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El calor irá azotando el ambiente ante lo avanzada que está esa primavera que casi le está entregando el testigo al verano. Triana termina el sabatismo de esa siesta más que merecida tras el madrugón y el ajetreo de las tareas matutinas, y se prepara para conmemorar la celebración que en esa tarde a tantas personas convoca. Indudablemente, el 24 de mayo es uno de los días señalados en los que el barrio vuelve al barrio para redescubrir la raíz de la que surge esa personalidad auténticamente propia y original.

Todas las campanas del arrabal quebraron la promesa de su silencio cuando la temprana luz del sol regaba con la fuerza de sus rayos cada rincón de esta orilla de ensueño, y cada balcón y cada ventana de cada casa pregonan, otro año más, que la Señora del barrio Voluntad devolverá a sus vecinos, a sus alumnos y a todo aquel que la quiere la visita que Ella recibe diariamente en ese elevado camarín de su parroquia, presintiéndose, hora a hora y minuto a minuto, que la gloria se encuentra próxima a este pedazo de tierra.

Media tarde, primavera,
luce el sol por San Jacinto,
y la brisa trianera
soplará de dentro a fuera
con su aire tan distinto.

Las palomas, en su vuelo,
van surcando corazones
para gozar del anhelo
de sentir las devociones
regaladas por el cielo.

Una emoción contenida
va despertando del sueño,
y otra vez nace la vida
con la ilusión florecida
de un amor nunca pequeño.

Mayo discurre avanzando
por una senda de flores
que la luz va iluminando,
guiando así los fervores
que Triana va cantando.

Hay un clamor de cornetas
que a Don Bosco ha saludado,
ese santo enamorado
de las fragancias secretas
de aquel rostro inmaculado.

El colegio salesiano
se convierte en cofradía
al estilo sevillano,
procesionando a María
con el orgullo más sano.

¡Ay, María Auxiliadora!,
la plegaria más hermosa
de este barrio que te adora
funde el celeste y el rosa
con la paz que se te implora.

Te acompaña el alumnado
que mejor sabe quererte,
porque todos se han criado
bajo el calor desbordado
del sentimiento más fuerte.

Poco después de salir,
siempre está planificada
esa primera parada
donde se alcanza a vivir
tu ternura esperanzada.

Llegarás al hospital
de aquella antigua Cruz Roja
para aliviar ese mal
que arrasa, cual vendaval,
a la salud que despoja.

No dejes nunca de ser
alivio para el dolor,
desterrando el amargor
que a tu lado hay que vencer
con la gloria de tu amor.

Señora y Madre querida,
que nada ni nadie impida
que seas nuestro consuelo,
y al terminar esta vida
llévanos Contigo al cielo.



La salida procesional de María Auxiliadora se caracteriza por el número de iglesias ante las que se detienen sus andas, fundiéndose así devociones compartidas por todos los trianeros. Con especial emoción, viene hasta la mente el recuerdo de un histórico hecho acaecido hace nueve años, cuando Ella transitó por las calles del Barrio León para entrar en San Gonzalo, donde penetró su paso hasta ubicarse justo a los pies del altar del Señor del Soberano Poder y de la blanquísima Virgen de la Salud, eterno azahar que no marchita mimada por los naranjos de su entorno.

Una larga comitiva de jóvenes, de niños que acaban de recibir el Cuerpo de Cristo por vez primera, de mujeres que lucen sus blancas mantillas, de antiguos estudiantes que quedaron prendados para siempre por la inconmensurable belleza de la Virgen, dan lustre y colorido al itinerario que recorrerá la Madre de Dios para acariciar con su amor los perfiles de todos aquellos que a Ella se acercan profesando rendido tributo.

Viene la Virgen contenta
paseando por Triana
un 24 de mayo
de emociones soleadas,
pues María Auxiliadora
va dejando derrochada
la alegría que reparte
en esa tarde esperada
donde todo es diferente
ante su cara gitana,
porque el tiempo se detiene
en los sentires del alma
al acudir, cada año,
a su procesión tan santa.

Van avanzando las horas
en esa larga jornada,
disfrutándose en las calles
de la fiesta salesiana
más grande del calendario,
porque la fe mariana
de la gente trianera
quedará manifestada
en las múltiples visitas
que esa Virgen aniñada
realizará en esos templos
por los que el cortejo pasa.

A mitad de San Jacinto,
la belleza nacarada
de aquella Mujer sufriente
–como una vez la cantara
aquel Padre Ramón Cué–
va quedando transformada
en la bendita ilusión
que se muestra reflejada
en la sonrisa que esboza,
muy prudente y muy callada,
esa Reina de la Estrella
que mantiene cautivada
la devoción más certera
que a Ella siempre la aclama,
tras cuatro siglos y medio
de oraciones renovadas,
en el claro resplandor
de la luz de su mirada.

Va María Auxiliadora,
con su barrio que la ama,
hacia la calle Pureza
para encontrar la Esperanza
que da sentido a la vida
cuando nace la mañana
en la gloria de esas manos
en las que duerme Triana,
y la Virgen de Don Bosco
escuchará la plegaria
de una salve marinera
que recita en sus palabras
la dulce jaculatoria
que en mil piropos desata
los elogios más hermosos
hacia aquella Capitana
que quiso quedarse aquí
desde que echase aquel ancla
para escuchar de sus hijos
que Ella es la Madre más guapa.

Poco a poco va llegando
a su catedral soñada,
donde se encuentra, hace siglos,
esa Abuela ensimismada
que aguarda a su Auxiliadora,
porque la Señá Sant´Ana
desea ver a su Hija
con la gracia soberana
de la esencia trianera
en su tierra sevillana.

Un rumor por la Plazuela
de corazones que hablan,
va a anunciándole a este pueblo
esa alegría que salva
del pecado y de la muerte
a toda la raza humana,
pues el amor de la Virgen
en voz alta nos proclama
las cuentas de aquel Rosario
que en sus dedos se resbalan,
mientras Ella ruega a Dios
consuelo para las almas
que componen el redil
que ante sus plantas se ampara,
pues María es la Pastora
que con su cayado marca
el camino más seguro,
sin almenas ni murallas,
hacia el Reino de esos Cielos
donde pervive calmada
la ternura más auténtica,
inspirando confianza
en ese risco de flores
en el que siempre descansa
esa devoción antigua
que con entrega se abraza
al Auxilio salesiano
que la Virgen nos regala
cuando se echa la noche
con esa luna tan blanca.

Por las estrechas callejas
de la antigua y vieja Cava
se saldrá a Pagés del Corro,
y Evangelista se ensancha
al pasar la cofradía
por esta calle tan larga,
donde se queda extasiada
esta sedente Muchacha
que imagina un Simpecado
que hacia Almonte se traslada
con el nombre de este barrio
cuyos sentires delata,
y María Auxiliadora
se quedará con las ganas
de haber marchado al Rocío
con su Hermandad de Triana.



La cofradía recorre los escasos metros que faltan hasta que se produzca el instante de la recogida, a la par que la nostalgia envuelve con su melancolía el júbilo que ya culmina, tal y como le ocurre a este pregón, que con paso lento y racheado, va llegando a su irrefutable final. El paso de San Juan Bosco se halla desde hace varios minutos en el interior de su parroquia, mientras María Auxiliadora reparte las últimas bendiciones por ese barrio Voluntad que se afanó por tener sus calles y las fachadas de sus casas como una patena para recibir tan egregia visita.

Los ciriales aparecen por la esquina, mientras la finísima cadencia de una suave marcha propicia un caminar parsimonioso por parte de los costaleros que portan a la que es orgullo de la familia salesiana.

Y ahora sí. Llega el instante en el que el capataz toca el llamador, y cual brutal sonido de yunque que cae con toda la magnitud de su peso, la cuadrilla realiza la última “levantá”, mientras el silencio se apodera de la “chicotá” definitiva que llevará a la procesión al inmenso mar de los recuerdos y a la larguísima y constante víspera de la desosegada espera. En este atril deposito todo mi sentimiento, todo mi cariño y toda mi verdad, por ello, Madre mía, a Ti me encomiendo para que por siempre bendigas cada uno de los días que me restan en esta peregrinación terrena que descubrirá su meta en el calor de tu regazo.

Nunca he sido salesiano,
pero por ser trianero
me hiciste tu pregonero
con el fervor mariano
de mi corazón cristiano,
y haz cuando llegue mi hora
que halle en tus ojos, Señora,
la Esperanza más sentida
que colma toda mi vida
con tu gracia, Auxiliadora.



Del Pregón de las Glorias de María Auxiliadora de Triana, 2010

JUAN MANUEL LABRADOR JIMÉNEZ

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Comentado por CHE (Maria Jose Cejudo) en mayo 27, 2010 a 8:55pm
Precioso. Nunca la he visto en la calle por no saber cuando es, y este año que me avisan, va y se me olvida. Me ha dado un coraje. Bueno, con lo que acabo de leer es como si hubiese estado alli, gracias. Un beso.
Comentado por Margarita Vidal Alvarez en mayo 26, 2010 a 12:14am


Precioso el pregón que dio tu sobrino. La verdad es que sin estar allí, he podido a través de su lectura vivir un poco el recorrido que hace La Santísima Virgen.

Esta es la estampa que siempre nos acompaña a los que hemos sido Salesianos en esta bendita tierra gaditana.

Un enorme abrazo, amiga .
Comentado por Jose M en mayo 25, 2010 a 3:09pm
Maravillosa entrada, parte de un magnifico pregon que me quede con ganas de haber escuchado. Muy emocionante. Preciosas fotos, nunca he podido ver esta procesion, la Virgen bellisima. Muchas gracias Espernanza por dejarnos un fragmento de esta preciosidad de pregon, una vez mas felicidades al pregonero, un abrazo desde Torredonjimeno
Comentado por trompeta-sangre en mayo 25, 2010 a 12:53pm
Muy bella la descripción, tiene que ser una delicia presenciarlo.
Comentado por encarnacion diaz rodriguez en mayo 25, 2010 a 8:48am
Maravilloso bloc. Hace muchos años que no veo la procesión, pero cada 24 de mayo rememoro las tantas procesiones en las que participé jun to a mis compañeras del colegio del Protectorado. Besos.
Comentado por Pepe Lasala en mayo 25, 2010 a 8:33am
Pero qué preciosidad Esperanza. Supongo que ayer el ambiente en Triana sería extraordinario, me estuve acordando toda la tarde. Un beso desde la orilla del Ebro amiga.
Comentado por Mickey en mayo 25, 2010 a 5:03am
¿Es esta la unica María Auxiliadora que esta sentada?
Comentado por Felipe de Pablo Lorenzo en mayo 25, 2010 a 12:57am
Enhorabuena por ésta magnífica entrada a tía y sobrino.
Las fotos son excelentes también.
Un fuerte abrazo desde Madrid.
Comentado por Conchita D. -Triana- en mayo 25, 2010 a 12:27am
Precioso lo que pregonó Juan Manuel en los Salesianos elevando la magnificencia de María Auxiliadora, cuya belleza ha paseado hoy por el barrio.
Un abrazo desde nuestro rinconcito del alma.
Comentado por Ana Maria Sánchez San Román en mayo 25, 2010 a 12:20am
ESPERANZA A TI Y TU SOBRINO UN ¡OLÉ, OLÉ Y OLÉ! NO SE HA DEJADO NADA ATRÁS. SI GO PREGUNTANDO LO MISMO, QUÉ PESAÍTA QUE ESTOY...NO VÁ A HABER LIBRO DE PREGÓN? UN BESO DESDE TRIANA...

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