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Cuando uno se marcha de su lugar de origen, inicia una nueva vida lejos de lo que siempre ha querido. Su casa, sus amigos, su gente y su cofradía. Dicen que la distancia enfría las relaciones, sobre todo, en aquellas en las que mandan los sentimientos. Los estudios o el trabajo han hecho que muchos cofrades nos hayamos ido de este Jaén apático pero nazareno por los cuatro “costaos”. De un Jaén que, a pesar de su letargo, vive la Semana de Pasión con la mezcla de los sabores andaluz y castellano que le diferencia del resto y que le hace especial.

Cuando uno se va lejos, empieza a echar de menos cuestiones muy singulares. Los ensayos costaleros a los que no iba por pereza, los cultos a los que no asistía por desconocimiento, y las reuniones de las que se escaqueaba por desidia. Se añora todo, hasta lo más sencillo. Cuando el vacío de los kilómetros no te permiten respirar el incienso o la cera quemada, es cuando el sentimiento cofrade surge como si de un pozo de emociones se tratara y desprende su agua en forma de lágrimas. Pequeños llantos por no estar con los tuyos, con tu gente, con tu hermandad y con tu Cristo.

Aunque si hay un momento en el que la distancia magnifica esa pena es en Cuaresma. Hoy, no puedo estar con vosotros, piensas en tu soledad mientras escuchas las marchas que tus hermanos ensayan bajo el paso. Hoy, no puedes oír la madera que cruje como un barco que zarpa por las estrechas calles de un barrio jaenero y humilde, pero sabedor de su tesoro. Frío y silencio en las noches de invierno que se abre paso a la primavera en la que renace la vida, ¡Oído costero, oído corto! Voces de mando que imaginas y a las que respondes con un, si yo estuviera.

La distancia que tanto te separa, es a la vez, el mejor nudo de unión. Cada vez que regresas, acudes a tu Hermandad para, por lo menos, verlos a Ellos. A Cristo y María, a Piedad y Estrella. Imágenes que van contigo al fin del mundo, y de las que te despides cada noche con un beso de hasta pronto, hasta mañana.

Tal vez, la grandeza de los sentimientos es que son imprevisibles, y no se pueden dirigir a través de la razón. Por eso, la distancia que tanto rompe, que separa y que aleja, a mí me acercó mucho más a esta Hermandad. Y por lejos que esté, en mi corazón no habrá más que una Estrella que me guiará siempre hacia la Piedad de mi Cristo.

Juan Luis Plaza
Periodista cofrade

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Comentado por Lourdes en febrero 20, 2009 a 6:33pm
PRECIOSO, cierto es, siempre nos acordamos de las personas cuando ya no nos acompañan, gracias por recordarnoslo.
Comentado por Manuel Jesús en febrero 18, 2009 a 5:53pm
Tio esto es la pura verdad,yp este año no puedo estar debajo de la Piedad de nuestro Cristo por que su madre necesita que mis acordes la hagan olvidar ese llanto de agonia que ve como su hijo e spresentado un pueblo que por miedo lo rechaza,este año tampoco estaré contigo en ese primer turno encallando los dientes cone sas levantás al cielo con esos 5 pasitos en esa salida para presentarlo asu pueblo que lo ama desde lo mas profundo de su corazon,este año os pido una levantá por mi que estare con su madre intentando consolarle el llanto que tiene por su hijo

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