un choquero ese dia
Comentado por Margarita Vidal Alvarez en agosto 7, 2009 a 8:32pm
Siempre que he escuchado "los cuatro costeros a tierra" he prestado muchísima atención porque sé que es una maniobra dificil,`pero hoy con tu descripción lo he vivido desde dentro y ha sido...!impresionante!
Comentado por Sergio Moreno Rasco en agosto 7, 2009 a 7:37pm
que lo pases, aunque con el nudillo ese en el estomago, pero bien. Ese nudo siempre está cuando uno disfruta de lo que hace a la vez, tiene la responsabilidad de hacerlo bien. Viva Huelva su virgen de la Cinta , la Patrona de las Cofradías.
Comentado por Sergio Moreno Rasco en agosto 7, 2009 a 7:36pm
Me alegro de tus palabras. Yo no soy cintero auntue una vez lo vivi cantando en el coro de campanilletos, pero si que en tus palabras se siente lo que vives. Felicidades y
Comentado por cantillanacofrade en agosto 7, 2009 a 6:48pm
mis felicitaciones, te ha quedado que ni pintado
Comentado por Costanilla de Sanandrés en agosto 7, 2009 a 4:46pm
¡Bien! Creo que lo has descrito muy bien. Sin conocer nada de lo que cuentas me has metido en el ambiente por completo y he llegado a sentir las emociones que narras. Muy bien.
Comentado por Mila en agosto 7, 2009 a 3:40pm
Felicidades, Javi. Son momentos que hay que vivirlos y los has descrito de maravilla. Espero que despues de que lean tu blog, seamos mas este año en la Bajada. Hasta el 16.
Comentado por José Antonio en agosto 7, 2009 a 2:58pm
Felicidades por la entrada, qué difícil es narrar algunas veces. Un abrazo!!!

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