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La devoción mariana de los franciscanos de La Orotava: Ntra. Sra. de la Caridad

En 1510, Don Bartolomé Benítez Pereyra de Lugo, Regidor Perpetuo de Tenerife, y sobrino del Adelantado Alonso Fernández de Lugo, fundó en los aledaños de su casa principal de La Orotava, la ermita de San Lorenzo(1). Sería entorno a ésta, donde a la postre, en 1519, se asentaron los Padres de la Orden de San Francisco, primera congregación conventual establecida en nuestra Villa(2).


La principal devoción mariana de los franciscanos de La Orotava fue Ntra. Sra. de la Caridad, una advocación representada en la imagen que aun hoy en día veneramos, y que antaño presidía el retablo de la capilla mayor del convento(3), desgraciadamente devorado por las llamas en el incendio de 1801. Procedente de Sevilla, y en fechas anteriores a 1636, tal como recoge Fray Juan Mireles en su Libro de los milagros de la prodigiosa imagen de Nuestra Señora de la Caridad, que se venera en el convento del Señor S. Lorenzo de la Villa de La Orotava(4), llegó la efigie al convento de San Lorenzo. La fecha hace referencia al primer proceso eclesiástico, iniciado para investigar un milagro que realizaría la imagen, relatado en el texto del fraile, que además cita su lugar de procedencia.

Tal como argumenta Trujillo Rodríguez, la imagen debió haber llegado algunas décadas antes, puesto que el nacimiento de una ferviente devoción, es un proceso que se va gestando poco a poco. Esta hipótesis queda refrendada por la obra de Mireles, ya que comienza su relato sobre sus prodigios desde 1615(5). No es inverosímil pensar que a principios del siglo XVII la imagen conocería su creación, quizás en alguno de los talleres más afamados de la ciudad hispalense, dada la buena calidad que presenta la obra. El citado profesor apunta a Ocampo o Montañés, decantándose por éste último como posible autor, a tenor de las características formales de la escultura, especialmente por su expresión(6). Sin querer contradecir este argumento, conviene señalar que los modelos montañesinos hicieron “fortuna” en la Sevilla del Seiscientos, propagándose rápidamente entre los artífices de la escultura. Además, dichas formas ya tuvieron en Jerónimo Hernández un celebrado precedente, con lo cual, debemos ser cautelosos a la hora de asignar una posible paternidad a la imagen de la Caridad.

La Virgen de la Caridad es una talla de vestir, en madera policromada. Posee un candelero desarrollado, en forma de falda cónica, que presenta interesantes ornamentos estofados, imitando los brocados de damasco. Destaca la delicada expresión del rostro, una mirada maternal que expresa ternura, con un atisbo de tristeza o melancolía, que quizás pretenda conectar con las rogativas de aquellos fieles que acuden a Ella en momentos de dificultad. La nariz recta, la suavidad de los pómulos, o la graciosa comisura de los labios, son otros rasgos que destacan en la imagen, creando un conjunto muy armónico en el rostro, que no está exento de belleza, y que en mi opinión, es lo más interesante de la escultura.

Por el contrario, el tratamiento del cabello es un tanto somero, donde el trabajo de talla se centra en la parte delantera. La frente muestra un arranque central de la cabellera, desde donde parten gruesos mechones, dispuestos simétricamente a ambos lados de la cabeza, recogidos detrás del cuello. Un recogido que sólo queda esbozado, ya que al ser una imagen de vestir, nunca quedaría visible. De los cabellos asoman los lóbulos de las orejas, que se pueden adornar con pendientes. El cuello es largo y estilizado, lo que otorga al rostro un matiz elegante. Las manos presentan un juego de dedos, quizás excesivamente largos, en los que se puede apreciar cierto hieratismo, muy típico de las imágenes de principios del siglo XVII, donde aún no se ha alcanzado el dinamismo de las manos de obras cronológicamente posteriores. En la mano izquierda sujeta al Niño Jesús, de creación menos delicada, que ha sido objeto de especulaciones sobre una posible autoría distinta a la de la Virgen, aunque esto último no viene avalado por referencia documental alguna. La mano derecha, con la palma hacía el interior, presenta los típicos hoyuelos en el arranque de los dedos, un detalle interesante a destacar. A mi juicio, se trata de unas manos un tanto flojas e inexpresivas, si tenemos en cuenta que el escultor omite los huesos o las arterias, que ni siquiera insinúa, y prescinde de cualquier sensación de movimiento. Fue intervenida por Nicolás Perdigón Oramas, en 1909, tal como reza una inscripción suya en la espalda de la imagen.

La imagen de la Caridad, como hemos dicho, presidió la iglesia conventual desde su llegada, y fue honrada en su festividad con procesiones y romerías(7), de todo lo cual nos han quedado referencias documentales importantes. Fray Juan Mireles nos dice que fue la primera imagen mariana que veneró el pueblo de La Orotava. Si a esto añadimos la gran cantidad de milagros y prodigios que en su libro se relatan, no es de extrañar las noticias que han llegado acerca de los solemnes cultos que recibió en San Lorenzo. Los primeros datos sobre su cofradía nos remiten al año de 1649, cuando se produce un pleito judicial contra sus mayordomos debido a irregularidades en la administración de la misma(8). Dicha cofradía contaba con un buen ajuar que ayudó a engrandecer los oficios en honor de la Santísima Virgen. De todo ello, nos han quedado algunas referencias interesantes, de las que se destaca el inventario estudiado por Lorenzo Lima, realizado en la casa de la familia Urtusaústegui, el 20 de abril de 1852(9). Como se nos explica en este interesante trabajo, tras la desamortización, la cofradía logró conservar durante algún tiempo más, sus alhajas y enseres, ya que eran de su propiedad(10). Pero su culto, que conocería su más alto grado de esplendor durante los siglos XVII y XVIII, comienza a padecer enormes dificultades durante la centuria decimonónica, temiéndose incluso por su total olvido y abandono. Ni su inteligente traslado al convento de San José, en 1836, ni tampoco a la parroquial de la Concepción en 1853, pudieron evitar dicha decadencia(11).

La sociedad comenzó a cambiar de mentalidad, y todas las manifestaciones religiosas conocieron una época de crisis profunda. Las fiestas del Corpus decayeron en gran medida, y los beneficiados de la Concepción pidieron las joyas y los objetos de culto de la Virgen de la Caridad para reformar las Andas del Corpus, añadiéndole las gradas realizadas en los talleres de la familia Acosta, con el fin de devolver la opulencia a esta fiesta. En esta época la imagen se hallaba en las Claras, pero su patrimonio estuvo custodiado en la casa familiar de Don Lorenzo Urtusaústegui, mayordomo de la cofradía, y más tarde por su viuda Doña Antonia de Urtusaústegui. A ésta última no le quedó más remedio que ceder ante la petición de los párrocos de la parroquia matriz, y el patrimonio de la Virgen de la Caridad quedó seriamente diezmado. Gracias al inventario que se practicó en el momento de la entrega de los enseres, podemos hoy conocer lo que en esta época le quedaba a la imagen, reflejo de la gran riqueza que debió poseer estando en el convento.

Estando todavía la imagen de la Caridad en el cenobio franciscano, su culto decaería en favor del auge de otras advocaciones, como la Virgen del Carmen, que a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, fue ganando terreno gracias al patronato de la familia Franchy, y a que su cofradía estaba unida a los ambientes más populares y menos elitistas(12). De todos modos, el caso de la Virgen de la Caridad no fue exclusivo, ya que por la misma situación de crisis pasaron la Virgen de Gracia, del convento agustino, y la Virgen del Rosario, del dominico. No sería hasta 1884 cuando retornaría la imagen de Ntra. Sra. de La Caridad a San Francisco, gracias a la iniciativa de las Hijas de la Caridad, pasando el testigo a su restablecida cofradía en décadas ya más recientes.

La Virgen de la Caridad fue un icono de devoción mariana dentro del claustro franciscano de la Villa, y la prueba está en que nunca sustituyeron su imagen por otra más acorde con los gustos decimonónicos, afines al neoclasicismo ilustrado. La cofradía del Carmen, que rivalizaba con la Caridad, y que poseía una antigua efigie, también procedente de Sevilla de donde llegó en 1689(13), sí sintió la necesidad de renovar su imagen titular. De ahí que contemos actualmente con la imagen de Ntra. Sra. del Carmen, venerada en la parroquia de San Juan Bautista, atribuida tanto a Luján Pérez como a Fernando Estévez. Por tanto cabe pensar que, si bien la Virgen del Carmen comenzó a gozar de un mayor fervor popular, la Virgen de la Caridad seguía siendo el referente de las oraciones de los frailes.


Iván García Sosa
Licenciado en Historia del Arte
Universidad de La Laguna




1 HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Manuel. Los conventos de La Orotava. ED. Idea. Santa Cruz de Tenerife. 2004. p. 36.
2 Ibíd. p. 35.
3 TRUJILLO RODRÍGUEZ, Alfonso. San Francisco de La Orotava. ED: Instituto de Estudios Canarios. Serie: Monumentos de Canarias. La Laguna, 1973. p. 53. -La ubicación de la efigie en retablo de la capilla mayor del convento la conocemos gracias al libro que, sobre sus milagros y prodigios, realizó fray Juan Mireles en 1737, una obra fundamental para conocer de un modo más aproximado la importancia de su culto y devoción a lo largo de los siglos XVII y XVIII-.
4 Impreso en Cádiz, en 1737, por Jerónimo Peralta.
5 LORENZO LIMA, Juan Alejandro. Sobre la Virgen de la Caridad y sus milagros. Algunas reflexiones en torno al libro de fray Juan Mireles. En el programa de la Festividad de Ntra. Sra. de La Caridad. La Orotava, 2006. s/f.
6 TRUJILLO RODRÍGUEZ, Alfonso. Op. cit. p. 53.
7 LORENZO LIMA, Juan Alejandro. Op. cit. s/f.
8 TRUJILLO RODRÍGUEZ, Alfonso. Op. cit. p. 53.
9 LORENZO LIMA, Juan Alejandro. El ajuar de una dama: joyas y tejidos de Nuestra Señora de La Caridad en el siglo XIX. Programa de la Festividad de Ntra. Sra. de La Caridad. La Orotava, 2001. s/f.
10 Ídem.
11 LORENZO LIMA, Juan Alejandro. Ntra., Sra., de La Caridad: breves aspectos sobre su culto en el siglo XIX. Programa de la Festividad de Ntra. Sra. de La Caridad. La Orotava, 2002. s/f.
12 HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Manuel. Op. cit. pp. 99 y 100.
13 Ibíd. p. 100.

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Comentado por Hatuey Campos Hernandez en septiembre 28, 2010 a 5:43pm
Interesantísima entrada, muy documentada, sólo queda darte las felicidades por este trabajo en el que nos has dado a conocer la historia de esta imagen. Un saludo desde Aguere.

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