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La imagen de María en la Semana Santa Villera

La imagen de María Dolorosa en la Semana Santa de la Villa de La Orotava

En este pueblo norteño de la Isla de Tenerife se desarrolla cada año una Semana de Pasión sobria y elegante, desprovista de costumbres foráneas que, poco a poco, han sido acogidas con auge en las celebraciones de otros pueblos canarios, y que aún conserva esta tradición al igual que se celebraba en siglos anteriores, consolidándose en los siglos XVII y XVIII.

Junto al fervor popular sobresale la devoción que despierta la imagen de María Santísima bajo la advocación de los siete dolores. Esta devoción tiene su mayor auge en el siglo XVI, época en la que surge el modelo de María Dolorosa tal y como se desarolla a partir de entonces. Uno de los modelos más reiterados por pintores y sobre todo escultores, llegando a su máximo desarrollo en los siglos XVII y XVIII, ya bajo pautas barrocas.

María reivindicada como corredentora de la humanidad desde los púlpitos, y reflejada como tal en sus tallas escultóricas. En este punto destaca cómo el papel de María que era difundido en los sermones y cómo el mensaje de pasión, dolor y esperanza transmitido por los predicadores, podía también ser comprendido a través de la contemplación de las imágenes de los templos o en las procesiones.

La denominación de Dolorosa responde a un concepto casi exclusivo de la plástica canaria. El prototipo de Dolorosa en la que se inspiran los modelos canarios es, sin duda, el andaluz, que desarrolla una tipología característica de imágenes generalmente de vestir, que adoptan como atuendo un manto oscuro rematado por un tocado, y presentando una espada atravesando el pecho, tal como recita la profecía de Simeón (Lucas 2.35). Las Dolorosas canarias responden a la imagen apocalíptica de María, anunciada por San Juan: "...una Mujer, vestida de Sol, con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas". Sin embargo, en la plástica canaria es costumbre, no sólo con la representacion de María Dolorosa, sino también en la de los santos, coronarlos con un solio de plata que representan el aura de santidad.

Son cinco las imágenes de los Dolores de María que se encuentran en los templos del Casco Histórico de la Villa de La Orotava.

Nuestra Señora de la Soledad. Siglo XVII. Anónima. Iglesia de San Francisco de Asís. Hospital de la Santísima Trinidad.

Esta preciosa talla de candelero del siglo XVII, procede del Convento franciscano de San Lorenzo Mártir, denominado por Viera y Clavijo como "El Escorial de Canarias" y que se perdió en el terrible incendio de 1801. Esta imagen de María Dolorosa tenía sus funciones como Nuestra Señora de la Soledad, pero tras la desamortización fue transladada al Templo Matriz, donde perdió sus funciones al encontrarse en la Iglesia parroquial una Dolorosa que finalmente la sustituyó en la procesión del Silencio en la noche del Viernes Santo. En la actualidad, acompaña al Stmo. Cristo del Huerto en la tarde del Domingo de Ramos, para hacer estación de penitencia en la Parroquia Matriz de Ntra. Sra. de la Concepción. Cubierta por un manto negro con amplios bordados dorados de influencia andaluza, es la única que muestra en su pecho un corazón de plata atravesado por siete pequeños puñales.

Nuestra Señora de los Dolores. Siglo XVIII. Anónima. Iglesia de San Agustín de Hipona. Ex-Convento de Nuestra Señora de Gracia.

Nos encontramos ante una obra de candelero cuya autoría es desconocida. Su apariencia actual no responde con la original, debido a que la talla ha sufrido distintas transformaciones y restauraciones, añadiendole en la última de ellas un nuevo pelo modelado, ya que antiguamente llevaba una sencilla peluca bajo la toca, y que además portaba en sus manos un pañuelo y una corona de espinas. Viste un manto de terciopelo negro con estrellas de plata y un tocado blanco calado. Tenía una cofradía de mujeres, hasta que se unió a la Hermandad de la Humildad y Paciencia.

Nuestra Señora de los Dolores. Siglo XVIII. Anónima. Parroquia de Santo Domingo de Guzmán. Ex-convento de San Benito

Esta talla de vestir se encuentra en la iglesia del antiguo convento dominico. De autoría desconocida, luce como atuendo un tradicional manto de terciopelo negro con bordados en hilos de oro, confeccionado por las monjas del Convento de Montserrat de Barcelona. Presenta el rostro ladeado, ya que en su posición original sus manos descansaban sobre su rostro, siendo entonces una de las representaciones con más ternura de la Villa.

Nuestra Señora de los Dolores. 1788. José Luján Pérez. Parroquia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción.

Esta bella imágen de candelero responde al encargo realizado por la Cofradía de la Santa Vera Cruz y Misericordia a finales del siglo XVIII para, junto a la imagen de San Juan Evangelista que realizó el mismo escultor en 1799, sustituir a las antiguas imágenes que formaban el Calvario del Templo Matriz. Luján, experto en dolorosas, realiza esta elegante talla con lágrimas de cristal, cubierta con un manto de terciopelo negro con estrellas de plata. Fue reformada por Nicolás Perdigón Oramas a principios de siglo XX, modificandole ciertos detalles del rostro, como las cejas y el mentón, y cambiándole la posición originaria de las manos.

Santísima Virgen de Gloria. 1799-1806. José Luján Pérez. Parroquia de San Juan Bautista

Una dolorosa especial para un Cristo especial. Esta imagen de María Dolorosa rompe con el esquema tradicional. De talla y lienzos encolados, viste de azul alzando la mirada al Cielo, coronada por un solio con tembladeras e incrustaciones de piedras preciosas. Fue un encargo que realizó el artista grancanario para la Esclavitud del Stmo. Cristo atado a la Columna, descrito a detalle en una entrada de blog anterior, y que le acompaña en su caminar la noche del Jueves Santo. Una imagen envuelta en leyenda, que relata que Luján escogió a una muchacha de la familia donde se hospedaba en La Orotava como modelo, a la que trató de afligir contándole historias tristes. Sin embargo, la joven sorprendió al curtido escultor, revelándole que no había mayor sufrimiento que el de María a los pies de la Cruz, rogando al Padre para que permitiese alcanzar la Gloria a su Hijo. Se dice que al oir esto, José Luján Pérez decidió denominar a su obra como la "Virgen de Gloria". Auque también existe otra versión que señala que su denominación fue para diferenciarla de la Dolorosa de Fernándo Estévez que llegó al templo a mediados del siglo XIX. Tiene cofradía propia, Las Damas de la Virgen de Gloria, que posee el título de ser la única Cofradía exclusivamente femenina de La Villa tras la unión de la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores con la Hermandad de la Humildad y Paciencia.

Nuestra Señora de la Piedad. Conjunto escultórico del Stmo. Cristo del Calvario. 1814. Fernando Estévez. Santuario del Calvario

En esta maravillosa obra, realizada en 1814, el escultor recurrió a una original posición piramidal para representar un tema tan complejo desde el punto de vista estructural. Fue realizada por Fernando Estévez, ilustre escultor orotavense (1788-1854), por encargo del clérigo, y por entonces mayordomo del templo, D. Domingo Calzadilla y Osorio para la antigua ermita del Calvario, situada junto al camino Real, en la entrada de la Villa. Destaca sobre todo el tratamiento que Estévez confiere a la figura del Cristo. Por otra parte, la Virgen denota cierta afinidad con las piedades sevillanas del siglo XVII en relación a la expresividad, aunque decae la teatralidad barroca, dejando el dramatismo frente a la serenidad, imperante en las soluciones neoclásicas. La Real y Venerable Hermandad de Misericordia del Calvario, constituida en 1864, se encarga desde esa fecha, de custodiar y venerar la imagen del grupo escultórico del Calvario, que asimismo cuenta con un Solemne Triduo y procesión en el mes de Septiembre.

Nuestra Señora de los Dolores. 1816. Fernando Estévez. Parroquia de San Juan Bautista

Llegó al templo parroquial en 1835 desde el cenobio franciscano, tras la desamortización de Mendizábal. La talla pertenece al cortejo procesional del Santo Entierro. Se debe a una petición que el arquitecto José de Betancourt y Castro formuló al imaginero Fernando Estévez a principios de 1816, para sustituir a una imagen anterior en muy mal estado de conservación. Procesionó por primera vez en la Semana Santa de ese mismo año, acompañando al Stmo. Cristo difunto, obra salida de los talleres de Juan Martínez Montañés. La imagen, con manto de terciopelo negro y tocado (uno dorado y otro blanco). Ladea la cabeza, mostrando la contención y elegancia con que Estévez interpretó habitualmente el dolor de la Virgen.

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Comentado por Josu Hdez en octubre 1, 2010 a 12:06am
Qué foto más bonita, muchas gracias por tus comentarios. Que pena que la Señora de Vegueta no esté por la derecha del Cristo.

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