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La primera capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno fue realizada en 1640 en la Iglesia de San Sebastián, correspondiendo con la actual capilla de la Hermandad del Santo Entierro. Hacia 1806 el Hermano Mayor D. José Valderrama y Rodríguez de la Torre expresó el deseo de los hermanos de ampliar la capilla, por lo que se intercambiaron con la capilla que poseía la Hermandad de la Soledad y se iniciaron las obras de ampliación de la capilla, según se cuenta en los archivos de la Hermandad de Jesús Nazareno:


“… siendo Hermano Mayor D. José Valderrama y Rodríguez de la Torre, por el año 1806, al regresar esta cofradía después de haber acompañado a la procesión del Santísimo en el Domingo de su octava, para ser obsequiados sus acompañantes según costumbre en la casa de dicho Hermano Mayor que entonces era la señalada hoy con el número 8 de la Calle Nueva, surgió de entre ellos la necesidad que había de una capilla y camarín que tuviera espacio suficiente para que la imagen de Jesús fuera venerada y adornada como correspondía, dada la mucha fe que por Él sentían los hijos de este pueblo, supuesto que la capilla que en aquel entonces tenía era muy reducida y carecía de camarín, quedando por esto la efigie sin lucimiento alguno; ignoramos lo que en aquella reunión sucediera, solamente sabemos que el obsequio o convite se prolongó por algunas horas y que a los pocos días comenzó la obra del camarín, que estuvo a cargo del maestro Antonio Leiva Cano, el cual recibió de dicho Hermano Mayor Sr. Valderrama, la cantidad de 14.058 reales por los trabajos que durante su presidencia había realizado. Como la cantidad antes citada no fue bastante para terminar la obra emprendida, al entregar el antedicho señor la Hermandad a su sucesor, quedó suspendida la obra hasta el año 1817, en el que siendo Hermano Mayor D. Juan del Castillo, la concluyó el maestro D. Pedro Durán, costando esta segunda y última parte 11.287 reales, llegando a importar el total, 25.345. Esta última obra duró dos meses y consistió en poner la bóveda de piedra de que está hecha la media naranja, sobre la que está la viguería que sostiene el tejado, quedando entre esta y aquella una pequeña cámara perdida. La veleta que corona el tejado se colocó el año 1818, fue hecha por el maestro armero de Estepa D. Antonio Tamarit que llevó por ella 200 reales”.

Las obras de la capilla fueron concluidas, por tanto, en 1817, colocándose un año después la veleta en el tejado, según se cuenta en las crónicas de D. Antonio García Almansa y otras fuentes como el catálogo arqueológico y artístico de Estepa. Al parecer, la imagen de Jesús Nazareno fue trasladado más tarde al mismo, debido a que las terminaciones de la capilla no eran totalmente del gusto de sus cofrades y no efectuaron el traslado hasta adecentar totalmente la capilla.

La capilla diseñada comprendía un camarín al que se accedía por una puerta de entrada en la pared sur, llegando a ella por un tramo de escalera que se situaría en el lugar en el que hoy en día se encuentra la escalera que sube al coro. Una vez en su interior quedaba una cristalera que daba vista a la capilla. En el centro se colocaba la Sagrada Imagen de Jesús sobre su trono antiguo y detrás se colocaría después el Cirineo que le ayudaba a llevar la cruz. El camarín constaba de planta cuadrada y sus paredes tenían zócalo imitando jaspe en color grana y negro en cuyas pilastras de estilo renacentista descansaba la cornisa y por encima de esta una bella cúpula de media naranja en cuyas pechinas se destaca en relieve los distintos atributos de la Pasión. El arco del camarín lo cerraba un artístico altar de estilo neoclásico. Justo debajo de este espacio se abría una zona totalmente hueva que hoy aún persiste y a la que se accede desde el exterior de la Iglesia por una puerta de la Capilla, una vez dentro se puede contemplar una pequeña sala que en otros años ha servido para celebración de cabildos o como pequeño almacén para guardar enseres. En 1866 se coloca la verja de hierro de la capilla con la leyenda: “Se hizo en 1866 siendo Hermano mayor Don Francisco González Lauro”.

En los siguientes siglos se llevó a cabo varias reformas que han llevado a la capilla a tener su configuración actual, destacando la restauración de 1944 y la reforma de la capilla en 1975.

En 1975, durante el gobierno del Hermano Mayor don Eloy Machuca Jiménez, se inicia la reforma de la capilla, a cargo de la constructora de don Luis Martín Jiménez. Con la intención de ampliar la capilla para dar más cabida a los fieles de Jesús Nazareno, se elimina el camarín en esta última intervención y se sustituye el retablo neoclásico por uno de estilo barroco, respetando la nave con bóveda de cañón decorada con casetones de yesería y la cúpula de la capilla que ahora quedaría sobre el altar.

El retablo neoclásico, fue a su vez, desmontado para dar uso a las piezas que lo componían en la iglesia y en la Casa Hermandad. Las columnas neoclásicas se sitúan a los pies del Altar Mayor de San Sebastián, siendo utilizadas por las hermandades de la parroquia para adornar el altar durante sus cultos. La cristalera y el marco por donde se admiraba la devota talla de Jesús Nazareno fueron trasladados a los salones de la Casa Hermandad, adaptándose a un mueble vitrina como puerta de apertura que custodia el “Sine Labe Concepta” de la corporación.

El nuevo retablo del altar mayor de la capilla fue realizado en madera tallada y dorada por Don Antonio Díaz Fernández, destacado tallista sevillano que realizó en Estepa diversos proyectos, como los pasos de salida que poseen actualmente El Santo Cristo Amarrado a la Columna (1974), “El Niño Perdío” (1974) y San Pedro Apóstol (1981). El retablo es de estilo barroco y cuenta con tres cuerpos. En sus calles destaca la central con su hornacina flanqueada por artísticos estípites que alberga en su interior a Nuestro Padre Jesús, en las dos de los lados podemos observar en sus basamentos los ángeles ceriferarios que adornan el paso de Nuestra Señora de Los Dolores y que fueron realizados por don Manuel Escamilla Macías, imaginero estepeño del siglo XX que realizó el portentoso crucificado de la Hermandad del Calvario. En la parte inferior o banco del retablo tenemos el Sagrario con bella puerta labrada en plata donde aparece en relieve el Buen Pastor, simbología alusiva a la Eucaristía. En el centro del ático de la obra campea el escudo de la Hermandad. Toda la estructura del retablo queda abierta en medio punto y embutido en la embocadura del antiguo camarín. La mesa del altar también fue ejecutada por el referido tallista Antonio Díaz.

Proyecto no llevado a cabo para

el retablo de la Hermandad. 1975

La capilla custodia también otros dos retablos antiguos del templo. En el muro de la Calle Corrientes se levanta un bonito retablo del siglo XVIII que perteneció antiguamente a la Virgen de la Soledad cuando era la titular de la capilla. Este retablo es de una sola calle, coronado de ángeles lampareros y crestería, y decorado por dos estípites que abren la hornacina donde rebite culto la titular mariana de la Hermandad, Nuestra Señora de los Dolores. Este retablo fue restaurado en 1857, en 1975 y recientemente por Concha Martínez de Abellanosa.

Justo frente al altar de Jesús tenemos otro retablo barroco, cuya fecha aproximada puede ser finales del XVII y cuya ubicación antigua era el trascoro de la Iglesia, donde figura la talla moderna de San Juan Evangelista, imagen que antiguamente procesionaba junto a la Virgen de los Dolores en el paso de palio antiguo. A ambos lados de la hornacina que alberga al apóstol tenemos basamentos con pequeñas esculturas de San Marcos y San Lucas.

Dentro del lugar sagrado podemos contemplar entre otros enseres y reseñas la Cruz que porta Jesús Nazareno el Viernes Santo, la bendición apostólica del recinto por parte de su Santidad Juan Pablo II en el año 1983 y pliego de 200 días de indulgencias a quién con devoción y fervor rece en la capilla de la Hermandad, expedido en 1912 por el Arzobispo hispalense Enrique Almaraz y Santos. Además, cuenta con la bula pontificia de Pío VI, otorgada en 1781 por petición de los devotos y cofrades de la Hermandad y que concede indulgencia plenaria a favor de aquellas almas por las que se aplique el santo sacrificio de la misa en el altar de la capilla que está dedicada a dar culto y alabanza a Nuestro Padre Jesús. El texto de la Bula, cuyo original se encuentra en el archivo parroquial, está reproducido y traducido en la entrada a la capilla y puede consultarlo aquí.

Por este motivo, los tradicionales tres toques que avisan a los fieles para la misa que se celebra todos los Viernes del año en la capilla suenan a Agonía. La Hermandad precisamente establece en sus reglas, en la disposición 14º, que “todos los viernes del año se celebrará ante el Altar Privilegiado de Nuestro Padre Jesús la Santa Misa, aplicándose la del Primer Viernes de cada mes por los hermanos vivos y difuntos y las de los restantes viernes por la intención de los hermanos que así lo soliciten, los cuales vendrán obligados a costear el estipendio correspondiente. Fallecido un hermano, se le aplicará la Misa del primer viernes que fuere posible, dando cuenta, con la debida antelación, a los familiares del difunto y Hermano Mayor. Del mismo modo, con intención por las Benditas Ánimas y los hermanos difuntos de cada año se celebrará Misa Solemne el segundo viernes del Mes de Noviembre”.

 

Fuente y artículos consultados:

-La capilla de la Hermandad: 200 años de un altar privilegiado. Pérez Matas, R. Cruces y Luces. 2018

-La Bula Pontificia de Pío VI. Devociones de Estepa. 2019

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