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La Vicaría de Estepa se caracteriza por ser considerada como “Vere Nullius”, es decir, como la Institución Eclesiástica, enclavada en un territorio, no dependiente verdaderamente de ninguna Diócesis, regida por un Vicario que la rige en plano de igualdad con los Obispos circundantes y ejerce la jurisdicción en nombre de otro. En otras palabras, y para entendernos, un Obispado, o casi Obispado independiente, sin Obispo, pero que está regido por un responsable con atribuciones de Obispo.

Procedemos al análisis de los términos “Vicaría Vere Nullius” para conocer su significado. El término “Vicario” procede del latín “vices agere”, con significado “hacer las veces de …, representar a …, en nombre de…,” dentro de una actividad, jurisdicción o territorio. El termino “Vere” significa “verdaderamente” y se aplicaba de forma distintiva a una institución independiente a la hora de tomar y efectuar actuaciones de tipo pastoral y jurídico especialmente. A su vez, el término “Nullius” también procede del latín, del genitivo del singular de un adjetivo (cuyo significado es “de ninguno/a”) que, se entiende, acompaña a un sustantivo, en este caso al sustantivo “Diócesis”. Por lo tanto, se puede definir como “Vicaría que verdaderamente no pertenece a ninguna Diócesis”.

Así, el Vicario de Estepa rige su parcela independientemente del Arzobispado de Sevilla y de los Obispados de Córdoba y Málaga, sin delegación de ninguno de ellos. Si por definición un Vicario gobierna en nombre de otro, ¿de quién era Vicario el de Estepa? Para poder contestar esta pregunta estudiaremos la historia de la Vicaría de Estepa desde sus inicios.

Durante la época romana y la gótica la jurisdicción eclesiástica de Estepa pertenece al obispado de Écija, pero a raíz de la conquista árabe se destruye este orden. Bajo poder musulmán, los cristianos estepeños vivirían ligados a los obispos más próximos. Estepa fue conquistada por las tropas cristianas en 1240 y en 1267 es concedida la fortaleza estepeña a la Orden Militar de Santiago, sucediéndose un cambio en la jurisdicción eclesiástica.



Las Ordenes Militares, compuestas de caballeros –mitad monjes, mitad soldados-, nacieron de las confrontaciones entre el Islam y el Cristianimo durante la Edad Media. En España, durante la llamada “Reconquista”, nacen las Ordenes Militares con el planteamiento de la defensa y protección de los peregrinos compostelanos, y el deseo de recuperar los territorios en posesión musulmana. Así surgen las Ordenes Militares de Calatrava, Santiago, Alcántara y Montesa, y las portuguesas Avis y San Miguel. De gran renombre fueron en los vecinos europeos los Templarios, los Caballeros de Malta, Teutónicos o Sanjuanistas, participando en las Cruzadas para recuperar Jerusalén.

Los Papas concedieron a todas estas Ordenes Militares muchos y grandes privilegios, siendo el más notable entre esos privilegios el estar exentas de la Jurisdicción Diocesana. Estos territorios regidos por las Ordenes Militares no estaban, de esta manera, sujetos a ninguna Diócesis ni Obispo. Eran, por tanto, territorios “Nullius”. El Papa Alejandro III aprobó y confirmó la constitución de la Orden de caballería de Santiago en 5 de julio de 1175, “concediéndole la exención de la jurisdicción eclesiástica ordinaria”, gracia ratificada por los Papas Lucio III, Urbano VIII e Inocencio III.

Otro privilegio concedido por los Papas consistía en exenciones de tipo económico. Se consideraba que los bienes de las Ordenes Militares (hay que tener en cuenta este matiz religioso), limosnas, donaciones, etc…, podían ser empleados en la lucha contra los sarracenos, ya que servían para el triunfo de la fe cristiana, ex. c. Bula “Exhibita Nobis”, de Clemente VII, de Avignon, y otros documentos pontificios.

Cuando en 1267 es concedida la fortaleza estepeña a la Orden Militar de Santiago, los soldados tomaron posesión de la villa junto con un grupo de sacerdotes que los atendía espiritualmente. Uno de ellos sería el principal y representaba al Prior de San Marcos de León, como “vicario del prior” en Estepa. El prior se ve en la necesidad de nombrar a personas que asumieran la jurisdicción eclesiástica debido a la distancia de este fuero externo con el priorato. Por la parte militar hay un representante del Gran Maestre, el Comendador. Y empiezan así a funcionar la Encomienda y la Vicaría de Estepa, a cargo de la Orden Militar de Santiago.


El Vicario de Estepa obraba como un mero auxiliar y delegado del prior de San Marcos de León, acudiendo en los negocios graves o de alguna importancia a los visitadores de la Orden en lugar de al Vicario, como la división de collaciones entre Santa María y San Sebastián.


Se suceden Comendadores y Vicarios con normalidad, cada uno en su papel. Pero el papel, digamos, militar tiene un desarrollo desigual, pues mientras va avanzando la Reconquista se apaciguan y desaparecen los problemas fronterizos y hasta se arruinan las murallas de la fortaleza con la decadencia consiguiente de esta parte; la otra parte, el papel eclesiástico, va creciendo y afianzándose en sus posiciones y su presencia se hace cada vez más notable e imprescindible en todas las facetas de la vida religiosa, social, familiar y económica.

El territorio de la Vicaría de Estepa estaba perfectamente delimitado, comprendiendo 609 km. cuadrados, situado en la provincia de Sevilla, menos Miragenil en la de Córdoba y La Alameda y Sierra de Yeguas en la de Málaga.



(Mapa de la Encomienda y Vicaría)

Estepa – Santa María y San Sebastián
Pedrera – San Sebastián
La Roda de Andalucía – Santa Ana
Sierra de Yeguas – Inmaculada Concepción
Badolatosa – Ntra. Sra. del Socorro y Ntra. Sra. de la Fuensanta (Corcoya)
Miragenil – Santiago el Mayor
Alameda – Purísima e Inmaculada Concepción
Casariche – Ntra. Sra. de la Encarnación
Herrera – Santiago el Mayor
Gilena – Purísima Concepción
Aguadulce – San Bartolomé
Lora de Estepa – San Miguel Arcángel
Marinaleda – Ntra. Sra. de la Esperanza

Ante las enormes riquezas acumuladas por las Órdenes Militares y el deseo de frenar este constatable poderío, surge una tendencia más controladora de la monarquía y se consigue la autorización de ciertas operaciones económicas por parte del Papado en forma de Bulas. Este plan afecta a todas las Ordenes Militares y modificará la existencia de la Vicaría de Estepa.

La Corona se convierte así en administradora de las Ordenes Militares (Bula de Inocencio VIII - 1488) y de sus maestrazgos (Bula de Adriano VI - 1525). En 1555 (Bula de Julio III) se aprueba la desmembración y venta de los territorios de la Ordenes Militares. Estepa será adquirida por el banquero genovés Adam Centurión, de cuya familia surgirán los Marqueses de Estepa.

En 1560 la Bula de Pío IV “Sane pro parte” se refiere concretamente a Estepa. Es Bula de confirmación, dando validez y salvando los defectos que hubieran podido quedar en las operaciones de venta de la Encomienda estepeña en 1559. Según la Bula, la Vicaría pasaba a depender inmediatamente de la Santa Sede (el Obispo de Estepa es el Papa) y los Nuncios darán los despachos necesarios. Para los casos de apelación podría recurrirse ante tres Jueces Apostólicos, que serán el Arzobispo de Sevilla y Obispos de Córdoba y Málaga y sus Provisores, quedando a elección del apelante. La Orden de Santiago disputó la jurisdicción eclesiástica, pretendiendo visitar las iglesias y enviando visitadores, por lo que apeló varias veces (la última en 1580), pero fue condenada, llegando el pleito hasta el Tribunal de la Rota. En esta compra desaparece por tanto el Comendador pero no el Vicario.



En 1587 el Tribunal de la Rota confirma que la Encomienda queda vendida, mientras que la Vicaría queda como territorio inmediatamente sujeto a la Silla Apostólica y el Papa como verdadero y propio Obispo de la Vicaría y Universal de todas las Iglesias. A él y a su Nuncio corresponden las competencias.

A la Vicaría de Estepa, como a cualquier Obispado, se llega por nombramiento de la autoridad competente (la Nunciatura). La selección previa de los candidatos la realiza veladamente la Orden Militar de Santiago, representada en el Consejo de Ordenes; el Marquesado “designa” escogiendo de entre los candidatos seleccionados por el Consejo y los presenta ante el Nuncio; y uno de los tres Obispos (Córdoba, Málaga o Sevilla) “confirma” y da posesión.

El titular de este casi-Obispado ya no es tanto Vicario del Prior de San Marcos de León, sino que es Vicario del “Obispo Universal de todas las Iglesias”. De ahí las expresiones usadas constantemente en documentos de todo tipo: “Vicario General”, “Juez Eclesiástico Ordinario de la Villa de Estepa y su Estado y Anejos”, “Sujeto Inmediatamente de la Silla Apostólica”, “con Autoridad Apostólica”, “Vere Nullius”, “Nec Intra Limites Alicuius”, “con territorio propio y separado”, etc…
El funcionamiento de la Vicaría estepeña es semejante al de un Obispado. El Vicario erige parroquias, escribe pastorales, da licencias para ordenaciones, para confesar, realiza Visitas Pastorales, tiene su Curia, etc. Tenía este territorio tribunal de primera instancia, fiscal, notario y curia propia, y ejercía su jurisdicción sobre 14 pilas bautismales.

No se tiene conocimiento del nombre de los primeros Vicarios hasta 1489:

1489 a 1507: Alonso López de Morales
1507 a 1511?: Fernando del Término
1511? A 1533: Fernando González de Estepa
1533 a 1549: Luis de Tamayo
1549 a 1598: Miguel Sánchez de Saldaña
1598 a 1610: Pedro de Tallada
1610 a 1614: Juan de Padilla y Librán
1614 a 1622: Martín Serrano
1622 a 1635: Alonso de Benjumea
1635 a 1647: Juan Martínez Ordás
1647 a 1685: Gerónimo de Ribera
1685 a 1708: Lorenzo de Andújar Ferrer Centurión y Arostigui
1708 a 1709: Gerónimo Bañuelos de las Cuevas
1709 a 1710: Francisco López Aguilar
1710 a 1735: Simón Miguel de Reina y Rengel
1735 a 1736: Juan Manuel Téllez de Castilla
1736 a 1738: Francisco Muñoz Copete y Castillo
1738 a 1777: Manuel Bejarano y Fonseca
1777 a 1786: Domingo Antonio del Portillo de la Fuente
1787 a 1804: Pascual Fita Carrillo
1805 a 1836: Pedro José Baena Núñez
1837 a 1848: Salvador José de los Reyes y García de Lara
1848 a 1861: Antolín Monescillo y Viso
1861 a 1874: Joaquín Téllez de la Torre

Desde 1488 hasta 1590 se vende y se compra los territorios pertenecientes a las Ordenes Militares. Con la aquiescencia de unos y la recusación de otros se intentó incluir en el lote la jurisdicción eclesial, que por su naturaleza es considerado “invendible” e “incomprable”.

En Estepa, el nuevo “señor”, Adán Centurión, acaudalado genovés, comprador de la Encomienda estepeña en 1559, estaba persuadido de que la compra se había realizado conforme a las leyes de Génova; de que gozaba de un poder absoluto de manera que ni el Rey ni la Orden Militar de Santiago les quedaba nada, de que en la citada compra estaba incluida la jurisdicción espiritual y en primer lugar el nombramiento del Vicario y de que le pertenecían por derecho de Administración ciertas cantidades de todo lo que se movía alrededor de la Iglesia y “de las cosas santas”. El segundo marqués don Juan Bautista Centurión sostenía la sentencia contra el prior de San Marcos de León donde “se declaró pertenecer a dicho marqués la jurisdicción eclesiástica, civil y criminal”. Sin embargo en el documento de compra se transmitía al comprador “el patronato y derecho de elegir y presentar a los beneficios y servicios de dichas villas (Estepa y Pedrera), lugares y tierra.”

Durante trescientos años, los Marqueses de Estepa y la Vicaría mantienen unas relaciones tensas. Los marqueses entienden que han comprado todo y quieren gobernarlo mientras que los vicarios se muestran celosos de su papel y se resisten de una u otra forma a ceder de sus atribuciones. Este deseo de controlar la jurisdicción espiritual provocó numerosos forcejeos y pleitos entre la Vicaría y el Marquesado. A cada situación conflictiva se responde rápidamente y con toda contundencia y se refuerzan los argumentos en pro y en contra.


Cuando don Lorenzo de Andújar tomó posesión de su cargo como vicario en 1685, reclamó los derechos que tenía el Vicario y comenzaron las contiendas, en primer lugar con los conventos, después con los marqueses y al final con el Concejo. El Vicario y el Marqués llegaron a disputarse el derecho de nombrar curas de las dos parroquias de esta villa, capellanes y sirvientes de las iglesias rurales y de las que no tenían pila bautismal, así como los ermitaños. Como ejemplo de este conflicto, se puede citar la situación desencadenada en la cuaresma de 1699 cuando tanto el Vicario como el Marqués quisieron designar a los predicadores de las parroquias, originando un litigio que llegó hasta el tribunal de la Rota. Los frailes victorios apoyaron al marqués y el Vicario decidió cerrar su convento y reducir a prisión a los frailes. Además, en 1704 se originó una revuelta popular ocasionada por la posesión de unas tierras en la que la población se dividió entre apoyar al Vicario o al Consejo y el Marqués, donde tuvo que intervenir el Consejo de Castilla.

Aunque don Lorenzo de Andújar no consiguió todo su objetivo, es indudable que le dio a su cargo una importancia, un valor a su dignidad eclesiástica y renombre a la institución que presidía. La vicaría de Estepa llega a ser una verdadera institución con vida propia en el orden eclesiástico, y se conquista y hace un lugar entre las altas dignidades eclesiásticas. Se decía que el vicario tenía “media mitra” y le daban y concedían el lugar y respeto que a un obispo. En Estepa y en todo el territorio de la Vicaría se levantaba el vicario como un poderoso cacique o señor feudal, cuya autoridad, cuyo poder y cuyas riquezas no podían contrastar con los marqueses, ni el Concejo, ni vecino alguno. Así, desde el principio del siglo XVIII Estepa es el pueblo de la Vicaría.

En 1706 la Vicaría de Estepa contaba con un total de 146 eclesiásticos, sin conocer la clerecía de Aguadulce, Corcoya y Lora de Estepa. De entre ellos, había 87 presbíteros, 4 diáconos y 4 subdiáconos. También había dos conventos masculinos – el de los franciscanos con 40 religiosos y el de los mínimos con 32 religiosos – y uno de clarisas con 33 monjas. En 1751 la Vicaría contaba con 242 clérigos, y de ellos 140 residían en Estepa. En 1764 la cifra se reduce hasta 163 eclesiásticos. Sin embargo, el número de párrocos es reducido en comparación con el gran número de beneficiarios, capellanes y ordenados a título de capellanía o de patrimonio sin obligaciones pastorales.


Ejemplo del esplendor que tuvo la Vicaría fue el pontificado de don Manuel Bejarano y Fonseca (1738-1777), construyéndose una Casa-Palacio para su residencia junto a la Iglesia de la Asunción. La Casa-Palacio, de estilo barroco andaluz, es la obra más relevante de la arquitectura civil local, terminada en 1756 y residencia del vicario hasta su muerte en 1777. Su portada, de columnas salomónicas y decorada con las Virtudes, está rematada por el escudo pontificio. Fue declarada en 1983 Monumento Histórico-Artístico a nivel nacional y tiene carácter de Bien de Interés Cultural. Después de la muerte del Vicario, la Casa-Palacio pasó a manos del primer Marqués de Cerverales, D. Manuel Bejarano y Campañón, sobrino del Vicario, cuyo título fue otorgado por el rey Fernando VI en 1753. Desde entonces se conoce como la Casa-Palacio del Marqués de Cerverales.

D. Manuel Bejarano y Fonseca fomentará el culto a la Santísima Virgen en su advocación de los Dolores, participando activamente en la construcción de una capilla para la Virgen en la Iglesia de la Asunción y abriendo una ventana hacia su Casa-Palacio para su oratorio particular. Además en 1765 funda la Orden Tercera de los Siervos de Nuestra Señora de los Dolores (Servitas) en Estepa e inicia un pleito con la Hermandad de San Pedro por controlar la “Obra Pía del Pecado Mortal”, que era una institución religiosa dedicada a pedir limosnas para fines caritativos y cultos.


El concordato de 1851 vino a poner término a esta confusión con sus continuos litigios entre marquesado y Vicaría, pues establece que “cesarán todas las jurisdicciones privilegiadas exentas, cualquiera que sean su clase y denominación, inclusa la de San Juan de Jerusalén”. Esta norma concordataria y razones de adaptación a nuevas realidades eclesiásticas harán discurrir por otros caminos la influencia de la iglesia, representada por la Vicaría. Por otro lado, la economía no muy boyante del Marquesado y razones de genealogía familiar harán disminuir y hasta desaparecer su influencia en esta comarca.



En 1874 la Vicaría de Estepa es anulada después de casi seiscientos años en los que juega un importantísimo papel en la historia de la ciudad. El clero contaba con 80 eclesiásticos, con 23 presbíteros en Estepa. Al desaparecer esta vicaría nullius, su territorio se incorporó al Arzobispado de Sevilla pasando la documentación a formar parte del Archivo, respetándose siempre el principio de procedencia. Su fondo documental es por tanto un archivo incorporado al Archivo General del Arzobispado de Sevilla hacía 1870, pues a partir de esa fecha deja de ser vicaría independiente, con jurisdicción propia. A partir de 1 de marzo de 1874, en virtud de la bula “Quo Gravius” (o Quoe Diversa) del Papa Pío IX, la vicaría de Estepa desaparece y se convierte en arciprestazgo, pasando a la jurisdicción eclesiástica del arzobispado de Sevilla todos sus parroquias, ermitas, beneficios, capellanías y convento de Santa Clara de Estepa. El Archivo actualmente está formado por algo más de 500 unidades de instalación, clasificadas por series documentales.

Hasta la década de los años sesenta, en la Diócesis de Sevilla había varios Vicarios por áreas: Vicario del clero, Vicario de religiosas. Vicario de Promoción parroquial, Vicario de Enseñanza, etc. Hoy en día existe un sistema distinto: Vicarios de la misma ciudad de Sevilla (centro y periferia) y zonas norte, sur, este y oeste y un Vicario de la vida consagrada para toda la Diócesis, además del Vicario General y Provicario. En 1953 Huelva es erigida Diócesis independiente y Jerez de la Frontera en 1980. Distintas formas de gobernar en el orden eclesial el territorio delimitado de la actual provincia de Sevilla, cuya jurisdicción recae en el titular de la Sede Arzobispal o Arzobispo.


Fuente:

IV Jornadas sobre Historia de Estepa. La Vicaría eclesiástica de Estepa. Iltmo. Ayto. de Estepa, 2000

Una institución con peso histórico: La Vicaría de Estepa. José Fernández Flores. IV Jornadas sobre historia de Estepa, 2000

Memorial Ostipense, Aguilar y Cano. 1886

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