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Pasito a pasito. Con la vista perdida, sin mirar atrás y oculto en el anonimato sólo revelado hacia Él, que todo lo sabe. Camino despacio, con la sensación del deber cumplido, mientras observo mi cirio tiniebla consumirse al son de mis fuerzas que se evaporan en el calor de la cera. Termina el día más grande del año. En plena madrugada del Lunes Santo, las estrellas se asoman al cielo jaenero para ver a la que más brilla, escoltada por un desconocido nazareno.

Aún recuerdo la impresión que me generaba esa figura espigada y aquella mirada profunda y penetrante de los nazarenos que presenciaba desde la primera fila del acerado, de la mano de mi madre, cuando ya crecía en mí el gusanillo cofrade. Mucho ha pasado desde entonces pero la esencia se ha acrecentado a la vez que el conocimiento y la madurez me han permitido entender el porqué de un ritual que se repite cada primavera, pero que a su vez adquiere matices diferentes en cada edición. Con el pasar de los años el penitente se da cuenta de su verdadero papel, el de orar bajo un caperuz e iluminar el camino de Cristo y María para enseñarle al pueblo una forma de rezar distinta. Cargada de pasión y estética. Tal vez, nuestra Semana Santa carezca de la figura más importante del desfile penitencial. Será el desarraigo o el desconocimiento. Sin embargo, no se entendería la Pasión sin esa imagen enigmática que habla a través de los ojos.

Lleva un año esperando colgada en el armario. Cada vez que lo abro, la miro y la acaricio sabiendo que queda un poco menos para volver a enfundarme la túnica de mi Hermandad. Conforme se acerca el momento, los nervios se confunden con la preparación. Sobre la cama, planchadas, se extienden capa y túnica. No falta nada. La papeleta de sitio, los guantes, los zapatos negros y los caramelos. Todo está listo para iniciar el rito. Dicen que los toreros necesitan su espacio cuando se visten de luces. Esa burbuja que en la que no cabe nadie más. Hay que preparar el cuerpo y el espíritu para interiorizar lo que se avecina. Un proceso que va marcando a la persona porque la propia túnica señala también la evolución del cofrade, desde aquel niño que salía sin capirote, hasta el adulto que recupera su sitio en la fila tras pasar por la agrupación musical o por la cuadrilla costalera.

Túnica, capa, caperuz y cíngulo se funden en el cuerpo penitente que se presta a salir a la calle para desfilar y rezar. Dos términos que pueden sonar contradictorios en un tiempo, como el actual, en el que está mal visto hacer alarde público de un sentir religioso. Una mezcolanza que realza el sentir cofrade de un pueblo que exterioriza como pocos sus emociones. Lo primero, por la dosis de vanidad que acompaña al nazareno. De camino a la Casa de Hermandad, la gente te mira sin saber quién se esconde tras aquel antifaz. La capa y el semblante serio dan el porte justo para impresionar y sentirse impresionado. Después, el cansancio que genera el discurrir pausado empieza a torcer el cuerpo penitente a la vez que arranca una relación especial. Porque es cuando realmente asumes el anonimato, cuando se inicia una conversación con Cristo y María marcada por el silencio. Un repaso al día a día, a las alegrías y a las penas, a los buenos momentos que ha dejado el año, y a aquellos que prefieres que ardan en el cirio que te acompaña. La familia, los amigos y el desconocido que te mira comiendo pipas mientras ve la procesión. Todos entran en tu memoria y te cobijan. Ves a hermanos emocionarse, a otros santiguarse y algunos, que andan despistados entre la contemplación o el pasotismo.

Y en medio del largo caminar, hay miradas que transmiten aliento. Son las de los más pequeños. Las que te hacer recapacitar y recordar que el trabajo de las Hermandades tiene sentido y merecen la pena. Miradas inocentes y ensimismadas que intentan descubrir al nazareno que se esconde tras esa túnica penitente. La misma que yo mismo deseaba vestir desde niño cuando me embargaba la impresión de aquel nazareno que una vez me miró. La misma que cuelga en mi armario.


Juan Luis Plaza, periodista cofrade

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Comentado por DplazaD en abril 1, 2009 a 6:25pm
Que ganas de escuchar el Himno de Andalucia, y el te amo de Alfonso... solo nos separan 4 dias para caminar de nuesvo juntos mi querido Jesús de la Piedad!!!
Comentado por costalero1986 en abril 1, 2009 a 2:43pm
ole,ole y mil veces ole. que bonitas palabras al cristo de la alcantarilla, que el cristo de la piedad te ilumine en tu caminar cofrade y que siguas trabajado como lo hacer porque este domingo de ramos va a saber jaen entero como anda el primer turno del cristo y él no lo agradecerá.

viva el cristo de la piedad y mªstma de la estrella!!!!!!!!!
Comentado por DplazaD en marzo 18, 2009 a 2:50pm
Juan Luis es mi hermano, yo le haré llegar tu comentario. Un saludo y me alegra que te guste.

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