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LA VIRGEN DE LAS LÁGRIMAS, UNA DOLOROSA PARA PAZ Y CARIDAD

La incorporación de la imagen de la Virgen de la Esperanza a la Hermandad de Paz y Caridad se recoge en la introducción histórica de las reglas de la hermandad del año 1985:

En los Archivos de la citada parroquia [de Santa María] se encuentran depositados unos documentos en los cuales se dice que en el año 1896, el imaginero catalán (Barcelona) Jacinto Carcina hizo una imagen de la Virgen de la Esperanza para la Hermandad del Santísimo Cristo Amarrado a la columna, de Estepa […] haciéndose independiente de la Hermandad de Gloria de Ntra. Sra. de los Remedios, la cual costeó la nueva imagen de María Santísima de la Esperanza. Esta imagen, y quizás debido a los desperfectos ocurridos durante el trayecto (Barcelona-Estepa), fue restaurada en 1897, es decir, al año siguiente, en Sevilla por el imaginero Emilio Pizarro Cruz.

En este libro de reglas se expone que existe un documento en la parroquia de Santa María en el que se trata la llegada de la Virgen de la Esperanza en 1896 procedente de Barcelona, como encargo al imaginero Jacinto Calcina. La Virgen necesitó una restauración a su llegada, que fue efectuada en 1897 por el imaginero Emilio Pizarro Cruz. Esta es la versión que conocemos y que se narra frecuentemente de la llegada de la Virgen. Sin embargo, no se ha localizado el documento original que debía estar en el archivo de Santa María, sino que sólo queda la versión narrada por el libro de reglas. Con la reciente publicación del libro que recoge la historia de la hermandad, la versión del origen catalán de la imagen ha sido cuestionada.

La primera imagen de la Virgen que acompañó en el siglo XVII al Cristo de la Columna de la hermandad fue la imagen gloriosa de Ntra. Sra. de los Remedios, ataviada con un velo negro para representar el luto y los Dolores de la Virgen María durante la Pasión de Cristo. La imagen pertenecía a la Cofradía de la Vera Cruz y junto al Cristo crucificado salía en procesión en la tarde del Jueves Santo. Con el auge de la devoción rosariana a la imagen en el siglo XVIII, la Virgen de los Remedios se veneró únicamente con carácter letífico, celebrándose su festividad en el mes de mayo. Será en el siglo XIX cuando los documentos reflejan que la imagen del Stmo. Cristo Amarrado a la Columna es acompañado por la imagen de una Virgen Dolorosa o una Virgen de los Dolores.

En los años 1890, 1891 y 1892, la imagen que participó en el cortejo procesional del Jueves Santo procedía de la iglesia del convento de San Francisco. En 1893 se acometen una serie de obras en la iglesia franciscana, por lo que no se recoge en las cuentas de la hermandad el traslado de la imagen, pero es probable que fuera la misma imagen. La Virgen podría ser una Dolorosa que se veneraba en el altar del Cristo de la Salud de la iglesia franciscana junto a otra de San Juan. El Crucificado se bajaba también, al menos desde 1870, a la iglesia de San Sebastián para participar en la procesión del Santo Entierro de Cristo.

Dos años después, en 1895, el semanario local El Eco de Estepa incluye en su nº 601, de 11 de mayo, la llegada a Estepa de otra imagen dolorosa, esta vez procedente de Sevilla:

Por gestión del presbítero don Francisco de Sales Manzano se ha servido S.E. el Cardenal Arzobispo de esta diócesis donar a la parroquia de Santa María de esta ciudad una imagen dolorosa de la Stma. Virgen, con el título de Nuestra Señora de Las Lágrimas. La restauración del santo simulacro ha sido hecha por el escultor sevillano don Emilio Pizarro a expensas del Sr. Arcipreste, don José Ramos y Mejías.


La Virgen de las Lágrimas, que hemos tenido el gusto de ver ya restaurada, es una lindísima escultura que mueve al sentimiento y causa la grata impresión de todo lo bello. ¡Lástima que por carecer todavía, mientras la devoción no le provea de ellas, de las necesarias vestiduras, no luzca todo lo que en caso contrario luciría!


Esta imagen, juntamente con una de San Juan que hará juego con ella y con un Crucifijo cuya adquisición se gestiona, formará un Calvario que, en retablo adecuado, se colocará en la nave izquierda de la nombrada parroquia. Nuestros plácemes a los señores que han intervenido en este asunto y que así se interesan por el bien de nuestro pueblo.

La llegada de la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas en 1895 se debe a la intención del arcipreste y párroco de Santa María, José Ramón Mejías, fallecido en 1912, de instalar un Calvario en un retablo de la nave derecha de la iglesia parroquial. El mediador en la donación de la imagen fue el sacerdote estepeño Francisco de Sales Manzano y Alés, quien trabajó muchos años en la curia diocesana de Sevilla, adquiriendo desde su privilegiado observatorio un gran conocimiento acerca del patrimonio artístico desamortizado en la diócesis, y a quien unía una gran amistad con el escultor sevillano Emilio Pizarro Cruz, quien realizó la restauración de la citada imagen.

El arzobispo de Sevilla, a la sazón el cardenal Benito Sanz y Forés (1889-1895), en su último año de gobierno diocesano, concedió a la parroquia de Santa María la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas, la cual fue donada por las religiosas filipenses de Sevilla, establecidas desde 1869 en el antiguo monasterio sanjuanista de Santa Isabel, según consta en el recibo de entrega de la imagen. De este mismo convento procedía la imagen de San Juan Evangelista, atribuida a Juan de Mesa, que había llegado a dicha parroquia un año antes, igualmente restaurada por Pizarro.

Por disposición de S.E. Rvdma. el Sr. Cardenal Sanz y Forés, Arzobispo de esta Diócesis, he recibido de la R. M. Prepósita de la Congregación de Ntra. Sra. de los Dolores, establecida en el ex convento de Santa Isabel de la ciudad de Sevilla, una imagen de la Santísima Virgen Dolorosa, de vestir, que, con el título de Las Lágrimas, se ha servido donar a esta Parroquia de mi cargo el mismo Rvdmo. Prelado.

Sin embargo, el proyecto de colocar un Calvario en Santa María no se llegó a realizar, por lo que aquella imagen de la Virgen de las Lágrimas quedaría en 1895 almacenada en algún lugar de la parroquia o relacionado con ella.

Por otro lado, aparece en 1895 en los libros de cuentas de la hermandad de Paz y Caridad los primeros gastos relacionados con la imagen de una Virgen. El primero de todos sería el pago de un tornillo, de 10 reales; una pieza importante y necesaria para fijar la imagen con toda seguridad a las andas procesionales. El dato es significativo porque es el primer dato que se conserva de que la hermandad se hiciera cargo de un gasto relacionado con el desfile procesional de la imagen de la Virgen,

Al año siguiente, en 1896, aparece otro gasto relacionado con la Virgen que hasta entonces no se había mencionado: las flores para el Señor y para la Virgen, que importaron 360 reales, cantidad importante que sólo puede hacer referencia a las flores de los pasos procesionales.

Durante el mandato de José González, los libros de cuentas nos aportan nuevos datos sobre esta imagen llegada a la hermandad, que necesitaría adquirir un ajuar para poder vestirla adecuadamente. Así, en las cuentas de 1897, consta que se compraron 15 varas de fleco oro para el manto de la Virgen por 600 reales y también 3 varas de terciopelo para la falda de la Virgen, que constaron 120 reales.

Pero es en este mismo año de 1897 cuando se recoge el dato más relevante que establece la relación entre la imagen de la Virgen y el imaginero Emilio Pizarro Cruz. Se recoge en un apunte de libro de cuentas que se paga por transformar la Virgen de cabeza y brazos, 500 reales. Es decir, la imagen que la hermandad posee en estos momentos se retoca de cabeza y manos, y esta intervención fue llevada a cabo seguramente por Pizarro, tal y como se menciona en la versión mantenida hasta el momento. En el caso de que la hermandad de Paz y Caridad hubiera decidido quedarse con la Virgen de las Lágrimas, destinada al Calvario de la iglesia parroquial, esta imagen hubiera necesitado una intervención desde que sería una imagen colocada al pie de la Cruz, con los brazos abiertos y mirando hacia arriba. Por eso, la hermandad decidiría cambiar la dirección de la cabeza y las manos. La versión mantenida hasta el momento nos dice que la Virgen fue retocada por los desperfectos causados en su transporte, pero en realidad se pretendía justificar la adaptación de la imagen a los gustos estéticos de los cofrades de la hermandad a finales del siglo XIX.

En 1898 aparecen de nuevo anotaciones en las cuentas de la hermandad para ampliar el ajuar de la imagen: por una toca de encaje para la Virgen de la Esperanza, 30 reales y un pañuelo de malla para la misma Virgen, 20 reales. Será la primera vez que aparezca la advocación de la Esperanza con la que será conocida desde entonces y hasta el presente la Virgen de la Hermandad de Paz y Caridad.

La Virgen de la Esperanza puede ser la misma talla que bajo la advocación de Nuestra Señora de las Lágrimas llegó a Estepa en 1895, traída por mediación de los sacerdotes Francisco de Sales Manzano y José Ramos, procedente del sevillano convento de Santa Isabel. Fue restaurada en 1895 por el escultor sevillano Emilio Pizarro Cruz y tras no realizarse el proyecto inicial que se había concedido de incluirla en un Calvario para la iglesia de Santa María, pasó a la Hermandad de Paz y Caridad. La hermandad recoge en su libro de cuentas de 1895 los primeros gastos en los que se hace cargo de una imagen de una Virgen Dolorosa, y en 1897 acude de nuevo a Emilio Pizarro para adaptarla. Será en 1898 cuando aparezca por primera vez en su libro de cuentas la advocación de su dolorosa: Virgen de la Esperanza.

Fuente:

-La Archicofradía de Paz y Caridad de Estepa. Historia y patrimonio artístico. Ramírez González, S. y Jordán Fernández, JA. 2018

-¿Quién fue el autor de la Esperanza? Devociones de Estepa. Febrero, 2016

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