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He vuelto a buscarla en el tiempo y creo haberla encontrado de nuevo en el mismo sitio.

 

Qué interesante invento es el tiempo, ¿verdad? Interesante y falso, muy falso. Medimos nuestra vida en tiempo. Horas, minutos, segundos... llamamos tiempo a todo eso. Hasta que un día descubres que un tal Luis (Cernuda creo que era su apellido) escribió un poema llamado "Luna llena en Semana Santa". He dicho poema cuando realmente debería haber dicho POEMA, con mayúsculas. Perdón por el lapsus. El caso es que te das cuenta (al menos yo) de que el tiempo, ese adversario eterno de los seres humanos, puede ser dominado. ¿Vencido? No lo sé. ¿Dominado? Seguro. 

 

¿Pasa el tiempo cuando nos impregnamos de la zancada del Gran Poder? ¿Pasa la vida cuando se nos pone el vello de punta al ver a las bambalinas del palio de la Macarena besarse con sus varales? ¿Y cuando la Hermandad de San Bernardo enfila el puente o Santa Cruz se funde con el mural de su Cristo en la Plaza de la Alianza? No pasa el tiempo, claro que no. El ser humano domina al tiempo, Dios coge el tiempo y lo detiene para nosotros. Y Sevilla de fondo, no te digo nada.

 

Dejadme que os cuente. No os voy a descubrir ahora lo que los siglos ya han glorificado en nombre de la Virgen de los Reyes, es sabida y aprendida por cualquier sevillano medio puesto la enorme devoción que sustenta esta imagen. Sin embargo, qué curioso, hay algo en Ella que la diferencia. El tiempo canaliza en Ella un camino que, lejos de llevar a un instante o a un momento concreto, nos lleva a otra cosa bien distinta. Personas, el tiempo en Ella nos lleva a las personas. Insisto, qué interesante invento es el tiempo, ¿verdad?

 

¿Qué es una abuela? Una madre de caprichos, la que te educa pero no te riñe. Es la familiaridad mezclada con la simpatía. ¿No es eso la Virgen de los Reyes? La que te evangeliza con afecto, la que te espera sentada con una sonrisa para apoyarte siempre. Es interesante como la similitud entre ambos conceptos parece encajar a la perfección. Conceptos siameses, conceptos que el tiempo ha hecho siameses. La Virgen de los Reyes, Sevilla de mi vida, es la Virgen de las abuelas.

 

Y lo normal sería que al verla a Ella recordaras la mano de tu abuela junto a la tuya en esa plaza que lleva su nombre. Y lo normal sería que recordaras como te explicaba que ese manto se lo regaló tal persona y que tiene otro que se lo regaló otra persona. Sería normal también que recordaras como te hablaba de su corona, de cómo daba las vueltas completas en cada una de las esquinas, del repicar de las campanas de la Giralda (la nombro y no sé lo que me entra), del bastón de mando, del palio de tumbilla, del ejército y de mil cosas más que seguro que tienes en mente. Eso sería lo normal, pero es que resulta que no termina de ser así. Dios no solo es capaz de hacer retroceder el tiempo, también es capaz de convertirlo en personas.

 

Porque cuando ves a la Virgen de los Reyes no estás viendo un momento, no estás recordando o reviviendo un momento, no. Estás viviendo (presente continuo) un momento con una persona, estás viendo (insisto, presente continuo) a una persona. Y esa persona, seguro estoy de ello, es tu abuela. Ver a la Virgen de los Reyes es ver a tu abuela. Igual ves a tu madre, sí, pero probablemente la veas como abuela. Seguro que también ves muchas cosas más, claro que sí, pero la cima de lo que estás viendo es eso. La Virgen de los Reyes es la Virgen de las abuelas porque son las abuelas las que le han recitado durante siglos a Sevilla como hay que amar a esa imagen.

 

Son las abuelas las que han ayudado a Dios a crear una idiosincrasia única, una forma de ser inigualable, un amor infinito. Por eso ver a la Virgen de los Reyes no es revivir un momento con tu abuela, es ver a tu abuela. Es verla en la cocina o en el parque, sonriente o preocupada. Es tenerla allí, sentirla allí. Y cuando algo se siente se acaba viendo. Sientes a tu abuela, por eso la ves allí. Por eso el tiempo no hace que recuerdes a tu abuela, no hace que recrees el "tiempo sin tiempo del niño". Recrear es pasado en presente. La Virgen de los Reyes es presente, vivir el hoy en presente. Ver y sentir a tu abuela en presente.

 

Yo, como cada vez que se acerca el Quince de Agosto (en mayúsculas), he vuelto a abrazar el sentir de mi Virgen. He vuelto a descifrar el cariño que esta nación llamada Sevilla le profesa durante siglos, he vuelto confesarle mi amor, he vuelto a jugar con el tiempo. O el tiempo ha jugado conmigo, quién sabe. Y es que Sevilla, el amor de mi vida, es un misterio tan mágico que nunca puedes estar seguro de nada.

 

La verdad, Sevilla mía, es que sí que es interesante este invento del tiempo, sí. Porque, en el fondo, no sé bien qué he buscado y qué he encontrado. Dos conceptos en uno que vencen por completo mi pobre y escasa razón. Otra vez, Sevilla de mi vida, he vuelto a buscarla en el tiempo y creo haberla encontrado de nuevo en el mismo sitio. A mi Virgen de los Reyes y a mi abuela. Las dos en una, las dos en el mismo sitio, las dos en el mismo tiempo.

 

Y es que es Sevilla fiel eterna

al sonreír de su eterna mañana.

De todas, Ella la más fraterna,

y por fraterna su alma engalana.

 

Infringen del tiempo sus propias leyes

los tiempos que mi alma anhela.

No sé si veo a mi Virgen de los Reyes

o si veo la cara de mi abuela.

 

 

 

José Antonio Montero Fernández.

 

A mi Virgen de los Reyes.

A mi abuela, a las abuelas.

A Sevilla.

 

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