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LA HERMANDAD DE NUESTRA SEÑORA DE LA FUENT SANTA DE ESTEPA

En 1705. D. Lorenzo de Andújar Ferrer Centurión y Arostigui, Vicario General y Juez Eclesiástico ordinario de la villa de Estepa entre 1685 y 1708, solicitó a todas las cofradías de la villa que presentaran sus documentos. Por ello conocemos la existencia de 29 cofradías en aquel año en Estepa. En esta lista de hermandades y cofradías se nombra la Hermandad de Nuestra Señora “de la Fuent Santa”, sin que se tenga más datos ni otros documentos sobre la presencia de esta hermandad en alguna de las iglesias de Estepa, pero que tuvo que estar establecida ya que presentó sus documentos. Debió tratarse de una hermandad fundada a finales del siglo XVII o principios del siglo XVIII, sin que llevara a cabo la práctica del rezo del rosario público puesto que en este mismo documento se menciona a las hermandades del Rosario de la villa, la “Vera Cruz” y el “Santo Cristo de la Sangre”, en referencia a las iglesias donde estaban establecidas y que corresponden con las hermandades de los Remedios y del Carmen respectivamente.

Aunque no existe otro documento sobre la hermandad, se conoce que la devoción a Nuestra Señora “de la Fuent Santa” estuvo presente en nuestro pueblo, relacionada con la historia que se contaba sobre un pobre jornalero llamado Juan Martín Formariz. Este hombre se encontraba una noche en el cortijo del Almajar, situado entre las localidades de Lora de Estepa, Casariche y la pedanía de Rigüelo, cuando llegaron unos hombres enviados por otro que estaba en presidio. Estos hombres le obligaron a darles ayuda en la tarea de agotar el agua del pozo del referido cortijo. Logrado su intento, sacaron del fondo unos cajones de dinero y dieron una parte de él a Formariz, quien, sin duda, por cargo que le hiciera la conciencia respecto al origen de aquel caudal, decidió invertirlo en obras piadosas. Una de estas obras fue la traslación de la ermita del Santo Cristo de la Sangre y el hospital a la esquina de Santa Ana con calle Mesones, conocida como calle de Gitanos. La nueva iglesia fue levantada y dedicada al lienzo del Santo Cristo de la Sangre, que se veneraba en el altar mayor, y el nuevo hospital llegó a ser conocido como El Cotarro. La otra obra fue la reedificación del santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta, situada en la localidad de Corcoya y perteneciente al municipio de Badolatosa.

El culto a Nuestra Señora de la Fuensanta es uno de los más antiguos de nuestra comarca, iniciado en el año 1383 después de una aparición de la Virgen. Un vecino de Badolatosa, buscando un médico que fuera capaz de curarlo, pasó por estos andurriales de la Sierra Cabrera y se le apareció la Virgen, que le dijo como sanaría de sus males: bebiendo del agua del arroyo y bañándose en él. Cuando el hombre notó que había sanado, regresó a su pueblo y comentó entre los vecinos lo ocurrido. A partir de entonces se inició la peregrinación al lugar, pero la Señora no volvió a aparecer. El 8 de septiembre del mismo año, un pastor de Alameda, Francisco Gómez, que venía observando cierto resplandor en un lentisco sin darle importancia, encontró entre las ramas del lentisco la actual talla de la Virgen. No la cogió por miedo, pero se lo dijo al cura de su pueblo, quien con algunos acompañantes se dirigió al lugar y se llevo la imagen a su iglesia. Cuentan que la Virgen desapareció del templo y se volvió al lentisco. Se la llevaron después a Badolatosa con el mismo resultado. Entonces se pensó que sería su voluntad quedarse allí, a un kilómetro de Corcoya, y levantaron una Ermita dedicada a la Virgen de la “Fuente Santa” de la que hablaba el milagro. Desde entonces, los fieles de Badolatosa, Corcoya y La Alameda continuaron su peregrinar para impetrar su protección o agradecer favores recibidos. Se cuenta que la Virgen recibió culto en una pequeña gruta de la Sierra Cabrera hasta que se construyó la primitiva ermita que fue reedificada a mediados del siglo XVII.

En 1579 un nuevo milagro de Ntra. Sra. de la Fuensanta fue conocido por todas las tierras cercanas. Una piadosa mujer de Badolatosa se puso en camino para ir a rezar ante la imagen de la Virgen y llevar un poco de aceite para alimentar la lámpara que ardía noche y día ante la Señora. Cuando se acercaba al santuario fue sorprendida por una fuerte tormenta que hizo crecer el arroyo impidiéndole acercarse. La mujer pidió ayuda a la Virgen, desplomándose dos grandes peñascos de la ribera del arroyo que formaron un puente seguro para cruzar hacia la ermita. Este milagro hizo de nuevo aumentar la devoción a María Santísima a finales del siglo XVI, acercando más peregrinos a su ermita.

Las localidad pertenecía a la Vicaría de Estepa y estaba regida por el Marqués de Estepa, quien era también conocedor de la devoción a Nuestra Señora de la Fuensanta y pasaba largas temporadas en la zona. La construcción de la nueva ermita se inició en 1660 y estuvo finalizada hacia 1671, contando con la financiación de los devotos, entre ellos Juan Martín Formariz, y el IV Marqués de Estepa, D. Francisco Cecilio Centurión y Centurión (1658-1685). La muerte de Juan Martín Formariz ocurrió en 1662, por lo que no pudo ver la ermita acabada. En Estepa se recuerda con una calle dedicada cerca de la antigua Ermita del Santo Cristo de la Sangre cuya construcción financió.

Contemporáneo a estas personalidades fue el Vicario Gerónimo de Ribera, que ejerció de 1647 a 1685. En Estepa impulsó y defendió que la Virgen María fue concebida sin pecado original y así lo juraron las hermandades, el clero, el III Marqués y el pueblo de Estepa en 1651. A este acto celebrado en la parroquia de Santa María asistió D. Francisco Cecilio Centurión durante el marquesado de su padre, D. Adán Centurión. El III Marqués y su esposa Dña Leonor Centurión Fernández de Córdoba, conocedores de la devoción a la Virgen de la Fuensanta, iniciaron los proyectos de construcción del nuevo templo y su hospedería, brindando sus riquezas a los ermitaños que la cuidaban. Su hijo, D. Francisco Cecilio Centurión, terminaría las obras del santuario, encargadas al maestro Juan Martínez. Con la finalización de las obras de la nueva ermita en 1670 comenzaron las romerías y cultos solemnes en cumplimiento de las promesas que habían hecho el 8 de septiembre, desarrollándose entonces en los pueblos de esta región una devoción extraordinaria hacia la Fuensanta.

Los marqueses continuaron con esta devoción que se transmitía de generación en generación y en 1713 el IV Marqués D. Luis Centurión y Centurión (1685-1728) invitó él mismo a los habitantes de su jurisdicción a que contribuyeran a las obras de decoración de la ermita y el camarín. La ermita cuenta con un retablo de estilo churrigueresco con las imágenes de los patriarcas San Joaquín y Santa Ana, dorado en 1727 de nuevo por iniciativa del marqués y al que dedicó las ganancias de una corrida de toros celebrada en Lora de Estepa. El retablo da paso al camarín de Nuestra Señora con los escudos de los marqueses en la pechina de la cúpula y en el centro el baldaquino de la Virgen relacionado con la escuela antequerana de mediados del siglo XVIII. El Marqués de Estepa dotó al santuario de una capellanía con un sacerdote que atendiera la misa diaria y atendiera las necesidades espirituales de los peregrinos. En 1783 fue elevado a parroquia por el Vicario de Estepa.

Con estas personas influyentes en la sociedad estepeña del último cuarto del siglo XVII y devotos de Ntra. Sra. de la Fuensanta, por un lado Juan Martín Formariz y su leyenda, y por otro el vicario Gerónimo de Ribera y la familia de los marqueses, encabezados por D. Francisco Cecilio Centurión y Centurión, su esposa Dña. Luisa Mesía Portocarrero de Toledo y sus hijos, pudo iniciarse en Estepa una hermandad que rindiera culto a la Santísima Virgen en su advocación de “Fuent Santa” y que peregrinase cada 8 de septiembre, festividad de la Natividad de Nuestra Señora, a la ermita cercana a Corcoya. Se trataría en este caso de una hermandad filial estepeña, que sería la segunda de este tipo en la villa después de la Hermandad de Nuestra Señora de la Cabeza. En 1705 cuando el Vicario reclama a las hermandades estepeñas la entrega de sus documentos se encuentra reconocida como una de ellas. Coincide la fecha con el marquesado de D. Luis Centurión, que como hemos comprobado era devoto de la imagen. Otra posibilidad, menos certera, sería la creación de esta Hermandad independiente de la de Corcoya como se fundaron en otras localidades con esta advocación, aunque por los datos comentados y la cercanía de esta ermita se trataría más bien de una filial.

La advocación de la Virgen María como “de la Fuensanta” existe en otras localidades españolas, normalmente relacionada con la aparición de la Virgen junto a un manantial o pozo con cualidades sanadoras, unida a un milagro y en clara referencia a María como Fuente de Salud y de Vida por engendrar al Redentor e interceder ante su Hijo por la salvación de los hombres. Ella es aclamada en las Letanías como “Salud de los enfermos, Consuelo de los afligidos”, y como se lee en los Cantares del Antiguo Testamento, fuente sellada, fuente de los huertos y pozo de aguas vivas que bajan con ímpetu del monte.

Salus infirmorum, Consolatrix aflictorum (Letanías)

Fons Hortorum: Puteus aquarum viventium (Cantares IV,15)

Artículos consultados:

-Memorial Ostipense, Aguilar y Cano, A. 1886. Anel, Granada, 1975

-1705. Memoria de las Cofradías y Hermandades de Estepa sujetas a que se registren por su señoría el señor Vicario General. Archivo de Palacio Arzobispal de Sevilla. Legajo 136.

-Novena a Ntra. Sra. de la Fuensanta y Guía, precedida por un breve relato histórico de la imagen y santuario de este nombre. R.P.Fr. Feliciano Calvo Bartolomé, O.F.M. Imprenta de Antonio Hermoso. 1909. Puede consultar parte del libro en “Aires de la Sierra Sur” de Rafael Romero Jiménez.

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