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La Semana Santa atiende a valores que son sometidos a análisis continuos desde el punto de vista litúrgico, histórico y simbólico, y así las túnicas, las flores de los palios y de los misterios, el hábito de los nazarenos o las potencias y coronas de los Cristos han sido analizadas respecto estos valores que van más allá de las modas cambiantes.


Las túnicas de los Cristos tienen un valor simbólico que completan a la imagen, eleva sus valores plásticos y tiene un significado histórico. Existe un debate estético entre túnica lisa y bordada, pero desde el punto de vista litúrgico, histórico y simbólico es la túnica bordada la clara vencedora.

Ramón de la Campa, licenciado en Filología Clásica, afirma que el oro se utiliza para mostrar en las imágenes el carácter de divinidad de la figura a la que representa, por eso se aplica también en los retablos, los canastos de los pasos y en los estofados de las imágenes de talla completa, para dar el brillo de santidad y divinidad a las imágenes. Las túnicas bordadas se complementan con las potencias, pues se considera a ambos como atributos que glorifican y dignifican a la imagen, y la corona de espinas en el caso en el que la imagen se haya concebido con ella. Comparándose con las Dolorosas, nadie duda de que continúen procesionando tanto con bordados como con coronas. Las túnicas bordadas incorporan elementos simbólicos como las espinas que representan el sacrificio en la Calle de la Amargura, los cardos que representan la flor del mal o los acantos abiertos que suponen el camino hacia la salvación. La imagen pierde todo este simbolismo cuando se despoja de la túnica bordada rompiendo así con el mensaje.

Francisco Javier Segura Márquez, historiador del arte, asegura que el imaginero en su composición de la imagen tenía en cuenta que saldría con túnica bordada, por lo que realizaba la cabeza de mayor tamaño y el cuerpo más pequeño en determinados nazarenos, o ampliaba la separación entre la cabellera y el resto del cuerpo para colocar ahí la túnica.

En la Semana Santa de Sevilla destacan la túnica de la corona de espinas del Señor del Gran Poder, la de los acantos del Señor de Pasión, la de estos dos elementos del Nazareno del Valle o la de los cardos del Señor de la Sentencia.

Las imágenes de nazarenos portaban túnicas bordadas durante el siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. Será a principios del siglo XX cuando la tendencia hacia la túnica lisa se invierte. En la Hermandad del Gran Poder de Sevilla fue donde se impuso la moda de la túnica lisa por primera vez. Antes no se valoraba tener una túnica bordada antigua y cuando el oro perdía su brillo se desechaba, al no contemplarse tanto la conservación, y se hacía otra nueva. En 1910 la Hermandad no podía sacar ninguna de las bordadas porque estaban en malas condiciones, por lo que encarga a Rodríguez Ojeda una túnica sobre un fondo de tisú de oro, pero el aspecto tornasolado no gustó y se pasó a terciopelo morado. El resultado seguía sin convencer a la Hermandad porque el bordado se veía menudo, a lo que el canónigo de la Catedral Muñoz y Pabón propuso a la Junta de Gobierno de la corporación que el Señor saliera con la túnica lisa y así parecer más humano. La decisión se somete al cabildo de oficiales que vota a favor de la propuesta a excepción del mayordomo y ese mismo año de 1910 el Señor procesionó con la túnica lisa, utilizándose las túnicas bordadas sólo en contadas ocasiones. Tras ese cambio se producirían en cascada los cambios en las túnicas de los nazarenos. Pasión, el Señor de la Salud de los Gitanos o el Nazareno de San Roque dejarían sus túnicas bordadas para procesionar con lisas. Las túnicas lisas se defendían como que daban al Nazareno mayor naturalidad y realismo e incluso mayor movimiento al caminar, pero a su vez al despojar a la imagen de la pieza bordada se rompía con el mensaje, la tradición, la historia y el sentido litúrgico con el que dotaba la pieza.

En los últimos años se ha vuelto de nuevo a considerar la túnica bordada para la salida procesional, de forma que este patrimonio no se queda guardado sin utilizarlo para lo que fue hecho. Otra vez sería la Hermandad del Gran Poder la que inicia este cambio cuando en 2008 la junta de gobierno que presidía Enrique Esquivias decide usar para la Madrugada de ese año la túnica conocida como de los cardos. San Roque, al año siguiente, decide que el Señor porte por cuatro años la túnica bordada de Fernández y Enríquez, y Pasión recupera la túnica de Patrocinio López para el Vía Crucis de la Fe y Semana Santa de 2013. Francisco Carrera Iglesias, bordador, opta por que se pueda alternar el uso de las túnicas bordadas con las lisas, y esa parece ser la tendencia por la que las hermandades optan para las salidas procesionales de sus titulares.


En la elección de la túnica lisa sobre la bordada no se puede tampoco obviar la reinvención a la que la Semana Santa recurrió tras los sucesos de la Guerra Civil. Las hermandades a partir de 1939 olvidaron los significados litúrgicos e históricos de la representación de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, para decantarse por lo estético y las modas que terminaron por homogeneizar la Semana Santa. Andrés Luque Teruel, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, revela cuáles fueron los mayores cambios de las cofradías, algunos de ellos rompiendo el lenguaje iconográfico con sus inexactitudes.


En primer lugar menciona el color de la túnica. La Iglesia estableció unos usos litúrgicos de los colores después de las jornadas del Concilio de Trento, a mediados el siglo XVI. El valor simbólico de éstos fue ratificado en distintas ocasiones, la última, aún vigente, por Juan XXIII en 1960. Entre ellos se especifica que el blanco representa júbilo y alegría y se aplica en la Natividad, la celebración del cuerpo de Cristo (por eso el Jueves Santo los sacerdotes visten de blanco) y la Resurrección, y se advierte de modo claro que nunca debe utilizarse en la representación de la pasión y muerte de Cristo ni en cuaresma (que dura hasta el Miércoles Santo incluido). En el mismo texto se dice de modo preciso que el morado es el color de la pasión y muerte de Cristo y del tiempo de recogimiento y reflexión que supone la cuaresma. El texto de Juan XXIII establece dos excepciones en el uso de los colores. La primera es relativa al valor preeminente de los símbolos establecidos en el contexto originario del que proceden los argumentos de la celebración, en el caso de Cristo del mundo hebreo, en el que el color blanco estaba reservado a los enajenados mentales peligrosos, por lo que Herodes mandó vestir a Cristo de blanco para despreciarlo y que todo el mundo se apartara de él. Lo mismo puede decirse del Cristo de la Sagrada Cena, que puede ir de blanco según el uso litúrgico cristiano de la celebración del cuerpo de Cristo, o de cualquier otro según la tradición hebrea. La segunda excepción es la dispensa por un motivo concreto, caso de la Virgen de la Paz.

El exorno floral de los pasos de Cristo y de los palios también ha variado con el paso de los años. Las flores y las plantas simbolizan el camino hacia la vida eterna, de ahí su presencia en los pasos. Históricamente se pretendía recrear el camino de la Amargura y el monte Calvario, es decir un campo de piedras hechas de corcho o madera con flores naturales combinadas, mientras que los pasos de tribunal no llevaban flores. El uso de los montes de claveles rojos en los Cristos surgió en 1939 con un marcado carácter político al dibujar la bandera de España con los claveles rojos, el paso dorado y los faldones burdeos. De hecho, la combinación de lirios morados y faldones rojos, o a la inversa, no se permitía. Por su parte, el paso de palio iba adornado con claveles pero mezclados con otras flores y de manera irregular, no en piñas compactas. La intención era la de favorecer el espacio y no tapar la orfebrería. La tendencia actual es volver de nuevo a la imitación del monte Calvario y la combinación de flores diversas.

Los colores del hábito de los nazarenos eran tradicionalmente el blanco y el morado. El blanco por el desprecio que sufrió Cristo cuando Herodes lo tachó de enajenado mental; y el morado, color del condenado a muerte, tono de la penitencia. Los nazarenos adoptaron así los mismos hábitos que le pusieron al Señor. El negro tiene un sentido estético asociado al luto, pero las cofradías de negro eran históricamente de morado.

En Estepa, la Hermandad de Ntro. Padre Jesús Nazareno posee varias túnicas bordadas antiguas. Durante la primera mitad del siglo XX la imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno procesionaba con esta túnica bordada en su paso durante la mañana y la tarde del Viernes Santo. Será en la segunda mitad del siglo XX cuando la Semana Santa estepeña se adapte a los modelos sevillanos, tal y como se puede comprobar con el cambio de los tronos más al estilo antequerano por los pasos de costaleros al estilo sevillano. Este cambio de estilo también afectó a la túnica del Nazareno estepeño escogiéndose una túnica lisa para la salida procesional que le dotara de mayor movimiento en el caminar del paso y se ha mantenido así hasta nuestros días. Será en el año 2009 con motivo de la salida extraordinaria que aconteció en septiembre por el 250 aniversario de la hechura del Señor cuando la imagen volvió a salir en procesión con la túnica bordada de gran antigüedad. Con anterioridad la imagen también llevó una túnica bordada en la subida al Convento de las Clarisas el año 1995 y en el traslado por motivo de las obras de San Sebastián. La túnica ha sido recientemente usada también para el besamanos de Ntro. Padre Jesús Nazareno el 2 de enero. La Hermandad usa así las túnicas bordadas para las celebraciones y ocasiones extraordinarias mientras que es la túnica lisa la que porta el Señor cada Viernes Santo.

-Túnica de la Pasión: Decorada con los instrumentos pasionarios o Arma Christi, como las escaleras o la cruz y lienzos para el descendimiento. La parte inferior de la túnica representa unos espinos que se enredan como símbolo del sufrimiento y la pasión, pero consiguen florecer como símbolo de la vida. Como curiosidad, las flores representan a la flor de Estepa, indicando así la procedencia de la túnica. El Señor utilizó esta túnica bordada para la subida al Convento de las Clarisas de 1995 y el traslado por el cierre de San Sebastián durante las obras. También ha sido usada para el besamanos de enero y en los cultos cuaresmales.


 
 
 
Salida del Viernes Santo de principios del siglo XX
Subida al Convento de Santa Clara en 1995
Traslado por obras en San Sebastián
Besamanos de Enero

 -Túnica de las Flores: Esta túnica bordada del Señor es un auténtico alegato a la vida, representada por numerosas flores que constituyen un ramillete que crece en torno a la imagen del Nazareno estepeño. Entre las flores se encuentra la flor de Estepa. Era la túnica más habitual de la procesión del Viernes Santo de principios del siglo XX y el Señor la volvió a llevar durante la salida extraordinaria por el 250 aniversario de la hechura de la imagen que realizara el escultor Luis Salvador Carmona en 1759. También ha sido usada en el besamanos de enero y en los cultos cuaresmales.
Fotografía datada en el primera década del siglo XX. Fíjense que el Señor procesiona sobre un relieve de corcho o piedras que simula el Calvario en el antiguo paso de estilo neogótico y sin estar decorado con flores
Procesión extraordinaria por el 250 aniversario

-Paso de Ntro, Padre Jesús Nazareno exornado con monte de claveles rojos. En la primera imagen con túnica bordada y en la segunda con túnica lisa.


Artículos consultados:

-Las túnicas bordadas en los nazarenos. La moda que rompió la iconog... Carlos Salas. Pasión en Sevilla. ABCdeSevilla, 2014

-La moda frente al rigor histórico y litúrgico. Juan Parejo. Diario de Sevilla. 2014

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